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4 de mayo: sueño del mediodía

Monday, May 4th, 2020

Una anciana (mayor que yo, como las ancianas que veía en los pueblos cuando yo era niña) vendía galletas en la entrada de su casa, dispuestas ya en bolsitas. Pregunté cuánto costaban.

La bolsa pequeña, con 4 galletas, vale 10 pesos, dijo. Tomé una de las bolsas y pagué con una moneda; parecían galletas de alguna mezcla con piloncillo, tal vez, porque eran oscuras, y tenían trocitos de almendra o cacahuate.

¿Están las cuatro?, preguntó sonriente. Sí, dije. Pero en realidad eran cinco. Volví a mirarla y confesé que había cinco galletas en la bolsa. Sonrió guiñando un ojo. Es decir, sabía que eran cinco pero esperaba mi reacción. Sonreí también.

Ya en mi casa, me esforzaba por leer, sentada en un cojín. De pronto caí en cuenta de que ¡mis anteojos no tenían cristales! ¿Cuánto tiempo llevaba esforzándome en leer y sin distinguir el texto completo? ¡Y el cansancio! ¿Tal vez por eso me dolía la cabeza? Busqué unas buenas antiparras, unas que me permitieran ver los detalles que había estado dejando a un lado, sin siquiera reconocerlos. Desperté.

Había dormido casi una hora. Durante ese sueño del mediodía, por demás insólito, mi presión arterial subió para alcanzar los 120/65. Tenía apetito y el pequeño, pero molesto, dolor de cabeza había desaparecido ; en realidad no sé cuál de las dos sensaciones reconocí primero.

Preparé una crema de tomate y un queso fundido con rajas de chile poblano, y cerré con un café turco acompañado de un trozo de cheesecake de mamey, del que preparé ayer. El skyline dibujado en el interior de la taza, por los rastros del café, contrastaba con la nítida espiral que dejó un café semejante la semana anterior. Las curvas y las áreas que encierran, semejantes a distribuciones de probabilidad queriendo ser normales en tiempos de crisis.

Skyline 1
Skyline 2

Interesante lo que uno puede imaginar viendo las manchas. Haré el experimento, en Facebook : ¿Qué observa cada uno en estas imágenes? ¿Qué les sugiere? Yo, por ejemplo, lo primero que vi fue en mano alzada, con el puño cerrado, saliendo del monstruo con dos ojos, muy semejante a ésta, regalo de un amigo jesuita.

Regalo de Mario Cisneros S. J.

En la segunda, casi puedo imaginar una última cena. O varios niveles del inframundo.

Recogí la cocina, me senté a observar a través de la ventana, hacia mi jardincito. Una ventana florida. Recordé « El carro del sol »/« Canción veneciana » que cantaba mi abuela. Esta vez no lloré, nomás di gracias por todo lo que representa.

La vista de mi pequeño jardín

La presión no ha vuelto a bajar, pero sigo en reposo. Hace mucho calor y el cielo cubierto de nubes provoca, en parte, mi malestar. La lluvia que se anunciaba desde la semana pasada se ha ido posponiendo día con día. Viento con tierra es lo único que llega al patio y entra por las ventanas.

Tenemos un apagón, en este momento, para cerrar el día y este recuento.

2 de mayo: cristales rotos

Saturday, May 2nd, 2020

Hay días en que despierto con la sensación de que mi interior, la caja que contiene a mi corazón, está hecha de cristal y se ha roto en mil pedazos. Los trozos, las astillas, apuntan en todas direcciones y lastiman con cualquier movimiento, intencionado o no.

Entonces hay que guardar la calma, ocuparme en lavar con jabón cada uno de los jitomates, los limones, las manzanas, los plátanos, los duraznos y todo lo que ha llegado del Mercado, como cada sábado de esta cuarentena.

