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7 de julio: Primera semana de julio

Sunday, July 7th, 2019

Falta exactamente una semana para mi viaje a L.A., como estaba planeado desde hace un par de meses, como lo narré aquí mismo. Llegaré a L.A el 14, veré a mi tía Lolita, a mi primísimo Ramón y a Jose, su esposa. Luego pasaré a saludar a mi amá a la puerta de su casa (el 16) antes de encaminarme a la terminal del Amtrak en Santa Ana, CA, para viajar a San Diego, a donde debo llegar antes de las 6:30 PM. Pako llegará alrededor de esa hora y dispondremos de unas 48 horas para pasear, acudir al Centro de Convenciones para recoger nuestros badges (el 17) y pasar todo el día 18 recorriendo los stands del Comic Con 50. Mi hijo regresará a Escocia a la media noche entre el 18 y el 19 de julio, yo volveré a León el 19 por la tarde.

Para Pako es la primera vez en este evento, de manera que haré lo mismo que cuando lo llevaba a un parque siendo un niño: le daré la libertad para que explore todo lo que se le antoje, para que se entretenga en lo que le llame la atención, y para que recorra el enorme Pavellón H tantas veces como lo requiera hasta que encuentre las playeras, los juguetes y los souvenirs que le atraigan. Y estaré atenta, también como antes, para acudir a encontrarlo en el momento en que quiera que lo acompañe o que quiera compartirme algo. Esas 48 horas serán el espacio para celebrar todos los festejos de este año, de enero a diciembre. Un enorme regalo como quiera que se le mire.

Las semanas anteriores, particularmente el mes de junio, parecieron alargarse como las líneas de mis pesadillas de niña: se estiraban y curvaban llenando el espacio infinito antes de colapsar, gradualmente, en un punto. Junio fue eterno, casi, y no fue por falta de ocupaciones, porque hubo de todo.

Primero, la sorpresiva invitación que recibí de la Sociedad Matemática Mexicana (SMM) para participar como conferencista invitada en su 52 Congreso, a celebrarse en Monterrey, Nuevo León, en octubre próximo. Fue César Cristóbal, amigo y compañero por 50 años, quien sugirió que me invitaran. Tarde unas 48 horas en definir la temática y en desarrollar el mapa conceptual para organizar las ideas (el inicio de cada proyecto que desarrollo). Siguió recoger la información para comenzar a “bordar” el texto sobre ese mapa: 11 páginas resultaron. Tres revisores de lujo me ayudaron a detectar algunos errores de dedo y a sugerir algún breve añadido. Una vez vuelto a revisar (la peor soy yo, que corriijo sobre lo corregido) utilicé el documento como base para la presentación en Power Point, y pedí que lo revisaran también. Apenas un par de días después de haber declarado que estaba todo terminado, llegó la solicitud de registro de la ponencia. Listo, e incluso envié el documento y la presentación a la coordinadora del área de Matemática Educativa. Para mí era importante no dejar cabos sueltos, y lo logré.

En paralelo recibí otra invitación, de la misma SMM, para ofrecer algún taller o curso. Decidí ofrecer un taller para profesores de educación básica: “Todo lo que usted siempre quiso saber de matemáticas pero temía preguntar: reflexiones en torno al planteamiento y resolución de problemas”. Registré el taller, subiendo el resumen, y ahora espero el dictamen (en este caso voy de soldado raso). Mientras, comencé a generar el repositorio para semejante tarea, recurriendo a las experiencias y ocurrencias que llevo a cabo desde que comencé mi carrera como docente y luego como investigadora. Estoy armando una caja física, llena de cajitas con recursos de todo tipo, porque ese curso será como un sombrero mágico del que podrían surgir mil cosas diversas, dependiendo de los participantes. Por lo menos así lo imagino yo.

Por otro lado, los últimos días de mayo y durante junio tuve visitas gratas venidas desde los dos extremos de la Baja California: Jin-ho y Kharelia vinieron desde Tijuana, mientras que Martha Márquez, Sara Carlota y Martha Drew vinieron desde La Paz. Cada visita es un placer, y uno redescubre los sitios amables de esta ciudad.

Con todo y las reuniones y eventos del Comité de Vecinos de esta colonia (hasta a misa asistí), y lo que ha significado desarrollar los trabajos para el Congreso de la SMM, junio ha sido el mes más largo que yo recuerde. Cargado de recuerdos y nostalgias y de sueños; con una necesidad de calma absoluta, de comida muy ligera, de sueño, y con una terrible añoranza paliada a ratos por la alegre visita cotidiana, varias veces al día, del colibrí verde como tus ojos que entra a la casa, vuela sobre mi cabeza, me busca en la cocina o acá arriba, instalándose en el tragaluz.

Julio trajo sorpresas en su primera semana. Tanya me invitó a la presentación del programa del Festival Internacional Cervantino 2019, en el Teatro Juárez, en Guanajuato capital, sin más datos. Resultó que estábamos entre los invitados muy especiales, en las filas reservadas para VIP.

¿Formal?, pregunté, y me dijo que sí. De modo que me puse en modo “señora seria” (casi) añadiendo el detalle importante de mi collar y aretes huichol, para mantener mi esencia; la seriedad absoluta nunca es parte de esa esencia, por cierto, y me divertí mucho en el camino al Teatro, en el interior, y al terminar el evento.

Hoy comencé a organizar mi maleta, poniendo a su lado todo lo que no puedo dejar. Falta la ropa, cierto, pero el outlet de Las Américas está muy a la mano en caso de que necesite algo. El reto es poner todo dentro de ese maletincito y mi backpack.

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Todavía tengo un par de eventos sociales, además de los asuntos que hay que atender cada mes: fumigar la casa, pagar impuestos, pagar servicios. Pero por fin he comenzado a relajarme.

16 de mayo: Breve recuento de cuatro meses

Thursday, May 16th, 2019

Hace cuatro meses y medio que no escribía en este espacio. Muchas cosas han pasado, de todos sabores y colores. El registro lo lleva Facebook, y en un año me estará recordando las noticias, las imágenes, las conversaciones que he tenido con la gente con la que comparto.

A grandes rasgos:
A fines de enero me enganchó Oscar O’Farril (SOLE México) para impartir dos cursos de PBL en Campeche (de lo cual no tiene la menor idea, y no es lo único). Diseñé el curso (20 horas, entre presencial y virtual, para cada grupo), preparé materiales, cree aulas virtuales, etc., y todo se lo di a conocer vía WhatsApp (tengo tooooodas las capturas de pantalla y las otras evidencias) sin que se diera por enterado ni de la organización ni de lo que implicaba, ni de que es imposible meter a trabajar 10 horas continuas a un grupo de profesores. Ahí debí darme cuenta de que lo que le interesaba era el dinero, y nada más. Hice el viaje, impartí los dos cursos durante el tiempo en que los profesores estuvieron dispuestos a permanecer y posteriormente terminamos lo previsto de manera virtual. Pagó mis pasajes y el hotel, y me entregó 500 pesos que no alcanzaron ni para taxis. Ni siquiera mis alimentos. No me pagó mis honorarios. Todo está documentado.

Fue un viaje muy cansado con un resultado decepcionante en varios sentidos. Sin embargo volví a caminar por el Malecón de la ciudad y a degustar la deliciosa comida local. Regresé endeudada, por supuesto.

Febrero fue generoso: mi hijo me envió regalos por mi cumpleaños y otros festejos. Un set de cuatro tomos sobre ser Jedi, la organización del Imperio, y así, y el vinil de Queen “Jazz” porque fue el primer LP que le compré, a los 5 años, mientras estábamos en París. Lo mejor, siempre, son las conversaciones en torno a los temas que nos interesan.

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Con Beatriz, Oscar, Clau y Lizzeth festejamos mi cumple y el de Clau, en casa, a nuestro estilo, incluida la pinche vela. Con Moony me reuní para festejar mientras conversábamos, en algún café.

Marzo y abril trajeron reuniones con amigos cercanos (Yanza, Alma Rosa y Laura), pero también recibí visitas de amigos que viven en otros lugares: Claudia y su ingeniero, desde Tijuana, y Milagros desde Perú. También un curso completo, impartido por Javier Sicilia, sobre poesía y silencio, extraordinariamente bueno. Llegó ya mi diploma, pero creo que lo más importante es lo que removió y lo que aprendí.

La reunión más organizada, más esperada, se dio en CDMX, donde me encontré con mis hermanos de vida (Filio, José Luis y el Flaco, y la presencia querida de Lucas que ya no está), incluyendo a Silvia, Irma y Marco y a un invitado especial que pidió estar presente: Ángel Verdugo, nuestro profesor de Teoría de Ecuaciones en ESFM, en el curso que inició en junio de 1968 y que fue interrumpido por el Movimiento del 68. Una fantástica experiencia en la que nos reencontramos con gente que no habíamos visto en un período de ¡30 a 50 años! Muchas cosas quedaron pendientes, sin duda, pero fue muy grato renovar los lazos.

Por supuesto, aproveché la ocasión para pasear un poco por algunas zonas de la ciudad y para conversar y compartir con dos queridas amigas, por separado: Maluyi y Natalia. Siempre es un placer deambular por zonas que eran cotidianas en otros tiempos, comerse un gaznate, mirar una puesta de sol desde alguna glorieta.

