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22 de marzo: recuerdo de la marcha del 8 de marzo

Sunday, March 22nd, 2020

Parece tan lejano en estos momentos y solamente han pasado dos semanas, precisamente. Lo escribí entonces y puse las fotos en un álbum de Flickr. En avalancha se vino el problema del Covid-19 y el mundo cambió. Aunque siguen vigentes las demandas, aunque no han parado los feminicidios, lo urgente en este momento es resguardarnos y ayudar a evitar la propagación; hacer conciencia entre los muchos que, al día de hoy, siguen yendo de paseo a playas y balnearios; a los que hacen fiestecitas privadas o en bares o siguen yendo a gimnasios y parques. Y silenciar a los conspiracionistas, los del “no pasa nada porque estamos curtidos”, etc.

Va el pequeño texto, y el enlace a las fotos.

Se sentían corderos dispuestos a morir, mártires lanzados a los leones en un coliseo pagano. Rodeaban los templos del centro de León, Guanajuato, por donde pasaba la marcha de las mujeres. Con sus pañuelos azules indicando su filiación pro vida, integrantes del catolicismo recalcitrante, rezando con los ojos cerrados, cantado “Viva Cristo Rey”, como debe ser en el lugar de origen de la cristiada. Seguramente se hubieran sentido realizados si alguien los hubiera agredido. A mí se me antojaba tomar a uno de la mano, jalando a toda la cadena enlazada por las manos, para jugar/cantar “a la víbora de la mar”. Solamente los grabé, porque tenía que documentar lo que me sigue pareciendo inconcebible.

Que éramos unas cinco mil, dice una nota de periódico; eran dos mil, dice otra. No sé. Pero si sé que nunca ninguna manifestación, convocada por cualquier colectivo, incluido Amnistía Internacional local, cualquiera que fuera a bandera, había convocado y hecho llegar a la Plaza Principal de León una marcha de semejante magnitud. El espacio abarrotado por miles de mujeres sin líder, sin templetes, sin oradores.

A mí me contactó una amiga:

¿Irás a la marcha?

Sí, respondí, ¿y tú?

Sí, pero llévame; nunca he ido a una, contestó.

Y procedimos a ponernos de acuerdo sobre el lugar para reunirnos, revisando la convocatoria a la marcha, las recomendaciones, etc.

Más tarde me comentó que un par de amigas comunes se uniría a nosotros. Y surgió un colectivo en torno a ellas, y un contingente. Así nomás. Y así fue que marché con ellas. Fue un privilegio compartir con ese contingente y con la pequeña activista de la que me declaré fan total. Cinco añitos y encabezando consignas, dictando modos de hacer pancartas y con su bote de aerosol rosa para decorar la manta del contingente, previamente al inicio de la marcha. El futuro visto de frente, y es un privilegio y un lujo haberlo visto florecer.

Compré lo necesario para hacer pancartas y busqué la manera de portarlas llevando las manos libres; me colgué el cargador solar para el celular, y la cámara Narrative. Manos libres significaba poder sacar mi botella de agua del backpack, y cualquier otro elemento de supervivencia y confort, y utilizar el celular para documentar y transmitir. Porté un pañuelo verde y uno morado. Mientras el contingente se formaba y la manta era pintada, una mujer de mis contactos en las redes pasó frente a nosotras, vestida en un “primorosamente floreado” vestido; me lanzó una mirada de desaprobación. Nada que me quite el sueño o el hambre, ciertamente.

Evento histórico. Haber estado ahí, compartiendo con mi hijo vía WhatsApp los detalles de la marcha, y a través de Facebook Live con quienes por cualquier razón no asistieron, es más de lo que podía yo esperar en este día.

Gracias a la vida por permitirme volver a participar activamente en un movimiento trascendente.