29 de marzo: dos semanas de reclusión

Sunday, March 29th, 2020

Crónica de mi primera salida al supermercado.

Las noticias de ayer no fueron alentadoras y provienen de la autoridad en salud, aunque el jefe del gobierno no atienda las instrucciones y sea su ejemplo lo que guía a la mayor parte de los iletrados que siguen sus pasos. El mensaje del subsecretario de Salud, López-Gatell, fue muy explícito y desesperado: no salgan de sus casas, es nuestra última oportunidad. Cierto, ocurre apenas unos tres días después de que ellos mismos dieran que no había que alarmarse e, incluso, que iba contra los derechos humanos pedirle a la gente que deje de trabajar para aislarse. Lo triste de nuestra sociedad es que mucha gente vive de los que hace o vende día a día, sin posibilidad real de quedarse en su casa.

Esta mañana, al despertar, el tuit de @isidrocorro, quien aparentemente da cuenta de todos tipos de asaltos y sucesos de nota policiaca en CDMX, describía el asalto a un Sanborns en las calles de Tacuba y Eje Central, frente al edificio de correos, ayer por la noche:

#CDMX.

Se suma a otros actos delictivos, organizados a través de las redes, para sembrar caos y cometer atropellos que nada tienen que ver con carencias para sobrevivir.

Como sea, esta mañana yo necesitaba dinero en efectivo, para prevenir cualquier contingencia, y algunos insumos de limpieza regular, además de sal fina. Conociendo los hábitos de esta ciudad, es poco probable que uno encuentre gente haciendo compras antes de las 9 am. Avisé a mi hijo de mi intención y salí a Walmart a las 8 en punto.

Caminar cruzando el parquecito que colinda con mi casa, cubierto de flores de colores, con naranjas agrias tiradas junto al árbol en el que crecieron, y pisar el sutil tapete de jacarandas es reconfortante. Los únicos ruidos, aún a esta hora, son los de los pájaros que ahí habitan.

Como lo esperaba, en todo el recorrido por Francisco de Goya no encontré a persona alguna, excepto por un motociclista que pasó muy rápidamente. La miscelánea que está a unos 80 m desde mi casa estaba cerrada. El parque grande también está engalanado con las flores de la temporada; solamente algunas palomas se desplazan por los prados que ya piden agua.

Casi al llegar a Walmart apareció un señor de unos 50 años cargando una pequeña bolsa del supermercado: un litro de leche y un paquete de galletas; apenas la compra del día.

El estacionamiento de la tienda estaba vacío, y solamente uno de quienes ayudan a los clientes con sus compras esperaba, sentado en una banqueta. No había clientes afuera. Los carritos del mandado atados con cadenas, excepto por una de las filas. Tomé uno de los carros con un kleenex que mojé en gel antibacterial para limpiarlo bien: mugre, no solamente gérmenes. Los cajeros automáticos de los bancos (Banamex y Bancomer) también estaban solos. De nuevo: primero desinfectar el teclado del de Bancomer, y no necesité recurrir al de Banamex adicionalmente.

Los pasillos estaban desiertos en el lado de la ropa, la cocina, etc. Poca gente buscando artículos de aseo personal. No había gente en el pasillo de los artículos de limpieza, pero se nota la ausencia de cloro, por ejemplo. Encontré lo que yo necesitaba.

En el área de abarrotes no hay sal, en cualquier presentación. Yo buscaba sal fina porque de grano, blanca y rosa, tengo buenas cantidades. No hay harina ni de maíz ni de trigo, no hay consomé en polvo o tableta, y esto sí buscaba. Pero encontré vinagre y tortillas, tanto de harina como de maíz.

La panadería se ve desierta; ni siquiera es necesario que haya empacadora: el pan que hay está dispuesto en cajitas; ni bolillo ni teleras, pero sí para hacer capirotada de temporada.

Compré los quesos que necesitaba, y solamente ahí encontré a un par de señores buscando productos; esperé a que se fueran para acercarme a la vitrina porque, evidentemente, eso de respetar distancias todavía no lo incorporan a su rutina.

Había una caja en servicio cuando llegué a formarme y una persona pagando. En ese momento se abrió otra caja y pasé ahí. No hay empacadores voluntarios, de modo que fui poniendo en mis grandes bolsas los artículos de mi compra. Nadie más tuvo contacto con ellos. Salí muy cargada, aunque no es ninguna prueba extrema, todavía.

En mi recorrido de regreso apenas encontré unas cuantas personas, todas caminando por media calle. La miscelánea ya estaba operando; afuera esperaba un señor con su bicicleta y el canasto de pan, asumí que acababa de entregar. Esperé en la entrada a que se desocupara el interior. Un joven con una bolsa entró presuroso, sin esperar su turno, e igualmente presuroso llegó a la caja, donde declaró que solamente llevaba una coca cola en su bolsa. Una señora se entretenía comprando churros, sin empaque, frijoles guisados y tortillas. Otra señora, adulta mayor, se instaló junto a mí y le indiqué que estábamos haciendo fila; se asomó a la vitrina del pan, sin hacerme caso. Le comenté que acababan de decir que era pan de ayer, y que yo pensaba que el señor de la bicicleta estaba esperando surtir. Respondió que no, que ese señor es el que entrega los churros y que ella solamente venía por ese antojo.

La dependienta se desocupó, compré el consomé y la sal que no encontré en el súper. Llegué a mi casa sin contratiempo, dejando los zapatos en la entrada y la ropa que traía en el bote de la ropa para lavar. Los vecinos comienzan a despertar, parece, en punto de las 10:30 am.

En este proceso de relatar el primer día de salida, después de dos semanas de reclusión completa, conversé con mi hijo, vía telefónica, quien esperaba atento mi regreso. Me contó cómo está organizado y cómo está acompañado y cómo se protege. Sus últimas compras: pechugas de pollos que le llevaron, tortillas y harina que pidió en línea. Y una batidora. Estamos bien y estamos en paz, pase lo que pase.

 

 

 

22 de marzo: recuerdo de la marcha del 8 de marzo

Sunday, March 22nd, 2020

Parece tan lejano en estos momentos y solamente han pasado dos semanas, precisamente. Lo escribí entonces y puse las fotos en un álbum de Flickr. En avalancha se vino el problema del Covid-19 y el mundo cambió. Aunque siguen vigentes las demandas, aunque no han parado los feminicidios, lo urgente en este momento es resguardarnos y ayudar a evitar la propagación; hacer conciencia entre los muchos que, al día de hoy, siguen yendo de paseo a playas y balnearios; a los que hacen fiestecitas privadas o en bares o siguen yendo a gimnasios y parques. Y silenciar a los conspiracionistas, los del “no pasa nada porque estamos curtidos”, etc.

Va el pequeño texto, y el enlace a las fotos.