Mayo ha sido de apapachos muchos con el hijo, planeando la no prevista asistencia al Comic Con 2019, en San Diego, con el apoyo de Paty Linares y sus hijos. Cuando ya parecía que su itinerario estaba organizado compré mis pasajes de ida y vuelta. Mi plan es ver primero a mi querida tía Lola, y luego bajar a Tijuana para saludar y conversar brevemente con las amigas que se dejen ver de carrerita, antes de asistir a San Diego para el evento, el jueves 18 de julio. Y regresar al día siguiente. Hoy, mi niño hizo cambios a su itinerario y lo único que sé de cierto es que nos veremos el 18 de julio. Y será la celebración que englobe todas las celebraciones del año … excepto si llegara a sacarme la lotería o algo semejante. LOL. Pero está bien. Y viendo ayer Endgame sé que está más que bien. Pero eso es otro post.

Por otro lado, no han faltado los eventos de corte académico, con Adriana en la ENES-UNAM; o los culturales como la Fenal, donde me encontré con otros amigos; y las reuniones que convocan amigos (Toño) y en las que hacemos nuevos amigos. Y mientras descubro que hay “amigos” que han desaparecido de mi lista, se agregan muchos más a ella.

Lo que no me abandona son mis sueños, y los seres queridos que en ellos habitan; la certeza de su compañía y los detalles que los manifiestan. Y eso me hace feliz cada día.

 

 

 

 

 

30 de diciembre: evento de cierre, en el Tec

Sunday, December 30th, 2018

Me contactaron por Messenger, cuando mi hijo acababa de llegar a casa a pasar sus vacaciones. Carla Pons quería saber en dónde andaba yo antes de enviarme una invitación a un evento del Tec Campus León. Imaginé de qué se trataba pero no quise adelantar vísperas, aunque se lo hice saber a Pako. Antes que cualquier otra cosa lo había felicitado por el premio que obtuvo el juego que estuvo produciendo para Outplay durante su primer año de trabajo en Dundee. Hacia el 16 de noviembre, me enviaron la invitación oficial:

Por medio del presente tenemos el gusto de comunicarle que usted ha sido de los profesores seleccionados por sus exalumnos como una persona que marcado su vida, siendo acreedor al reconocimiento Profesores que Dejan Huella.

La entrega de reconocimiento será el día 15 de diciembre del 2018 a las 9:00 horas en auditorio principal.

Nos encantaría que compartiera este momento con sus seres queridos por lo cual podrá asistir con 4 acompañantes al desayuno, favor de confirmar su asistencia.

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El evento

Siguieron tres mensajes de correo, uno del director del campus, para reiterar la invitación y asegurar mi asistencia. Pensé en quiénes podrían acompañarme al evento y decidí que quien ha estado siempre cerca de mí, apoyándome de muchas maneras y físicamente cerca, es mi hermano Manuel. Lo invité, junto con Alicia, mi cuñada, a acompañarme. Aceptaron. Luego me informaron que su hijo Víctor y la novia querían asistir también. Al final vino mi sobrina Daniela, la mayor de los dos hijos de Manuel y Alicia, con sus bebés, y Norita, sobrina de Alicia pero quien me ve como su tía. Por supuesto, el evento no era para chiquitos y terminaron acompañándome Manuel y Norita.

Es la segunda vez que se entregan estos reconocimientos, uno cada 5 años, y es la segunda vez que me lo otorgan. Viendo la lista de los reconocidos en esta ocasión y la de hace 5 años, comenté con algunos de mis excompañeros y exalumnos que va siendo hora de que se pongan las pilas y contraten a buenos profesores. Es satisfactorio que los exalumnos, sobre todo porque son excelente profesionistas y seres humanos y amigos, reconozcan el trabajo docente que hicimos … hace entre 15 y 25 años, pero esas listas no incluyen profesores nuevos y no es buena señal. Tristemente, mientras preparábamos las tortas para compartir con los familiares de enfermos en los hospitales públicos, el 23 de diciembre, una de las alumnas actuales de la institución, exalumna en el bachillerato del Colegio del Bosque, me comentó que no tenían buenos profesores, y no es la única que lo dice.

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La lista completa de profesores reconocidos en esta ocasión

Excepto por el que encabeza la lista, fallecido muy recientemente, muy joven y a quien no conocí, el resto pertenecemos al grupo de docentes que hizo que el campus tuviera primer lugar en calidad académica, a nivel nacional, hasta 2004. Entonces cambiaron las prioridades.

Cuatro de los trece profesores de profesional enlistados (los otros tres trabajaban en el bachillerato), yo incluida, formábamos parte del Departamento de Ciencias y Humanidades que yo creé y del que estuve a cargo hasta que renuncié a él por agotamiento, y entonces el director general desapareció esa entidad y reasignó a los docentes a otros departamentos académicos. Los cuatro, en las áreas “duras”: Muyshondt y Maritza solamente en temas de cálculo y álgebras; Garibay y yo, además de las matemáticas, en temas de estadística y sus aplicaciones, y de física. Muyshondt falleció hace unos años. Enrique Garibay desapareció en Los Ángeles después de aterrizar en esa ciudad y de rentar un carro, proveniente de Hungría, su lugar de residencia, hace unos 18 meses, sin que tengamos noticias de lo que le haya sucedido a él o al carro. Maritza vive en Estados Unidos, desde hace años. Yo salí del Tec en 2004.

Decidí portar las perlas que me regaló mi hijo en su primer viaje a la India, hace unos cuatro años, como manera de tenerlo a mi lado. Pako ya había regresado a Escocia después de sus vacaciones y de festejar su cumpleaños. Complementé mi atuendo con ropa sencilla y zapatos formales, y un rebozo guanajuatense, porque ese día amanecimos a 2° Celsius.

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Norita y mi hermano, acompañándome

A mi mesa llegaron a saludar muchos excompañeros y algunos exalumnos que ahora laboran en este campus, y hasta el director, a quien no conocía. Mis queridas Cony y Anita habían pedido acompañarme en mi mesa, lo cual fue una gratísima sorpresa.

Después del desayuno vino la entrega de reconocimientos (idénticos a los de hace 5 años). Saludé con mucho cariño a Aceves, a las hijas del Lic. Muyshondt, a Gerardo (quien además fue el orador por parte de los profesores reconocidos), y a otros más. Solamente evité a uno.

Las fotos del evento y mi agradecimiento se encuentran el álbum que publiqué en Facebook.

Después del evento regresamos a la casa, cambié mis zapatos por unos “de caminar”, para usar con calcetines, y la familia completa nos fuimos a recorrer los outlets de calzado, completitos. Comimos en el recién inaugurado Panteón Taurino, en los outlets, por la tarde recorrimos los locales de calzado y bolsas frente a la Central de Autobuses de León, y todavía hicimos un recorrido en camioneta por la Calzada de los Héroes, la calle Madero y luego la Pedro Moreno, para atravesar todo el centro y mostrarles los monumentos y edificios representativos de la ciudad. Era un hervidero de gente y salmos tan rápidamente como fue posible para regresar a casa. Ellos pidieron una pizza para cenar, la Norita y yo trabajamos sobre algunas dudas que tenía con su curso de matemáticas en la universidad a la que recientemente ingresó. Terminamos alrededor de las 11 de la noche.

Ellos regresaron a Guadalajara y Amatlán el domingo 16, muy temprano. Yo seguí empijamada todo el día, comí en mi cama, y todavía el lunes fue de acciones mínimas.

El martes retomé el estudio formal de la Teoría de grupos y compré un libro de Cédric Villani, Birth of a Theorem, que ha resultado un deleite a pesar de que la introducción podría desanimar a cualquier persona. El jueves 27 fui a la Librería del FCE y compré La tregua, de Benedetti, que terminé de leer en dos días; ayer, leyendo las últimas páginas lloré mucho; impensable que encontrara una descripción tan cabal de mi caso.

la tregua

Mañana será día de recogimiento. Se cumplen 49 años de que yo me alejé pensando en evitarle un conflicto, creía yo, pero también por ignorancia y estupidez de mi parte. Y son 37 años de su muerte a manos de uno de sus estudiantes. Sigue siendo todo, para mí.

El martes, comenzaré a poner en un disco duro externo todo el contenido útil de esa laptop para migrar a la que me dejó mi hijo.

Mucho por agradecer en este año. Y muchas conversaciones que han comenzado, augurando un excelente inicio del 2019.

Una vez más, ¡Gracias a la vida!

26 de diciembre: Tarea 1 del Taller 2. Mi hijo

Wednesday, December 26th, 2018

Segundo texto de mi tarea.

Cena con Pako el 24 de diciembre de 2014

A mediados de ese año se había ido a trabajar a Hyderabad, pero había venido a pasar aquí (y Guadalajara y CDMX) dos semanas de vacaciones. Primero los amigos, siempre.

Salió de casa después de almorzar, hacia el mediodía, para ayudar a Luis Alejandro en el depósito de cerveza, mientras conversaban. Llamó para avisar que Luis Alejando y su novia cenarían con nosotros. Usualmente preparo diferentes antojos para su estancia: tamales, carnitas, galletas de nata, rollitos de membrillo, tacos de pollo para dorar, ravioles, etc.; en diciembre añado buñuelos y hasta una cacerola de bacalao (para hacer tortas) más por los amigos que pueden caer a pasar la tarde/noche, jugando dominó o videojuegos, que por nosotros. Nunca hago pasteles, flanes o gelatinas. Vinos, mezcal, tequila y otros licores nunca faltan; ni los paquetes de café para cualquier tipo de preparación, en su respectiva cafetera.