La pequeña rutina funciona por un rato. Luego regresa la opresión en el pecho y las afiladas puntas hacen que brote agua de mis ojos. Ahora desinfectemos las fresas, el perejil y el cilantro. Y sequemos cada cosa para guardarla debidamente. Una y otra vez, concentrando la energía en el trabajo manual, sin darle tiempo al cerebro para que se distraiga en sensaciones.

Las naranjas, las cebollas, los aguacates están, ya limpios, en la canasta de las frutas; la harina, el azúcar, las lentejas y las grasas para la panadería casera están en sus respectivos contenedores.

El congelador, en esta necesidad de hacer que quepan ahí las almejas y los filetes de pescado, al lado de las carnes, las preparaciones de salsas y aderezos, me tenía una sorpresa: un buen trozo de queso brie que alguna vez guardé y había olvidado por completo.

Hora de comer, dijo mi estómago, sin hacer caso de mis quebrantos. No fue complicado: había caldo tlalpeño que preparé ayer y que dio para dos comidas, agregué laminitas de queso brie sobre bolillo con mantequilla y media copa de vino blanco; el postre consistió en medio mamey, con cuchara, directamente de su envase natural. El colibrí verde como tus ojos vino a hacerme compañía, como lo hace en cada comida.

Entre la alimentación y el reposo de ayer y hoy estoy casi recuperada de la muy sensible baja en mis niveles de glucosa y presión arterial. Hasta dormí ocho hora seguidas; no he tenido ya sensación de vértigo, ni manos heladas o ansiedad. Ahora hay que restaurar un poquito el interior, al menos lo suficiente como para que no me deshidrate perdiendo líquido por los ojos.

Sin embargo, reconozco que es una buena señal: sigo viva y, conmigo, cada imagen, cada conversación, cada experiencia, cada mirada y cada sonrisa. Y las travesuras y bromas, por supuesto. Al reconocerlo es cuando llega el alivio y puedo, al fin, suspirar hondamente, sin dolor.

Mañana es 3 de mayo, día de los albañiles, como nosotros. Celebraremos.

 

 

3 de enero: Esperanza y fe

Thursday, January 3rd, 2019

Fue mi primera ida al centro de la ciudad después de un par de meses, por lo menos.

En el Descargue Estrella realicé mis compras, las previstas y algunos antojos imprevistos,  y luego me acerqué a una sencillísima birriería. Mientras esperaba que el taquero y su mujer, cualquiera de los dos, escuchara mi pedido de dos tacos, sentí una mano dándome una ligera palmada en la espalda. Volteé a mi lado izquierdo para encontrar la cara risueña de una chiquilla, con algunas pecas y unos dientecillos más torcidos que los míos. Cómpreme una bolsita de té de limón por diez pesos, dijo muy amistosamente. Le ofrecí un taco, como respuesta; lo pensó y aceptó. Hasta entonces le pagué la única bolsita que traía en su mano, con tres manojitos de té de zacate limón como el que mi abuela cultivaba en su jardín para prepararnos bebidas confortantes. Dijo, sin embargo, que “allá” todavía tenía mucho más para vender.

Por fin, la mujer del taquero se acercó para tomar mi orden: dos tacos para mí y uno para la niña, pedí. Antes le había preguntado si quería algo más y había negado con la cabeza. Lo que quería era conversar, definitivamente, y me eligió a mí, lo cual no es poco honor.

¿Eres de aquí?, preguntó. Le respondí que no, que soy de Tepic pero que hace un rato que vivo en León. Pregunté a mi vez y dijo que es de Don Francisco, un pueblo o rancho cerca de San Miguel de Allende. Luego, respondiendo a mis preguntas, dijo que vive con sus padres y que ellos cultivan las plantas que luego traen para vender a este mercado, en forma de tés y otras hierbas; viene y regresa con ellos a su pueblo. El lunes hay que estar en la escuela, aseguró.

