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15 de junio: Actualización de perfil

Wednesday, June 15th, 2016

He vivido tiempos privilegiados, sin duda.
Ayer, actualizando mi perfil en Facebook, agregué uno de los hechos más relevantes en mi vida el cual, por alguna razón, no había incluido: mi llegada a la Ciudad de México a los 15 años para estudiar el bachillerato, en principio. Me quedé ahí poco más de 25 años y en ese tiempo todo llegó a mi vida además de las oportunidades de formación y trabajo. Ese cincuentenario lo celebré el año pasado, en agosto, caminando de la mano de mi memoria.

Es interesante recordar que antes de mi nacimiento (1950) ya existían:

  •          1911 Aire acondicionado, de W.H. Carrier
  •          1911 Vitaminas, de Casimir Funk
  •          1911 Lámpara de neón, de Georges Claude
  •          1921 Insulina, de Frederick Grant Banting, Charles Herbert Best, John James Rickard
  •          1922-26 Películas cinematográficas con sonido de T.W. Case
  •          1928 Penicilina de Sir Alexander Fleming
  •          1933 Modulación de frecuencia (FM), de Edwin Howard Armstrong
  •          1935 Buna (caucho sintético), de Científicos alemanes
  •          1935 Radiolocalizador (radar), de Sir Robert Watson-Watt
  •          1935 Cortisona, de Edward Calvin Kendall, Tadeus Reichstein
  •          1940 Televisión en colores, de Guillermo González Camarena
  •          1946 Computadora digital electrónica, de John Presper Eckert, Jr. y John W. Mauchly
  •          1947 Cámara Polaroid Land, de Edwin Herbert Land
  •          1947 Horno de microondas, de Percy L. Spencer

En mi primera década aparecieron:

  •     1954 Vacuna contra la poliomielitis, de Jonas Salk
  •     1956 Videocinta, de Charles Ginsberg y Ray Dolby
  •     1958 Satélite de comunicaciones, de Científicos del gobierno de EEUU
  •     1959 Circuitos integrados, de Jack Kilby y Robert Noyce
  •     1960 Píldora anticonceptiva, de Gregory Pincus, John Rock y Min-chueh Chang

Y a partir de los 60 se sucedieron muchos y muy importantes descubrimientos, como

  •      1962 Diodo emisor de luz (LED), de Nick Holonyak, Jr.
  •      1964 Pantalla de cristal líquido, de George Heilmeier Estadounidense
  •      1966 Corazón artificial (ventrículo izquierdo), de Michael Ellis DeBakey
  •      1967 Trasplante de corazón humano, por Christiaan Neethling Barnard
  •      1970 Primera síntesis completa de un gen, por Har Gobind Khorana

Estudiando la licenciatura en el Instituto Politécnico Nacional, a partir de 1968, conocí y utilicé las primeras computadoras, enormes máquinas de diferentes tipos para las que había que generar el código, en alguno de los lenguajes de la época, para resolver algunos problemas de álgebra, por ejemplo. Pero esa es otra historia.

Para cuando me fui al DF, a finales de 1965, ya había estado dos veces de vacaciones en Tijuana, con mi madre y mis hermanos. Había estado en el Zoo de San Diego y en Disneylandia, en donde lo que más me gustó fueron el submarino y el monoriel. Recuerdo cuando regresamos de ese viaje y le conté al Profe Villalobos (clase de inglés, inicio de tercero de secundaria) mi escapada cuando un gringuito me invitó a subirnos juntos a Magic Mountain. Se rió de mi simpleza y me dijo que debí aprovechar la oportunidad de practicar mi inglés; como parte de las actividades en su clase teníamos pen pals en los Estados Unidos, con quienes intercambiábamos experiencias y regalos. Así que cuando llegué al DF no me maravillé tanto. Era una gran ciudad pero la gente, en general, no conocía ni el estilo ni las comodidades americanas.

A Tepic la televisión llegó en 1968 y el enorme televisor a colores que compró mi padre hizo que los chiquillos del vecindario se congregaran para ver los Juegos Olímpicos que se celebraban en nuestro país. Afortunadamente yo ya no vivía ahí.

En el DF no tenía tele ni la necesitaba, pero sí mi radio de transistores que supongo me regalaron en algún momento mientras estudiaba la secundaria. Fue parte de los juguetes tecnológicos que pude conocer y disfrutar con mis hermanos, que incluyen el avión de motor de Manuel y la muñeca enorme con grabadora integrada de Irma. Por supuesto, la cámara Súper 8 con la que mis padres registraron muchos de los eventos familiares. El chiquillo de Velarde también tenía una y a veces, en el aserradero, veíamos las películas grabadas. Los patines, el Meccano, el tren, la bicicleta y el juego de química fueron parte de los juguetes de mi infancia. Cuando me fui al D.F. me regalaron mis patines para patinar en hielo.