Se sentían corderos dispuestos a morir, mártires lanzados a los leones en un coliseo pagano. Rodeaban los templos del centro de León, Guanajuato, por donde pasaba la marcha de las mujeres. Con sus pañuelos azules indicando su filiación pro vida, integrantes del catolicismo recalcitrante, rezando con los ojos cerrados, cantado “Viva Cristo Rey”, como debe ser en el lugar de origen de la cristiada. Seguramente se hubieran sentido realizados si alguien los hubiera agredido. A mí se me antojaba tomar a uno de la mano, jalando a toda la cadena enlazada por las manos, para jugar/cantar “a la víbora de la mar”. Solamente los grabé, porque tenía que documentar lo que me sigue pareciendo inconcebible.

Que éramos unas cinco mil, dice una nota de periódico; eran dos mil, dice otra. No sé. Pero si sé que nunca ninguna manifestación, convocada por cualquier colectivo, incluido Amnistía Internacional local, cualquiera que fuera a bandera, había convocado y hecho llegar a la Plaza Principal de León una marcha de semejante magnitud. El espacio abarrotado por miles de mujeres sin líder, sin templetes, sin oradores.

A mí me contactó una amiga:

¿Irás a la marcha?

Sí, respondí, ¿y tú?

Sí, pero llévame; nunca he ido a una, contestó.

Y procedimos a ponernos de acuerdo sobre el lugar para reunirnos, revisando la convocatoria a la marcha, las recomendaciones, etc.

Más tarde me comentó que un par de amigas comunes se uniría a nosotros. Y surgió un colectivo en torno a ellas, y un contingente. Así nomás. Y así fue que marché con ellas. Fue un privilegio compartir con ese contingente y con la pequeña activista de la que me declaré fan total. Cinco añitos y encabezando consignas, dictando modos de hacer pancartas y con su bote de aerosol rosa para decorar la manta del contingente, previamente al inicio de la marcha. El futuro visto de frente, y es un privilegio y un lujo haberlo visto florecer.

Compré lo necesario para hacer pancartas y busqué la manera de portarlas llevando las manos libres; me colgué el cargador solar para el celular, y la cámara Narrative. Manos libres significaba poder sacar mi botella de agua del backpack, y cualquier otro elemento de supervivencia y confort, y utilizar el celular para documentar y transmitir. Porté un pañuelo verde y uno morado. Mientras el contingente se formaba y la manta era pintada, una mujer de mis contactos en las redes pasó frente a nosotras, vestida en un “primorosamente floreado” vestido; me lanzó una mirada de desaprobación. Nada que me quite el sueño o el hambre, ciertamente.

Evento histórico. Haber estado ahí, compartiendo con mi hijo vía WhatsApp los detalles de la marcha, y a través de Facebook Live con quienes por cualquier razón no asistieron, es más de lo que podía yo esperar en este día.

Gracias a la vida por permitirme volver a participar activamente en un movimiento trascendente.

 

 

 

 

 

 

1 de enero: con el viento a favor

Wednesday, January 1st, 2020

En mi blog de Blogger hice un recuento de lo acontecido en 2019 y de la manera en que comenzará este 2020, en términos académicos y de trabajo docente: Recuento 2019.

En este blog fui contando el detalle de las experiencias a lo largo del año con amigos, colegas, familia y, muy particularmente, con mi hijo. De los muchos regalos que recibo así nomás, por el privilegio de ser parte de comunidades fantásticas.

En ese sentido, para 2020 también están organizados una serie de encuentros/experiencias de los que disfruto anticipadamente:

Una estancia en la aldea Ojo de Cielo, muy cerca de Tepic, combinada con la visita a mi pueblo y a la casa de mi hermano, entre enero y febrero, una vez que concluya con los compromisos académicos ya previstos.

En mayo, presumiblemente, iré a Colombia en viaje de trabajo y, por supuesto, breve vacación.

Viaje a las Californias, en julio, para visitar brevemente a una parte de mi familia y extrañando la presencia de mi tía Lolita, y para asistir al Comic Con 2020. Esta vez llevaré conmigo a un chiquito de 10 años, hijo de un par de mis ex alumnos de la Ibero TJ.

Viaje a Tijuana/Rosarito, en agosto, porque mi madrina de micheladas me invitó a su boda y ¡es algo que no puedo perderme!! Nomás me falta comprar el vestido para la ocasión.

Pero también planeo una visita a CDMX, para ver la exposición de la obra de Da Vinci, en las primeras semanas del año, sin que pueda precisar fechas

Y, por supuesto, mis imprescindibles viajes a Tepic en mayo (23) y en septiembre (14).

Difícilmente me reuniré con mi escuincle durante este año, por lo que implica el cambio de trabajo y de residencia que tendrá en febrero. Una vez que se estabilice, que se integre, que defina su agenda de trabajo y comience a desarrollar sus nuevos proyectos, podremos comenzar a explorar posibilidades, aunque desde julio pasado el acuerdo era vernos en París en 2021. Mientras, seguimos compartiendo textos, películas y música. Y conversando por horas.

Eso es lo previsible, de momento. La realidad es que, alrededor de lo que yo organizo, el universo que me rodea decide darme sorpresas y me propone otras experiencias, algunas de ellas en mi entono muy cercano, y todo lo que necesito es dejarme fluir y disfrutarlas. Hay otras que nunca voy a aceptar, ciertamente, no importa cuántas veces se me ofrezcan y de qué manera se vistan.

En todo este proceso han ocurrido cambios en mí y en la gente que me rodea, como es normal. Nos alejamos de unos y nos acercamos a otros; dejamos de lado lo que no aporta nada positivo para centrarnos en lo que vale la pena para nosotros. No es de la noche a la mañana ni porque haya cambio de año o cambio de década o cualquier otro hito que nos inventemos. Es, solamente, seguir la ruta de nuestro crecimiento interior.

La primera hoja de mi calendario recuerda un diálogo en Star Wars Episode V: The Empire Strikes Back:

C-3PO: Sir, the possibility of successfully navigating an asteroid field is approximately 3,720 to 1!
Han Solo: Never tell me the odds!”

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So, vamos a navegar con viento a favor y a sortear lo que venga.

13 de diciembre: 22 años de la nevada en León

Friday, December 13th, 2019

Hoy hace 22 años de la nevada en esta ciudad (1997). El preaviso de un cambio significativo en mi vida.

La caída de nieve emocionó a chicos y grandes en León el sábado 13 de diciembre de 1997.(Archivo.)

Plaza pincipal de León, el 13 de diciembre de 1997. Foto del periódico am

Era sábado. Al abrir la ventana de mi recámara noté la inusual estampa de los techos blanqueados de las casas vecinas. La capa de nieve que los cubría no era muy densa, pero suficiente para ser notada. Después del desayuno Pako y yo salimos a pasear para ver/capturar algunas postales alrededor de la ciudad. Plaza Mayor estaba llena de amigos y conocidos, justamente para rencontrarse y comentar la bella sorpresa. Los jóvenes ya estaban de vacaciones, pero los docentes no, de modo que nuestro paseo de vacaciones comenzaría una semana más tarde. Iríamos por primera vez a El Paso, TX, donde el ex, ahora difunto, llevaba ya un par de años trabajando; de ahí a Ruidoso, NM, para que Pako aprendiera a esquiar. Mi hijo acababa de cumplir 18 años, había terminado la prepa y había tenido su primer trabajo formal, como profesor de un curso de computación para alumnos de nuevo ingreso a profesional, en el Tec de Monterrey Campus León. Estaba más que listo para comenzar a volar sin red protectora y ya libre de temores.