Iban a dar las 6 de la tarde cuando llamó para “recordarme” que había salido muy temprano de casa y sin desayunar, respondí con un recuento de su mañana en casa. Insistió y acabé con un “OK”, sin entender. Hay dos cosas prohibidas en esta casa: las mentiras y las faltas de respeto.

Llegó a casa acompañado por la novia que todavía tenía en Guadalajara, quien había decidido “caer” sin invitación a lo que ella suponía un festejo en forma. Le expliqué que nuestra celebración, en cualquier época del año, consisten en estar juntos y disfrutar de las actividades que nos interesan: cine, música, libros y largas conversaciones. Apenas llegando, mi hijo anunció que Luis Alejandro y su novia habían cancelado la visita.

Una hora más tarde puse la mesa y enlisté el menú. Pako se sentó en su lugar habitual, la esquina derecha frente a la ventana, y procedió a servirse un tamal verde mientras hacía elogio de mis preparaciones. Al tamal siguió una torta de bacalao, y un par de buñuelos en miel de piloncillo para acompañar el café. Durante ese tiempo conversamos, como siempre, tratando de incorporar a la chica a las conversaciones.

Pako disfruta de la comida de una manera muy zen, degustando cada bocado y disfrutando de la compañía, cuando está en confianza. En su decir, si se trata de comer de carrera, vamos al Oxxo por unos tacos o por una hamburguesa a McDonald’s. Conversa mientras come, y sus ojos almendrados se entrecierran al reír o al recordar vivencias, especialmente las que involucran amigos que conserva desde la infancia y adolescencia; al color café de sus ojos se agregan destellos dorados. Un “¡Ah!, ¿Sabes a quién me acabo de encontrar?” anticipa anécdotas, risas, exclamaciones y gestos de incredulidad, sorpresa, satisfacción o, en algunos casos, pesadumbre. Ocasionalmente se chupa un dedo que acabó metido en la torta o cubierto de miel, sin que le pase por la cabeza que otros pueden incomodarse. Es también regla de la casa: cada uno come a su modo, como se sienta cómodo y no como visita formal. Nunca comemos de mal humor, de manera que la conversación es muy animada, llena de sonrisas y complicidades comunicadas con los ojos y alguna mueca elevando las rectas cejas; la boca puede acompañar el gesto, curvándola hacia abajo y, en ese movimiento, la barbilla recta se adelantará un poco.

Cruza una pierna sobre la rodilla de la otra, la espalda descansando sobre el respaldo de la silla, durante el disfrute del café que siempre prepara él mismo, manteniendo en todo momento la conversación y el recuento de todo lo que ha hecho. Durante esa cena hablamos de los libros que habíamos comprado un año antes, en la FIL de Guadalajara, en la que habíamos recorrido varias veces los pasillos hasta encontrar Persépolis, como regalo para la novia, quien no nos había acompañado en ese evento. Mi hijo y yo seguimos conversando y sacó el iPad para mostrarme los avances del juego en el que trabajaba. En momentos como ese la mirada y la actitud cambian denotando concentración en los detalles, los codos sobre la mesa y la cabeza y las manos dirigidas hacia mí para involucrarme no en el juego mismo sino en el diseño. Mientras, me contaba las dificultades de la interacción con su equipo indio. Hice un alto con la mano (uno de los gestos que aprendió de mí) para señalarle la hora, y decirle que habían pasado casi dos horas desde que su chica había abandonado la mesa, y que le tocaba ir a hacerse cargo. Dejó salir un ¡Ah! acompañado de unos ojos como platos, dándose cuenta de lo abstraído que había estado; guardó el iPad, ayudó a recoger la mesa; agradeció, me dio un beso en la frente y dijo buenas noches.

Solos, sin visitantes, hubiéramos merendado algo hacia las 7 P.M. y luego hubiéramos hecho un bonche de palomitas de maíz o hubiéramos pedido una pizza, antes de subirnos a la cama para ver un montón de películas (compradas para la ocasión). Esa ha sido nuestra manera de celebrar, lo que ocurre cada vez que nos reencontramos. Netflix ha sustituido la compra de películas desde hace un tiempo.

En este momento (4 P.M del 8 de noviembre) está llegando a Cancún. El martes próximo volará para llegar a casa. Mientras, me organizo para tener los antojos listos.

 

25 de diciembre: Sesión 1 del taller de poesía 2.

Tuesday, December 25th, 2018

El año que está terminando fue venturoso en muchos aspectos, había comentado. Pero también tuvo momentos de tristeza, y otros de angustia.

Escribir, aunque solamente sea para mí, realmente me ayuda a descargar mis emociones, algo en lo que no soy muy buena, y también a reorganizar mi propia historia. En este último proceso colaboran los amigos que vienen a mi casa a tomar un café o a comer. No son muchos los que vienen, pero los que lo hacen son fuente de momentos de reencuentro conmigo misma, de reflexiones que no hubiesen ocurrido de otra manera. Así, conversando con Moony fui consciente del momento en que explicité lo que quería hacer con mi vida, y ocurrió al cumplir 22 años. Una propuesta de matrimonio inesperada, de parte de alguien a quien solamente consideraba un amigo, me hizo decir que quería terminar mi carrera y trabajar. Hasta entonces, supongo, iba a ESFM como algo normal, algo que disfrutaba pero de cuya trascendencia no era consciente. Pero nunca había caído en cuenta de que, ciertamente, ese momento hizo que me concentrara en mis estudios y que buscara un trabajo ese mismo año, dejando de depender de mi padre.

Pasa igual con las sesiones de curso con Jair, mientras me instruye en la escritura de poesía, sin que yo pretenda ser poeta en algún momento. Sus preguntas, los ejercicios que me propone, van dando lugar a algunas reflexiones y a revivir experiencias intensamente.

Las sesiones del segundo taller, que culminaron con ese intento de poema, comenzaron con una petición de su parte:
Bien, comencemos con unos ejercicios acerca de la descripción. Quiero que describas el rostro de tres personas muy significativas para ti. Trata de hacer una especie de descripción física solamente. Por el momento no entraremos en el territorio de las emociones.

Difícil, porque no tengo costumbre de observar los rasgos de las personas. Puedo reconocer a quienes quiero, puedo imaginarlos vívidamente, pero me cuesta describir sus características o dibujarlos.

Comencé:

  • Mi padre: Moreno, nariz aguileña, barba partida; la frente cubierta por un mechón, si es que no había acabado de peinarse con alguno de los productos de la época. Los ojos risueños que reflejaban la bonhomía, pero que dejaban asomar también el sarcasmo y, en contadas ocasiones, el enojo.

Jair me recordó las instrucciones y me pidió detalles:
Ok, pero como quedamos por el momento sin emociones sólo descripción física ¿color de los ojos? ¿cómo eran las cejas? ¿la barbilla?

Tomé una de las fotografías en las que mi padre me sostiene, a los dos meses de nacida, antes de responder:

  • Ojos café oscuro, las cejas pobladas. La barbilla de una cara ovalada, idéntica a la mía (al revés). Pómulos altos; y una cara angulosa de joven, que fue redondeándose con la edad.

Tomé luego una foto de mi hijo, de hace unos 10 años, para atenerme a las instrucciones;

  • Mi hijo: Un bebé de ojos café oscuro, una boca muy roja no muy grande, güerito. Al crecer, los ojos almendrados, el mentón cuadrado, la frente amplia, las cejas rectas, medianamente pobladas. La boca sigue igual: no muy grande, bien definida y coloreada. La nariz recta. Delgado, pero también ha ido embarneciendo con los años. De todas maneras parece mucho más joven de lo que es.

Me dijo que lo había hecho bien. Faltaba el tercero, del que solamente tengo una foto guardada en mis ojos y mi memoria:

  • El tercero es más complicado: Moreno, ojos verdes aceitunados, una boca mediana, bien definida, un óvalo también bien definido. La frente redondeada. Las cejas medianamente pobladas. La nariz: no tengo idea. No podría definirla. Es una imagen que viene a mí siempre de frente.

Jair me preguntó por las dificultades en esta tarea:

  • Para mi padre y mi hijo, disociar la descripción física del ser de cada uno, pero tengo muchas fotografías alrededor para poder completarlas. En el otro caso: es que no hay una sola fotografía. Es solamente el recuerdo que viene a mí constantemente, pero es más el ser; fui consciente de su físico a través de otras personas, unas que se decían “amigas”. Para mí era otra cosa. No soy buena para detectar belleza o fealdad, es decir los rasgos físicos. Puede pasar el hombre más bello del mundo sin que yo lo perciba (algo que hacía reír a mis compañeras en la secundaria). En cambio, puedo reconocer a alguien por su voz, por su mirada, por la forma en que camina. Tampoco puedo decir la edad que aparenta una persona. La descripción de mi niño bebé la hizo una vecina ancianita, diciéndome que era como la descripción de Blanca Nieves, pero en güero.

Muy bien, de hecho, hacia allá vamos. Ahora vas a describir de cada uno lo siguiente: la voz (lo más descriptivas que puedas).

