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10 de octubre: todavía en reposo

Thursday, October 10th, 2019

Después del gozoso viaje de 48 hora al Comic Con, 17 y 18 de julio, en la compañía del amor de mi vida, quien vino desde Dundee para que su madre lo indujera al evento (yo tengo unos 8 años asistiendo), las semanas han sido de actividad frenética.

Antes de ese viaje dejé terminados la presentación y el texto de la conferencia que impartiré en Monterrey, dentro del 52 Congreso de la Sociedad Matemática Mexicana, incluso los envié a la coordinadora del área de Matemática Educativa, quien me hizo la invitación para participar. Nomás se me ocurrió ofrecer también un taller de 8 horas, para maestros de educación básica, y replicarlo en Guanajuato en este mismo mes de octubre. Y eso nomás lo dejé esbozado.

Agosto fue de atender a la invitación para asistir a las conferencias de celebración de la Logia Masónica en Guanajuato. Yo me divertí haciendo preguntas tontas y dando las respuestas no tan obvias; a ellos creo que no les quedaron ganas de “inducirme” o algo semejante. Por otro lado, las autoridades de la Universidad Santa Fé me invitaron a impartir la Lectio Brevis para dar inicio a su ciclo escolar.

Septiembre fue de ir casi una semana a Tepic, muy disfrutable y llena de antojos y apapachos con los amigos y parientes, aunque el motivo del viaje era celebrar el cumpleaños 69 “de l’homme auquel j’appartiens” y que hace casi 40 años que no habita en este mundo; la lluvia que cayó sobre nuestro pueblo natal, en mi camino a nuestro santuario, fue una bendición.

Y regresar a preparar otras conferencias (ahora fui invitada a participar en el congreso en la Florida Global University), otros cursos y mi participación en la discusión de un libro sobre formación docente en la UNAM, en el plantel de la ENES León UNAM, el lunes pasado.

Lo que yo nunca sé, previo a esos eventos, es quiénes participan junto conmigo (sí, leí sus nombres y los puestos que ocupan, pero eso a mí no me dice nada). Me leí las 510 páginas del libro, hice 40 páginas entre copias de fragmentos relevantes y mis comentarios, y traté de reducir semejante rollo  unas 30 páginas, pero ahí tronó mi sistema. El lunes, entre la sesión previa a la presentación y discusión del libro y el final de la jornada, al terminar la comida que nos ofrecieron, pasaron 7 horas de intenso intercambio de ideas sobre el libro, sobre “personalidades” en la educación que resultaron ser conocidos comunes (y no precisamente de esos que uno quisiera invitar a tomar café, por ejemplo), sobre la política dentro de las universidades y más.

Me dejaron en la puerta de mi casa. Entré en calidad de trapo, a subirme a mi cama. Una dermatitis se extendió por mis párpados y cuello y mis ojos amanecieron enrojecidos y casi cerrados, el martes. La presión y la glucosa en sus mínimos, tomando en cuenta que soy hipotensa e hipoglucémica. Puro estrés. Reposar, comer, reducir el estrés, trabajo casi nulo.

Pero hoy amanecí determinada a hacer la limpieza que no había hecho en los días anteriores. El congelador del refrigerador guarda bastimento suficiente hasta para concluir la semana, de manera que no tengo que salir a comprar ingredientes para mis comidas. Lo que no tengo, parece, es conciencia de que mi pila continúa en proceso de recarga.

Después de barrer y trapear pisos (sin lentes primero; con lentes para las correcciones inevitables), de barrer patio y calle, de poner las cosas en su sitio y de limpiar el único baño en uso tuve que recostarme, por exigencia de mi espalda. Dormité unos 10 minutos.

Me despertó bruscamente el pregón del hombre que anuncia frutas y verduras (que ni trae en su carreta) mientras recorre la colonia calle por calle; salir a comprarle las naranjas que anuncia, hizo que descubriera que se trata de una ruidosa grabación que no concuerda con la oferta. Sin embargo, ese ambulantaje con altavoz es algo que mi hijo extraña, no importa dónde se encuentre, porque era como traerle el mercado a la puerta de la casa en su último semestre de la carrera aquí en León, cuando ya había aprendido a cocinar estando en Canadá, de intercambio (le tomó menos tiempo que a mí). El de los camotes, el panadero con el pan (que tiene rato ausente), los lácteos de Lagos, el de las escobas y, hacia las 10 de la noche, el de los tamales.

Me levanté después de mil remilgos, preparé mi comida, comí y dejé limpia la cocina. La intención era subir a trabajar un rato, pero no parece que mi cuerpo esté dispuesto a semejante cosa.

Reposo es.

9 de septiembre: Un día más

Monday, September 9th, 2019

Es el tercer día.