A El Paso debimos haber llegado el viernes 19, por la tarde/noche. Del aeropuerto fuimos directamente a las tiendas para comprar ropa adecuada para la aventura: botas de nieve, chamarras, guantes y gorros, e inmediatamente enfilamos rumbo a Ruidoso, a donde llegamos en la madrugada. Después de desayunar, el 20 de diciembre estuvimos muy temprano reconociendo las pistas y las instalaciones del centro Ski Apache y el parque de nieve. Pako adquirió el equipo necesario para esquiar por primera vez. Llevaba, además, una cámara recién comprada para la ocasión; sí, pretendía tomar fotos mientras descendía la montaña (es hijo mío, por si tenían dudas). No quiso instructor; mi hijo Sheldon había aprendido a esquiar de la misma manera que ha aprendido otras cosas: en Internet. Ahora dice que no fue así, pero él mismo seleccionó la pista más larga y difícil.

Nosotros (el ex y yo) caminamos, tomamos chocolate y perdimos el tiempo observando a los esquiadores. Pako apareció cubierto de nieve y sin cámara, evidentemente. Mi niño estaba aturdido, helado y preocupado por su cámara. Había esquiado un rato sobre los esquíes, pero también de espalda, sentado, etc.; una moto lo encontró sentado bajo un árbol, en el camino de regreso, y lo trajo hasta la base. Seguía insistiendo con lo de la cámara. Lo hice tomar un vaso de chocolate caliente y le mostré el depósito de objetos perdidos. Mira, ahí dice “objetos perdidos”, anda a ver qué te dicen, le sugerí, asumiendo que no iba a encontrar nada pero que se quedaría más tranquilo. La cámara estaba ahí.

Después de la aventura del hijo regresamos al pueblo a comer, a pasear por las calles nevadas (unos 30 cm de alta la capa de nieve que las cubría), mirar escaparates llenos de arte de los pueblos nativos y de artistas locales; compramos algunos objetos. Por la noche, después de la cena, regresamos a la cabaña. A mitad de la noche me despertó la luz encendida y el ruido que hacia el señor. ¿Qué pasa? pregunté. Tú has de saber, respondió. No sabía, por supuesto, así que me tapé la cabeza e intenté dormir. Pero el ruido continuó y volví a preguntar qué pasaba, enderezándome sobre la cama. Misma respuesta, pero ahora vi que estaba empacando sus ropas. Te dejé una carta, dijo, y me voy.

OK, dije, y me levanté. Tomé mi cartera y saqué la tarjeta de Amex que me había dado cuando nos instalamos aquí, en la casa que yo compré; quité una medalla con mi nombre (su primer regalo) de la cadena de la que pendía y se la entregué también. La cadena me la regaló mi madre, dije, y no tengo nada más tuyo; cierras bien al salir, pedí con más sueño que amabilidad. Y me dormí. La carta que dejó también decía que yo debía saber la razón de su decisión. Pero no, yo no tenía ni idea aunque supuse que habría hablado dormida, cosa que es normal en mí desde que comencé a hablar, hace más de 60 años. Lo que no podía saber era el tema de mi conversación en sueños.

Esa noche fue, exactamente, el punto final de una relación que duró realmente unos tres años (el ex tenía ya dos años viviendo en El Paso) en los cuales hubo muchos viajes de trabajo a EU, en fin de semana, por parte del señor. Una relación necesaria para darle a mi escuincle el respaldo físico que necesitaba ante los temores que lo acosaban acerca de mi seguridad y la de él, una decisión que tomé con el respaldo del psicólogo que mi niño había pedido al exigir la separación de su padre. Duró cinco años, a contar desde que yo llegué a cohabitar aquí, en León en agosto de 1992. No fui consciente de eso hasta hace unos meses, cuando el señor que me leyó el café hizo énfasis en que había yo tenido una relación que había durado exactamente cinco años. Más o menos, dije yo en ese momento; NO, dijo con energía, exactamente cinco años. Sin embargo, formalmente, para conocimiento de todos, eso terminó el mismo día que mi hijo se graduó en la Ibero León, en 2006, viviendo en ciudades diferente todo ese tiempo.

Por la mañana, cuando mi hijo despertó, le dije simplemente que las vacaciones las continuaríamos solamente él y yo, a donde quiera que él quisiera ir. Vamos a Roswell, dijo, quiero ir a conocer el museo. Buscamos un medio de transporte seguro, tomando en cuenta la cantidad de nieve en los caminos, y nos dispusimos a partir en un viaje de ida y regreso en el mismo día.

El hombre reapareció para disculparse e intentar el regreso. Mi hijo y yo seguimos nuestro paseo solos. En los últimos días de diciembre tomamos el Chepe para disfrutar el viaje en tren por la sierra de Chihuahua, hasta Mochis, y ahí nos subimos a un autobús para viajar hasta Tepic, estar con la familia en la celebración de Año Nuevo y regresar a León.

A principios de este mismo año, 2019, escuché la voz del amor de mi vida, en mi sueño, diciéndome que hacía 21 años que nos habíamos vuelto a conectar, conversando en sueños. Al despertar yo no entendía lo de los 21 años. Con la lectura posterior del café, y lo de los cinco años, caí en cuenta: otoño (agosto-diciembre) de 1992 + 5 años = otoño de 1997; diciembre de 2019 -21 años = diciembre de 1997.

21 años, dijo mi dulce fantasma. Y ahora sé de qué trataba mi conversación en sueños. Saberlo fue una enorme alegría. La pregunta es ¿por qué tardaste tanto?

 

 

1 de diciembre: noviembre acelerado

Sunday, December 1st, 2019

Si octubre fue acelerado, noviembre no dio respiro.

El viaje a Monterrey, aunque muy muy disfrutable, agotó mi energía en cada uno de sus aspectos. Glucosa y presión muy bajas y anemia (soy anémica crónica también, de origen). Los primeros días del mes fueron de sobrealimentación, reposo y poco trabajo. Volver a comer hígado de res, incorporar betabel y espinacas a mi licuado mañanero y checarme tres o cuatro veces al día presión y glucosa. La ventaja de esta colonia es que tiene una clínica a dos cuadras de mi casa, y acudí a ella para confirmar las mediciones hechas con mis aparatitos personales. Otra ventaja: una vecina, a media cuadra de casa, vende comida recién preparada, bien hecha y a buen precio. Y mi vecina Carmen, quien está atenta por si se me ofrece algo.

