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1 de enero: con el viento a favor

Wednesday, January 1st, 2020

En mi blog de Blogger hice un recuento de lo acontecido en 2019 y de la manera en que comenzará este 2020, en términos académicos y de trabajo docente: Recuento 2019.

En este blog fui contando el detalle de las experiencias a lo largo del año con amigos, colegas, familia y, muy particularmente, con mi hijo. De los muchos regalos que recibo así nomás, por el privilegio de ser parte de comunidades fantásticas.

En ese sentido, para 2020 también están organizados una serie de encuentros/experiencias de los que disfruto anticipadamente:

Una estancia en la aldea Ojo de Cielo, muy cerca de Tepic, combinada con la visita a mi pueblo y a la casa de mi hermano, entre enero y febrero, una vez que concluya con los compromisos académicos ya previstos.

En mayo, presumiblemente, iré a Colombia en viaje de trabajo y, por supuesto, breve vacación.

Viaje a las Californias, en julio, para visitar brevemente a una parte de mi familia y extrañando la presencia de mi tía Lolita, y para asistir al Comic Con 2020. Esta vez llevaré conmigo a un chiquito de 10 años, hijo de un par de mis ex alumnos de la Ibero TJ.

Viaje a Tijuana/Rosarito, en agosto, porque mi madrina de micheladas me invitó a su boda y ¡es algo que no puedo perderme!! Nomás me falta comprar el vestido para la ocasión.

Pero también planeo una visita a CDMX, para ver la exposición de la obra de Da Vinci, en las primeras semanas del año, sin que pueda precisar fechas

Y, por supuesto, mis imprescindibles viajes a Tepic en mayo (23) y en septiembre (14).

Difícilmente me reuniré con mi escuincle durante este año, por lo que implica el cambio de trabajo y de residencia que tendrá en febrero. Una vez que se estabilice, que se integre, que defina su agenda de trabajo y comience a desarrollar sus nuevos proyectos, podremos comenzar a explorar posibilidades, aunque desde julio pasado el acuerdo era vernos en París en 2021. Mientras, seguimos compartiendo textos, películas y música. Y conversando por horas.

Eso es lo previsible, de momento. La realidad es que, alrededor de lo que yo organizo, el universo que me rodea decide darme sorpresas y me propone otras experiencias, algunas de ellas en mi entono muy cercano, y todo lo que necesito es dejarme fluir y disfrutarlas. Hay otras que nunca voy a aceptar, ciertamente, no importa cuántas veces se me ofrezcan y de qué manera se vistan.

En todo este proceso han ocurrido cambios en mí y en la gente que me rodea, como es normal. Nos alejamos de unos y nos acercamos a otros; dejamos de lado lo que no aporta nada positivo para centrarnos en lo que vale la pena para nosotros. No es de la noche a la mañana ni porque haya cambio de año o cambio de década o cualquier otro hito que nos inventemos. Es, solamente, seguir la ruta de nuestro crecimiento interior.

La primera hoja de mi calendario recuerda un diálogo en Star Wars Episode V: The Empire Strikes Back:

C-3PO: Sir, the possibility of successfully navigating an asteroid field is approximately 3,720 to 1!
Han Solo: Never tell me the odds!”

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So, vamos a navegar con viento a favor y a sortear lo que venga.

4 de diciembre: las últimas semanas de agosto

Tuesday, December 4th, 2018

Agosto terminó en paseos y compromisos de trabajo.

Antes, en Semana Santa, Janeth vino desde Tijuana a traerme la invitación para su boda, a realizarse en los viñedos cercanos a Ensenada. Llegó acompañada de su madre, su hermana, una alumnita del ballet, y su abuelo. Comimos, conversamos y reímos. Un verdadero gusto. Al día siguiente regresó, ella sola, para conversar sobre la vida, los recuerdos. Una ex alumna del último grupo que tuve a mi cargo en Tijuana, en el área de Comunicación, y que se convirtió en una muy querida amiga. Y que me trajera la invitación hasta acá fue un detalle muy de agradecer, así que en cuanto Volaris anunció sus ofertas, compré el pasaje redondo para asistir al evento.