  • Mi padre: una voz enérgica, categórica, pero suave mientras discutíamos sobre cualquier tema; nunca más alta ni más baja para dirigirse a nosotros; sonora sin estruendo; cordial, al decir de los externos a la familia;
  • Pako (mi hijo): también una voz enérgica, pero que a veces se exalta. Cálida, a ratos juguetona cuando conversamos; potente y sonora cuando se trata de marcar su territorio.
  • Voy a nombrar al tercero. Arturo. Una voz cálida, íntima. Risueña y tranquilizadora; mejor dicho, “amansante” para mis arranques. Suave al cuestionar alguna estupidez que estuviera a punto de cometer yo, que me pusiera en riesgo. Ni siquiera lo escuche gritar al recibir una agresión en un partido de básquet. Ni idea de cómo sonaba para el resto.

Mientras Jair me iba diciendo lo que seguía, comenté acerca de las cosas que Pako tiene por herencia de mi padre y otras que ha copiado de mí, dicho explícitamente por él mismo.

Ok, muy bien. Excelente, Blanca. Si te das cuenta, cada uno va tomando forma e identidad. Ahora vas a describir la postura que toma cada uno cuando come.

  • Va: Mi padre era muy ordenado para comer, siguiendo todas las reglas de la buena educación. Codos casi pegados al cuerpo, nunca hablar mientras tenía algo en la boca, mucho menos cantar. Comer con las manos lo que se come con las manos, solamente; espalda siempre derecha. Conversando con mi madre que no se sentaba a comer con él y conmigo (mis hermanos preferían no, porque podía comenzar a hacer preguntas sobre lo que suponía que debiéramos conocer).
  • Pako: iPad por un lado, porque mientras comemos me comparte videos (matemáticas, física, videojuegos) y conversamos al respecto. Relajado, manteniendo las buenas costumbres, pero no dudando en chuparse los dedos si está comiendo una costilla en BBQ, por ejemplo, sin importar en dónde esté. Dicen que en casas de otras personas se comporta como un caballero. La comida puede durar unas cuantas horas porque degusta el aperitivo y una buena entrada, la comida propiamente dicha y el café espresso que él mismo prepara, siempre. Pero también puede comer en la taquería de un Oxxo
  • Con Arturo compartí, pura coincidencia, los primeros dos viajes de vacaciones a Tepic, en el segundo año de bachillerato en Voca 3, que fue donde nos conocimos. Asientos contiguos en ambas ocasiones. En el segundo viaje compartimos una naranja cubierta (yo le llevaba esos antojos a mi padre) tomando pedacitos y comiéndolos mientras conversábamos. Nunca comimos juntos ni siquiera un antojo, porque ni dinero teníamos para ir más allá de los límites de la escuela o de un ocasional paseo cerca del lugar en que yo vivía. Hasta el 31 de diciembre de 1969 en que su madre nos obligó a sentarnos a cenar tamales (una reunión en la que coincidimos), para evitar que bailáramos escapando al deseo de la señora de emparejarlo con una elegida por ella. No puse atención mientras comíamos, y me retiré inmediatamente.

Ok, es decir, ¿no recuerdas nada de su forma de comer?

  • Excepto por el deleite de comer la naranja cubierta, nunca estuvimos en situación de compartir comidas.

¿Cómo sientes ahora las descripciones de cada uno?

  • Las de mi hijo y de mi padre son muy familiares porque tengo fotos, y videos de la convivencia de mi padre con toda la familia (extendida), hasta en un campamento playero, hacia 1967. Y relatos gratos, muy recientes, de la gente que lo conoció. Y de Pako tengo muchas fotos y videos, y muchos relatos de sus amigos y de mis amigos que lo conocen en diferentes contextos.
  • En el caso de Arturo la descripción es más la de las limitaciones impuestas, especialmente por su familia, para controlarlo y alejarlo de esta mala influencia.

Ya entiendo.

  • Nunca fui el modelo de chica que una madre (o los hermanos) quiere para su hijo menor, la joya de la familia.

Bien, con este ejercicio podrás percibir la diferencia entre una descripción física y una emotiva o emocional.

  • Por supuesto. Por eso no publico todo lo que le escribo.

A continuación, el profe estableció el objetivo de los ejercicios y me asignó la tarea para la siguiente sesión:

Si sólo te decantas por una forma de descripción el texto estará incompleto. Ambas se complementan, pero hay que aprender a diferenciarlas y a ser conscientes de los alcances de cada una.

De tarea vas a hacer los tres retratos y vas a situarlos en una escena específica, por ejemplo: mi padre, en la cena de navidad de 1974

  • ¡Ah! es que nosotros no tenemos esas costumbres. Tepic era diferente al centro del país. Y en la familia no teníamos celebraciones de ese tipo, nunca. Era otro tipo de convivencia. Ni siquiera hacemos funerales como el resto de las familias. No hacemos cenas familiares.

De esto hablaba yo en la publicación previa a ésta, sobre las Navidades.

Oh, sólo es un ejemplo. Puede ser: Mi padre en una cena del verano tal … ¿Cómo ves?

  • Podría ser mi padre en una comida en el campamento playero; o mi padre durante un festejo familiar obligado. Porque de cenar solamente tomaba una taza de Nescafé en leche y algún pan o galletas hechos por mi amá.

Eso podría ser: Tu padre cenando una taza de café con leche. De hecho es mucho más interesante ver cómo abordarás los detalles de algo tan ligero… Trata de capturar los gestos, recuerda que harás un retrato…  ¿Nos vemos el siguiente martes a la misma hora?

Así dimos por terminada la primera sesión. Problema para mí: no logro atrapar detalles de nada. Parte porque soy muy distraída, parte porque siempre me ha parecido inadecuado observar a las personas. Se darán cuenta en la publicación siguiente.

 

 

7 de diciembre: noviembre lleno de gratitud

Friday, December 7th, 2018

Arrancamos noviembre habiendo dado por terminado el taller para los docentes, incluido el envío del reporte final. La conferencia para la UG estaba casi lista, pero todavía había detalles que pensaba que podría agregar al texto, que de todas maneras no iba a leer, de modo que fuera una ponencia breve pero documentada, por aquello de que alguno de los profesores quisiera tener más información.

Pako llegaría a Cancún el día 8 y volaría a León el 13, llegando por la tarde. Me encargué de preparar galletas de nata, tamales, tacos de pollo listos para dorar y unas cuantas cosas más previendo los almuerzos, principalmente. Llegó, como siempre, haciendo que parezca que no ha estado ausente ni un solo día. Directo a instalarse en su recámara mientras me platicaba las mil experiencias acumuladas a lo largo del año e intercambiábamos regalos: él, la colección que armó para mí de su viaje a Moscú, al Mundial de fútbol, y a Wimbledon, incluyendo una bella Matryoska y una colección de monedas conmemorativas; yo, las playeras y objetos del Comic Con 2018 y mi reconocimiento explícito por el premio que ganó el juego en el que trabajó desde el día que llegó a trabajar a Outplay Entertainment, hace apenas un año. No fui una madre complaciente y tuvo que aprender que hay que hacer bien las cosas desde la planeación, y a ir controlando variables, supervisando cada detalle y adelantándose a los hechos siempre que fuera posible. Es una satisfacción enorme verlo en esta etapa, porque ha sido mi proyecto más preciado y cuidado; estaría muy orgullosa aún si su trabajo no fuera premiado.

Durante su estancia en la playa me había compartido fotos y videos de sus paseos y del increíble mar y sus criaturas, mientras esnorqueleaba, vía WhatsApp; como a mí, Cancún no le gustó pero Akumal, Tulum y, particularmente, Playa del Carmen, lo dejaron encantado y con ganas de regresar. Ya en casa, me compartió otros videos y me narró la aventura de instalarse cerca de Cancún, en casa de un amigo vegetariano, alejado del mundanal ruido, en una especie de retiro. Se quedó en Playa del Carmen en la primera oportunidad.

Como siempre, en cuanto llega a casa comienzan a llegar los amigos de toda su vida. El primero es Luis, a quien apoyó para la instalación de La Misión, taberna y bar, originalmente depósito de cerveza, antes de irse a India. Es una amistad de muchos años, y Luis es otro integrante de esta familia, aunque solamente aparece estando Pako aquí. Juntos son como niños; así planearon que al día siguiente comenzarían a cortar y pulir las piezas del traje de Storm Trooper que Pako compró hace un par de años, y que luego lo dejarían ya armado. Por supuesto, antes tendrían que comprar las herramientas para la tarea. Trabajaron apenas un par de días en eso, sin terminar, y tuvieron que aspirar y limpiar el desastre. Las conversaciones con ese par se alargan mientras toman cerveza, comen alguna botana, se sientan a comer y merendar en forma y luego se van con otros amigos. Hicimos las compras para la parrillada del sábado 17, que se extendió al domingo 18. El 21 festejamos su cumple con una comida ofrecida por sus amigos y el 22 voló de regreso a Londres para llegar a Dundee la tarde del viernes 23, directo a la última reunión de trabajo del mes.

Después del 23 fue tiempo de revisar, otra vez, la presentación y el texto de la conferencia y de enviarla a la UG; de asegurarme de que estuviera disponible offline, en Drive, para proyectar desde el iPad, pero también de llevarla en un USB porque uno nunca sabe qué pueda ocurrir. Pensar en el atuendo fue también una parte importante, de modo que me lancé a los outlets a buscar unos zapatos de vestir de color azul marino, clásicos; recorrí todas las tiendas, pero los encontré, a tono con mi vestido.