Con el mareo, el cansancio y la ligera migraña que producen esos bajos niveles, trabajar era prácticamente imposible y todo lo que hice fue ir tomando notas de lo que se me iba ocurriendo para cada uno de los proyectos en puerta:

  • Armar la presentación para el Congreso Internacional de Innovación Educativa: Educación Disruptiva, al que fui invitada para participar como ponente -modalidad virtual- por mi querida amiga, Dra. Milagros Huamán Castro, una de las organizadoras del evento el cual es auspiciado por la Florida Global University. Mi participación estaba prevista para el martes 3 de diciembre, y tan pronto estuve en condiciones de trabajar me puse a organizar mis notas, elaborar el rollo y el documento en Power Point correspondiente. Para el 15 de noviembre tenía lista mi presentación: Disrupción en educación. Origen y prácticas, peer review incluido. Sin embargo, el 20 de noviembre fuimos informados de que las sesiones virtuales se posponen hasta los días 7 y 8 de febrero 2020. Como quiera, eso está terminado.
  • Organizar el Taller de Evaluación, para una universidad del norte del país, que tendría que realizarse entre el 9 y el 14 de diciembre o al iniciar enero 2020, dependiendo de que reciban “el recurso” federal. A estas alturas está prácticamente terminado, y hasta tengo previsto mi viaje en autobús, que es lo más sensato en todos los aspectos. Lo mejor de todo es el trayecto de regreso, también en autobús y con escalas costeras. Solamente falta que den el banderazo de salida.
  • Las conversaciones con el profesor colombiano que me contactó después de mi ponencia en el Congreso en Monterrey van progresando. La propuesta es para asistir en mayo 2020 para ofrecer un taller de didáctica de las matemáticas a sus profesores. Falta hacer un merge de algunos materiales y adecuar la propuesta a las necesidades puntuales que me hagan saber, pero tenemos cuatro meses para desarrollarlo (diciembre no cuenta).

Mientras todos los rollos circulaban por mi cabeza sin aterrizar ninguno, Netflix y Crome Cast ayudaron a hacer más llevadera la convalecencia con algunas series y películas. Por su parte, el jijito de mi corazón dio inicio a una de nuestras tradiciones de fin de año: discutir de temas de ciencia. Así, de buenas a primeras, me soltó un párrafo (WhatsApp) sobre la medición del universo, el principio antropométrico, la probabilidad bayesiana, y la sugerencia de ver los episodios de PBS Space Time en YouTube. Y esta mamá tuvo que responder inmediatamente con Terry Tao y su conferencia en UCLA, hace 10 años, The Cosmic Distance Ladder (a la que asistí en calidad de invitada). Y a los fractales, y a un libro que hemos comprado unas ocho veces (dice Amazon), The Mystery of the Aleph. Mathematics, the Kabbalah, and the Search for Infinity; pero también a los libros de Koyré y al curso Introduction to Kabbalah que tomé hace un año. Debate intenso, como un partido de ping pong.

Tomamos un break de 24 horas antes de la segunda ronda, pero mientras le hice llegar mi regalo de cumpleaños (21 de noviembre): una suscripción a Scientific American Space and Physics por un año. A cambio me envió un audiolibro: Stars Wars, Thrawn. Ahora estamos leyendo, escuchando audiolibros (yo le envié American Gods) y viendo videos cada uno, y comentamos sobre nuestros avances a un paso más relajado mientras me va contando de los planes muy próximos a cumplirse y de los cambios que significan. Y estoy/soy feliz.

No todo es tan dulce: respondiendo a una reiterada invitación para asistir a una obra de teatro, de parte de una de las integrantes de la troupe, y a punto de entrar a la sala, un desnivel en el piso hizo que mi tobillo derecho se doblara y que yo cayera de rodillas primero, y luego casi hasta llegar al piso, de frente.  Lo que más ha tardado en sanar es el tendón que va del tobillo al dedo chiquito. La mano izquierda, particularmente el pulgar desde su base, molestó los primeros tres o cuatro días. Las rodillas se desinflamaron muy rápidamente con ayuda de las pomadas huicholas, aunque el dolor por los golpes internos tardó más de una semana en desaparecer. La costra de la herida en la rodilla derecha acaba de caerse.

Noviembre trajo también la reconexión con mi amiga, mi confidente, mi roommate, Norma Díaz. La que conoció a quien amo, la que escuchó la lectura de nuestras cartas y con quien conversé hasta altas horas de la noche haciendo la glosa de ellas. Sabe que siempre he estado enamorada de él, aún ahora. Hablamos por teléfono una media hora. Lo mejor es que vive en Aguascalientes, muy cerca de León.

Trajo una pena enorme: mi tía Lolita nos dijo adiós. También ella sabía, desde siempre, quién soy y a quién amo.

En las últimas horas de noviembre recibí una invitación para una sesión colaborativa en Delhi, vía mi querida Deepti. Hay muchas razones para ir y otras tantas para no hacerlo. Pero si mi hijo dice que podría venir de vacaciones (las cuales no estaban contempladas) por las mismas fechas del evento, la respuesta es no. Participaré en línea, como ya acordamos.

Terminó noviembre, y abrió muchas puertas. Y de nuevo: doy gracias por tanto.

 

 

27 de octubre: Comptes rendus.

Sunday, October 27th, 2019

 

Lunes 21: llegué al aeropuerto con más de dos horas de anticipación para volar a Monterrey, para asistir al 52 Congreso Nacional de la Sociedad Matemática Mexicana, del cual comenté en la publicación anterior.  Éramos tres personas en la fila: un señor que viajaba a Tijuana y que preguntaba si abrirían nuestras maletas antes de documentarlas y quien, en su calidad de “paisano”, había sufrido algunos abusos de parte de empleados de las aerolíneas, a quien la otra pasajera y yo le compartimos nuestras experiencias y le aseguramos que eso no podría pasar. Conversamos brevemente mientras iban llegando otros pasajeros y se abrían los mostradores de documentación.

En las salas de abordar el antojo hizo que me dirigiera al Johnny Rockets por una hamburguesa y ahí volví a encontrar a Mariè, quien es auditora y viaja constantemente por razones de trabajo. Iba de regreso a su casa sabiendo que dos días más tarde volvería a tomar un vuelo hacia otro destino. Conversamos hasta que cada una tuvo que ocupar su asiento y, ya en Monterrey, mientras esperábamos las maletas. De esas conexiones automáticas, sin protocolos, compartiendo textos, canciones, vivencias, y mucho más, por el puro gusto, sin esperar nada una de la otra. Intercambiamos perfiles de Facebook, por supuesto, y ayer ya nos contactamos a través de Messenger.

El hotel que reservé, designado como hotel sede del congreso, resultó una muy buena elección en accesibilidad, confort, amabilidad, calidad y precio. Mi desayuno no estaba incluido en el costo por noche, pero siendo yo asistente al congreso solamente el martes pagué por él, los siguientes días me reconocieron como parte del grupo. Estar en este hotel me permitió conocer al equipo femenil de futbol de León (y tomarnos unas fotos), y al equipo Spartans de Tijuana, de las fuerzas básicas de Xolos. En nuestro tercer encuentro, la noche del jueves, les pregunté cómo les había ido ese día. “Bien, ganamos los dos partidos” y me dijeron los marcadores. Bendita juventud, dije, y pregunté por sus edades: 14 años! Con cinco veces esa edad, yo con trabajos aguantaría uno, dije en broma. Pero los jóvenes son serios y eso se manifestó en la respuesta de uno de ellos: “ya con el doble no pueden”.