Esta vez no crucé la frontera. En el aeropuerto renté un carro, porque no tenía idea de cómo llegar en camión al Glamping Ruta de Arte y Vino, donde sería la boda. Y fue un acierto. El Glamping, por su parte, fue una experiencia que no hubiera vivido de otra manera, aunque solamente pernocté ahí del viernes 24 al sábado 25, día de la boda.

La tarde del viernes, después de instalarme en uno de los campers, salí a buscar algo de comer porque en el campamento lo único disponible era café, y la cocina disponible para que cada uno cocinara a su gusto. Sobre el camino a Ensenada, en plena Ruta del Vino, encontré un Bistró al lado de un Oxxo. Me atendieron excelentemente: una botella de vino blanco de la región, frío y descorchado para mí, y una tabla de quesos en un recipiente para llevar. Otro acierto. Apenas unos minutos después de regresar al campamento, llegaron los novios y la familia de la novia. La merienda se volvió botana compartida en una deliciosa tertulia que terminó pasada la media noche asando salchichas en una fogata. Música, conversaciones, y sentirse realmente parte del grupo.

La mañana del sábado comenzó con una notificación de que había sido contratada para impartir una capacitación a docentes de primaria, en Juventino Rosas, Guanajuato, con dos sesiones presenciales al iniciar septiembre y unas 30 horas de trabajo en línea. No había mucha más información, pero el monto por ese trabajo ayudaba a cubrir los gastos del viaje. Acepté. Y fue otro acierto: me permitió conocer de cerca el proceso de la evaluación docente, la excelente disposición para el trabajo y las carencias de los profesores que me asignaron, y los teje manejes de empresas como la que me contrató, que no predican con el ejemplo, entre otras cosas. Un artículo está pendiente, documentado con todo lo que me fue indicado y proporcionado, y lo que no.

Almorzamos en comunidad, en el restaurante más recomendado de la región: La Cocina de Doña Estela. Me dijeron que había que llegar antes de las 10 A.M. y fue una sana recomendación. Para cuando terminamos el almuerzo, el exterior del local albergaba entre 100 y 150 personas esperando mesa. Mientras, se les ofrecían en venta productos de la región. Yo no disponía de mucho tiempo, de modo que llevé al campamento a algunos de los comensales del grupo, lo cual me permitió conocer más a fondo al novio, y de ahí salí rumbo a Tijuana para encontrarme con amigos antes de regresar a la boda. De paso, cambiarme de alojamiento y prepararme para el evento. Llegué al Glamping apenas a tiempo. Y fue una bella ceremonia civil. La luna llena apareció sobre los cerros durante la sesión de fotos (las cuales se encuentran en el portal del Glamping), con el atardecer en el lado opuesto del campamento. No me quedé al festejo con todos los invitados. La tertulia del día anterior fue mucho más significativa para mí, y estaba cansada.

El domingo temprano regresé a Tijuana, con una escala en Rosarito para almorzar en El Nido (tradicional) y caminar por la playa un buen rato. A las 6 de la tarde ya estaba hospedada en el Caesar’s, como siempre. Y volví a encontrar a mis amigas, incluida Dulce que estaba a pocos días de regresar a Bristol. Con ella y su mamá almorcé al día siguiente; y la tarde, en una de esas gratísimas casualidades, me permitió encontrar a Venecia en calidad de ángel de la guarda, escoltada por su caballero andante, quien me ayudó a resolver una pequeña crisis con la creación del grupo de WhatsApp que me indicaron que sería necesario para el trabajo con el grupo de docentes. La chamba daba inicio. Todavía pude desayunar, al día siguiente, con Jin-Ho y Michelle, en el muy agradable restaurante de la propia Michelle; Jin-Ho se hizo cargo, además, de resolver un entuerto con un paquete, y de llevarme al aeropuerto.