Puedo cumplir satisfactoriamente con lo que me pidan:

  • Escribir un rollo
  • Resolver un problema
  • Arbitrar un artículo
  • Revisar una propuesta para un amigo o amiga
  • Limpiar la casa
  • Lo que sea, a petición de alguien

Fuera de eso no hay nada. No hay voluntad o deseo de hacer algo personal. Ni siquiera han ocurrido insights para darle continuidad al trabajo que tengo en proceso, y tampoco me preocupa. Es como si me hubiera quedado vacía. Pero no lo estoy porque entonces no lloraría.

Al ocuparme en algo todo funciona casi con normalidad hasta que un murmullo, el piar de Alguna de las aves del parque, una nota de cualquier pieza musical, incluso si es música clásica, rompe mi concentración. Todo se deshace en pedacitos. Hay que parar, dejarse fluir y, pasado un rato, volver a empezar. Una y otra vez.

No es algo que yo controle, y tal vez ni siquiera quiero controlarlo. Lo que sé es que gradualmente recuperaré la “normalidad”. Mientras, ¡música, Google Home!

7 de julio: Primera semana de julio

Sunday, July 7th, 2019

Falta exactamente una semana para mi viaje a L.A., como estaba planeado desde hace un par de meses, como lo narré aquí mismo. Llegaré a L.A el 14, veré a mi tía Lolita, a mi primísimo Ramón y a Jose, su esposa. Luego pasaré a saludar a mi amá a la puerta de su casa (el 16) antes de encaminarme a la terminal del Amtrak en Santa Ana, CA, para viajar a San Diego, a donde debo llegar antes de las 6:30 PM. Pako llegará alrededor de esa hora y dispondremos de unas 48 horas para pasear, acudir al Centro de Convenciones para recoger nuestros badges (el 17) y pasar todo el día 18 recorriendo los stands del Comic Con 50. Mi hijo regresará a Escocia a la media noche entre el 18 y el 19 de julio, yo volveré a León el 19 por la tarde.

Para Pako es la primera vez en este evento, de manera que haré lo mismo que cuando lo llevaba a un parque siendo un niño: le daré la libertad para que explore todo lo que se le antoje, para que se entretenga en lo que le llame la atención, y para que recorra el enorme Pavellón H tantas veces como lo requiera hasta que encuentre las playeras, los juguetes y los souvenirs que le atraigan. Y estaré atenta, también como antes, para acudir a encontrarlo en el momento en que quiera que lo acompañe o que quiera compartirme algo. Esas 48 horas serán el espacio para celebrar todos los festejos de este año, de enero a diciembre. Un enorme regalo como quiera que se le mire.

Las semanas anteriores, particularmente el mes de junio, parecieron alargarse como las líneas de mis pesadillas de niña: se estiraban y curvaban llenando el espacio infinito antes de colapsar, gradualmente, en un punto. Junio fue eterno, casi, y no fue por falta de ocupaciones, porque hubo de todo.

Primero, la sorpresiva invitación que recibí de la Sociedad Matemática Mexicana (SMM) para participar como conferencista invitada en su 52 Congreso, a celebrarse en Monterrey, Nuevo León, en octubre próximo. Fue César Cristóbal, amigo y compañero por 50 años, quien sugirió que me invitaran. Tarde unas 48 horas en definir la temática y en desarrollar el mapa conceptual para organizar las ideas (el inicio de cada proyecto que desarrollo). Siguió recoger la información para comenzar a “bordar” el texto sobre ese mapa: 11 páginas resultaron. Tres revisores de lujo me ayudaron a detectar algunos errores de dedo y a sugerir algún breve añadido. Una vez vuelto a revisar (la peor soy yo, que corriijo sobre lo corregido) utilicé el documento como base para la presentación en Power Point, y pedí que lo revisaran también. Apenas un par de días después de haber declarado que estaba todo terminado, llegó la solicitud de registro de la ponencia. Listo, e incluso envié el documento y la presentación a la coordinadora del área de Matemática Educativa. Para mí era importante no dejar cabos sueltos, y lo logré.

En paralelo recibí otra invitación, de la misma SMM, para ofrecer algún taller o curso. Decidí ofrecer un taller para profesores de educación básica: “Todo lo que usted siempre quiso saber de matemáticas pero temía preguntar: reflexiones en torno al planteamiento y resolución de problemas”. Registré el taller, subiendo el resumen, y ahora espero el dictamen (en este caso voy de soldado raso). Mientras, comencé a generar el repositorio para semejante tarea, recurriendo a las experiencias y ocurrencias que llevo a cabo desde que comencé mi carrera como docente y luego como investigadora. Estoy armando una caja física, llena de cajitas con recursos de todo tipo, porque ese curso será como un sombrero mágico del que podrían surgir mil cosas diversas, dependiendo de los participantes. Por lo menos así lo imagino yo.