 

 

Los jóvenes estudiantes de la Universidad de Guadalajara, a quienes su universidad apoyó solamente con el transporte en una van, me incluyeron en su grupo para trasladarme del hotel a la Universidad cada mañana excepto la primera (no nos habíamos identificado); sorprendidos de saber que, en mi tiempo como estudiante, en ESFM solamente había la carrera de Física y Matemáticas, que el “tronco común” solamente ocupaba los primeros cuatro semestres, y que a partir del quinto uno iba comenzando a definir su área de especialización. “¿En licenciatura?”, preguntaron sorprendidos. El viernes por la mañana, en el trayecto me preguntaron si asistiría al festejo de clausura, programado para la noche. No, por supuesto.

En la universidad: al administrador de las aulas solamente el primer día tuve que pedirle que abriera la sala que me correspondía y solicitarle apoyo técnico para instalar mi USB, encender las pantallas y la compu (la cual está bajo llave); cada uno de los siguientes tres días encontré la sala abierta, y a los pocos minutos llegaba el joven de apoyo técnico para darme acceso al equipo, dejando en la sala a otro joven becario, por lo que pudiera ofrecérseme, y el cual terminó siendo parte de los activos asistentes al taller.

Los docentes participantes fueron una muy grata sorpresa. Maestros de primaria y secundaria, algunos apenas terminando sus estudios en normales superiores. Esperaba tener una docena de asistentes, en el mejor de los casos, y llevaba ese número de juegos de materiales impresos. El primer día llegaron 22, de los cuales unos seis procedían de Acapulco y debían regresar a su lugar de origen el mismo martes por la noche, pero se llevaron materiales y los datos para acceder a todo lo que compartí en línea. Algunos asistían con la consigna (de parte de sus instituciones) de asistir a algunas conferencias específicas, pero luego corrían a integrarse a mi taller. La asistencia de miércoles a viernes osciló entre 12 y 15 maestros.

 

Un maestro proveniente de Ixmiquilpan, Hidalgo, se convirtió casi en mi sombra; asistió a la conferencia del miércoles (que en realidad fueron dos, consecutivas) y estuvo determinado a grabarme (lo logró el viernes) para compartir con sus compañeros de zona escolar algunos momentos; habló de las carencias de todo tipo en sus comunidades y por qué era tan importante lo que estaba aprendiendo ahí. El desconocimiento y/o poca experiencia en el manejo de símbolos y reglas generales lo llevaba, invariablemente, a hacer cálculos numéricos en un cuaderno, lo que le impedía ver patrones. Pero en sus procesos hacía afirmaciones del tipo “en cualquier paralelogramo, la diagonal bisecta el ángulo” (había generado un paralelogramo extendiendo los lados del triángulo), a las que yo respondía con la propuesta de casos a considerar u otras preguntas; un paralelogramo extremo (una base muchas veces más grande que la altura, en este caso) por ejemplo, que hacía que cayera en cuenta de que era falsa su afirmación. Nunca se arredró, y tomaba nota de las diferentes maneras de abordar un problema. Así hablamos de la demostración por contraejemplos, o de la exploración de un problema usando casos particulares más sencillos o de la utilización de casos extremos.

 

 

Otro maestro parecía tener experiencia docente en niveles más avanzados que la secundaria. En la primera sesión de trabajo sobre un problema, seleccionado al azar por ellos mismos, le tocó calcular el área y el perímetro de la curva de Koch; comenzó a trazar a mano libre las primeras etapas de la curva, y le recordé que les había entregado un juego de hojas de papel para graficar, incluyendo el isométrico, para facilitar un trabajo de ese tipo; se dio cuenta de que había comenzado con una unidad inadecuada, que apenas le permitía llevar a cabo los primeros dos pasos. Finalmente logró hacer un gráfico con un número suficiente de etapas como para poder encontrar un patrón y dar respuesta a las preguntas planteadas. Su comentario: “Aprendí más sobre fractales haciendo este ejercicio que en la conferencia a la que asistí donde todo era incomprensible”.

curva de koch

Dos maestras muy jóvenes decidieron trabajar juntas sobre el problema de repartir seis galletas entre siete personas. Sacaron dos galletas de su lunch (redondas, con chispas de chocolate) para comenzar a manipular y entender el problema, con las consecuencias imaginables. Hice un par de preguntas sobre sus hallazgos y les entregué seis hojitas (cuadradas e idénticas) de papel para hacer geometría con doblado de papel (papel para tacos, dicen mis alumnos). Hablamos, otra vez, de la importancia de saber elegir la unidad de manera adecuada. Resolvieron el problema.

galletas

Una maestra que llevaba a su pequeño a las sesiones, el cual también quería tener materiales a la mano para participar como los adultos, seleccionó el problema de sumar ½ + ¼, + 1/8 + … infinitamente. Concluyó que la suma era 1 porque siempre se agregan porciones más pequeñas. Le entregué el problema de calcular el resultado de la serie armónica. Hablamos de Zenón y sus paradojas, por supuesto. Al final del taller me pidió que la ayudara a diseñar una sesión que le habían pedido en su escuela, para todo público: el periódico, dije, refiriéndome a la primera actividad del taller.

 

La sesión del viernes tuvo el planteamiento de una situación adicional, comentada en mi blog, en la cual los profesores intentarían teselar el plano con sellos hechos de betabel y zanahorias. La zanahoria no fue tomada en cuenta, pero el betabel mostró sus cualidades didácticas. Se situaron alrededor de la mesa, comenzaron a rebanar y a cortar algunas formas geométricas; a apostar si un pentágono serviría o no, aunque sin aportar razones, y a teselar. El término teselación apareció entre ellos y fue recogido puntualmente por el profesor de Hidalgo, quien nunca había sabido a qué se refería la palabrita. En ese proceso me grabó, finalmente, mientras yo respondía preguntas del grupo.

 

Terminamos la sesión festejando el cumple 208 de Évariste Galois, con un panqué horneado por mi sobrina Mari Cruz. El profe de Hidalgo pidió que le escribiera correctamente “el nombre del muchachito éste, ¿es el de la carta, verdad?”, sobre el cual habíamos comentado en el taller.

 

Al finalizar, cuando yo comencé a recoger los sobrantes de los materiales utilizados, para ponerlos en la basura, pidieron que los dejara llevárselos (a pesar de que todos esos materiales están en los enlaces del diseño del taller). Adicionalmente, me pidieron compartirles los materiales que he publicado en FlipHTML5, en Es lo Cotidiano (porque en mi blog de Blogger aparece un enlace a Tachas para Tachas, un texto que escribí hace unos años y que parece ya no estar disponible en el sitio del periódico digital), y en cualquier otro lugar. Me pidieron que, por favor, les compartiera de alguna manera Matemáticas 100 horas (y hay que agradecerle a Dulce Karina que lo haya escaneado hace como 10 años), y muchas cosas más.

