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3 de enero: Esperanza y fe

Thursday, January 3rd, 2019

Fue mi primera ida al centro de la ciudad después de un par de meses, por lo menos.

En el Descargue Estrella realicé mis compras, las previstas y algunos antojos imprevistos,  y luego me acerqué a una sencillísima birriería. Mientras esperaba que el taquero y su mujer, cualquiera de los dos, escuchara mi pedido de dos tacos, sentí una mano dándome una ligera palmada en la espalda. Volteé a mi lado izquierdo para encontrar la cara risueña de una chiquilla, con algunas pecas y unos dientecillos más torcidos que los míos. Cómpreme una bolsita de té de limón por diez pesos, dijo muy amistosamente. Le ofrecí un taco, como respuesta; lo pensó y aceptó. Hasta entonces le pagué la única bolsita que traía en su mano, con tres manojitos de té de zacate limón como el que mi abuela cultivaba en su jardín para prepararnos bebidas confortantes. Dijo, sin embargo, que “allá” todavía tenía mucho más para vender.

Por fin, la mujer del taquero se acercó para tomar mi orden: dos tacos para mí y uno para la niña, pedí. Antes le había preguntado si quería algo más y había negado con la cabeza. Lo que quería era conversar, definitivamente, y me eligió a mí, lo cual no es poco honor.

¿Eres de aquí?, preguntó. Le respondí que no, que soy de Tepic pero que hace un rato que vivo en León. Pregunté a mi vez y dijo que es de Don Francisco, un pueblo o rancho cerca de San Miguel de Allende. Luego, respondiendo a mis preguntas, dijo que vive con sus padres y que ellos cultivan las plantas que luego traen para vender a este mercado, en forma de tés y otras hierbas; viene y regresa con ellos a su pueblo. El lunes hay que estar en la escuela, aseguró.

Hablamos de la familia: yo conté que somos seis y que soy la mayor; ella me dijo que son siete, que la mayor es una niña (sic) de 16 y que ella es la cuarta, tiene ocho años; son cinco niñas y dos niños. Una chiquilla muy desenvuelta, muy abierta, muy honesta; recargaba ligeramente su cuerpo sobre su brazo izquierdo mientras conversaba.

Le pregunté por la escuela: sabe leer bien, dice, y no lo dudo porque se ven las chispas titilando a través de su mirada. Las miradas no se fingen a esa edad. Le gusta la escuela, va en segundo año y quiere estudiar “la secu” y convertirse en maestra. Comenté que yo soy maestra y me hizo detallarle mi trabajo y mi recorrido, si estoy de vacaciones y cómo trabajo. En su escuela, dijo, tienen biblioteca, buenos maestros y conexión a Internet. Una niña satisfecha, contenta, es algo muy precioso en estos tiempos.

Había comido su taco con lentitud, alargando la conversación (había desayunado con sus padres), pero en ese punto se levantó sin haber terminado lo que le sirvieron, dio las gracias y se fue.

Regresé a mi casa, animada por lo que representa una chiquilla que sabe lo que quiere a una edad en la que yo (creo) iba a la escuela porque me hubiera aburrido mortalmente dentro de mi casa.

Mis compras, incluido el té de limón:

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2 de abril: vuelta a la realidad

Tuesday, April 2nd, 2013

Regresamos de las vacaciones. Cinco días muy intensos de convivir con la familia y de manejar mucho. De León a Guadalajara a reunirme con mi hermano Manuel, el martes por la tarde, para asegurarnos de estar muy temprano en el aeropuerto y volar a Tijuana. Perdimos unos tres cuartos de hora en lo que Hertz me entregaba el carro que había reservado una semana antes y salimos encarrerados al cruce en Otay. Desde el avión había visto que los carriles estaban relativamente despejados, pero para cuando llegamos las filas habían crecido: dos horas para cruzar, sin problema, por la Ready Lane. Pero después de dejar el carro bien estacionado regresamos para cruzar caminando y tramitar el permiso de internación de mi hermano. Mientras Manuel hacía su trámite yo me fui al iHop a encontrarme con Dulce y Lorena que ya me esperaban. Fue una excelente tarde, hasta que ellas tuvieron que retirarse. En el ínterin llegó mi hermano y pudo conocerlas y participar de la conversación. Luego llego mi primo Pedro, a quien teníamos cincuenta años de no ver, y acordamos reunirnos en su casa al regreso.

Llegamos a Buena Park a tiempo para encontrarnos con la familia que festejaba el cumpleaños de mi sobrina Rocío en un Dennys. Ahí mi hermano reencontró a la familia que hacía 20 o más años que no veía, y conoció a los sobrinos. Una muy buena tarde que culminó con el pastel en la casa de Rocío. Primera desvelada! Pero la luna estaba hermosa.