Por otro lado, los últimos días de mayo y durante junio tuve visitas gratas venidas desde los dos extremos de la Baja California: Jin-ho y Kharelia vinieron desde Tijuana, mientras que Martha Márquez, Sara Carlota y Martha Drew vinieron desde La Paz. Cada visita es un placer, y uno redescubre los sitios amables de esta ciudad.

Con todo y las reuniones y eventos del Comité de Vecinos de esta colonia (hasta a misa asistí), y lo que ha significado desarrollar los trabajos para el Congreso de la SMM, junio ha sido el mes más largo que yo recuerde. Cargado de recuerdos y nostalgias y de sueños; con una necesidad de calma absoluta, de comida muy ligera, de sueño, y con una terrible añoranza paliada a ratos por la alegre visita cotidiana, varias veces al día, del colibrí verde como tus ojos que entra a la casa, vuela sobre mi cabeza, me busca en la cocina o acá arriba, instalándose en el tragaluz.

Julio trajo sorpresas en su primera semana. Tanya me invitó a la presentación del programa del Festival Internacional Cervantino 2019, en el Teatro Juárez, en Guanajuato capital, sin más datos. Resultó que estábamos entre los invitados muy especiales, en las filas reservadas para VIP.

¿Formal?, pregunté, y me dijo que sí. De modo que me puse en modo “señora seria” (casi) añadiendo el detalle importante de mi collar y aretes huichol, para mantener mi esencia; la seriedad absoluta nunca es parte de esa esencia, por cierto, y me divertí mucho en el camino al Teatro, en el interior, y al terminar el evento.

Hoy comencé a organizar mi maleta, poniendo a su lado todo lo que no puedo dejar. Falta la ropa, cierto, pero el outlet de Las Américas está muy a la mano en caso de que necesite algo. El reto es poner todo dentro de ese maletincito y mi backpack.

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Todavía tengo un par de eventos sociales, además de los asuntos que hay que atender cada mes: fumigar la casa, pagar impuestos, pagar servicios. Pero por fin he comenzado a relajarme.

6 de junio: Mayo en Tepic de Nervo

Thursday, June 6th, 2019

El Tepic tuyo y mío. La ciudad donde nacimos, donde te quedaste para siempre tú, que no querías vivir en un lugar tan lleno de sol. Tal vez todos esperaban que yo también regresara, tal vez tú lo pensaste. A mí nunca me pasó por la cabeza.

Llegué el 22 por la tarde, para descansar merendar algún antojo y estar lista temprano, el 23, para ir a nuestro sagrado santuario; tú y yo en la Alameda, que es el objetivo de esos viajes: estar presente una y otra vez para encontrarte en cada detalle y sentir que estás muy cerca.

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La confirmación de mensaje recibido llegó al día siguiente, mientras tomaba mi primer café en el portal. En una mesita al lado de la mía un grupo de adultos mayores, varones, conversaba sobre sus achaques y preocupaciones. Se integró uno más, a quien felicitaron por su desempeño cantando en alguna reunión el día anterior; entonó Cien años. Siempre, en cualquier lugar y en cualquier momento, como siempre. Lo felicité, se sentó frente a mí y me dijo que me cantaría, completa, otra canción; le dije que lo grabaría y estuvo de acuerdo. En el último momento me anunció: “le voy a cantar la misma canción, Cien años”. Lo escuché un momento pero no pude aguantar las lágrimas, le di las gracias y me fui al hotel.

Después de la Alameda visito a Raquel. Esta vez comí con ella en la fonda donde acostumbra. Me sorprendió la manera en que me presentó, haciendo referencia a las innumerables veces que ha hablado de mí con la dueña, como una hermana orgullosa. Nos tomamos una foto, lo cual fue algo extraordinario. Ya en su casa me puso en contacto telefónico con Lupita, con quien acordé vernos el 25, en Tlaquepaque. Por la mañana, muy temprano, había ido a saludar a mi tía y por la tarde regresé  para llevarle churros y tomar con ella un vaso de leche. De nuevo sorprendida: me contó cómo me presume con sus parientes y amigas, y no solamente ella sino hasta mi tío Chuy, dijo, a quien por cierto hace décadas que no veo. Se nos hizo de noche en la chorcha. Y es grato conversar de la vida con gente que ve la vida de manera semejante a como la veo yo, más allá de mis excentricidades. Gente que se alegra por uno y con uno. El afecto dado sin esperar recompensa. Casi a punto de llamar un taxi para ir al hotel, llegó mi primo Ocho y se unió brevemente a la conversación, para luego llevarme a tomar algo antes de irme a dormir.