En cuanto a la conferencia (invitación a la que respondí y a partir de la cual surgió ofrecer el taller), se convirtió en dos conferencias consecutivas por la ausencia del conferencista que me precedía y que tenía asignada media hora. Al llamado de la coordinadora del área para presentarme en el auditorio con tiempo para revisar que todo estuviera listo cuando me tocara participar, y ante la situación, propuse entretener al auditorio, lleno a medias, con la conferencia que impartí en la Universidad de Guanajuato, hace casi un año la cual, aunque no lo recordara, tiene relación con la que impartiría ese día. El auditorio se fue llenando. Mi conferencia, de una hora, comenzó con auditorio lleno y yo encarrerada ya. Ni la desvelada ni cualquier otro inconveniente me hicieron titubear, tartamudear, o cosa alguna. La adrenalina como medicina es sorprendente.

Al terminar se acercó un maestro colombiano para preguntarme si estaría dispuesta a ir a su país a impartir un curso; la coordinadora del área me invitó a ir a la Universidad de Guadalajara; uno de los asistentes me pidió mis datos para que yo le comparta materiales y documentos sobre la didáctica y las situaciones didácticas (mencionados de paso durante mi charla), y otros que no recuerdo.

Por otro lado la familia. Mi prima hermana, hermana más que prima, y sus hijos al comando de la mayor de ellos, mi sobrina Mari Cruz. Ella y su marido, Héctor, me recibieron en su casa cada día, en el puro agasajo de la conversación ininterrumpida a la que se agregaron mis otros sobrinos: Hermilo, Javier y Tony con su esposa, y hasta la hija mayor de Mari y Héctor. Me llevaron a comer delicias de todo tipo, aparte de la carne asada que nos congregó a todos en la casa. Y a pasear por la ciudad. Me recogían en la UANL desde que terminaban mis sesiones en el congreso y me regresaban al hotel después de los agasajos familiares. El viernes me llevaron a la fábrica de dulces y antojos típicos antes de llevarme al aeropuerto. Conversamos hasta que llegó el momento de presentarse en la sala de abordar.

 

Fue intenso, fue rico, fue disfrutable. Desde que salí de mi casa y hasta que regresé a ella.
¿Cansada? Sí. Y afónica (nomás imaginen!!!!!!)

Pero ahorita es hora de ir al tianguis.

 

10 de octubre: todavía en reposo

Thursday, October 10th, 2019

Después del gozoso viaje de 48 hora al Comic Con, 17 y 18 de julio, en la compañía del amor de mi vida, quien vino desde Dundee para que su madre lo indujera al evento (yo tengo unos 8 años asistiendo), las semanas han sido de actividad frenética.

Antes de ese viaje dejé terminados la presentación y el texto de la conferencia que impartiré en Monterrey, dentro del 52 Congreso de la Sociedad Matemática Mexicana, incluso los envié a la coordinadora del área de Matemática Educativa, quien me hizo la invitación para participar. Nomás se me ocurrió ofrecer también un taller de 8 horas, para maestros de educación básica, y replicarlo en Guanajuato en este mismo mes de octubre. Y eso nomás lo dejé esbozado.

Agosto fue de atender a la invitación para asistir a las conferencias de celebración de la Logia Masónica en Guanajuato. Yo me divertí haciendo preguntas tontas y dando las respuestas no tan obvias; a ellos creo que no les quedaron ganas de “inducirme” o algo semejante. Por otro lado, las autoridades de la Universidad Santa Fé me invitaron a impartir la Lectio Brevis para dar inicio a su ciclo escolar.

Septiembre fue de ir casi una semana a Tepic, muy disfrutable y llena de antojos y apapachos con los amigos y parientes, aunque el motivo del viaje era celebrar el cumpleaños 69 “de l’homme auquel j’appartiens” y que hace casi 40 años que no habita en este mundo; la lluvia que cayó sobre nuestro pueblo natal, en mi camino a nuestro santuario, fue una bendición.

Y regresar a preparar otras conferencias (ahora fui invitada a participar en el congreso en la Florida Global University), otros cursos y mi participación en la discusión de un libro sobre formación docente en la UNAM, en el plantel de la ENES León UNAM, el lunes pasado.

Lo que yo nunca sé, previo a esos eventos, es quiénes participan junto conmigo (sí, leí sus nombres y los puestos que ocupan, pero eso a mí no me dice nada). Me leí las 510 páginas del libro, hice 40 páginas entre copias de fragmentos relevantes y mis comentarios, y traté de reducir semejante rollo  unas 30 páginas, pero ahí tronó mi sistema. El lunes, entre la sesión previa a la presentación y discusión del libro y el final de la jornada, al terminar la comida que nos ofrecieron, pasaron 7 horas de intenso intercambio de ideas sobre el libro, sobre “personalidades” en la educación que resultaron ser conocidos comunes (y no precisamente de esos que uno quisiera invitar a tomar café, por ejemplo), sobre la política dentro de las universidades y más.

Me dejaron en la puerta de mi casa. Entré en calidad de trapo, a subirme a mi cama. Una dermatitis se extendió por mis párpados y cuello y mis ojos amanecieron enrojecidos y casi cerrados, el martes. La presión y la glucosa en sus mínimos, tomando en cuenta que soy hipotensa e hipoglucémica. Puro estrés. Reposar, comer, reducir el estrés, trabajo casi nulo.

Pero hoy amanecí determinada a hacer la limpieza que no había hecho en los días anteriores. El congelador del refrigerador guarda bastimento suficiente hasta para concluir la semana, de manera que no tengo que salir a comprar ingredientes para mis comidas. Lo que no tengo, parece, es conciencia de que mi pila continúa en proceso de recarga.

Después de barrer y trapear pisos (sin lentes primero; con lentes para las correcciones inevitables), de barrer patio y calle, de poner las cosas en su sitio y de limpiar el único baño en uso tuve que recostarme, por exigencia de mi espalda. Dormité unos 10 minutos.

Me despertó bruscamente el pregón del hombre que anuncia frutas y verduras (que ni trae en su carreta) mientras recorre la colonia calle por calle; salir a comprarle las naranjas que anuncia, hizo que descubriera que se trata de una ruidosa grabación que no concuerda con la oferta. Sin embargo, ese ambulantaje con altavoz es algo que mi hijo extraña, no importa dónde se encuentre, porque era como traerle el mercado a la puerta de la casa en su último semestre de la carrera aquí en León, cuando ya había aprendido a cocinar estando en Canadá, de intercambio (le tomó menos tiempo que a mí). El de los camotes, el panadero con el pan (que tiene rato ausente), los lácteos de Lagos, el de las escobas y, hacia las 10 de la noche, el de los tamales.

Me levanté después de mil remilgos, preparé mi comida, comí y dejé limpia la cocina. La intención era subir a trabajar un rato, pero no parece que mi cuerpo esté dispuesto a semejante cosa.

Reposo es.

9 de septiembre: Un día más

Monday, September 9th, 2019

Es el tercer día.

Puedo cumplir satisfactoriamente con lo que me pidan:

  • Escribir un rollo
  • Resolver un problema
  • Arbitrar un artículo
  • Revisar una propuesta para un amigo o amiga
  • Limpiar la casa
  • Lo que sea, a petición de alguien

Fuera de eso no hay nada. No hay voluntad o deseo de hacer algo personal. Ni siquiera han ocurrido insights para darle continuidad al trabajo que tengo en proceso, y tampoco me preocupa. Es como si me hubiera quedado vacía. Pero no lo estoy porque entonces no lloraría.