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El jueves salimos a desayunar en familia, al pequeño aeropuerto de Fullerton. Y de ahí a visitar a mi tía Lola y mi primo Ramón, a quienes mi hermano no veía desde 35 años atrás. Comimos un delicioso bacalao a la vizcaína que tendré que ver cómo replicar, y pasamos una tarde muy padre. Mi má y yo dejamos a Manuel con su primo, para que se fueran de parranda y tomamos el camino de regreso a Buena Park, pasando por la tienda de delicias de los armenios. Terriblemente pesado el tráfico, lo que nos obligó a refugiarnos en el outlet mall de Citadell (pobres almas perdidas) y llegar a casa de mi hermana alrededor de las diez de la noche, casi al tiempo que llegaban los primos de su tour. Mi hermano y yo nos fuimos a nuestro hotel. Otra desvelada y el cansancio de la manejada comenzaba a sentirse.

El viernes iba a ser de desayuno familiar, pero es muy difícil coordinarse en esa familia en la que los tiempos de espera son variados y no los mismos para cada integrante. Mientras buscábamos un restaurante mexicano, llegamos a Fry’s. ¡Para mi hermano fue como entrar en una juguetería! Mi má y yo encontramos algunas cosas y luego decidimos desayunar ahí; mi hermano se nos unió y después  continuamos con las compras ahí mismo.  Llegamos a Buena Park y recogimos a mis sobrinas Jessy y Desi para ir al Block (otro outlet) para que mi hermano comprara sus encargos.

Fue una tarde muy divertida con la chiquilla (Desi) destrampadísima. Cantamos, nos reímos, comimos donas y, en el trayecto, mientras le seguíamos la onda a la niña, mi madre comenzó a componer rimas con la tonada de La Cucaracha. Supimos entonces que desde niña le gustaba hablar en verso, de manera que mi tía Cuca (su hermana mayor) llamaba a mi abuela para que viera a “la peloncita” ¡recitando a media sala! Para variar, nos perdimos como ya nos habíamos perdido por la mañana, buscando una calle inexistente que mi hermano había encontrado en Google. Llegamos a Buena Park como a las 10 P.M. muertos de cansancio pero muy divertidos. Y fue la tercera desvelada al hilo. Y el cansancio de un día de manejar.

 

Después del almuerzo del sábado, con media familia, mi primo recogió a mi hermano con la intención de llevarlo al beisbol. Mi má, mi hermana Nidia y yo hicimos compras necesarias en el mercadito, COSTCO y el mall de Santa Ana, donde comimos muy en paz. Después de tomarnos un café las dejé en casa de mi má y me fui al hotel. El cansancio era tal que comencé a tener pequeños accidentes, como partirme la lengua con una mordida. Y no podía permitirme tener un choque. Aunque no me dormí si descansé, hasta que llegó mi hermano  junto con mi tía y mi primo, y me levanté para saludar. ¡Estaba exhausta!

El domingo (Pascua que lo gringos sí celebran) nos reunimos para almorzar en El Torito, había buffet (ocurre cuando esperan gran afluencia), lo bueno fue que llegamos cuando abrían y conseguimos una mesa grande a pesar de no tener reservación. La familia de mi primo y parte de la nuestra. El almuerzo fue muy bueno y la conversación estuvo animada a ratos, aunque el ruido era tremendo y el ambiente se fue enviciando. Nos fuimos a conversar al frente de la casa de mi madre, donde me divertí con la chiquilla (Desi), enseñándole a volar un papalote y dejándola hacer “conjuros” sobre mí (me roció de agua, me sobó las manos, etc.). Mis parientes se fueron y quedamos la familia cercana, hasta que llegó la hora de despedirnos para regresar a Tijuana.

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Nos quedamos en San Ysidro un rato, conociendo a la familia de mi primo Pedro. Tarde nos fuimos a dormir en el primer hotel que encontramos, antes de cruzar a Tijuana. Otra desvelada. El domingo almorzamos muy bien en La Espadaña, de los restaurantes donde se come rico en Tijuana, antes de ir a entregar el carro y documentar nuestro equipaje. Llegamos a Guadalajara a las 3:30 P.M. y nos recogió Pako; dejamos a mi hermano en casa de sus hijos y fuimos a comer y platicar un rato. Pako también estaba muy cansado y desvelado de su viaje de trabajo a San Francisco. Me dejó en la Central de Autobuses. Llegué a León a las 11 de la noche, en calidad de bulto aporreado. Y todavía no acabo de recuperarme! Muchos desvelos y demasiadas horas manejando.

¡Lo bueno es que esta semana no hay clases en el Colegio!