Hablamos de la familia: yo conté que somos seis y que soy la mayor; ella me dijo que son siete, que la mayor es una niña (sic) de 16 y que ella es la cuarta, tiene ocho años; son cinco niñas y dos niños. Una chiquilla muy desenvuelta, muy abierta, muy honesta; recargaba ligeramente su cuerpo sobre su brazo izquierdo mientras conversaba.

Le pregunté por la escuela: sabe leer bien, dice, y no lo dudo porque se ven las chispas titilando a través de su mirada. Las miradas no se fingen a esa edad. Le gusta la escuela, va en segundo año y quiere estudiar “la secu” y convertirse en maestra. Comenté que yo soy maestra y me hizo detallarle mi trabajo y mi recorrido, si estoy de vacaciones y cómo trabajo. En su escuela, dijo, tienen biblioteca, buenos maestros y conexión a Internet. Una niña satisfecha, contenta, es algo muy precioso en estos tiempos.

Había comido su taco con lentitud, alargando la conversación (había desayunado con sus padres), pero en ese punto se levantó sin haber terminado lo que le sirvieron, dio las gracias y se fue.

Regresé a mi casa, animada por lo que representa una chiquilla que sabe lo que quiere a una edad en la que yo (creo) iba a la escuela porque me hubiera aburrido mortalmente dentro de mi casa.

Mis compras, incluido el té de limón:

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25 de diciembre: y fue Navidad

Friday, December 25th, 2015

No es la primera vez que nos encontramos en lugares distantes en estas celebraciones. Cierto, en los últimos seis o siete años estuvimos juntos, ya fuera en algún lado de las Californias o aquí, en casa. Esta vez tenemos una diferencia de 15 horas, lo cual no impide que compartamos gracias a las maravillas de la tecnología. Hasta me hizo llegar un regalo que fue entregado al medio día del 24, con los servicios de Amazon y FedEx: una máquina de hacer palomitas con aire caliente, misma que estrené por la tarde preparándome para una tarde de películas que terminó con un maratón de The Big Bang Theory.

Mientras subía a Instagram un videito mostrando el regalo y la nota de Pako al ritmo de “Crazy Little Thing Called Love” (escuchaba Queen desde antes de que llegara el paquete) uno de mis amiguitos alados entró a la casa y quedó suspendido frente a mí por unos instantes, luego intentó libar de la nochebuena antes de salir volando rumbo al parque. Me emocionó y me hizo feliz.

Al medio día vino Angélica a comer y conversar. Me trajo galletas, mermelada y chongos, todo hecho por ella misma. Conversamos más de lo que comimos y compartimos nuestras historias. Lloré, lo cual no es una sorpresa.

Las palomitas, “Les quatre cents coups”, “The Big Bang Theory” y la luna llena. Tomé varías fotos de la bella en una noche muy clara en la que las estrellas eran perfectamente visibles. El barrio estaba en absoluta calma, y así permaneció hasta alrededor de las once de la noche en que comenzaron a tronar cuetes.


Le pedí a la luna dos cosas antes de irme a dormir.  La primera es la petición que hago, y por la que trabajo, todas las noches desde hace un poco más de 36 años: el bienestar de mi hijo, en todos los sentidos. La otra es también permanente: soñar y conversar mientras sueño. A veces lo logro y es maravilloso. Pero me queda claro que hay saltos que todavía no puedo dar, por la razón que sea. Miedos, tal vez.

Me dormí casi cuando comenzaron a tronar los cuetes, provista de tapones para los oídos. Durante el sueño hubo tres momentos en los que deliberadamente decidí permanecer pegada a mi cuerpo físico. Cada momento estuvo precedido de un ligero desprendimiento del que era absolutamente consciente, y entonces decidía “reintegrarme”. Todo quedó grabado en mi memoria.

