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2 de septiembre: Relax con amigas y familia

Friday, September 2nd, 2016

Nada hay tan relajarte y gratificante como compartir el tiempo y los antojos con amigos y familia, personas que lo único que buscan es brindar su tiempo, sus recursos, su oído, sus risas y no esperan a cambio más que la compañía, por lo que dure, sin compromiso de ningún tipo.

Mi viaje programado para iniciar el martes por la tarde, en ruta al pueblo de mi hermano, Amatlán de Cañas, en Nayarit, en realidad tuvo su inicio formal en Guadalajara, en la Central vieja, donde me reuní con Dulce después de poco más de un año desde la visita a Ensenada, con la Lore y la Ninis, en un par de días de mar, sol y conversaciones.

Llegó hacia las 10:30, con una de sus hermanas, dos sobrinas, su papá y la mujer de él. Inmediatamente salimos para Chápala donde pasamos buena parte del día entre antojos, paseo y conversaciones; Dulce y yo de manera muy independiente del resto. Al regreso, nosotras dos seguimos hasta el punto de partida para recoger mi maletín mientras que la otra parte del grupo decidió bajarse antes para ir a Tlaquepaque. Hicimos lo propio ya con mi maletín en la mano.

Antes, mientras viajaba de León a Guadalajara, supe que a la Perla Tapatia había llegado Alejandra Chavez, desde Tijuana, con una amiga. “¿Dónde nos vemos?” fue lo primero que preguntamos. Casi igual que en mi viaje de mayo cuando la que llegaba a Guadalajara era Venecia, también desde Tijuana, también de vacaciones y también acompañada. La primera michelada de mi vida la apadrinó ella. Ambas, Alejandra y Venecia, son brillantes ingenieras egresadas de la Ibero Tijuana. Ambas fueron alumnas excepcionales, independientes, en busca de aprendizajes y no de calificaciones. A Venecia la conocí en el bachillerato como alumna de mis cursos de cálculo (para 5o. y 6o. semestres) en el grupo más dinámico, divertido y comprometido que haya conocido; luego, en los cursos de cálculo de la licenciatura. A Alejandra la conocí ya en la licenciatura, aunque son de diferentes generaciones. Con Alejandra acordamos vernos en Tlaquepaque.

Pero en Guadalajara trabaja Genie desde hace un par de años, otra ex alumna de ingeniería de la Ibero Tijuana. Como sus compañeras, brillante e independiente. A ella la recibí en el curso de Matemáticas I, primer semestre de bachillerato. En lugar de los materiales comunes para los estudiantes del curso, para ella busqué lecturas y materiales más avanzados dada su capacidad. Tuve la fortuna de reencontrarla en otros cursos, tanto en el bachillerato como en la licenciatura. Enterada de la reunión que se estaba armando anunció que se integraría al grupo en Tlaquepaque, al salir de trabajar. Significa atravesar la enorme ciudad en una de las horas de más intenso tránsito vehicular.

Con Genie nos quedamos a comprar dulces típicos y tomar café en la plaza de Tlaquepaque hasta que cayó la noche. Luego nos llevó a nuestros respectivos hoteles.

En el ínterin otros ex alumnos y amigos de Tijuana y de cualquier parte del mundo donde conocen a alguna de las que integramos este grupo de vagabundeo y disfrute, sugirieron tips, trips y antojos; recibimos saludos, abrazos, buenas vibras y todo eso que hace que uno sane sin necesidad de otro tipo de medicina.

Tan eficiente y evidente es lo que esa carga de afecto hace en mi salud y ánimo que esta mañana, después de ver las muchas fotos compartidas en Instagram de un día fantástico, lleno de luz y alegrías, mi hijo tomó la sabia decisión de alejarse del barullo de Hyderabad, donde trabaja, para irse de fin de semana a la playa de Goa, aunque esté lloviendo: “necesito irme unos días”, dijo. Y lleva un celular que solamente funciona para WhatsApp y Messenger. Ninguna otra red, ninguna manera de que quienes no pertenecen a lo que él define como familia -ni todos los amigos ni toda la familia- interrumpan su descanso y meditación. Lo mejor es que lo aprendió a una edad mucho más temprana que yo.

NIeve de nuez, de papel

Con Dulce

Genie, Dulce y yo


Alejandra, yo, Dulce, Nydia

Ayer todavía compartí el almuerzo con Alejandra. Luego tomé el autobús con rumbo a Amatlán pero para descender en el pueblo anterior, San Marcos, donde mi hermano me recogió para comer en un restaurante cuyo menú resulta ser una lista de antojos a nuestro estilo, comenzando por el jocoque casero y la panela semi oreada que constituyen parte de la botana.