La ropa que me confeccionaba mi abuela era tomada de los libros de modas americanos: minifaldas toda la vida, bikinis, colores psicodélicos, pantalones antes de que fueran moda en México, etc. Algunas veces hasta las prendas llegaban directamente de allá. El contacto de mi padre con sus amigos americanos nos acercaba mucho al estilo de vida americano: las lecturas en inglés, comenzando por la Encyclopædia Britannica y la serie de libros The Children’s Classics, siempre a estuvieron presentes al igual que la música; primero la clásica, las grandes bandas, el swing, el rockandroll y luego el twist. Tuve mi tocadiscos (americano, por supuesto) y mi propia colección de discos. A la muerte de mi padre heredé la Encyclopædia, que doné a una escuelay la colección de libros para niños, que conservo.

En Ciudad de México la gente, las familias, era mucho más tradicional y convivían y celebraban mucho como se muestra en las películas costumbristas del cine mexicano (las cuales he ido conociendo en los últimos años a través de cable): madres sufridas y abnegadas, mujeres abandonadas por cometer “el pecado” que las dejaba embarazadas y cuya “vergüenza había que ocultar regalando o abandonando a las criaturas o criándolos como si fueran sobrinos, hijos que veneraban a sus padres a quienes obedecían sin chistar, etc. Las cosas y las personas eran como esas películas: en blanco y negro sin posibilidad de aceptar que hay una gama de grises y que nadie está en los extremos de ese espectro.

Tepic era otra cosa. Una ciudad pequeña en la que cada uno de sus habitantes cumplía un rol, por su trabajo, el cual no lo confinaba a ningún gueto; la convivencia y la colaboración no encontraban restricciones de tipo alguno. En mi familia, particularmente, crecimos con la influencia de la rebelión y de lucha obrera de mi abuelo que lo llevó a asilarse en los Estados Unidos siendo mi padre un bebé, y de la formación integral de mi padre en aquellas tierras. Su manera de ver la vida era muy diferente a la de la gran mayoría de los padres de mis amigas y compañeras. Nunca se trató de veneración sino de respeto; y nunca se trató de obediencia ciega sino de discusión, diálogo y colaboración.

En mi comunidad (todo el pueblo) había solteras mayores, madres solteras y solteras que conseguían marido a través de los pequeños anuncios en la revista Confidencias. Y había las que se casaban embarazadas y, seguramente, las que abortaban, aunque el primer caso de aborto lo conocí en el D.F. hacia 1973.   También había homosexuales -hombres y mujeres- y, excepto por los vagos que se metían a hacer desatinar a Chayo el tostadero, la comunidad los respetaba y eran personas respetables que aportaban su talento y su trabajo, como un par de los excelentes maestros que tuve en la secundaria.

Este año celebro el cincuentenario de mi filiación politécnica.

 

Dicen que pa los toros del Jaral los rancheros de allá mismo y … sí. La única persona totalmente compatible conmigo vino a ser mi paisano, encontrado en mi segundo año de bachillerato, en el mismo grupo, y que resultó ser vecino de Raquel, de Lupita Láscares, de mi abuela María y hasta de mi tía  Elena. El amor de mi vida, mi santísima Trinidad.

El cincuentenario está a unos meses.

 

2 de agosto: la nostalgia que no cesa

Sunday, August 2nd, 2015

Mi contribución para Tachas, publicada esta mañana, es una remembranza de mi reciente viaje  la ciudad de México, comentada previamente.

Va el texto completo, con las imágenes que ahí no aparecen.

Ciudad de México 2015: la nostalgia

No he olvidado mi vida en esta gran ciudad que me recibe como si no hubieran transcurrido 24 años desde que decidí mudarme a un lugar donde mi hijo pudiera crecer en un ambiente más relajado y seguro, donde pudiera salir solo a la calle y jugar en las banquetas; una ciudad donde los conocidos colaboraran en su cuidado.

Ha cambiado, por supuesto. Sorprende saber que el número de residentes apenas se incrementó en un millón, aproximadamente, en los poco más de veinte años desde que salí de ella (es más fácil saber esto a través de Wolfram Alpha que del INEGI, por cierto). La zona conurbada, en cambio, ha crecido desmesuradamente. De ello dan cuenta los cerros llenos de casas, en los alrededores. Lo que sí se ha incrementado es el número de personas que circulan por sus calles y la cantidad de vehículos que la convierte en una pesadilla, durante el día, a menos que uno pueda desplazarse caminando.

