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29 de marzo: dos semanas de reclusión

Sunday, March 29th, 2020

Crónica de mi primera salida al supermercado.

Las noticias de ayer no fueron alentadoras y provienen de la autoridad en salud, aunque el jefe del gobierno no atienda las instrucciones y sea su ejemplo lo que guía a la mayor parte de los iletrados que siguen sus pasos. El mensaje del subsecretario de Salud, López-Gatell, fue muy explícito y desesperado: no salgan de sus casas, es nuestra última oportunidad. Cierto, ocurre apenas unos tres días después de que ellos mismos dieran que no había que alarmarse e, incluso, que iba contra los derechos humanos pedirle a la gente que deje de trabajar para aislarse. Lo triste de nuestra sociedad es que mucha gente vive de los que hace o vende día a día, sin posibilidad real de quedarse en su casa.

Esta mañana, al despertar, el tuit de @isidrocorro, quien aparentemente da cuenta de todos tipos de asaltos y sucesos de nota policiaca en CDMX, describía el asalto a un Sanborns en las calles de Tacuba y Eje Central, frente al edificio de correos, ayer por la noche:

#CDMX.

Se suma a otros actos delictivos, organizados a través de las redes, para sembrar caos y cometer atropellos que nada tienen que ver con carencias para sobrevivir.

Como sea, esta mañana yo necesitaba dinero en efectivo, para prevenir cualquier contingencia, y algunos insumos de limpieza regular, además de sal fina. Conociendo los hábitos de esta ciudad, es poco probable que uno encuentre gente haciendo compras antes de las 9 am. Avisé a mi hijo de mi intención y salí a Walmart a las 8 en punto.

Caminar cruzando el parquecito que colinda con mi casa, cubierto de flores de colores, con naranjas agrias tiradas junto al árbol en el que crecieron, y pisar el sutil tapete de jacarandas es reconfortante. Los únicos ruidos, aún a esta hora, son los de los pájaros que ahí habitan.

Como lo esperaba, en todo el recorrido por Francisco de Goya no encontré a persona alguna, excepto por un motociclista que pasó muy rápidamente. La miscelánea que está a unos 80 m desde mi casa estaba cerrada. El parque grande también está engalanado con las flores de la temporada; solamente algunas palomas se desplazan por los prados que ya piden agua.

Casi al llegar a Walmart apareció un señor de unos 50 años cargando una pequeña bolsa del supermercado: un litro de leche y un paquete de galletas; apenas la compra del día.

El estacionamiento de la tienda estaba vacío, y solamente uno de quienes ayudan a los clientes con sus compras esperaba, sentado en una banqueta. No había clientes afuera. Los carritos del mandado atados con cadenas, excepto por una de las filas. Tomé uno de los carros con un kleenex que mojé en gel antibacterial para limpiarlo bien: mugre, no solamente gérmenes. Los cajeros automáticos de los bancos (Banamex y Bancomer) también estaban solos. De nuevo: primero desinfectar el teclado del de Bancomer, y no necesité recurrir al de Banamex adicionalmente.

Los pasillos estaban desiertos en el lado de la ropa, la cocina, etc. Poca gente buscando artículos de aseo personal. No había gente en el pasillo de los artículos de limpieza, pero se nota la ausencia de cloro, por ejemplo. Encontré lo que yo necesitaba.

En el área de abarrotes no hay sal, en cualquier presentación. Yo buscaba sal fina porque de grano, blanca y rosa, tengo buenas cantidades. No hay harina ni de maíz ni de trigo, no hay consomé en polvo o tableta, y esto sí buscaba. Pero encontré vinagre y tortillas, tanto de harina como de maíz.

La panadería se ve desierta; ni siquiera es necesario que haya empacadora: el pan que hay está dispuesto en cajitas; ni bolillo ni teleras, pero sí para hacer capirotada de temporada.

Compré los quesos que necesitaba, y solamente ahí encontré a un par de señores buscando productos; esperé a que se fueran para acercarme a la vitrina porque, evidentemente, eso de respetar distancias todavía no lo incorporan a su rutina.

Había una caja en servicio cuando llegué a formarme y una persona pagando. En ese momento se abrió otra caja y pasé ahí. No hay empacadores voluntarios, de modo que fui poniendo en mis grandes bolsas los artículos de mi compra. Nadie más tuvo contacto con ellos. Salí muy cargada, aunque no es ninguna prueba extrema, todavía.