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Camino a la conferencia

Fue una experiencia muy agradable el compartir con los docentes. Tuve una espléndida recepción desde que llegué a las instalaciones, acompañada por gente muy amable y generosa. Fue muy grato saludar y conversar con un gran amigo y ex compañero de trabajo en el Tec, el Dr. Jesús Bernal, a quien debo la invitación para impartir esta conferencia. Del streaming me enteré cuando ya había comenzado mi charla; posteriormente, Eduardo Estala, otro gran amigo, me hizo llegar la nota de prensa. Más exposición no podía tener. Pero no terminamos ahí, para desagrado de muchos.

Mientras iba cerrando mis pendientes, mientras conversaba con mi hijo, recibí un mensaje del Tec de Monterrey Campus León: la invitación para asistir el próximo 15 de diciembre a un desayuno donde me harán entrega, por segunda vez (se otorga cada cinco años, comenzando en 2013), del reconocimiento a “Profesores que dejan Huella”.

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La ocasión anterior fue una ceremonia casi al aire libre y estuve muy arropada por varios de mis queridos ex alumnos y algunos ex compañeros de trabajo. Esta vez puedo invitar a cuatro familiares; ayer me confirmó mi hermano médico, Víctor Manuel, quien siempre está cerca de mí y atento a mis necesidades, que estará aquí junto con mi cuñada Alicia, mi sobrino Víctor y su novia, para acompañarme. Mi atuendo comienza con las perlas, collar y aretes, que me regaló Pako hace unos cuatro años; será la manera de tenerlo cerca.

Desde el inicio de noviembre le pedí a Jair que retomáramos el taller de poesía, y accedió. Tres sesiones que ya concluyeron. Mi objetivo, desde que iniciamos la primera parte de taller, era el de tener elementos para explicarme por qué algo de lo que leo me gusta o no; de paso, aprendí algunos elementos para mejorar mi redacción. No quiere decir que lo domine, conste. Comenzamos el 6 de noviembre y lo terminamos apenas el 4 de diciembre. De lo realizado me ocuparé próximamente.

La estancia de Pako fue el festejo navideño anticipado. En esta casa no tenemos más tradición que la de compartir y disfrutar cuando estamos juntos, independientemente de la época del año; no hay reglas, dijo mi hijo, y es cierto.  Él pasará la última semana de diciembre en Hamburgo, con la familia de Armando, otro de sus muy queridos amigos, desde la prepa. Yo me dedicaré a migrar lo que sea necesario a la laptop que me dejó ya lista, aunque antes tengo que limpiar la que uso todavía. Y decidí retomar el estudio del álgebra moderna (Teoría de grupos y esas cosas). Tal vez me dé una vuelta por Tepic para convivir un rato con Raquel y con mi primo Ocho, para ir a San Blas y, por supuesto, a mi sitio favorito. Por lo menos es un avance de plan.

Terminé noviembre con un dulce sabor de boca. No creo que pueda pedir más. Pero siempre hay más. Y sigo dando gracias.

 

 

24 de marzo: Aprendiendo ando

Saturday, March 24th, 2018

El jueves pasado, 22 de marzo, comenzó mi taller de poesía con Jair Cortés. Tres sesiones de alrededor de 90 minutos cada una, vía Messenger, absolutamente personalizadas. Mi objetivo es, simplemente, tener elementos para mi afición favorita: criticar.

Primera sesión, de exploración.
1) Jair me pregunta por mi poeta favorito. Evidentemente tengo uno y todo mundo lo sabe, aunque apenas conocen unos renglones de las poesías que escribió para mí. Jair, por su lado, se refería a poetas con obra conocida/reconocida. El asunto es que son muchos y muchas, y que la poesía como la música dependen de los momentos y circunstancias. Mencioné a algunos: Benedetti, Cernuda, Sabines, Neruda, poetas clásicos, Verlaine, Prévert, y Sor Juana, Alejandra Pizarnik, …

2) La siguiente pregunta fue si tengo conocimientos de métrica y retórica. Lo que sé de métrica se lo debo a Sor Juana y a algunos clásicos, comenté; en cuanto a la retórica, dije que el Quadrivium ya no estaba en uso en los años en los que fui a la escuela. Pareció bastar.

3) “Uno de los mayores obstáculos para comenzar a escribir poesía es el prejuicio a ser juzgado por los demás e, incluso, por nosotros mismos.”, me comentó. Respondí con un “Ok. Eso no me preocupa mucho. Para comenzar con mi familia, las descalificaciones públicas son muy frecuentes. Y las mentadas. Y es por lo que escribo en mi blog, particularmente.”

Pareciera que no me conocen, aunque algunos han vivido a mi sombra y a mis espaldas, sabiendo que soy inmune a los insultos y descalificaciones de cualquiera y de cualquier tipo y que no vivo ni pienso ni escribo para complacer a nadie. Mi compromiso es siempre conmigo misma, y eso se lo debo a mi padre. Por otro lado, mis recuerdos son eso, recuerdos, y pueden no coincidir con los de los demás; y de lo que doy testimonio es de lo que veo desde mi perspectiva que es absolutamente diferente a la de cada uno de los otros. No me niego a reconsiderar, siempre y cuando haya elementos para hacerlo. Recordé mi interacción en línea con el Chanano, hermano de una de mis excompañeras de escuela obligatoria, quien encontró mi blog de pura casualidad, leyó algunas cosas en que mencionaba a su familia y me pidió cambiar “pasturería” por “caballerizas y pasturería” en mi descripción de su casa. Después seguramente encontró algo que no podía cambiar, y que le molestó, y me envió un mensaje para dar por terminadas nuestras conversaciones. Su rollo.

4) Siguió la solicitud de escribir sobre mi infancia, en unas diez líneas. El resultado, por supuesto, excedió el límite:
“Un poco a la manera en que Serrat se refiere a su infancia, yo me he referido a la mía.
La vida en Tepic, desde que nací y hasta que me expulsaron del paraíso, cuando me enviaron a estudiar a Ciudad de México, a los 15 años, fue plácida.
Cuando nací, fue casi como si todos los dioses se reunieran en torno mío para llenarme de dones (excepto Venus): era yo y un mundo de gente honesta, combativa, valiosa. Mi abuela Hilaria, contadora de historias; mi padre y su padre, entregados a la luchas por los derechos de los trabajadores, y soy la hija y nieta consentida; mi tía Cuca, cocinera mágica, gustadora y patrocinadora de fiestas en los pueblos y quien fungió como madre desde que nació mi hermano, año y medio después de mí, y mi tío Gonzalo, ferrocarrilero comunista y luchador social, con ellos recorrí el Pacífico en tren, varias veces; mi prima Licho, su hija, portadora de la corona de reina que, literalmente, me cedió. Y mi madre, quien influyó mucho menos que el resto.”

Y el asunto es que al salir de la escuela me llevaban a casa de mi tía Cuca, y de ahí, en algún momento de la tarde, alguien me llevaba a mi casa. Mi hermano, el que mencioné en el párrafo anterior, nació cuando yo cumplí 18 meses, y mi madre tenía que hacerse cargo de él y de la familia que estaba formando, auxiliada por mi abuela. Sin las comodidades de la vida moderna, para mi madre significaba cocinar con carbón (y había que salir a comprarlo, lloviera o relampagueara, acompañada de mi padre en ocasiones), lavar a mano, planchar, ir al mercado todos los días, ir a la lechería y a la panadería hasta dos veces si era necesario, etc.; adicionalmente ponía inyecciones y sueros a quienes conocían su experiencia y buena mano, para ayudarse con los gastos familiares. Mi abuela hacía costuras y tejidos y sobaba a quien se lo solicitara para tener una entrada de dinero. No fue una infancia de pobreza y nunca experimenté la sensación de que careciera de algo, pero tampoco hubo lujos ni excesos. Por mi parte, fui suficientemente independiente desde que nací como para poder estar lejos de ellas, arropada por el cuidado y cariño de mi tía y mi prima. La llegada de cada uno de los siguientes cuatro hermanos hizo que mi madre tuviera más exigencias a pesar de la migración a la estufa de petróleo, primero, y a la de gas muy posteriormente. Yo resulté beneficiada: tal vez hubiera sufrido mucho cuando me enviaron a Ciudad de México si me hubieran criado pegada a las faldas de mi amá.

Las fotos de mi infancia, que he compartido en Facebook, me muestran con mis padres, dos meses después de nacida, en el parque, a los 6 meses, dentro de la casa familiar hasta alrededor de los 2 años. A partir de ahí las fotografías fueron tomadas en las escuelas, desde el kínder, o dentro y en los alrededores de la casa de mi tía, cuando todavía no compartíamos el terreno. En algunas fotos de esas aparecen mi hermano y mi abuela, al pendiente de nosotros. Después, cuando ya éramos seis hijos y mi padre había construido la casa “provisional” en el terreno de mis tíos, aparecemos en diversas fotos dentro y fuera de la casa, con parientes y amigos, o en paseos familiares.