Hacia las cinco de la mañana me despertó un olor a quemado que no podía identificar. Me levanté e inspeccioné la casa para descartar cualquier riesgo. Era la atmósfera de la ciudad, cargada de los residuos producidos por la quema de cuetes y cualquier otra cosa que  la gente utilice para “celebrar” las fiestas.  Traté de dormir otro rato, pero el olor y los residuos terminaron por lastimar mi garganta y afectar mi nariz. El olor persiste.

El día transcurrió entre felicitaciones a través de las redes, fotos compartidas con mi hijo, comer cada que tenía hambre, preparar la masa para las galletas que me compartió mi amá y, por fin, podar y limpiar mis plantas. La casa está ahora relativamente en orden. Y las galletas será lo primero que haga mañana por la mañana. Pero la batería se me agotó y planeo dormirme temprano, después de conversar un poquito con mi hijo pata de perro.

Ha sido bueno y, en lo general, estoy contenta.

 

9 de noviembre: terminó la gripe

Sunday, November 9th, 2014

Terminó una semana de gripe fuerte, producto de un descuido y de no atenderme a tiempo. El domingo pasado, estuvimos  en Guanajuato mi amiga Alma Rosa y yo cerrando  la conmemoración del día de muertos en Casa Cuatro, presenciando Poética Muerte de Theatron Ensamble, al que fui invitada por su director, Hugo Almanza. Antes había estado en casa de Angélica en un agradable convivio en el que disfrutamos de una variedad de platos de la temporada, incluyendo pan de anís con cajeta de camote que son típicos de Guanajuato. Eso llegamos buscando Alma Rosa y yo, justo antes de que comenzaran a levantar los tapetes de aserrín de colores dispuestos en la calle principal del centro, y de que levantaran también los puestos de pan, cajeta y figuras de azúcar.

Tapetes de aserrín de colores

Tapetes de aserrín de colores

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La puesta en escena de Poética Muerte tuvo lugar en la terraza de Casa Cuatro. Muy bella la vista al caer la noche, pero un viento helado. Los 50 minutos que duró el evento se pasaron volando por la calidad del trabajo actoral y por los textos. Pero fueron 50 minutos en los que mi incipiente gripe terminó por declararse irremisiblemente.

Guanajuato desde la terraza de Casa Cuatro

Guanajuato desde la terraza de Casa Cuatro

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La semana transcurrió entre la cama y mi cuarto de trabajo, para terminar los pendientes del proyecto con al SEG y apoyar  a Noel con su concurso de mate. Afortunadamente disfruto de la soledad  y hay suficiente comida en el refrigerador como para que no tenga que salir, pero estar encerrada por obligación lo hace aburrido a ratos. Entre otras cosas, no pude asistir a ninguno de los actos de protesta de la semana.

El sábado salí, por fin, para asistir  y apoyar al concurso de matemáticas. Un gusto encontrar amigos, ex colegas y ex alumnos  y conocer en vivo a Luis Fernando, además de reencontrar a una docena de ex alumnas del Colegio del Bosque, ahora estudiantes del Tec. Y luego regresar a casa para tratar de atender algunas de las ponencias en el Congreso Virtual de Educación en el que fui invitada a participar como ponente.

Detalles previos me decían que debía entrar tempano al sitio del Congreso para asegurarme de que mi presentación se desarrollaría sin contratiempos. Pero para eso está Murphy. Dado que en las interacciones de los días anteriores  nuestros horarios  coincidían y que mi presentación estaba prevista para las 3:00 P.M., entrar alrededor de las 2 P.M. para resolver los detalles de conectividad no era mala idea pero, cuando por fin pude tener acceso, recibí un comunicado de que llevaban 20 minutos esperando por mí. Resulta que en Perú tuvieron cambio de horario y no me enteré.

Entre mi hablar acelerado y que mi rollo original (lo que para mí es usualmente una ponencia) se había traducido a una presentación en Power Point, no fue difícil terminar a tiempo para el inicio de la siguiente conferencia, sin afectar a los participantes. Eso sí, solamente hubo una pregunta. Y luego mi garganta y yo pudimos descansar.