El 24, centenario de la muerte de nuestro paisano, la ciudad se veía en calma y sin anuncios de ceremonias conmemorativas, ni siquiera frente al monumento al bardo, a un costado del Palacio Municipal.

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Temprano, después de ir a comprar mi provisión de café nayarita, había pasado frente a la escuela Amado Nervo, mi escuela primaria de la que he hablado en La escuela pública según sus maestros, páginas 153 a 169, y la había encontrado cerrada, sin actividades.  Luego mi primo y yo fuimos a San Blas para almorzar y caminar un rato por la playa. San Blas, ahora pueblo mágico, adicionado de detalles copiados y repetidos en cada localidad de las que integran este tipo de destinos turísticos y, por ende, con una sustancial alza de precios en los restaurantes del centro del pueblo. De regreso, ante la imposibilidad de entregársela digitalmente, fui a imprimir la foto que me tomé con Raquel mientras comíamos el día anterior, y a llevársela inmediatamente.

Era un muy buen día: me preguntó por ti por primera vez en 35 años, 30 de los cuales no quise ni verla (matando al mensajero que trajo la espantosa noticia de tu muerte); durante los cinco años que han pasado desde que volví a buscarla se había resistido a responder cualquier cosa sobre el tema, tratando de evitarme un dolor extra. Esta vez quiso saber si tú y yo habíamos «vivido» juntos, entre otras cosas. Le conté algunas vivencias, dando cuenta de nuestra inocencia, idiotez, falta de malicia, ignorancia y exceso de compromiso con nuestras familias. Le narré la historia de Una naranja cubierta en mayo de 1967. Inesperadamente, para mí, abrió su corazón y me contó de su relación con José Luis Laos, mientras estudiaba en Guadalajara, algo que doña Juanita, su madre, rechazó tajantemente condenándola a vivir sola, para siempre. Nos abrazamos. Dijo «soy testigo de tu historia». Prometí llamarla más frecuentemente.

Caminé hacia el hotel, ubicado sobre la misma calle, nomás pasando la Plaza Principal. Al pasar por la escuela vi que entraba gente vestida de gala, mujeres en trajes largos, negros y con adornos huicholes, hombres de riguroso traje formal. Pregunté de qué se trataba: la celebración del Centenario, respondieron permitiéndome entrar; dije que era exalumna, con mucho orgullo y alegría, y me indicaron que podía sentarme en la mesa que yo escogiera (porque habría cena). Recorrí con los ojos el espacio, me senté en una de las mesas al fondo del corredor, cerca del punto donde te ubicabas aquel 24 de mayo en que asistí al evento solamente para verte, hace 50 años.

Todo estaba decorado con suntuosidad, muchas flores, muchos trabajos elaborados por alumnos (ahora es escuela mixta) en honor al poeta nayarita.

Reviví mis impresiones cuando, siendo alumna, era participante en la ceremonia a la que asistía la sociedad en su conjunto. Una señora joven se sentó a mi lado, también era exalumna y también recordaba cuán grande le parecía el escenario en sus participaciones. Casi inmediatamente dio comienzo el evento, con la formación de la banda de guerra del Batallón de Infantería del Ejercito Mexicano, en Tepic; honores a la bandera en los que todos, siguiendo el comando de la banda, cantamos el Himno Nacional Mexicano. Siguieron las ofrendas florales y las guardias de honor. Para mí fue suficiente. Estuve donde debía estar y en el momento correcto. Hubo otras ceremonias, una a cargo del municipio, ese mismo día, por la tarde, y otras a cargo de gobierno estatal y hasta del nacional. La significativa, para mí, es esa a la que asistí por pura buena suerte que tengo.

Al día siguiente, 25, partí rumbo a Guadalajara y me reuní con Lupita, después de 54 años, para conversar de nuestras vidas.  Lupita vive en Guadalajara, a donde se fue a estudiar desde que terminamos la secundaria; me dijo que en pleno movimiento del 68 estuvo lista para irse a CDMX y unirse a la causa, a mi lado; pero su hermano la delató y su padre lo impidió. Recordamos los nombres de nuestros maestros y de nuestras excompañeras en la Secundaria Alemán, fundada en 1952 ; ella recuerda los de cada una de las que formamos parte de esos grupos de alumnas, porque, dijo, era la encargada de pasar lista en las clases de Biología que impartía el maestro Chucho Reyes, invidente. Recordamos algunas travesuras, como tronarle bolitas de eter al Prof. de Geografía, Francisco Villegas Loera (fundador y director de la Escuela Normal en Tepic), y las clases maravillosas de Historia de México y de Literatura Hispanoamericana, a cargo del Profe Everardo Peña Navarro, entonces cronista de la ciudad.

Con Raquel, formamos un trío que trasciende la amistad. Sharon era parte del grupo, pero no tengo idea de qué es de su vida.