A punto de llover en Amatlán cuando llegamos, el clima era una delicia. La luz se apagó varias veces en todo el pueblo antes de que decidiéramos irnos a dormir. A las 5 A.M. me despertó la lluvia, el tañer de las campanas del templo y el calor: no había electricidad y el ventilador estaba apagado.

Por supuesto, no electricidad significa no conexión a la red excepto por la señal de Telcel cuya intensidad varía enormemente. También significa que no se puede recargar la batería del celular. Representó una oportunidad excelente para subir hasta el mirador y contemplar el pueblo en el fondo del pequeño valle y bajar para recorrer el malecón del arroyo antes de regresar a la casa. En el camino encontré nanches dulces y firmes, aguacates, tostadas raspadas, … y decidí que comeríamos ceviche de camarón. Mi cuñada está de viaje y mi sobrina y yo tomamos la cocina y el bar por nuestra cuenta.

Amatlán de Cañas, Nayarit 

Micheladas a cargo de Daniela 

Ceviche y caldo de camarón fresco


A esta hora la gente va regresando a atender los comercios después de la comida y la siesta. Y fue el mejor momento para registrar estas vivencias. Mañana tenemos comida en el rancho del suegro de mi sobrina; domingo o lunes o martes regresaré a mi casa.

No he hecho otra cosa que disfrutar de todo esto. Y no creo que valga la pena hacer otra cosa que esto.

29 de mayo: tanto bueno recibido

Tuesday, May 29th, 2012

Del 20 de mayo a la fecha han pasado muchas cosas. Todos los planes han cambiado y continúan cambiando, y todo parece indicar que es para bien.

El pasado 15 de mayo estaba hablando hasta de vender mi casa en León! Y ahora estoy regresando allá (el viernes 1 de junio estaré ahí) para comenzar a reorganizar esa casa y preparar la mudanza, pero tengo un pie en Tijuana, participando en Tijuana Innovadora (Educación), con Maestros sin Fronteras, y con los proyectos que hemos ido generando a partir de Encuentro Tijuana. Y no me voy a Chetumal.

Las dos últimas semanas de mayo, en Tijuana, fueron de amigas y conciertos, de cafecitos y comidas compartidas, de conversaciones y caminatas por la playa. Dos semanas de mucho cariño.

Y ayer viajamos a Guadalajara mi madre y yo, para visitar a mis hermanos y sus familias, para comer antojos (y ha sido un banquete interminable desde que llegamos) y para que yo vaya a León a seguir visitando amigos y compartir con ellos algo mas que el pan y la sal.

En Guadalajara nos encontró mi hermano Manuel, el médico, y nos trajo a su casa en Amatlán de Cañas, en Nayarit. Hace mucho calor, pero esto es casi un retiro por la calma y el silencio. Aunque tenemos las tentaciones de la comida y las frutas de la región.

El camino de Guadalajara a Amatlán fue de conversaciones y de pararnos a cortar “ciruelas del cerro”, comprar tamales de elote y comer pitayas de todos colores, muy dulces.

Es interesante como me voy enterando de detalles de mi familia: mi abuelo paterno, quien según yo había nacido en Santiago Ixcuintla, en realidad nació en el municipio de Ixtlán del Río (ambos  en Nayarit), pero fue en Santiago donde conoció y se casó con mi abuela María y donde nacieron sus dos hijos, nos revela mi madre. Así que seguramente sí somos parientes de todos los Parra de esta zona del sur de Nayarit. La plaza de Amatlán tiene una placa con el nombre de J. Guadalupe Parra. Pero no tengo interés en investigar el árbol genealógico, por supuesto.

Nos enteramos, además, de que mi abuelo materno, Don Pedro Mos(z)queda, nació en Ahualulco, Jalisco, muy cerca de Amatlán también, en el año de 1900. A él no lo conocimos pues murió cuando mi má tenia 10 años. Así que seguramente somos pariente de los Mosquedas/Mozquedas que hay en la zona de Jalisco y sus alrededores!

Por lo pronto estamos con Manuel, en su casa y con su familia. La familia de su esposa nos ha incorporado también como familia y tengo sobrinas y primas por ese lado. Y todos nos tratan de lo mejor y nos invitan nieves, panelas, aguas frescas, y todo lo que la región ofrece. En un rato iremos a Ixtlán, y comeremos nieve del portal!

Eso y todas las novedades que me llegan por el lado de mi hijo, me hacen dar gracias por tanto bueno recibido.