Hoy amanecí relajada y descansada. Sin prisas organicé mi día, hice mi mandado y me dispuse a volver a la casa de Angélica para la segunda parte del guateque. Una de las delicias es, por supuesto, la comida. En la ocasión anterior había probado un delicioso kepe charola, preparado por una amiga de Angélica que resultó ser la sobrina de la autora de mi libro de cocina libanesa, La cocina de Ventura. Una delicia. Esta vez nos llevó pastel de berenjena y dedos de novia,  mmmmmmmmmm. Por su parte, hace una semana  Angélica preparó empanadas potosinas, desde cero, y nos explicó cómo hacerlas; esta vez eran unas gorditas de masa quebrada mezclada con salsa de chile, rellenas de queso y carne. Deliciosas. Y a todo eso se agregan, en cada ocasión, las aportaciones del resto de los asistentes. Vino, agua de Jamaica, café, pasteles, ensaladas,…

La otra delicia es la compañía y las conversaciones. Además de los mencionados, en esta segunda sesión estuvieron Lirio Garduño y su esposo, Laura Lozano y su esposo, Leopoldo, Malú Cortes (quien nos  describió muy bien a través de la numerología, por turnos), Martha Margarita, y, atendiéndonos excelentemente, el joven hijo de Angélica. Gente que se dedica a escribir, a editar, a producir, a la música. Esta otra vida es muy rica en esas interacciones. Nos faltaron Tanya González Frausto  y Toño Falcón y Ada, lo cual dará lugar, seguramente, a un nuevo encuentro.

Entre la comida, la conversación y el buen ambiente, la gripe termino por desaparecer.  Y ahora a descansar, porque seguramente la semana va a estar movidita con asunto de trabajo.

11 de julio: y el aguacero estuvo tupido

Friday, July 11th, 2014

El problema es que, entonces, la señora Silvia no puede irse a su trabajo en el Rincón Gaucho, y se le antoja estar cerca de lo que yo esté haciendo, observando. Y me friqueo. O hace preguntas que no me interesa responder.Por lo mismo terminé comiendo encima de la máquina de coser: rebanadas de pan integral, quesos, prosciuto. Igual se asoma y sonríe, mientras trato de dejar claro que estoy ocupada. Y de hecho estaba en una conversación con uno de mis ex alumnos de la prepa de la Ibero Tijuana, sobre los sucesos en Gaza.

Antes estuve conversando con Magui Saucedo, vía FaceTime, mientras la señora hacía como que ordenaba mi cuarto, tratando de enterarse de mi conversación y del uso del iPad. Lo grave fue que en cuanto se dio cuenta de que ya no hablábamos vino a hacerme “una pregunta personal sobre su vida privada”. Voltee a verla con cara de WHAT? realmente sorprendida de semejante atrevimiento. En esta casa uno puede confesarse en las redes nomás porque quiere compartir lo que se le ocurre (como todo mundo sabe), pero nunca pregunta cuestiones “personales”.

Como ella no se da por aludida, ni siquiera esperó respuesta. Espetó: “¿cómo supo que su menopausia comenzó? ¿Qué sentía? ¿Qué signos había?” Y pasa, sin respiro, a contarme sus síntomas, con detalle.

Respondí algo que es cierto: yo me declaré en menopausia a los 45 años porque dije que era tiempo. Y terminé con una muy breve respuesta a sus dudas: no tuve padecimientos; cualquier cosa que note, vaya con su médico y seguro él o ella le explicará, porque supongo que eso varía con cada persona.

Y luego cerré mis oídos, aunque percibía que seguía explicando. Por fin se bajó a comer y en ese momento comenzó el aguacero. Decidí que lo más seguro era quedarme en mi cuarto de trabajo y no bajar a comer en forma.

Ya se fue, ya puedo deambular con tranquilidad por mi casa y comer en paz.