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Lupita, Sharon, Yo, Raquel

El plan era salir de Guadalajara rumbo a León a más tardar a las 8 pm. La conversación hubiera podido seguir indefinidamente, pero cortamos pasadas las 10 de la noche y me quedé a dormir muy satisfecha de seguir recuperando a la gente que es como yo, con la que comparto el amor a nuestra tierra, la amistad entrañable que no requiere de reiteraciones, el lenguaje llano, y con quienes tengo historias maravillosas y recuerdos de todos sabores.

Muy disfrutable, mayo todavía me trajo gratas sorpresas en su última semana.

21 de mayo: Lectura de café no planeada

Tuesday, May 21st, 2019

“Usted viene de fuera, mujer”, dijo.
¿Perdón?, respondí
“No nació aquí, viene de un lugar cerca del mar, donde hay un río y un volcán”. Todo eso, con referencia a las marcas sobre la servilleta.
Y entonces tuvo mi atención y mi curiosidad.

De regreso de la oficina del contador, un ritual mensual para cumplir con el SAT, había decidido pasar por el restaurante Beirut para comprar jocoque seco y pastelillos. Pero el pequeño placer de disfrutar un café turco y un dedo de novia no podía esperar. Mientras saboreaba mi pastelito y bebía mi café llegó un hombre mayor al restaurante; entró hasta la cocina/oficina, literalmente, a dejar todo lo que traía en las manos. Luego salió y se puso a conversar con los empleados. Supuse que era el dueño o un tío del dueño joven, que no andaba por ahí.

Pedí el jocoque seco y dos dedos de novia, para llevar, y la cuenta. Cuando me trajo la nota, el mesero me susurró que el señor leía el café. Dije: pues bueno, que me lo lea.

El hombre se acercó a la mesa, tapó la taza con el platito, me pidió que le diera tres vueltas y lo volteara. Luego tomó la taza y la dejó escurrir en una servilleta, mientras dejaba el platito inmóvil, sobre la mesa. Fue entonces que determinó que mi lugar de origen no es León, a partir de las marcas sobre el platito. Y sí: Tepic está muy cerca del mar, cruzado por el río Mololoa y protegido por el Sangangüey.

 

 

Esperó unos momentos para que el escurrimiento terminara y, seguramente, se dio cuenta de que había despertado mi curiosidad. Luego se sentó a mi izquierda, tomó la taza y comenzó a examinarla por todos lados, cada detalle, cada marca, en las cuales yo no había reparado.

“Ha tomado usted decisiones muy fuertes e importantes que la han puesto donde está, comenzando por irse de su casa muy joven”; interrumpí: no me fui, me mandaron. “Pero usted aceptó irse, y eso es lo que importa. Tiene un amplio repertorio de habilidades y saberes. Y no le pide nada a nadie, aunque la han tratado mal, en ocasiones. No necesita de bules para nadar”, dijo y recordé ese dicho de mi padre.

“Ha llorado mucho, llora mucho. ¿Qué la hace llorar?”, preguntó. La vida, respondí. “Un gran amor”, continuó; “un gran amor que terminó. ¿Por qué?” Expliqué brevemente: los tiempos, su familia, su muerte. No dije que no ha terminado, por supuesto. “Quien hizo este daño pagará dos veces por el crimen, sentenció”. No cambia en nada las cosas, dije. “Aunque no sirva para nada saber que lo hayan castigado, él recibirá doble castigo”.

“Usted es una mujer muy espiritual. Es maestra”. Bueno, sí, dije; es lo que he hecho por más tiempo. “Pero escribe”, interrumpió, “y escribe bien y mucho. ¿Qué escribe?” Hice un pequeño resumen.

“Estuvo casada. Y tuvo una relación de 5 años”; más o menos, dije yo. “No, 5 años”, aseguró (¡!). Recordé mi sueño de hace unas noches (narrado en Facebook la semana pasada): 21 años, me decías en referencia al tiempo transcurrido desde que tú y yo nos habíamos reconectado a través del sueño. Te escribí en Evernote: ¿fue tu nombre lo que pronuncié aquella noche mientras dormía en la cabaña en Ruidoso, en las vacaciones en que mi hijo aprendió a esquiar, en diciembre de 1997? ¿Conversamos en sueños por primera vez? Ese fue el final de mi relación con el difunto, por cierto: 5 años después de que nos instaláramos en León, aunque haya tardado más el hacerlo público.