En mi recorrido de regreso apenas encontré unas cuantas personas, todas caminando por media calle. La miscelánea ya estaba operando; afuera esperaba un señor con su bicicleta y el canasto de pan, asumí que acababa de entregar. Esperé en la entrada a que se desocupara el interior. Un joven con una bolsa entró presuroso, sin esperar su turno, e igualmente presuroso llegó a la caja, donde declaró que solamente llevaba una coca cola en su bolsa. Una señora se entretenía comprando churros, sin empaque, frijoles guisados y tortillas. Otra señora, adulta mayor, se instaló junto a mí y le indiqué que estábamos haciendo fila; se asomó a la vitrina del pan, sin hacerme caso. Le comenté que acababan de decir que era pan de ayer, y que yo pensaba que el señor de la bicicleta estaba esperando surtir. Respondió que no, que ese señor es el que entrega los churros y que ella solamente venía por ese antojo.

La dependienta se desocupó, compré el consomé y la sal que no encontré en el súper. Llegué a mi casa sin contratiempo, dejando los zapatos en la entrada y la ropa que traía en el bote de la ropa para lavar. Los vecinos comienzan a despertar, parece, en punto de las 10:30 am.

En este proceso de relatar el primer día de salida, después de dos semanas de reclusión completa, conversé con mi hijo, vía telefónica, quien esperaba atento mi regreso. Me contó cómo está organizado y cómo está acompañado y cómo se protege. Sus últimas compras: pechugas de pollos que le llevaron, tortillas y harina que pidió en línea. Y una batidora. Estamos bien y estamos en paz, pase lo que pase.

 

 

 

22 de marzo: recuerdo de la marcha del 8 de marzo

Sunday, March 22nd, 2020

Parece tan lejano en estos momentos y solamente han pasado dos semanas, precisamente. Lo escribí entonces y puse las fotos en un álbum de Flickr. En avalancha se vino el problema del Covid-19 y el mundo cambió. Aunque siguen vigentes las demandas, aunque no han parado los feminicidios, lo urgente en este momento es resguardarnos y ayudar a evitar la propagación; hacer conciencia entre los muchos que, al día de hoy, siguen yendo de paseo a playas y balnearios; a los que hacen fiestecitas privadas o en bares o siguen yendo a gimnasios y parques. Y silenciar a los conspiracionistas, los del “no pasa nada porque estamos curtidos”, etc.

Va el pequeño texto, y el enlace a las fotos.

Se sentían corderos dispuestos a morir, mártires lanzados a los leones en un coliseo pagano. Rodeaban los templos del centro de León, Guanajuato, por donde pasaba la marcha de las mujeres. Con sus pañuelos azules indicando su filiación pro vida, integrantes del catolicismo recalcitrante, rezando con los ojos cerrados, cantado “Viva Cristo Rey”, como debe ser en el lugar de origen de la cristiada. Seguramente se hubieran sentido realizados si alguien los hubiera agredido. A mí se me antojaba tomar a uno de la mano, jalando a toda la cadena enlazada por las manos, para jugar/cantar “a la víbora de la mar”. Solamente los grabé, porque tenía que documentar lo que me sigue pareciendo inconcebible.

Que éramos unas cinco mil, dice una nota de periódico; eran dos mil, dice otra. No sé. Pero si sé que nunca ninguna manifestación, convocada por cualquier colectivo, incluido Amnistía Internacional local, cualquiera que fuera a bandera, había convocado y hecho llegar a la Plaza Principal de León una marcha de semejante magnitud. El espacio abarrotado por miles de mujeres sin líder, sin templetes, sin oradores.

A mí me contactó una amiga:

¿Irás a la marcha?

Sí, respondí, ¿y tú?

Sí, pero llévame; nunca he ido a una, contestó.

Y procedimos a ponernos de acuerdo sobre el lugar para reunirnos, revisando la convocatoria a la marcha, las recomendaciones, etc.

Más tarde me comentó que un par de amigas comunes se uniría a nosotros. Y surgió un colectivo en torno a ellas, y un contingente. Así nomás. Y así fue que marché con ellas. Fue un privilegio compartir con ese contingente y con la pequeña activista de la que me declaré fan total. Cinco añitos y encabezando consignas, dictando modos de hacer pancartas y con su bote de aerosol rosa para decorar la manta del contingente, previamente al inicio de la marcha. El futuro visto de frente, y es un privilegio y un lujo haberlo visto florecer.