Llegar a León significó ponerme a trabajar, de lleno, en el curso que tendría a mi cargo; para comenzar, enviar toda la documentación requerida para el contrato, incluyendo el contrato firmado y escaneado; después del aseguramiento vino un taller en línea donde se nos dijo, a todos los facilitadores, de qué trataba la capacitación, quién estaba detrás del proyecto y cuáles eran las expectativas. Uno no se raja.

Y así llegamos a septiembre.

5 de marzo: rumiar

Saturday, March 10th, 2018

Pedazos de sueños, trozos de escritos, escenas de películas que nunca veo completas, sincronicidades, etc., tardan en organizarse en mi cabeza. Miles de piezas acumuladas sin orden a lo largo de los años y que de pronto se reúnen y organizan, como piezas de un enorme rompecabezas, para formar una imagen. Pueden pasar 42 años en este proceso, por ejemplo.

Hace unos meses soñé la fecha del 5 de marzo en varias ocasiones consecutivas; era como si la leyera en un calendario de oficina o en la pantalla de un reloj despertador, sin ninguna referencia adicional, ni siquiera la que sería obvia en mi caso. Escribí mis sueños, como siempre, y seguramente Facebook se encargará de recordármelo en algún momento.

Comencé marzo rumiando recuerdos y experiencias: alegrándome por tener a Pako, dándome cuenta de la forma en que la aceptación de un matrimonio “por compatibilidad de horarios” (el trabajo comenzaba a las 7 AM, y terminaba después de los periodos de estudios, pasadas las 10 PM; coincidíamos en el curso de francés, de 7 a 9 de la noche, cada día) definió/direccionó mi camino para bien y para mal. Agregué un comentario al álbum de fotos de ese día:

No aposté a nada; no necesitaba nada. Simplemente no encontré una razón para negarme. Tampoco surgió espontáneamente, sino como respuesta a las preguntas de los conocidos en CDMX (nadie en mi familia hubiera sugerido semejante cosa, y nadie lo aceptó gustoso; pero nunca nadie se opuso a mis decisiones).
A la gente (y lo acabo de constatar con las ex compañeras de secundaria, hace tres semanas) le parece que si uno sale con alguien durante un rato, el paso natural es el matrimonio. A eso respondió la pregunta (no propuesta en sentido de romance) de ¿Y si nos casamos?. Y no había razones lógicas para decir no.
No aposté a nada, no esperaba ganar nada y confié en que tampoco perdería; pero gané un güerejillo de ojos traviesos, cosido a mano y como por diseño. El amor de mi vida.
Algunos raspones en el juego, porque nada es gratis. Y un final prolongado que me hizo llegar tarde a mi juego perfecto.

Tornó en algo menos agradable; y sin embargo no fue mi peor experiencia. La deconstrucción de la segunda resulta en algo mucho más amargo, aunque haya sido la solución para el problema en turno: la seguridad emocional de mi hijo y, de paso, el aprendizaje que me hacia falta, según dijo su psicólogo. No se da lo bueno sin lo desagradable. Pero eso es otro trozo de vida por contar.

Instagram me trajo un trozo de texto: Siempre recuerda que el esfuerzo de alguien es un reflejo de su interés en ti.

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Sé que tuviste que caminar más de 20 veces del Casco a Tlatelolco para ahorrarte el pasaje del camión y poder juntar para invitarme al cine. O para ir a despedirme a la terminal de Omnibus de México cuando yo me iba a Tepic y tú te quedabas en CDMX. Eso dice tantas cosas.