“Es una mujer exitosa y le quedan muchos más años; diría que unos 40, por lo menos, para seguir haciendo. ¿Qué planes tiene en ese sentido?” Ninguno, dije, hace rato que terminé con lo que yo creo que son mis responsabilidades y lo que venga está bien, estoy lista para irme en cualquier momento. “Sí, dijo, y no sufrirá en lo absoluto cuando llegue el momento, pero faltan muchos años y hay que organizar los planes”. No se apure, respondí, siempre tengo muchas cosas qué hacer.  “También su mamá es una mujer fuerte y la tendrá por muchos años más. Usted debe seguir trabajando. Y debe cuidar su salud. Y viajar, porque viajar le gusta y la enriquece. Le han ofrecido trabajo viajando, pero esa primera propuesta no es la que usted quiere” (¡algo que solamente he conversado con mi vecina y creo que con Moony!, aunque lo había anticipado con Beatriz, a fines de febrero).

“Tiene tres reuniones próximas (me mostró tres puntos en el exterior de la taza), una de ellas en el extranjero. ¿A dónde va?” Al Comic Con, dije. Y las otras dos son más cerca, ¿verdad?”.  Sí, una es conmigo misma, dije sin revelar mis planes de viaje a Tepic.

“Tiene mascotas, pero ¿son libres?”. Le expliqué de los colibríes. “Sí, dijo, ellos no se comunican con cualquier persona, eso habla de su espiritualidad y respeto”.

Me mostró el fondo de la taza, con una gruesa capa de asientos solidificados en ella: “eso representa todo lo que ha dejado atrás, lo que ya superó y por lo que puede avanzar como lo hace. Es una mujer que se mueve con mucha rapidez y agilidad. Es bueno dejar atrás lo que no sirve”, dijo.

“Tiene un hijo muy exitoso, muy brillante y apuesto. Tiene una inteligencia extraordinaria. Un excelente muchacho que no tiene vicios, aunque disfruta de una copa de vino de vez en cuando, y tiene muchos amigos y amigas. Y la adora. Le tiene toda la confianza del mundo y sigue muy de cerca lo que usted hace. Es como una versión masculina de usted (me mostró dos formaciones idénticas, en el interior de la taza, como dos estalagmitas juntas); muy fuerte, con mucho carácter y que permanecerá siempre muy cerca de usted (recordé al psicólogo de Pako: aunque usted asesinara a alguien, su hijo nunca se sentirá defraudado por usted). Para algunos es tan extraordinario como un dinosaurio, algo difícil de entender. Vea la imagen”:

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“¿Su hijo hace un videojuego de futbol?” No, dije, sorprendida por lo específico de la pregunta. Produce videojuegos y le gusta el futbol, añadí.
“Pero, ¿no está trabajando en un videojuego sobre futbol?”, repitió
Pos no que yo sepa, respondí.

“Su hijo le va a dar muchas satisfacciones en el futuro. Vienen unos cinco cambios importantes para él, siempre ascendiendo. Y usted los disfrutará. Usted le ha dado todo para que lo logre”. No más que lo que me dieron a mí, dije. “Sí, pero usted continúa estando ahí para apoyarlo en cuanto lo necesita. A usted le dieron mucho sus padres, su padre que se esforzó por que no les faltara nada y su madre que los ha apoyado a todos; pero usted ha sido el soporte total de su hijo”.

Me felicitó. Me recomendó que tratara de portarme mal de vez en cuando.
El asunto es que nunca he sabido lo que es portarse mal, tomando en cuenta que mi padre creía y me hizo darme cuenta de que, como Lucifer Mornigstar recomienda ahora, solamente es malo lo que te hace sentir mal y/o daña a otros. Lo que significa portarse mal a los ojos de los otros me tiene totalmente sin cuidado desde que yo soy yo. Las muchas descalificaciones no han modificado en nada mi comportamiento ni mis convicciones. Entonces ¿cómo puedo portarme mal?

Ningún nubarrón a la vista, aparentemente. La reunión a la que había sido invitada para la tarde del mismo día, 17 de mayo, lo confirmó. Cuando el hombre me insistía en que se veían tres reuniones próximas yo no tenía en la cabeza precisamente esa, aunque tuviera ya todo preparado para asistir. Fue muy relevante. Y estoy más que agradecida y honrada por la invitación y por todo lo que ahí ocurrió.

De nuevo: gracias a a vida!

 

16 de mayo: Endgame

Thursday, May 16th, 2019

Había comprado boleto para ver la película el 2 de mayo, en Altacia VIP, por la mañana, porque estaba en idioma original con subtítulos en español (no, aquí en León nunca hay solamente en idioma original). Se presentó otro evento, uno que no podía ser reprogramado, y cancelé mi ida al cine. Decidí no planear y dejar que las cosas ocurran. Sucedió ayer: tenía que pagar agua y luz, además de un par de pendientes extra. Altacia era la mejor opción tomando en cuenta que, siendo día del maestro, Plaza Mayor estaría saturado; Galerías las Torres, además de parecerme una zona de riesgo, no ofrece lo que necesito.