Al ocuparme en algo todo funciona casi con normalidad hasta que un murmullo, el piar de Alguna de las aves del parque, una nota de cualquier pieza musical, incluso si es música clásica, rompe mi concentración. Todo se deshace en pedacitos. Hay que parar, dejarse fluir y, pasado un rato, volver a empezar. Una y otra vez.

No es algo que yo controle, y tal vez ni siquiera quiero controlarlo. Lo que sé es que gradualmente recuperaré la “normalidad”. Mientras, ¡música, Google Home!

7 de julio: Primera semana de julio

Sunday, July 7th, 2019

Falta exactamente una semana para mi viaje a L.A., como estaba planeado desde hace un par de meses, como lo narré aquí mismo. Llegaré a L.A el 14, veré a mi tía Lolita, a mi primísimo Ramón y a Jose, su esposa. Luego pasaré a saludar a mi amá a la puerta de su casa (el 16) antes de encaminarme a la terminal del Amtrak en Santa Ana, CA, para viajar a San Diego, a donde debo llegar antes de las 6:30 PM. Pako llegará alrededor de esa hora y dispondremos de unas 48 horas para pasear, acudir al Centro de Convenciones para recoger nuestros badges (el 17) y pasar todo el día 18 recorriendo los stands del Comic Con 50. Mi hijo regresará a Escocia a la media noche entre el 18 y el 19 de julio, yo volveré a León el 19 por la tarde.

Para Pako es la primera vez en este evento, de manera que haré lo mismo que cuando lo llevaba a un parque siendo un niño: le daré la libertad para que explore todo lo que se le antoje, para que se entretenga en lo que le llame la atención, y para que recorra el enorme Pavellón H tantas veces como lo requiera hasta que encuentre las playeras, los juguetes y los souvenirs que le atraigan. Y estaré atenta, también como antes, para acudir a encontrarlo en el momento en que quiera que lo acompañe o que quiera compartirme algo. Esas 48 horas serán el espacio para celebrar todos los festejos de este año, de enero a diciembre. Un enorme regalo como quiera que se le mire.

Las semanas anteriores, particularmente el mes de junio, parecieron alargarse como las líneas de mis pesadillas de niña: se estiraban y curvaban llenando el espacio infinito antes de colapsar, gradualmente, en un punto. Junio fue eterno, casi, y no fue por falta de ocupaciones, porque hubo de todo.

Primero, la sorpresiva invitación que recibí de la Sociedad Matemática Mexicana (SMM) para participar como conferencista invitada en su 52 Congreso, a celebrarse en Monterrey, Nuevo León, en octubre próximo. Fue César Cristóbal, amigo y compañero por 50 años, quien sugirió que me invitaran. Tarde unas 48 horas en definir la temática y en desarrollar el mapa conceptual para organizar las ideas (el inicio de cada proyecto que desarrollo). Siguió recoger la información para comenzar a “bordar” el texto sobre ese mapa: 11 páginas resultaron. Tres revisores de lujo me ayudaron a detectar algunos errores de dedo y a sugerir algún breve añadido. Una vez vuelto a revisar (la peor soy yo, que corriijo sobre lo corregido) utilicé el documento como base para la presentación en Power Point, y pedí que lo revisaran también. Apenas un par de días después de haber declarado que estaba todo terminado, llegó la solicitud de registro de la ponencia. Listo, e incluso envié el documento y la presentación a la coordinadora del área de Matemática Educativa. Para mí era importante no dejar cabos sueltos, y lo logré.

En paralelo recibí otra invitación, de la misma SMM, para ofrecer algún taller o curso. Decidí ofrecer un taller para profesores de educación básica: “Todo lo que usted siempre quiso saber de matemáticas pero temía preguntar: reflexiones en torno al planteamiento y resolución de problemas”. Registré el taller, subiendo el resumen, y ahora espero el dictamen (en este caso voy de soldado raso). Mientras, comencé a generar el repositorio para semejante tarea, recurriendo a las experiencias y ocurrencias que llevo a cabo desde que comencé mi carrera como docente y luego como investigadora. Estoy armando una caja física, llena de cajitas con recursos de todo tipo, porque ese curso será como un sombrero mágico del que podrían surgir mil cosas diversas, dependiendo de los participantes. Por lo menos así lo imagino yo.

Por otro lado, los últimos días de mayo y durante junio tuve visitas gratas venidas desde los dos extremos de la Baja California: Jin-ho y Kharelia vinieron desde Tijuana, mientras que Martha Márquez, Sara Carlota y Martha Drew vinieron desde La Paz. Cada visita es un placer, y uno redescubre los sitios amables de esta ciudad.

Con todo y las reuniones y eventos del Comité de Vecinos de esta colonia (hasta a misa asistí), y lo que ha significado desarrollar los trabajos para el Congreso de la SMM, junio ha sido el mes más largo que yo recuerde. Cargado de recuerdos y nostalgias y de sueños; con una necesidad de calma absoluta, de comida muy ligera, de sueño, y con una terrible añoranza paliada a ratos por la alegre visita cotidiana, varias veces al día, del colibrí verde como tus ojos que entra a la casa, vuela sobre mi cabeza, me busca en la cocina o acá arriba, instalándose en el tragaluz.

Julio trajo sorpresas en su primera semana. Tanya me invitó a la presentación del programa del Festival Internacional Cervantino 2019, en el Teatro Juárez, en Guanajuato capital, sin más datos. Resultó que estábamos entre los invitados muy especiales, en las filas reservadas para VIP.

¿Formal?, pregunté, y me dijo que sí. De modo que me puse en modo “señora seria” (casi) añadiendo el detalle importante de mi collar y aretes huichol, para mantener mi esencia; la seriedad absoluta nunca es parte de esa esencia, por cierto, y me divertí mucho en el camino al Teatro, en el interior, y al terminar el evento.

Hoy comencé a organizar mi maleta, poniendo a su lado todo lo que no puedo dejar. Falta la ropa, cierto, pero el outlet de Las Américas está muy a la mano en caso de que necesite algo. El reto es poner todo dentro de ese maletincito y mi backpack.

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Todavía tengo un par de eventos sociales, además de los asuntos que hay que atender cada mes: fumigar la casa, pagar impuestos, pagar servicios. Pero por fin he comenzado a relajarme.

6 de junio: Mayo en Tepic de Nervo

Thursday, June 6th, 2019

El Tepic tuyo y mío. La ciudad donde nacimos, donde te quedaste para siempre tú, que no querías vivir en un lugar tan lleno de sol. Tal vez todos esperaban que yo también regresara, tal vez tú lo pensaste. A mí nunca me pasó por la cabeza.

Llegué el 22 por la tarde, para descansar merendar algún antojo y estar lista temprano, el 23, para ir a nuestro sagrado santuario; tú y yo en la Alameda, que es el objetivo de esos viajes: estar presente una y otra vez para encontrarte en cada detalle y sentir que estás muy cerca.