La centralización de los servicios educativos y de gobierno provoca que la gente necesite pasar el día en sus calles corriendo al trabajo, a la escuela, a realizar trámites, etc.,  y consumiendo en la infinidad de puestos de comida y de todo tipo de comercio que se han adueñado de las banquetas y las esquinas, excepto las de las zonas de gran turismo y grandes negocios como las avenidas Reforma, Juárez y Madero.   De la misma manera, los automóviles saturan las avenidas, mientras que el sistema colectivo de transporte es una experiencia extrema en horas pico.

Afortunadamente conozco suficientemente la ciudad de mi adolescencia y primera juventud y puedo recorrerla caminando a buen paso. Eso sí, hay que recuperar la esencia chilanga y evitar parecer turista. Una observación en el metro permite darse cuenta de que las mujeres nos vestimos con jeans o leggings, dependiendo de la edad o la inconsciencia, usamos calzado con tacón muy bajo (tenis, flats, etc.) y una bolsa simple en bandolera. Nadie ostenta joyería ni celulares caros.20150724_134108

Preferiblemente, utilizar los vagones del frente del tren; la decisión  de reservarlos para mujeres, en las horas pico, va haciendo que los varones se queden en la los posteriores.

Los vagoneros siguen con su chamba, a todas horas. La novedad es que ahora hay pequeñitos de unos ocho años vendiendo algunos productos. A este mismo vagón subieron dos: uno vestido en calzón de manta y descalzo; el otro, con atuendo regular para un vagonero miniatura. No descendieron en la estación que seguía a aquella en la que abordaron. El del calzón de manta se quedó observando los rieles en un viaje entre tres estaciones; el otro se sentó con la mirada perdida y descendió unas cuatro estaciones después. Ninguno tiene mirada de niño, por supuesto. Y ninguno de los dos crecerá teniendo lo que prometen las campañas gubernamentales.

IMG_0945 IMG_0954Como hace 50 años, para mí, la ciudad fue amable y generosa,  proporcionándome bellos atardeceres, amables sonrisas  y recreando mis recuerdos.

IMG_20150724_105033IMG_20150724_103611Los vecinos de Santa María la Ribera, mi hogar a los 17 años, me advirtieron de la violencia y el crimen que se han apoderado de la zona; luego, a propósito de mi post en Instagram del bellísimo kiosco morisco de su Alameda, me enteré de que los vecinos tratan de rescatar una a una sus calles.

Toda pintada de ese gris con un poco de azul, y una puerta de madera de dos hojas

Era toda pintada de ese gris con un poco de azul, y una puerta de madera de dos hojas

Y fue una bella mañana que terminó frente a la que fue mi casa en el más hermoso periodo de mi vida. Deteriorada su fachada, modificada por esa horrible puerta y el toldo que señalan que ahora alberga algún comercio.

Esos cambios, sin embargo, se observan en muchas de las casas del centro de la ciudad: de la Calzada de los Maestros al Eje Central, de Tlatelolco a Av. Juárez, que es todo lo que caminé.

Un viaje originalmente planeado para asistir a una exposición que realmente no me aportó mucho, terminó siendo la celebración de mis bodas de oro con la ciudad en la que definí quién soy y qué hago. La ciudad en la que el azar, ese tan caprichoso azar, me llevó a encontrar al paisano, vecino de mi abuela y de mis amigas que sigue siendo la mejor y más querida experiencia de mi vida no familiar; la ciudad en la que viví las experiencias que me marcaron y me hicieron despertar duramente a la realidad de este país.

Me reconozco chilanga.

25 de julio: Bodas de oro con la Ciudad de México

Saturday, July 25th, 2015

El pretexto para el viaje era asistir a la exposición “Leonardo y Miguel Angel”, en Bellas Artes. Muy anunciada, muy concurrida, con muchas limitantes para los deseosos de admirar a estos artistas. Desde que la anunciaron, el plan era estar en Ciudad de México en este fin de semana. Entre otras cosas, porque preveía trabajo en un curso para el mes de agosto. Luego, Marychuy y familia anunciaron que estarían también en estas fechas. Judith vendría en agosto. Decidí ir del 22 al 24 para, además, recorrer los barrios de mis recuerdos en la ciudad que me abrió los brazos hace 50 años.

Casi coincidimos Marychuy y yo en la llegada al hotel Plaza Revolución, a unas cuantas cuadras del monumento y casi en la esquina de las avenidas Reforma y Juárez. Apenas instaladas, decidimos salir a comer algo para luego ir a ver lo de los boletos de acceso a la expo. De camino al hotel, desde la Central de Autobuses del Norte y viajando en metro, como siempre, pude ver el deterioro de la avenida Puente de Alvarado. Llena de puestos de todo tipo de comercio, mayormente comida, al punto de ocultar completamente la entrada del Templo de San Hipólito, que está en un nivel más bajo que la banqueta. Muchas suciedad y mucha prostitución a plena luz del día.