Terminé mis pendientes y ya casi de salida subí a comprar alguna bebida al área de comidas, por el excesivo calor que hace en estos días. Entonces vi el cine y me acerqué para ver los horarios: faltaban 10 minutos para que iniciara (son 15 de comerciales, me explicaron) y había promoción: sala VIP, subtitulada. Lo que no logré fue comprar mi bebida porque “todos nuestros compañeros están atendiendo en las salas y ahí puede hacer su orden”. Lo malo es que su comida chatarra no es muy buena y sí es muy cara. La sala no estaba ni siquiera llena al 50% y tenía un buen lugar, en la última fila.

Primera impresión: ver a los súper héroes, conforme van llegando, acusando el paso del tiempo en sus rostros. Si ellos no han logrado evitarlo, nadie puede. Por más cremas maravillosas que las vendedoras de Liverpool promuevan.

Segundo comentario: El lenguaje matemático suena como si entendieran. Lo interesante es la concordancia con una nota de antier sobre un experimento (real) de haber hecho retroceder en el tiempo una partícula cuántica por un instante, antes de regresarla a su posición normal.

Tercer comentario: Como Howard Stark, yo dije de muchas maneras (y lo tengo escrito en este blog, supongo que más de una vez) que, sabiendo que estaba embarazada, no quería tener una hija porque no quería que se pareciera a mí, con todas mis broncas. Pero tampoco podría criar a una niña que fuese todo lo contrario. Un hijo varón, pensé y deseé, sería lo ideal.

Tengo un hijo varón, cierto pero …

Después conversé con mi hijo:
1) Por mi parte, habría recortado unos buenos minutos de reencuentros con el yo y con los padres.

Al decirlo me di cuenta de que la película apela a los sentimientos de pérdida y de culpa por no haber estado o no haber tenido una relación con alguno de los padres, o al menos eso me pareció. No es mi caso. Con mi padre he tenido una muy estrecha relación, aunque no haya estado en su funeral por razones sabidas. Conservo su última carta y la certeza de lo que yo era para él y sabiendo lo que es, lo que sigue siendo, en mi vida. Con mi madre hago lo que puedo, aunque a veces no logre mucho por la distancia y porque el carácter de cada una pone algunas trabas. Con mi hijo sigo creando momentos, y aprendiendo a respetar lo que siempre exigí, y exijo, que respeten en mí: la pinche manera de hacer las cosas a mi modo.

Si acaso me encontrara un día con mi yo más joven, en cualquier etapa, recordaría que mientras más atrás en el tiempo más terca y cerrada sería. Y uno no discute ni pelea con gente así. Tengo un pequeño espejito que me lo recuerda.

2) Por otro lado, ver esa reunión del universo Marvel me pareció entre fantástica y excesiva. Un tanto forzada la reunión de heroínas, para mi gusto. Como si uno reuniera toda su colección de juguetes para presumir. Cierto, es la película final, … pero como ya saben viajar al pasado y recomponer el mundo, personalmente y para la humanidad, basta con regresar al momento correcto con un plan correcto. Porque en ningún punto de la trama se usa o se menciona el punto débil de Thanos (que debe tener).

Mientras los héroes eran vencidos se escuchaban llantos. Y un niño chillaba a media película sin que sus padres decidieran abandonar la sala.

  • Thor, en su depre extrema, no me pareció gracioso ni tierno, aunque a la gente sí.
  • Capitán América regresa al pasado porque no tiene nada que lo ate en el presente; hace lo que tal vez podría uno desear si pudiera viajar en el tiempo, pero tampoco me engancha. Yo iría a evitar una tragedia, todo mundo sabe cuál, y luego haría una pregunta. Evidentemente no he podido viajar en el tiempo … o la pregunta se respondió negativamente.
  • Tony Stark recuerda, sin duda, la razón por la que su padre quería una niña y no un hijo varón. Y se sacrifica en homenaje. Sabe, sin embargo, lo que puede lograr la tecnología “futura”.
  • A la Viuda Negra la vimos tirada en el fondo de un pozo pero… ¿estaba realmente muerta?

Todos tendrán otras oportunidades, digo yo. Aunque sea como entrenadores de nuevos héroes. Thor cedió el cetro, por ejemplo; lo raro es embarcarlo en esa nave.

Los demás, cada uno en su mundo, están completos y listos para seguir defendiendo el universo, ¿no?

16 de mayo: Breve recuento de cuatro meses

Thursday, May 16th, 2019

Hace cuatro meses y medio que no escribía en este espacio. Muchas cosas han pasado, de todos sabores y colores. El registro lo lleva Facebook, y en un año me estará recordando las noticias, las imágenes, las conversaciones que he tenido con la gente con la que comparto.