Mi Tetris se organizó. Las piezas se acomodaron para dejarme ver la bella imagen. Escribí al calce: Y hasta ahora se me ocurre que tanta coincidencia en los camiones a Zacatenco desafían al cálculo de probabilidades.
Por eso y muchas cosas más … te sigo queriendo, como hace 51 años.
Y añadí que reconozco que soy muy despistada, muy tonta para darme cuenta de eso que, sin embargo, era un conocimiento sólido basado solamente en tu mirada.

Me ha tomado 42 años darme cuenta de que muchas coincidencias las provocaste tú.

Sears Lindavista, mis dos hermanas conmigo. Recuerdo hasta el top casi pañuelo, estampado en verde, atado a mi cuello y mi cintura, y algún pantalón de campana.
Nos entreteníamos revisando los casetes en un botadero. Levanté los ojos y te vi del otro lado del mismo, no más de un metro cuadrado entre nosotros.  No supe en qué momento llegaste y tardé unos segundos en darme cuenta de que estabas acompañado por una chica que, según mi recuerdo, llevaba un sombrero de sol.

Tu mirada hacia mí era elocuente: “que no me miras rodeado de flores, y nuevos amores me sabrán querer”. La canción la habías cantado completa aquel 31 de diciembre de 1969, y no sé si me sorprendió semejante mensaje o que fumaras y cantaras tocando la guitarra, evidenciando el trabajo de tu familia para convertirte en un “soltero deseable”, como si fuera necesario, para las jóvenes consideradas aceptables para ellos.

Para la charla en “Casa Cuatro”, en Guanajuato, hace unos meses, había seleccionado un texto de Lady Murasaki (CA. 978 – 1025): It wasn’t long before I repented of having distinguished myself. Even boys become unpopular if it’s discovered they are fond of their books. For a girl it’s worse. Eras el menor y tu madre tenía una idea muy clara de lo que era aceptable; así te transformaron en un soltero a modo, para casarte con quien habían decidido; yo crecí en otro entorno, en el que nadie me obligaba o manipulaba para que me comportara como lo que no era/soy. Duró muy poco su gusto, dice Raquel.

Vámonos, dije a mis hermanas, y salimos rápidamente. La única vez que el alacrán de los celos mordió mi corazón. Nada que reclamar.

Unas semanas antes un periódico de nuestro pueblo había publicado que habían pedido mi mano. En realidad solamente fue el anuncio del matrimonio civil a mis padres, notificado ya a los amigos más cercanos en invitaciones poco convencionales: la fecha fijada era el 5 de marzo. La nota del periódico no daba cuenta de las razones para llevarlo a cabo, obviamente.

Por eso los sueños de hace unas semanas, reiterativos, repitiendo esa fecha sin que apareciera cualquier otra referencia. Marcaba un cierre definitivo, o eso pareció.

Nos habíamos desencontrado unos tres años antes, después de cambiarme a vivir a Lindavista, perdiendo así los encuentros en el camión a Zacatenco -subías en la primera parada sobre Av. Politécnico y te quedabas de pie junto al par de asientos en los que viajaba acompañada; y supongo que te dabas cuenta del efecto.

Quedaron los encuentros a medio pasillo entre tú escuela y la mía, pero luego nos graduamos y también perdimos eso. Hasta ese encuentro en Sears, el último en el último lugar que compartíamos: la vida en este universo en el que permanezco de día, a ratos.

Apenas entendí que tantas coincidencias desafían el cálculo de probabilidades. Apenas entendí que aunque sí ocurrieron muchos muchos encuentros casuales, otros tantos los creaste tú para mí. Y de que te quiero, nomás así, lo tengo muy claro, aunque nunca haya sabido expresarlo.

Anoche, de casualidad, topé con una vieja película mexicana, “Azahares para tu boda”, y me atrapó la interpretación de “Un viejo amor” tocada en un organillo; la interpretación se repite una y otra vez. Llegué justo a la escena donde el galán pide permiso para visitar a la pretendida, pese a las objeciones de los padres por tratarse de un socialista (liberal, de izquierda, diríamos) y un soñador sin nada (material) para ofrecer. La negativa a que se casen los enamorados porque él se declara no creyente.