Compré lo necesario para hacer pancartas y busqué la manera de portarlas llevando las manos libres; me colgué el cargador solar para el celular, y la cámara Narrative. Manos libres significaba poder sacar mi botella de agua del backpack, y cualquier otro elemento de supervivencia y confort, y utilizar el celular para documentar y transmitir. Porté un pañuelo verde y uno morado. Mientras el contingente se formaba y la manta era pintada, una mujer de mis contactos en las redes pasó frente a nosotras, vestida en un “primorosamente floreado” vestido; me lanzó una mirada de desaprobación. Nada que me quite el sueño o el hambre, ciertamente.

Evento histórico. Haber estado ahí, compartiendo con mi hijo vía WhatsApp los detalles de la marcha, y a través de Facebook Live con quienes por cualquier razón no asistieron, es más de lo que podía yo esperar en este día.

Gracias a la vida por permitirme volver a participar activamente en un movimiento trascendente.

 

 

 

 

 

 

1 de enero: con el viento a favor

Wednesday, January 1st, 2020

En mi blog de Blogger hice un recuento de lo acontecido en 2019 y de la manera en que comenzará este 2020, en términos académicos y de trabajo docente: Recuento 2019.

En este blog fui contando el detalle de las experiencias a lo largo del año con amigos, colegas, familia y, muy particularmente, con mi hijo. De los muchos regalos que recibo así nomás, por el privilegio de ser parte de comunidades fantásticas.

En ese sentido, para 2020 también están organizados una serie de encuentros/experiencias de los que disfruto anticipadamente:

Una estancia en la aldea Ojo de Cielo, muy cerca de Tepic, combinada con la visita a mi pueblo y a la casa de mi hermano, entre enero y febrero, una vez que concluya con los compromisos académicos ya previstos.

En mayo, presumiblemente, iré a Colombia en viaje de trabajo y, por supuesto, breve vacación.

Viaje a las Californias, en julio, para visitar brevemente a una parte de mi familia y extrañando la presencia de mi tía Lolita, y para asistir al Comic Con 2020. Esta vez llevaré conmigo a un chiquito de 10 años, hijo de un par de mis ex alumnos de la Ibero TJ.

Viaje a Tijuana/Rosarito, en agosto, porque mi madrina de micheladas me invitó a su boda y ¡es algo que no puedo perderme!! Nomás me falta comprar el vestido para la ocasión.

Pero también planeo una visita a CDMX, para ver la exposición de la obra de Da Vinci, en las primeras semanas del año, sin que pueda precisar fechas

Y, por supuesto, mis imprescindibles viajes a Tepic en mayo (23) y en septiembre (14).

Difícilmente me reuniré con mi escuincle durante este año, por lo que implica el cambio de trabajo y de residencia que tendrá en febrero. Una vez que se estabilice, que se integre, que defina su agenda de trabajo y comience a desarrollar sus nuevos proyectos, podremos comenzar a explorar posibilidades, aunque desde julio pasado el acuerdo era vernos en París en 2021. Mientras, seguimos compartiendo textos, películas y música. Y conversando por horas.

Eso es lo previsible, de momento. La realidad es que, alrededor de lo que yo organizo, el universo que me rodea decide darme sorpresas y me propone otras experiencias, algunas de ellas en mi entono muy cercano, y todo lo que necesito es dejarme fluir y disfrutarlas. Hay otras que nunca voy a aceptar, ciertamente, no importa cuántas veces se me ofrezcan y de qué manera se vistan.

En todo este proceso han ocurrido cambios en mí y en la gente que me rodea, como es normal. Nos alejamos de unos y nos acercamos a otros; dejamos de lado lo que no aporta nada positivo para centrarnos en lo que vale la pena para nosotros. No es de la noche a la mañana ni porque haya cambio de año o cambio de década o cualquier otro hito que nos inventemos. Es, solamente, seguir la ruta de nuestro crecimiento interior.

La primera hoja de mi calendario recuerda un diálogo en Star Wars Episode V: The Empire Strikes Back:

C-3PO: Sir, the possibility of successfully navigating an asteroid field is approximately 3,720 to 1!
Han Solo: Never tell me the odds!”

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So, vamos a navegar con viento a favor y a sortear lo que venga.