2 de octubre: variopinto

Wednesday, October 2nd, 2013

Mucho recordar a través de posts, fotos, videos, películas completas compartidas en las redes. La desvergÜenza de El Universal Online de compartir la primera página del diario con fecha 3 de septiembre, presumiendo su cobertura del movimiento, utilizando todo el lenguaje y los mensajes del gobierno en sus notas.  Terroristas, nos llamó.

El Universal 3 de octubre de 1968

Saber que las marchas programadas para la conmemoración verán la represión como “respuesta” a los desmanes de encapuchados que se hacen llamar anarquistas, y ni sabemos si lo son y que a lo mejor son justamente los provocadores que propiciarán el rito de sangre. Ocurre una y otra vez. Entre las patas se llevan a los que en un acto de conciencia ciudadana verdadera asisten al evento.

Por otro lado, saber, por los mensajes y las discusiones en Twitter, del orgullo de mi jijito porque su madre participó activamente en el movimiento. Y de su respuesta, a la  que se sumó Leo Aranda, a alguien que cuestiona la importancia de la fecha. Pako ha estado comprometido desde siempre, y sus amigos, como Leo, son también gente consciente. Y me gusta.

Mi remedio para pensar menos en todo lo que duele es … la cocina. Me fui al súper y al mercado a hacer las compras necesarias para la semana, y para preparar el chorizo estilo de mi casa, según la receta de mi amá. Por ahí de las dos de la tarde comencé con los preparativos y terminé alrededor de las cuatro. De paso hice un poco de carnitas y otro poco de mole negro, para mi comida. Me aseguré de tener lo necesario para un mole verde según la receta de la U. de Guadalajara (un mole muy ligero) y para unas tortitas de calabaza. Luego comí.

Entre una cosa y otra revisaba los mensajes en FB. Me di tiempo para poner una foto mía de mi ingreso a E.S.F.M. Eso, porque me preguntaban si yo estaba en alguna de las fotografías que muestran a grupos de jovencitas en las marchas. Y no, no estoy en ninguna foto. Muy reconocible, por otra parte, porque ni me ponía adornos en la cabeza, ni maquillaje ni mucho menos se me hubiera ocurrido ir con faldas a una marcha o mitin. Acabé poniendo una galería de cuatro fotos, comenzando con la que acababa de subir y terminando con una reciente. Mi mirada cambió ya de la primera a la segunda foto, por supuesto.

Pero también preparé materiales para mis clases de mañana y revisé tareas en línea. Con todo, el día se ha terminado. Y me siento agradecida con todos los que hoy compartieron conmigo.

15 de marzo: bienvenido el puente!

Friday, March 15th, 2013

Hacía falta un fin de semana largo para estar en casa. Aunque tengo planeados dos paseos, confío en que tendré tiempo suficiente para revisar tareas y descansar antes de los cuatro días de trabajo (y menos) previos a la Semana Santa.

La mañana del sábado seguramente iré a Guanajuato a comprar los dulces antojos de mi má, y a ver que hay en la Feria del Libro que anuncian ahí, y no mucho más. Y por la tarde revisaré tareas. El domingo iré a Aguascalientes a comprar algunos bordados para llevar de regalo. Es un viaje un poquito más largo pero planeo irme en autobús, comer algún antojo, bobear un rato y regresar temprano.

El lunes será de relajamiento total. Tal vez cortarme un poco las mechas, caminar sin prisa y organizar mi semana. Tengo trabajo pendiente y una reunión importante para el miércoles. Además, anuncié que el siguiente periodo escolar no estaré ya en el Colegio, y ahora toca ponerlo en limpio y conversar con los coordinadores para que vayan organizando el relevo. Y es que esta mañana sí me quedó claro el efecto de la manejada tempranera. En algún momento grité porque un imbecil se atravesó de lado a lado de la avenida, y comenzó a dolerme la cabeza. Con un par de detalles extra ya tenía la contractura del cuello!