Lloré. Maldije cuando la vieja madre está muriendo y agradece a la hija, a la que le jodió la vida, por ser tan “buena”. Catarsis. Sentimientos nunca exteriorizados.

Dormí bien, amanecí llorando.

lorar en este dia

31 de diciembre: cambio de calendario

Wednesday, December 31st, 2014

Termina 2014. Para muchos efectos es solamente cambiar el calendario a media semana. El que todavía hoy cuelga de mi pared fue uno de los regalos de mi hijo, la Navidad de 2013. El nuevo lo compramos juntos, en la FIL de Guadalajara, hace casi un mes. Se trata, simplemente, de cambiar la decoración de la pared frente a mí y recordar escribir 15 en lugar de 14 en cualquier documento.

2014

2014

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Mi abuela

Mi abuela

Pero hoy es el cumpleaños de mi abuela Hilaria, la mujer de quien aprendí una gran parte de mi lenguaje cotidiano, mi primer ejemplo de mujer trabajadora, habilidosa, fuerte e independiente.

 

 

Una mujer con mucha sabiduría cuyos mimos, como los de mi amá, eran obras y no siempre palabras: las gorditas de asientos, el cafe que ella recogía de la planta y tostaba y molía, los tés curativos, las tardes de lluvia en las que nos contaba historias mientras nos repartía “ruido de uña” (cacahuates y pepitas), el vestido hecho a la medida en su máquina instalada bajo la bugambilia o tejido a gancho, y tantas otras cosas. Alegre, hoy estaría cantando desde temprano las viejas canciones de su juventud o escuchando a Lorenzo de Monteclaro. Por la noche, comenzaría la fiesta sacando a bailar a cualquiera de los mayores, reunidos en la tertulia de la familia extendida. Antes, habría preparado los tamales para compartir en la abundannte y variada cena informal que acostumbrábamos. Estaba a punto de cumplir 100 años cuando murió, en 1992. Muchas cosas aprendí de/con ella, muchas otras debí de haberlas aprendido.

 

Tu recuerdo   Es también el recuerdo de la Noche Vieja de 1970. Una canción, mi terquedad sheldoniana (entonces no tenía calificativo) de alegar sobre y rehusarme a lo que para mí no tiene sentido, sin dar cabida a lo que deseo.  Ese año debí terminarlo bailando y experimentando una cercanía que añoro.

Anoche vi Diario de una pasión, por si me hacía falta saber que en algunos momentos hay que dejar la racionalidad de lado.

 

 

 

 

Al mismo tiempo, al cambiar el calendario estaré dando inicio a un año lleno de posibilidades de trabajo, de viajes, de amistades, de nuevos proyectos. Lo que está surgiendo tiene un aspecto muy bueno. Estas dos semanas con mi hijo en casa, compartiendo proyectos y realidades, me proporcionan mucho material para tener la confianza en lo que el nuevo año traerá para nosotros; de entrada, la estancia de Pako es de lo mejor que traen estas fiestas.

Por otro lado, hay que prepararse para continuar en la exigencia de justicia y de legalidad en este país y para ayudar en donde y como se pueda a mejorar el nivel de educación y participación de las personas en las comunidades menos privilegiadas, comenzando en esta misma ciudad y colaborando de los amigos ya involucrados. Y ahí tenemos un montón de trabajo que, estoy segura, será muy disfrutable.

El año que termina ha sido rico en experiencias y aprendizajes y ha traído nuevos y valiosos amigos; la familia permanece, y ya eso es una bendición que hay que contar, entre tantas otras.

Por lo pronto mi lectura para este día es Desobediencia Civil, de Thoreau, uno de los dos textos que me quedaban por leer, de los que compramos en la FIL. Hoy no hay que cocinar, no hay prisas, no hay “tenemos que…”; solamente estar.