7 de noviembre: mi tía Cuca

Monday, November 7th, 2011

Hermana de mi madre, madrina mía de confirmación y una segunda madre para mí. Con ella y mi tío Gonzalo, su esposo, quien era ferrocarrilero, aprendí a amar los viajes y el ferrocarril; me tenían registrada en su pase como hija y así me trataban. De Guadalajara a Mochis, en el pullman, parando en diferentes lugares y regresando siempre a Tepic.  Tenían una casa en Mazatlán, uno de mis sitios preferidos todavía, y cuando pasaba días con ellos podíamos ir al cine que no tenía techo y al que había que llevar silla, o asistir a los desfiles del Carnaval.

Con mi tía aprendí a disfrutar de un partido de béisbol, en el estadio de Tepic. Y me hizo conocer las corridas de toros. Pero también disfruté de las fiestas en los pueblos, Mazatán (en Nayarit) particularmente. Y aprendí sobre las reuniones en las que se jugaba “canasta” y “conquián”, que ella disfrutaba,  …pero no aprendí a jugar. Muchas más cosas aprendí con ella o en su casa. Disfrutar de una comida, por ejemplo. Los frijoles de mi tía superaban cualquier otro platillo para el almuerzo aunque provinieran del mismo costal y fueran guisados con la misma manteca que los que preparaba mi mamá. Una de sus ayudantas (porque no eran sirvientas) me permitió intentar cocinar un huevo por primera vez, subida en una silla junto a la estufa y supervisada muy de cerca. Supongo que la experiencia no me gustó mucho…o el resultado, porque nunca volví a intentarlo.

Muchas anécdotas tengo de mi tía, y muchos hermosos recuerdos del apoyo que siempre me/nos dio, como prestarnos su guayín, a mis amigos de Física y Matemáticas y a mí, cuando todos llegamos a Tepic a pasar una Semana Santa en mi casa, que era como la continuación de la de ella con un patio de por medio.

Dos anécdotas tal vez digan más: cuenta mi mamá que cuando yo era todavía una bebé, la ex de mi papá entró a robarme de mi cuna (en Tepic las casas eran de puertas abiertas, y más en aquellas épocas), creyendo que eso haría a mi padre regresar con ella. Error! Mi tía estaba ahí y sacó su pistola haciendo que la mujer corriera llevando lo único que pudo pescar: mi cobija.

Cuando cumplí 15 años y estaba a punto de irme a estudiar al D.F. viviendo sola y sin familia, mi tía me regaló una novela (de las semanales) sobre una pareja de adolescentes que salen a pasear a un parque; y luego los dibujos mostraban flores, pajaritos y mariposas, y la chica estaba embarazada. Puede sonar cursi, pero en la educación sexual de la época no se hablaba de “ciertos asuntos”, y mi tía mostraba su preocupación tratando de hacerme ver los riesgos que podría enfrentar.

Si, era una mujer que literalmente podía tomar las armas y que no se arredraba ante nada, pero también una mujer que mostraba su afecto y preocupación por los demás. Hoy hubiera cumplido 90 años o algo así, pero se fue antes. Donde quiera que esté, sabe que la quiero mucho.

 

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