Hoy tenía planeado ir a Sapica y aprovechar los masajes que promociona Betty Galván, pero Banamex me hizo perder el tiempo.  Eso y tener que regresar al Colegio para que me entregaran el cheque de este mes, porque por la mañana el contador “salió y quién sabe dónde ande” dijo molesta la señorita cajera (“no soy recepcionista” aseguró) que no conoce lo que es el espíritu de servicio, evidentemente. La misma falta de espíritu de servicio que exhibió el cajero de Banamex, diciéndome que “no se puede verificar al propietario de la cuenta antes de hacer el depósito”. Sí, claro: uno hace un depósito con el riesgo de que cualquiera se equivoque y el dinero vaya a parar a otra cuenta, ¿no? Y no es que todos los cajeros padezcan del mismo mal, porque en la misma sucursal del banco me han atendido muy bien en otras ocasiones. Tal vez era mal día.

Como sea, al regresar de mis vueltas pasé un buen rato dedicada a preparar mi comida vegetariana (comí carne por la mañana): sopa tarasca (de frijol negro) y capirotada. Eso sí es relajante. Y con lo frío del día sí se antojaban la sopa y el postre calientes.

La tarde no está para salir, así que chateo desde mi cama (como lo hacía en Playas), y me voy relajando para domirme temprano. De las cosas buenas: una breve conversación con Pako y unos mensajes de intercambio con mi má. Y ya es hora de cerrar todo!

22 de diciembre: Dos años en este blog!

Saturday, December 22nd, 2012

Y eso lo supe porque me mandaron una felicitación.

El primer año fue un post diario, recogiendo la experiencia de cada día. Unas más interesantes que otras, unas llenas de tripas, otras detallando mis idas al mercado. Era como una necesidad de hacer un balance al final del día para poder dormir tranquila. Muchas actividades, muchas emociones, y por eso había que organzar mi cabeza cada noche, de otra manera el despertar del día siguiente hubiera estado “contaminado” de las vivencias anteriores.

Pero este año fue distinto. No más correr y, aunque sigo teniendo muchas actividades, lo que hago no me produce tanta inquietud. De hecho no he vuelto a tener migrañas desde el mismo día en que decidí que renunciaba. Otras actividades me ocupan por el puro gusto y esto ha hecho que no necesite esas sesiones de vaciar mi pensamiento.

Mientras, vuelvo a mi otro blog para reflexionar sobre lo que he observado este semestre acerca de las dificultades de los alumnos con matemáticas, o las problemáticas que encuentro en los lugares en los que trabajo algunas horas. Y me involucro en otros aprendizajes, poco a poco.

Pako me regaló una iPad y estoy explorando los usos didácticos de juegos y aplicaciones. Hoy comencé a analizar Angry Birds, preparando las situaciones de aprendizaje para mis alumnas. Instalé y comencé a explorar Edmodo y descargué una buena docena de aplicaciones. Pero todo lo que de ahí resulte irá a Blogger.

La llegada de Pako es el anticipo de las fiestas: ir al mercado y comenzar a preparar los guisos para los tamales, pero también anticipar las comidas de estos días y preparar los aderezos, el coleslaw, las salsas, dejar listas las verduras para las ensaladas y el pollo para los tacos fritos que le gustan. Disfruto que esté en casa y dedicar mi tiempo a hacerlo sentir tranquilo, relajado. Claro que no pasa todo el tiempo aquí, porque también aprovecha para visitar a sus amigos y salir con ellos. Y yo hago lo propio.

Hoy me reuní con Maluyi y Luly, de mis excompañeras/amigas del Tec. Luly sigue trabajando en la Biblioteca, Maluyi vive en el D.F. desde hace algún tiempo. Fue un buen día.

Pero el ajetreo tiene consecuencias, y ya es tarde. Hora de descansar!