5) Siguió escribir sobre sexo, mis vivencias. Algunos detalles solamente los he conversado con mis amigas cercanas, nunca con mi familia. Ahora serán públicos.
“En el ambiente en el que crecí nadie hablaba explícitamente de sexo, excepto el cura cuando mi madre se atrevía a mandarme a confesar, contra la voluntad de mi padre. Recuerdo las preguntas acerca de si había cometido pecados, y su explicitación de los que él pensaba que podía cometer. Nunca me interesó explorar lo que sugería.
Hace un año me cayó el veinte de algo que escuché al pasar cerca de la mesa en la que mi padre, mi madre y mis tíos jugaban dominó; mi padre se refirió al “Pájaro Madrugador” y siempre pensé que se refería al satélite, reciente en aquellos años. Sí, a los 67 años caí en cuenta de que la intimidad de mis padres ocurría en las madrugadas.
Yo no me interesé sexualmente por nadie; el amor de mi vida y yo solamente compartíamos caminatas y conversaciones a la sombra de un árbol, excepto por una vez que me pidió un beso, se lo di en la mejilla y entré a mi casa cerrando la puerta, a punto de desfallecer.
Entendí, por los comentarios de las compañeras alrededor, que en un noviazgo suele haber otros contactos. Intenté aprender con un novio pero era, primero que nada, un excelente amigo. Luego me puse de novia del papá de mi hijo (por compatibilidad de horarios), y un par de años más tarde me inicié sexualmente, un año antes de casarnos, sin que hubiera más interés que el de entender. Pako es consecuencia de una botella de Beaujolais Nouveau en mi cumpleaños 29, tres después de casarnos, como estudiantes recién llegados a Francia. El psicólogo que mi hijo solicitó cuando pidió el divorcio de su padre, dijo que no se explicaba cómo había tenido yo un hijo si no entendía nada (entonces tenía 40 años)”.

6) Entrada a Memory lane. Jair dijo “Quiero que escribas cuáles son los aromas, sonidos, texturas y sabores que te recuerdan a tu abuela y a tu tía Cuca.
(Si te das cuenta no incluí el sentido de la vista).
Trata de ser lo más detallada posible.”

Contuve el aliento y escribí de un tirón:
“Mi abuela: su voz cantando “Collar de perlas”, su voz narrándonos historias, subidos en una cama, mientras caía la lluvia intensa de los veranos en Tepic, y mientras nos iba pelando cacahuates como snack; su voz calmada, explicándome que lo que me había sucedido esa mañana en la secundaria era algo muy natural en una mujer de mi edad y que tendría que aprender a “sobrellevar” por muchos años. Sus pájaros y su perico. Texturas, las de todos los vestidos que me confeccionó hasta mis 22 años, cuando pude comprar mi primera máquina de de coser; las de los tamales (siempre para mi cumpleaños, hasta los 15) y las gorditas de asientos; la de sus manos, cuando curaba mis dolencias con ungüentos y mezclas que ella preparaba; aromas, los de sus plantas medicinales y de ornato, sembradas en el gran jardín compartido con la casa de mi tía Cuca. Los sabores de todos los antojos citados, que he tratado de recrear para mi hijo, y el café que ella recolectaba, secaba, tostaba, molía y preparaba, para acompañar con pan dulce salido de la panadería de su hermano Pedro y de los hijos de él.
Mi tía Cuca: el sabor de sus guisos, comenzando con los frijoles refritos que hacían que dejáramos el almuerzo de mi madre en cuanto ella anunciaba “ya están los frijolitos”, pero también el guajolote de Navidad, que ella criaba, emborrachaba, mataba y cocinaba. Los licores de nanche (para los adultos, en principio); las ensaladas de callo de hacha y de abulón que se le ocurría mandar a comprar a la carreta de la esquina de la casa, como antojo antes de la comida. Texturas: las de su cama; pasaba grandes ratos en su casa porque, en mi primera infancia, vivíamos en otra calle, pero al salir del kinder y de la primaria era a su casa a donde me llevaban. Y a alguna hora me recogía mi madre y me llevaba a nuestra casa, o dormía con mi tía. La textura del pullman, en los frecuentes viajes en el Ferrocarril del Pacífico, acompañados por los sonidos del tren y de lo que ocurría en las estaciones y en los pasillos. La textura de su guayina (así la llamaba ella), en la que íbamos de viaje a su pueblo natal; ahí, el sonido de las bandas y la música de los bailes, populares o familiares, y el cueterío de la celebraciones religiosas. La pólvora festiva. Los aromas son los de la comida, los del campo, los del mar de Mazatlán donde mis tíos tenían una casa y en donde pasé algunos veranos. Y los sonidos del carnaval en esa ciudad, del cine al que había que llevar una silla y que no tenía techo; la textura de la lona del catre, indispensable en un clima semejante.

6) La tarea. “Ahora, de tarea, vas a escribir un texto sobre uno de esos vestidos que tu abuela te confeccionó. Quiero que escribas detalles, ¿cómo era? ¿de qué color? ¿Qué tipo de tela? ¿cuándo lo usaste por primera vez? ¿dejaste de usarlo? etc.; pero que involucres los cinco sentidos.” Respondí “Y voy a llorar mucho al respecto”. “Es parte de la escritura y de eso se trata. A a todos nos pasa”, replicó Jair.
“Yo: Hay un antecedente de ese vestido, en mi blog.
Jair: Velo también como un homenaje a tu abuela y a ti misma.
Yo: es parte de un proyecto que debo completar antes del 23 de mayo: rehacerlo y usarlo en esa fecha
Jair: Muy bien, mira qué grata coincidencia; rehacerlo y escribirlo
Yo: Sí. Es algo que nomás requiere de que encuentre la tela correcta”

La tarea la envié ayer por la tarde; la tela, no igual ni de la misma calidad que la del vestido de mi recuerdo, la compré ayer por la mañana; hace un rato traje el papel para el trazo (algo que mi abuela no necesitaba), y la semana siguiente estará dedicada a ese proyecto especial.
La segunda sesión del taller está por comenzar.

30 de septiembre: el mes de tu cumple

Saturday, September 30th, 2017

Agitado, literalmente y en más de un sentido.

El inicio fue una continuación de agosto: el asunto de Nelson y los chinos y la revisión de los trabajos de los talleres en la UACH, en Parral, ocuparon la mayor parte de los primeros diez días. Terminamos satisfactoriamente, creo.
En el caso de Nelson y Cheetah Mobile es el punto final; en el de la UACH, es el inicio para ellos y lo que sigue depende de su interés y perseverancia para funcionar realmente como una academia, colaborando y creando.

Al mismo tiempo, al terminar esa primera semana, viajé a Tepic porque la señora que compra el terreno de lo que era la casa de mi madre (nunca habitada por ella) se comprometió a hacer un depósito a mi cuenta y a firmar un pagaré en mi presencia para el primer viernes de septiembre, pero nunca llegó.

He aprendido que hay que aprovechar cada momento, a disfrutar de la lluvia y del sol, aunque ande corriendo y me duelan los pies o la espalda. Lo he aprendido a través de lo que he perdido. Tú, por ejemplo. Entre eso y mi estilo de vida acelerado y azaroso, porque mi camino y los tiempos en que me muevo no siempre dependen de lo que yo quiero, necesito disfrutar de cada comida sin importar si se trata de un antojo callejero, de un taco en una carreta o de una comida formal, de la luna en cada fase que me muestra y del sol -especialmente en un amanecer o un atardecer. A veces puedo caminar bajo la lluvia, especialmente en Tepic, y a veces la disfruto desde mi rincón, con un libro y un café o una copa de vino. Y documentarlo para recuperar después los momentos, o compartirlos con los que están lejos y extrañan los espacios, los colores, las personas, los antojos.

En Tepic es muy sencillo disfrutar de todo esto, y estás tú: donde siempre y como siempre, atento a mi conversación, quieta y amorosamente a mi lado. Tu sonrisa y tu mirada están siempre presentes. Esta vez no fue la excepción. Te llevé una rosa. Debo decirte que buscaba una margarita, pero no encontré en ninguna florería de la ciudad. Casi llegando a tu casa, rumbo a dejarle a Raquel unos panes para su merienda, encontré un local pequeño y sencillo donde me ofrecieron las frescas rosas blancas. Solamente necesitaba una para dejarla en la misma banca de siempre, para que no olvides que siempre estoy ahí.

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Los otros dos días que pasé en la ciudad, esperando que la mujer hiciera acto de presencia, los emplee en comer con mi mamá y mi tía, en vagabundear cuando salió el sol caminando hasta la Cruz de Zacate, reconociendo lugares que hacía mucho no visitaba, perdiéndome en calles por las que nunca había transitado a pesar de la cercanía con las que formaban parte de mis recorridos, revisando los trabajos de los huicholes en cuanta tienda o puesto estuvo a mi paso. Conversé con gente que no conocía, o con alguna que había conocido sin que hubiéramos tenido algún saludo intercambiado, y con mi primo Alonso.

Recordé a mi padre y a todos mis abuelos mientras conversaba con mi madre tomando  café frente a la plaza principal, antes de subirnos al turibús que ella no había experimentado. Las conversaciones con ella siempre traen un elemento inesperado a la construcción del rompecabezas que es mi historia la cual voy conociendo en episodios como de Star Wars, en el que las explicaciones de algunos hechos vienen apareciendo en las precuelas posteriores a los episodios los cuales, además, no se presentan en orden cronológico. Lo de esta conversación debería de haberlo sabido como unos 50 años antes, por lo menos. Pero ya qué.

La presión porque mi amá regresara a L.A. comenzó a aumentar y a provocarme lo que el estrés me provoca siempre. Por otra parte, mi economía no es precisamente boyante.

Unas cuatro o cinco semanas antes Tanya me había invitado a ser parte de una charla en Guanajuato, en Casa Cuatro, en la que tres mujeres hablaríamos de mujeres, arte y ciencia. Escribí mi rollo con tiempo, no para entregarlo realmente sino como un apunte para no divagar; pedí a algunos amigos que escriben y publican que lo leyeran y me hicieran llegar sus comentarios; para la tercera semana del mes estaba listo, y lo publiqué en mi blog de Blogger.