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La confirmación de mensaje recibido llegó al día siguiente, mientras tomaba mi primer café en el portal. En una mesita al lado de la mía un grupo de adultos mayores, varones, conversaba sobre sus achaques y preocupaciones. Se integró uno más, a quien felicitaron por su desempeño cantando en alguna reunión el día anterior; entonó Cien años. Siempre, en cualquier lugar y en cualquier momento, como siempre. Lo felicité, se sentó frente a mí y me dijo que me cantaría, completa, otra canción; le dije que lo grabaría y estuvo de acuerdo. En el último momento me anunció: “le voy a cantar la misma canción, Cien años”. Lo escuché un momento pero no pude aguantar las lágrimas, le di las gracias y me fui al hotel.

Después de la Alameda visito a Raquel. Esta vez comí con ella en la fonda donde acostumbra. Me sorprendió la manera en que me presentó, haciendo referencia a las innumerables veces que ha hablado de mí con la dueña, como una hermana orgullosa. Nos tomamos una foto, lo cual fue algo extraordinario. Ya en su casa me puso en contacto telefónico con Lupita, con quien acordé vernos el 25, en Tlaquepaque. Por la mañana, muy temprano, había ido a saludar a mi tía y por la tarde regresé  para llevarle churros y tomar con ella un vaso de leche. De nuevo sorprendida: me contó cómo me presume con sus parientes y amigas, y no solamente ella sino hasta mi tío Chuy, dijo, a quien por cierto hace décadas que no veo. Se nos hizo de noche en la chorcha. Y es grato conversar de la vida con gente que ve la vida de manera semejante a como la veo yo, más allá de mis excentricidades. Gente que se alegra por uno y con uno. El afecto dado sin esperar recompensa. Casi a punto de llamar un taxi para ir al hotel, llegó mi primo Ocho y se unió brevemente a la conversación, para luego llevarme a tomar algo antes de irme a dormir.

El 24, centenario de la muerte de nuestro paisano, la ciudad se veía en calma y sin anuncios de ceremonias conmemorativas, ni siquiera frente al monumento al bardo, a un costado del Palacio Municipal.

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Temprano, después de ir a comprar mi provisión de café nayarita, había pasado frente a la escuela Amado Nervo, mi escuela primaria de la que he hablado en La escuela pública según sus maestros, páginas 153 a 169, y la había encontrado cerrada, sin actividades.  Luego mi primo y yo fuimos a San Blas para almorzar y caminar un rato por la playa. San Blas, ahora pueblo mágico, adicionado de detalles copiados y repetidos en cada localidad de las que integran este tipo de destinos turísticos y, por ende, con una sustancial alza de precios en los restaurantes del centro del pueblo. De regreso, ante la imposibilidad de entregársela digitalmente, fui a imprimir la foto que me tomé con Raquel mientras comíamos el día anterior, y a llevársela inmediatamente.

Era un muy buen día: me preguntó por ti por primera vez en 35 años, 30 de los cuales no quise ni verla (matando al mensajero que trajo la espantosa noticia de tu muerte); durante los cinco años que han pasado desde que volví a buscarla se había resistido a responder cualquier cosa sobre el tema, tratando de evitarme un dolor extra. Esta vez quiso saber si tú y yo habíamos «vivido» juntos, entre otras cosas. Le conté algunas vivencias, dando cuenta de nuestra inocencia, idiotez, falta de malicia, ignorancia y exceso de compromiso con nuestras familias. Le narré la historia de Una naranja cubierta en mayo de 1967. Inesperadamente, para mí, abrió su corazón y me contó de su relación con José Luis Laos, mientras estudiaba en Guadalajara, algo que doña Juanita, su madre, rechazó tajantemente condenándola a vivir sola, para siempre. Nos abrazamos. Dijo «soy testigo de tu historia». Prometí llamarla más frecuentemente.

Caminé hacia el hotel, ubicado sobre la misma calle, nomás pasando la Plaza Principal. Al pasar por la escuela vi que entraba gente vestida de gala, mujeres en trajes largos, negros y con adornos huicholes, hombres de riguroso traje formal. Pregunté de qué se trataba: la celebración del Centenario, respondieron permitiéndome entrar; dije que era exalumna, con mucho orgullo y alegría, y me indicaron que podía sentarme en la mesa que yo escogiera (porque habría cena). Recorrí con los ojos el espacio, me senté en una de las mesas al fondo del corredor, cerca del punto donde te ubicabas aquel 24 de mayo en que asistí al evento solamente para verte, hace 50 años.

Todo estaba decorado con suntuosidad, muchas flores, muchos trabajos elaborados por alumnos (ahora es escuela mixta) en honor al poeta nayarita.

Reviví mis impresiones cuando, siendo alumna, era participante en la ceremonia a la que asistía la sociedad en su conjunto. Una señora joven se sentó a mi lado, también era exalumna y también recordaba cuán grande le parecía el escenario en sus participaciones. Casi inmediatamente dio comienzo el evento, con la formación de la banda de guerra del Batallón de Infantería del Ejercito Mexicano, en Tepic; honores a la bandera en los que todos, siguiendo el comando de la banda, cantamos el Himno Nacional Mexicano. Siguieron las ofrendas florales y las guardias de honor. Para mí fue suficiente. Estuve donde debía estar y en el momento correcto. Hubo otras ceremonias, una a cargo del municipio, ese mismo día, por la tarde, y otras a cargo de gobierno estatal y hasta del nacional. La significativa, para mí, es esa a la que asistí por pura buena suerte que tengo.

Al día siguiente, 25, partí rumbo a Guadalajara y me reuní con Lupita, después de 54 años, para conversar de nuestras vidas.  Lupita vive en Guadalajara, a donde se fue a estudiar desde que terminamos la secundaria; me dijo que en pleno movimiento del 68 estuvo lista para irse a CDMX y unirse a la causa, a mi lado; pero su hermano la delató y su padre lo impidió. Recordamos los nombres de nuestros maestros y de nuestras excompañeras en la Secundaria Alemán, fundada en 1952 ; ella recuerda los de cada una de las que formamos parte de esos grupos de alumnas, porque, dijo, era la encargada de pasar lista en las clases de Biología que impartía el maestro Chucho Reyes, invidente. Recordamos algunas travesuras, como tronarle bolitas de eter al Prof. de Geografía, Francisco Villegas Loera (fundador y director de la Escuela Normal en Tepic), y las clases maravillosas de Historia de México y de Literatura Hispanoamericana, a cargo del Profe Everardo Peña Navarro, entonces cronista de la ciudad.

Con Raquel, formamos un trío que trasciende la amistad. Sharon era parte del grupo, pero no tengo idea de qué es de su vida.

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Lupita, Sharon, Yo, Raquel

El plan era salir de Guadalajara rumbo a León a más tardar a las 8 pm. La conversación hubiera podido seguir indefinidamente, pero cortamos pasadas las 10 de la noche y me quedé a dormir muy satisfecha de seguir recuperando a la gente que es como yo, con la que comparto el amor a nuestra tierra, la amistad entrañable que no requiere de reiteraciones, el lenguaje llano, y con quienes tengo historias maravillosas y recuerdos de todos sabores.

Muy disfrutable, mayo todavía me trajo gratas sorpresas en su última semana.