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1 de febrero: La bendición que es Pako

Sunday, February 1st, 2015

Sé que la mayoría de las madres, si no es que todas, creemos que nuestros hijos son lo máximo; y sé que todos los que nos ven y nos escuchan se quedan con las ganas de decirnos que somos madre cuervo y que no todo es miel sobre hojuelas. Y algunos hasta quisieran salpicarnos con algunos cuentecillos para que le bajemos al elogio.

A Pako lo conozco casi mejor que a mí misma, y hasta puedo anticipar muchas de sus respuestas y reacciones. Conozco sus debilidades y la mayor parte de sus defectos; muchos de ellos son copia de los míos y cuando me he reconocido, al renegar de alguno de los que observo, no puedo menos que aceptar que lo ha heredado y lo ha aprendido. Dulce (aka La Morra) dijo que platicar con ambos es como platicar conmigo dos veces.

Por supuesto que no es mi copia, sino un refinamiento interesante. Mucho más generoso que yo, recuperando características de mi madre; mucho más capaz para aprender y desarrollar habilidades, recuperando las de mi padre. También es más terco, más radical, menos consecuente con la estupidez, y más paciente, tolerante y atento con los que ama de alguna manera. La amistad es lo que más valora, y la formalidad y las apariencias lo que menos le importa. Su sueño: tener dinero suficiente para impulsar una regeneración de la cultura nacional a través de la música y el arte.

Tenerlo en casa es la celebración. Puede ser en la temporada de fiestas, como Navidad o Semana Santa, o cuando decide tomarse el tiempo para compartir conmigo -como ahora, previo a su viaje a la India. Celebrar, para nosotros, es compartir alimentos, videos, películas, lecturas, caminatas y, sobre todo, conversar. Hacer planes a corto y a largo plazo, y llevarlos luego a la práctica, aunque algunos no se realizan porque las circunstancias cambian.

Y no, no estamos juntos todo el día porque cada uno necesita su espacio, desde siempre, y no interferimos. Ahora yo estoy tranquilamente en mi cama, leyendo, escribiendo y checando los avances del partido de tiempo en tiempo; Pako se fue con sus amigos después del café de la sobremesa.

Si todo va como se espera, estará una semana en India y regresará para organizar su estancia allá por dos años, al menos. Ayer conversábamos sobre lo que puede interesarles, además de sus habilidades y la experiencia en su trabajo. Primeramente, creo yo, la disponibilidad y facilidad para moverse de un lugar a otro, sin ataduras ni cargas; luego, el que no tenemos costumbres ni tradiciones que nos hagan viajar para regresar a casa en fechas críticas, ajenas a las costumbres de aquel país; también, la voluntad para aprender de otras culturas y disfrutar las diferencias. No es poca cosa haber aprendido a lidiar con una madre terca y exigente. Y no es poca cosa saber que en ninguna circunstancia lo presionaría de manera alguna para hacerlo regresar a cuidarme o atenderme. Así fue en mi casa y así es con él.

Al inicio del año habíamos planeado que lo acompañaría a San Francisco, en un viaje de trabajo para él, para celebrar allá mi cumple. El plan cambia, por supuesto, en términos de sus nuevas perspectivas y de mis nuevas actividades. Ahora el plan es ir al D.F., visitar algunas exposiciones, ir a comer al Mercado Roma y regresar a León. Será cuando vuelva de su viaje y suponiendo que sí se vaya a trabajar a aquella parte del mundo.

Pero lo seguro es la compañía y el disfrute de estos días. Y a eso me dedicaré, sin dudarlo. El tesoro que son estos momentos es mi mejor regalo.

17 de febrero: a celebrar el inicio de mi maternidad!

Sunday, February 17th, 2013

No suelo pensar en mis cumpleaños como cierres de ciclos. Los ciclos se van cerrando según los eventos en los que me inmiscuyo. Para los matrimonios parece que los ciclos son de 14 años, pero no pienso seguir colectando evidencias al respecto. Para los trabajos los ciclos son de entre 8 y 12 años, no más. Las cosas cambian, yo cambio. Y sin embargo hay cosas que en mí permanecen exactamente igual, sin importar cuántos años cumpla.

Por otra parte, fue hace 34 años, en mi cumpleaños, cuando realmente comenzó un ciclo muy importante en mi vida y que no se cierra ni se cerrará. El más importante, sin duda. Ese día concebí a Pako. Y sí, puedo dar razón de porqué sé eso con precisión. Así que sí tengo algo que celebrar.

Cuando era yo muy joven (14 años) Rocío Dúrcal cantaba “Tengo 17 años, qué enfermedad” y prometía que a los 18 se curaría. Pero cumplí 18 y me involucré en actividades que nada tenían que ver con las andanzas de la joven cantante en la película que llevaba el mismo nombre que la canción. Y no, lejos de volverme tranquila y formal, como entonces convenía a las jóvenes que quisieran hacer una vida familiar, bla, bla, bla, caí, como Alicia, en un laberinto de experiencias y emociones que terminaron de conformar mi manera de vivir. El acelere del Conejo Blanco lo he traído conmigo desde siempre.

Hasta la música cambió. De las baladas de César Costa, Enrique Guzmán y Alberto Vázquez que escuchaba en la radio de mi pueblo, pasé a The Beatles, The Rolling Stones, The Doors y, por supuesto, Iron Butterfly. Mis lecturas acogieron al Pequeño Libro Rojo y los textos y discursos de Luther King (regalo de mi padre), entre otros. Mi revista era Siempre! Y mis amigos cambiaron: perdí mis amigas de infancia y adolescencia (era comunista, dijeron; platicaba con los muchachos, se quejaron). A cambio encontré a mi grupo de físicos, dos años mayores que yo, quienes me acompañaron a lo largo del terrible año en el que cumplí 18, y que marcó profundamente mi vida, y los años que siguieron mientras viví en el D.F.

Pako nació y fue alimentándose de todas mis experiencias y heredando (pobre) algunos de mis gustos y aversiones. Es mi hijo no solamente porque nació de mí, sino porque viviendo conmigo toda su vida fue incorporando mis lecturas, mis memorias, mis tendencias, etc. Por eso es el compañero ideal para ver y discutir una película o conversar sobre un libro y, últimamente, sobre aspectos de la educación. Dulce dice que platicar con los dos es como conversar conmigo dos veces. Lo que no significa que Pako y yo estemos siempre de acuerdo o tengamos exactamente los mismos gustos. Ahora yo aprendo de sus experiencias.

Y de pronto descubrí que, como dice Serrat, Fa vint anys que tinc vint anys. Y llegó el momento de cambiar de rumbo radicalmente. Dejar lo que fue mi vida en Cd. de México, incluyendo lo profesional, para ir un año a Culiacán y entonces a León donde me establecí de manera casi permanente y en donde Pako encontró su hogar verdadero. Sí, me fui ocho años pero regresé a quedarme.

Y ahora voy a comenzar a cantar When I’m Sixty-Four, sin saber lo que ocurrirá en este año que falta. ¿Tal vez me convertiré en abuela? Porque soy la mayor de mis hermanos y ¡todos son ya abuelos! Pako no tiene prisa, y eso es bueno. Las cosas llegarán, como siempre, cuando tengan que llegar.

Así que lo que estoy celebrando es ¡el inicio de mi maternidad!