En el ínterin me invitaron a participar en el Congreso Virtual de la UVSMP, en Perú, a celebrarse en la segunda semana de noviembre, y comencé a estructurar mi charla mientras enviaba los elementos requeridos: una foto en un formato especia (Tanya me hizo el favor de ponerla en ese formato), una hoja de vida (resumen de mi curriculum vitae) y el tema de la ponencia. No he avanzado mucho desde entonces porque esta montaña rusa va muy acelerada.

Con todo eso pareció que la única opción era (fue) que yo llevara a mi mamá a San Diego al final de la tercera semana del mes. Lo conversé con ella y estuvo de acuerdo: volar de León a Otay, del lado gringo, cruzando por el puente elevado del aeropuerto de TJ con el fin de evitar traslados, filas, etc.

Funcionó aunque fue extraordinariamente cansado, extenuante, por lo que implicó como organización en todos los sentidos, incluyendo la levantada a las 3:30 de la mañana de manera de salir al aeropuerto a las 5:00 A.M., llegar a TJ al medio día con el anuncio de que habían cancelado mi reservación en el Airbnb seleccionado como consecuencia de la rotura de una tubería, y la necesidad de pagar por un alojamiento decente y seguro y, a esa hora y en esas condiciones, urgente.

El Hotel Caesar’s es siempre mi mejor opción. Cierto es que TJ no es León: en cuanto hice pública la situación con el Airbnb me llovieron ofertas de mis queridas amigas para que me alojara con ellas, pero con el cansancio acumulado necesitaba un lugar en el que mi presencia no alterara la vida de nadie.

Mi primera visita, a mi comadre Haydee a quien no encontré, me llevó a la playa. Ahí pedí el agua de un coco fresco, luego me quité los zapatos y caminé hasta la reja de la frontera disfrutando del agua fría y del masaje de la arena. Fue como magia: desapareció el dolor de cabeza y el cansancio de pies y piernas. La puesta de sol se antojaba bella, pero regresé a casa de mi comadre para el deleite que es conversar con ella y ser atendida con mucho cariño, tomándonos un café. De regreso, en el restaurante de hotel cené con Venecia.

De nuevo: estar en Tijuana significa tener una actividad social y fraterna mucho más abundante en un solo día que en seis meses en León siempre, aun cuando vivía allá y más cuando estoy de visita. Con Magui Saucedo compartí una experiencia gastronómica en el Lorca, atendidas por el propietario/panadero/creador de delicias y gran conversador. Comida con Marychuy y tarde de playa con Paty y Mariana.

El jueves desayuné con mi enfermera favorita, Erika de la Mora, y luego fue de visita temprana a la Ibero. Saludé a Lety, a Haydee González, a Carmelita y a Guille y, de paso, a Raúl Olmos. Hay muchas obras en las fachadas (al día siguiente constaté que los interiores, donde la gente labora, están prácticamente sin alteración o mejora). Bajando hacia la Delegación de Playas me recogió Judith para ir a conversar y tomar un café al Ross. Comí con Haydée González y, luego, Abisag me llevó a conocer su proyecto de hidroponia.

Mi último día allá fue también muy bueno. Desayuné en la nueva cafetería  de la Ibero y fui a buscar a Magui Amézquita; se necesitaron tres vueltas a mi antigua oficina para encontrarla. El segundo piso, incluida la capilla, los pasillos y ¡los baños! no han tenido mejoras. En mis vueltas esperando a Magui conversé con Guadalupe (Enfermería), Mary Puga y, otra vez, Raúl Olmos. Interrumpí para saludar al padre David (el rector) y me senté en la banca frente a la capilla para esperar a Magui. Mientras, conversé con Gaby Ruiz muy animadamente.

Por mis fotos en Instagram y en Facebook, mis ex alumnos se hicieron presentes. Iván me quiso saludar. Fui a encontrarlo a la ceremonia de graduación que comenzaba en esos momentos y mientras conversaba con él fui levantada en un cariñosísimo abrazo por Cacho quien, además, me llevó a saludar a sus padres, en la fila de los muy serios familiares de los graduandos. Nos tomamos una foto, los tres juntos. De camino a la salida, encontré a Pedro, otro de mis ex alumnos; foto, por supuesto. Apareció otra vez Raúl Olmos y me acompañó a la salida, y hasta se me ocurrió que lo habían enviado a evitar que siguiera mi desfile 😉.

La playa me recibió como siempre, grata y plácidamente. Me tomé un té mientras se cargaba mi cel, volví a caminar hasta la reja de la frontera, tomé fotos y regresé a recoger mi maletín para dirigirme al aeropuerto y regresar a León, vía Guadalajara. Todavía conocí a una equivalente de una prima en mi vuelo a Gdl, quien puede tener otras pistas sobre la familia que no conozco y detalles de mi rompecabezas.

El lunes 25, como anunciado, estuve en Guanajuato para la conferencia y dormí (¿?) allá. Fotos, momentos, conversaciones, la visita de Elías a la plática con todos sus alumnos participantes en la Olimpiada Matemática y un regreso urgente para descansar de todo el ajetreo acumulado.

Estuve en una marcha; sigo los desastres provocados por los terremotos buscando maneras de colaborar, desde el primero en Chiapas; participo en el Comité de Colonos; mantengo mi mente muy ocupada y mi cuerpo también. A ratos solamente contemplo a los pájaros, especialmente a los colibríes y coincidiendo (a cualquier hora, como siempre, ya sabes) con el del color verde como tus ojos que viene a pasearse por la ventana, escuchar música y libar de cada flor, especialmente las del plumbago bello que te recuerda. Las flores todas ofrecieron sus ramilletes el día de tu cumple: gardenias, rosas, lavanda, plúmbagos y la dormilona.

Te quiero. Te espero siempre a cualquier hora y en cualquier lugar, como siempre.

Las fotos, mañana.
De mis paseos por la playa

P.D. Desde el lunes pasado Pako vive en Dundee, Irlanda, y trabaja para Outplay.

27 de agosto: ¿De qué me canso?

Sunday, August 27th, 2017

Casi termina agosto.
Mucho ajetreo, mucho disfrute.

La primera semana fue de actividades académicas en Parral, que no conocía, lo que me permitió estar cerca de gente que quiero, disfrutar haciendo lo que me gusta, reorganizar y actualizar cursos y materiales. El plus fue visitar a Toño y Ceci en Ciudad Juárez, desde donde volé a Guadalajara para regresar a León; 24 horas muy disfrutables y muy de agradecer.

En Parral, de entrada, el gusto que es conversar con Olinda aumentado con/por la participación de su familia completa, y la buena acogida de su selecto grupo de amigas nativas de ese lugar; luego las conversaciones e intercambios con los profesores de la Escuela de Economía, los participantes de los dos talleres. No hubiera sido un curso en forma si Murphy no hubiera intervenido desde el inicio: fallaron el salón, el cañón, la señal de internet y la electricidad, en ese orden, en la primera mañana de actividades. Nada que no se resuelva con mi rollo interminable, un par de marcadores para el pintarrón y la buena voluntad de los participantes.

Resistentes al inicio, entre broma y broma fui dejando saber mi postura ante lo que es el trabajo dentro de cualquiera de mis cursos, independientemente del estudiante y las medallas que se quiera colgar. Que abollé algunas coronas, me dijeron. “Me da una pena tan grande, que me tengo que reír”, como siempre.

17 inscritos, pero solamente unos 8 presentes de los cuales uno estaba de manera remota y es de los más participativos. Para algunos el asunto de tener que ver con lo virtual sigue siendo del diablo y prefieren no meterse. El quid de la cuestión es que los dos cursos y los apoyos para cada uno están documentado en Edmodo, que ahí deben entregar algunas de las tareas mientras que el resto, incluidas las discusiones, se desarrollan en un wiki de PbWorks. De los 7 que tenía ya nomás me quedan 5, activos, discutiendo y colaborando en línea. Falta que entreguen las tareas finales, cuya fecha límite es el 31 de agosto. Y “calificar” con las rúbricas que les fueron proporcionadas desde el inicio.

Mientras, comenzó el proceso de liquidar al único empleado de News Republic en México; la empresa es ahora parte de un consorcio chino y decidieron cerrar esta plaza (yo la hubiera cerrado hace unos 6 meses, al menos). El asunto es que el salario de ese empleado se hacía a través de Astrolol (la empresa de Pako que no tiene ya ninguna otra actividad). Así que, mientras estaba en Parral enfrascada en mi curso, fui notificada de la situación y hubo que proceder a organizar el finiquito, lo que implicó asegurarme de que se cumplieran todas las cláusulas que contempla la Ley Federal del Trabajo (LFT) en beneficio de los trabajadores; Gaby Naranjo me hizo el enorme favor de asesorarme para que el contador hiciera su trabajo a mi gusto (y el de la Ley), de manera de ofrecerle al empleado lo que por derecho le corresponde. Y hacerle la propuesta al empleado que ya tenía un abogado listo para saltar, pero no fue necesaria su participación y nos evitamos un disgusto y un desgaste.