A grandes rasgos:
A fines de enero me enganchó Oscar O’Farril (SOLE México) para impartir dos cursos de PBL en Campeche (de lo cual no tiene la menor idea, y no es lo único). Diseñé el curso (20 horas, entre presencial y virtual, para cada grupo), preparé materiales, cree aulas virtuales, etc., y todo se lo di a conocer vía WhatsApp (tengo tooooodas las capturas de pantalla y las otras evidencias) sin que se diera por enterado ni de la organización ni de lo que implicaba, ni de que es imposible meter a trabajar 10 horas continuas a un grupo de profesores. Ahí debí darme cuenta de que lo que le interesaba era el dinero, y nada más. Hice el viaje, impartí los dos cursos durante el tiempo en que los profesores estuvieron dispuestos a permanecer y posteriormente terminamos lo previsto de manera virtual. Pagó mis pasajes y el hotel, y me entregó 500 pesos que no alcanzaron ni para taxis. Ni siquiera mis alimentos. No me pagó mis honorarios. Todo está documentado.

Fue un viaje muy cansado con un resultado decepcionante en varios sentidos. Sin embargo volví a caminar por el Malecón de la ciudad y a degustar la deliciosa comida local. Regresé endeudada, por supuesto.

Febrero fue generoso: mi hijo me envió regalos por mi cumpleaños y otros festejos. Un set de cuatro tomos sobre ser Jedi, la organización del Imperio, y así, y el vinil de Queen “Jazz” porque fue el primer LP que le compré, a los 5 años, mientras estábamos en París. Lo mejor, siempre, son las conversaciones en torno a los temas que nos interesan.

jazz queen

Con Beatriz, Oscar, Clau y Lizzeth festejamos mi cumple y el de Clau, en casa, a nuestro estilo, incluida la pinche vela. Con Moony me reuní para festejar mientras conversábamos, en algún café.

Marzo y abril trajeron reuniones con amigos cercanos (Yanza, Alma Rosa y Laura), pero también recibí visitas de amigos que viven en otros lugares: Claudia y su ingeniero, desde Tijuana, y Milagros desde Perú. También un curso completo, impartido por Javier Sicilia, sobre poesía y silencio, extraordinariamente bueno. Llegó ya mi diploma, pero creo que lo más importante es lo que removió y lo que aprendí.

La reunión más organizada, más esperada, se dio en CDMX, donde me encontré con mis hermanos de vida (Filio, José Luis y el Flaco, y la presencia querida de Lucas que ya no está), incluyendo a Silvia, Irma y Marco y a un invitado especial que pidió estar presente: Ángel Verdugo, nuestro profesor de Teoría de Ecuaciones en ESFM, en el curso que inició en junio de 1968 y que fue interrumpido por el Movimiento del 68. Una fantástica experiencia en la que nos reencontramos con gente que no habíamos visto en un período de ¡30 a 50 años! Muchas cosas quedaron pendientes, sin duda, pero fue muy grato renovar los lazos.

Por supuesto, aproveché la ocasión para pasear un poco por algunas zonas de la ciudad y para conversar y compartir con dos queridas amigas, por separado: Maluyi y Natalia. Siempre es un placer deambular por zonas que eran cotidianas en otros tiempos, comerse un gaznate, mirar una puesta de sol desde alguna glorieta.

Mayo ha sido de apapachos muchos con el hijo, planeando la no prevista asistencia al Comic Con 2019, en San Diego, con el apoyo de Paty Linares y sus hijos. Cuando ya parecía que su itinerario estaba organizado compré mis pasajes de ida y vuelta. Mi plan es ver primero a mi querida tía Lola, y luego bajar a Tijuana para saludar y conversar brevemente con las amigas que se dejen ver de carrerita, antes de asistir a San Diego para el evento, el jueves 18 de julio. Y regresar al día siguiente. Hoy, mi niño hizo cambios a su itinerario y lo único que sé de cierto es que nos veremos el 18 de julio. Y será la celebración que englobe todas las celebraciones del año … excepto si llegara a sacarme la lotería o algo semejante. LOL. Pero está bien. Y viendo ayer Endgame sé que está más que bien. Pero eso es otro post.

Por otro lado, no han faltado los eventos de corte académico, con Adriana en la ENES-UNAM; o los culturales como la Fenal, donde me encontré con otros amigos; y las reuniones que convocan amigos (Toño) y en las que hacemos nuevos amigos. Y mientras descubro que hay “amigos” que han desaparecido de mi lista, se agregan muchos más a ella.

Lo que no me abandona son mis sueños, y los seres queridos que en ellos habitan; la certeza de su compañía y los detalles que los manifiestan. Y eso me hace feliz cada día.