Decidimos comer en un Toks cercano, para luego caminar hasta Bellas Artes. De paso, le mostré la esquina donde estuvo Larín, anexa a los departamentos a los que llegué a vivir antes de cumplir los 16 años, sobre Puente de Alvarado. A través de la puerta entreabierta, percibí la especie de vecindad que construyeron en su lugar. El jardín del Panteón de San Fernando está descuidado y sucio, como toda la zona. Cruzamos por la Alameda Central, donde un contingente de granaderos estaban a la expectativa de las acciones de un grupo de unos 50 manifestantes del PT en el Hemiciclo a Juárez.

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En Bellas Artes ya no había venta de boletos, aunque los revendedores tratan de engañar a la gente, ofreciendo algunos sin advertir que los boletos se venden solamente para el mismo día y tienen ya una hora asignada, que ni siquiera es seleccionada por el cliente y que solamente depende del orden de llegada en la fila. Los que se compran por Ticket Master son para el mismo día y exclusivamente para ingresar a las 7 P.M. Tuvimos que preguntar a tres de los policías asignados al espacio, para saber que:
1) La venta de boletos inicia a las 8:30 A.M., pero la fila se forma desde antes de las 8:00 A.M.
2) Solamente ingresa una persona y no puede comprar más de cinco boletos.
3) En la fila que inicia en la puerta principal y  progresa hacia la izquiera del edificio se forman los “regulares”. Cuesta 46 pesos por persona.
4) En la puerta situada al lado derecho del edificio se forman dos filas: una a la izquierda,  para tercera edad y minusválidos, y una a la derecha para maestros y alumnos. Las credenciales deben estar vigentes, en cualquiera de los casos. Es gratuito. Y sí: un adulto mayor puede obtener los de sus acompañantes maestros o alumnos, y viceversa, portando las credenciales respectivas.

Regresamos al hotel al que recién llegaban los Ricardos, marido e hijo de Marychuy, desde Veracruz. Salimos a encontrar a David Fernández en la Librería El Péndulo, un lugar muy agradable para cenar y tomar café y para que se nos antoje tener mucho dinero para gastar en libros, películas y unas cuantas cosas más. Llovió, pero eso refrescó la tarde.

El jueves salimos a las 7:30 A.M a comprar los boletos para ingresar a Bellas Artes, con apenas un café del Oxxo. La fila menos larga era, por supuesto, la de tercera edad y minusválidos. Me formé ahí, con las credenciales de todos, esperando que accedieran a venderlos. Y así fue. De cualquier manera, Ricardo se había formado en la de maestros, por si las dudas. La de los regulares ya daba vuelta completa al edificio. Cuando llegué a la ventanilla eran casi las 9 A.M. y me darían los boletos para ingresar inmediatamente. Propuse que me los dieran para las 11 A.M. “No se puede” dijo el empleado., mientras veía nuestras credenciales. “¿Vienen desde Tijuana para ver esto?”, preguntó. Y añadió: “Se los daré para las 11, pero no lo comente con nadie”. Tendríamos tiempo para almorzar en el Sanborns de “Los Azulejos”, que era el plan. Bello e histórico edificio cuyo restaurante está repleto después de las 10 A.M.

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Y luego, caminar por el centro, hasta que dieran las 11. En contraste con Puente de Alvarado, las avenidas Reforma, Juárez y Madero están muy cuidadas. Ningún tipo de indigente, por lo menos a esas horas. Madero es totalmente peatonal, y está repleta de comercios bien establecidos. El Zócalo es “Territorio Slim”, como casi toda la avenida Madero.

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Y luego el Mercado de Jamaica (para mis conjuros próximos) y el de peces, en Mixhiuca.

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Regresamos al centro de la ciudad, en principio hacia el mercado de San Juan, para comer, pero se atravesó una especie de restaurante cantina justo en donde comienza la zona de cafés y restaurantes de chinos, en la calle de Dolores. Y de ahí a comprar café a Villarías, recorrer la calle de Ayuntamiento recién bañadita en una bella tarde, y caminar hasta el Monumento a la Revolución, cuyo entorno frontal muestra a los jóvenes en actividades de danza y juego, mientras que en su parte posterior aloja al plantón de los maestros de la CNTE. Subimos al mirador y al terminar el recorrido nos sorprendió la lluvia.
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Un día que terminó a las 8 P.M. 12 horas de caminar y de recuperar mi esencia chilanga.

¿La expo? Fue lo de menos: unas cuantas obras de Miguel Angel y otras tantas de arte mexicano inspiradas en ellas. Fotos de la Capilla Sixtina y una réplica de La Piedad. Y soamente un salón con agunos de los bocetos de Leonardo y algunas citas de sus escritos. Ni siquiera había una selección interesante de souvenirs. Adentro no se pueden tomar fotos. La gente entra en grupos, en recorridos de aproximadamente 45 minutos. Afuera hay algunos audiovisuales.

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