Siguió el trance de hacerle entender al negociador de los chinos, entre Skype hablado y escrito y por correo (supongo que es el que mejor habla inglés, y es el único que está en California … y le tocaba negociar conmigo, en mi inglés que nunca se ejercita) lo que debían pagar, traduciendo cada uno de los artículos de la LFT para que entendiera y pudiera transmitirlo a su gente en Beijing. A veces había que repetir la información, detallar e insistir en el asunto legal y lo inconveniente de provocar un litigio. Aceptaron, pero lo volvieron a complicar con formas de pago en chino. Terminé sugiriéndole que fuera a TJ para que entendiera lo del tipo de cambio (parece que no le gustó la sugerencia) y que alguien iba a tener que pagar por el estrés que me estaban provocando, afectando mi salud física y mental (shhh no digan nada al respecto). Finalmente depositaron el dinero del finiquito y mañana comenzaremos con la última fase: pagarle al empleado, al contador, y los gastos que surjan. Y cerrar la cuenta y la empresa.

Por detrás de todo eso, el asunto de la casa de mi mamá, y la salud de ella, y sus ganas de salir a la calle y de visitar jijos, y de…lo cual también parece haberse resuelto el viernes 25. Viernes de celebración, porque los cerrojos se descorrieron para destrabar todo lo que estaba detenido.

Por supuesto que no ha faltado ocasión de celebrar la vida con los amigos (de otra manera sí estaría ya en una casa de salud). Fue la ópera, “Carmen”, con Alma Rosa; Beatriz y Lizzeth en una reunión en casa; merienda con Ada y Toño seguida de un mini baby shower para Yamile; ver el eclipse con Tanya y terminar en el nuevo acuario, en Altacia, para luego comer deliciosamente; y que surgiera un proyecto que verá la luz, efímera, el 25 de septiembre. Ayer fue cafécito y donas con Poncho, seguido de una caminata de León Moderno al Poliforum; hoy, “Yo me enamorí de un ayre” en el Teatro María Grever, para aplaudir el trabajo de Ghislaine (¡esa voz!), de Jorge y de Bertha. Siguió una caminata por el centro de esta ciudad que ya se adorna con los colores de la bandera, y encontrar antojos.

Me he desahogado, por supuesto, en Facebook.

A propósito del eclipse he recordado otra etapa de mi vida y a mis queridos amigos, los que están todavía presentes y los que ya se fueron, y hemos tenido una buena interacción feisbuquera. Otras vidas, otros recuerdos y un amor eterno han sido parte de mis días y mis noches, acompañada por música, lecturas, coincidencias.

La ópera Carmen merece un texto aparte, próximamente. Se trata de que yo conserve la memoria, simplemente.

Y bueno, hay que organizar todo lo que sea necesario para comenzar mañana con los detalles formales del finiquito del empleado (ya no sabemos ni de quién es empleado). Si todo va bien y sin tropiezos, quisiera estar “desocupada” el miércoles por la mañana, para ir de jueves a sábado a Tepic, para vigilar de cerca el proceso de la casa y ver a mi amá, checarla y chiquiarla tantito, sacar un acta de nacimiento original original (recuerden que soy como Batman) antes de regresar a León a seguir con los procesos que están en marcha.

Las fotos y los videos están en Facebook e Instagram.

Me cansé leyendo. Hora de detener el tiempo.

15 de noviembre: De los vericuetos en la mente de cada uno

Tuesday, November 15th, 2016

Después del curso taller en Aguascalientes, hace poco más de dos semanas, y mientras disfrutaba de una excelente comida con César, Carmen y Elías, conversando como hace mucho tiempo no lo hacíamos, Elías comentó respecto a lo que yo narraba: “¿por qué a mí no se me ocurre eso?”

Uno va creciendo, generando sus propios códigos mientras va separando lo que le gusta de lo que no, lo que está dispuesto a compartir con el mundo, lo que comparte con muy pocas personas y lo que es privado. Al mismo tiempo aprende a respetar el derecho de los otros a su privacidad. Bueno, eso es lo que a mí se me ocurre y es una de mis construcciones y uno de mis códigos. Lo otro, la intromisión en la vida y el pensamiento de los otros, es algo que simplemente no se me ocurre hasta que resulto afectada. Y sí, hago un gran escándalo de lo que para algunos, con toda seguridad, no es más que un incidente.

Alguna vez tuve un diario, seguramente regalo de alguna de las pen pals que teníamos en las clases de inglés, en la secundaria. Era rojo con un par de líneas doradas y tenía llave. No recuerdo qué escribí en él, en una época en que ni siquiera prestaba atención al mundo ni, mucho menos, a esos seres de los que había tres en mi casa y que se reunían con otros similares y con los que ocasionalmente tenía que convivir. Conservaba el diario guardado en el cajón de mi ropa, en la cómoda compartida con mis hermanas, un cajón para cada una. Un día descubrí que la cerradura había sido violada; me deshice de él y nunca volví a escribir mis pensamientos, hasta la creación de mi blog personal en WordPress, hace unos seis años.

Mientras leo Nadie me verá llorar, de Cristina Rivera Garza, me queda claro que uno puede dedicar una parte de su vida a indagar sobre los orígenes y la vida de una persona de la que se ha obsesionado o que lo ha fascinado, en un afán de conocerla a fondo y tratar de comprender lo que la ha llevado a ser lo que es; y que la investigación puede ser profunda y cuidadosa, al modo de un investigador que se documenta para escribir una biografía, un hecho histórico, y similares.

Cierto que a mí eso no se me ocurre, ni siquiera para conocer mis orígenes. Ocurre en ocasiones que, conversando con mi madre y mi familia cercana, particularmente los mayores que yo, descubro que tengo parientes cercanos de los cuales nunca había sido consciente -como los otros hijos de mi abuelo paterno, a los que conocí seguramente en su propia casa, con su madre y mi abuelo pero que nunca integré a mi familia hasta que me lo hicieron ver. O el nombre completo de ese mismo abuelo, o la personalidad que fue mi abuelo en la vida política en mi ciudad natal.  Hay cosas sobre la vida de mi propio padre, particularmente sobre su vida como docente y como defensor de los derechos de los trabajadores, de las que me he enterado por aquellos que fueron tocados por él y he agradecido mucho las historias compartidas que refuerzan mi conocimiento de su valor como persona dentro de una amplia comunidad que lo reconoce. Pero nunca pregunté sobre sus vidas, sobre sus amistades, sobre sus motivos, y ni se me hubiera ocurrido ponerme a hacer cábalas al respecto. Sé solamente lo que me ha sido confiado de manera directa y lo que resulta de mi observación.

Nada de la vida personal de los otros estaba en la conversación de mi abuelo (un hombre muy callado, amable y discreto, por cierto) o en la de mi padre que nunca se metía en los asuntos de los demás. Del lado femenino de mi familia desconozco las historias, en general. Mi madre me ha venido enterando de algunas, cuando se acuerda de algo que le parece significativo. Mi abuela cantaba y contaba historias pero no chismes, y tampoco se entrometía en las vidas ajenas.

Y yo no pregunto, sencillamente porque odio que me interroguen. Cuento todo lo que se me ocurre y me ocurre a lo largo del día; cuento mucho de mi actividad docente y profesional; desnudo mi sentimiento en muchas de las publicaciones en mi blog, en mis historias -cuentos, les llaman, aunque yo no sea realmente cuentista, en las canciones que comparto, etc. Pero nadie tiene derecho a interrogarme sobre lo que no comento. Y a nadie le concedo el derecho a escuchar/leer lo que no le está destinado.

Mi hijo aprendió que las puertas cerradas indican privacidad y solamente se llama si hay un motivo válido; que la correspondencia solamente puede ser abierta por su destinatario; que las aplicaciones en los dispositivos electrónicos, etc. son privados aunque se encuentren abiertos y abandonados; y que uno no hurga en las pertenencias de los otros, por ningún motivo.

Intervenir la correspondencia y las conversaciones y/o darse los medios para hacerlo, de cualquier manera, es o debería ser un delito. Denota, a mi parecer, la falta de seguridad y el consecuente deseo de control de quien lo comete. Y me recuerda a esas personas que son las últimas en abandonar una reunión con la esperanza de que nadie se quede comentando algo sobre ellas. Enfermos, además de delincuentes.

De las relaciones de mis amigos, sus familias, sus amores, sus errores, etc., me voy enterando cuando me lo van contando. Hay muchas cosas que no sé ni de ellos ni de las vidas de mis hermanos. Lo mismo con la vida de mi hijo: conozco aquello que me ha querido compartir o lo que sus amigos sueltan en alguna conversación. Y, de todos, lo que observo y de lo que derivo algunas conclusiones que a veces resultan muy acertadas, a la luz de los acontecimientos siguientes.

Pero no indago sobre las vidas de las otros. De repente veo que dos de mis amigos están comentando algo y que se han vuelto amigos (lo que eso significa en las redes sociales). A veces me sorprende y generalmente es grato, pero nunca me pregunto cómo es que surgió esa amistad o lo que está detrás de ella. No me interesa saber quiénes son los amigos de mis amigos ni sobre sus familiares o lo que conversan entre ellos. Ni siquiera si conversaran sobre mí (de lo que ni me entero).

Lo dije ayer: lo peor que me puede suceder es que no encuentre una manera segura de conversar con la gente que más quiero, pensando en que lo que escribo o digo puede ser leído o escuchado por alguien a quien no está destinado porque se ha dado los medios para hacerlo. Y no, no hay complots ni planes contra alguien en esas conversaciones (esos los hago públicos). Se trata, simplemente, de conversaciones privadas. Y detesto la idea de que puedan ser intervenidas.

Mucho ruido y pocas nueces, dirán algunos. Para mí es crucial.