Archive for the ‘Guadalajara’ Tag

2 de septiembre: Relax con amigas y familia

Friday, September 2nd, 2016

Nada hay tan relajarte y gratificante como compartir el tiempo y los antojos con amigos y familia, personas que lo único que buscan es brindar su tiempo, sus recursos, su oído, sus risas y no esperan a cambio más que la compañía, por lo que dure, sin compromiso de ningún tipo.

Mi viaje programado para iniciar el martes por la tarde, en ruta al pueblo de mi hermano, Amatlán de Cañas, en Nayarit, en realidad tuvo su inicio formal en Guadalajara, en la Central vieja, donde me reuní con Dulce después de poco más de un año desde la visita a Ensenada, con la Lore y la Ninis, en un par de días de mar, sol y conversaciones.

Llegó hacia las 10:30, con una de sus hermanas, dos sobrinas, su papá y la mujer de él. Inmediatamente salimos para Chápala donde pasamos buena parte del día entre antojos, paseo y conversaciones; Dulce y yo de manera muy independiente del resto. Al regreso, nosotras dos seguimos hasta el punto de partida para recoger mi maletín mientras que la otra parte del grupo decidió bajarse antes para ir a Tlaquepaque. Hicimos lo propio ya con mi maletín en la mano.

Antes, mientras viajaba de León a Guadalajara, supe que a la Perla Tapatia había llegado Alejandra Chavez, desde Tijuana, con una amiga. “¿Dónde nos vemos?” fue lo primero que preguntamos. Casi igual que en mi viaje de mayo cuando la que llegaba a Guadalajara era Venecia, también desde Tijuana, también de vacaciones y también acompañada. La primera michelada de mi vida la apadrinó ella. Ambas, Alejandra y Venecia, son brillantes ingenieras egresadas de la Ibero Tijuana. Ambas fueron alumnas excepcionales, independientes, en busca de aprendizajes y no de calificaciones. A Venecia la conocí en el bachillerato como alumna de mis cursos de cálculo (para 5o. y 6o. semestres) en el grupo más dinámico, divertido y comprometido que haya conocido; luego, en los cursos de cálculo de la licenciatura. A Alejandra la conocí ya en la licenciatura, aunque son de diferentes generaciones. Con Alejandra acordamos vernos en Tlaquepaque.

Pero en Guadalajara trabaja Genie desde hace un par de años, otra ex alumna de ingeniería de la Ibero Tijuana. Como sus compañeras, brillante e independiente. A ella la recibí en el curso de Matemáticas I, primer semestre de bachillerato. En lugar de los materiales comunes para los estudiantes del curso, para ella busqué lecturas y materiales más avanzados dada su capacidad. Tuve la fortuna de reencontrarla en otros cursos, tanto en el bachillerato como en la licenciatura. Enterada de la reunión que se estaba armando anunció que se integraría al grupo en Tlaquepaque, al salir de trabajar. Significa atravesar la enorme ciudad en una de las horas de más intenso tránsito vehicular.

Con Genie nos quedamos a comprar dulces típicos y tomar café en la plaza de Tlaquepaque hasta que cayó la noche. Luego nos llevó a nuestros respectivos hoteles.

En el ínterin otros ex alumnos y amigos de Tijuana y de cualquier parte del mundo donde conocen a alguna de las que integramos este grupo de vagabundeo y disfrute, sugirieron tips, trips y antojos; recibimos saludos, abrazos, buenas vibras y todo eso que hace que uno sane sin necesidad de otro tipo de medicina.

Tan eficiente y evidente es lo que esa carga de afecto hace en mi salud y ánimo que esta mañana, después de ver las muchas fotos compartidas en Instagram de un día fantástico, lleno de luz y alegrías, mi hijo tomó la sabia decisión de alejarse del barullo de Hyderabad, donde trabaja, para irse de fin de semana a la playa de Goa, aunque esté lloviendo: “necesito irme unos días”, dijo. Y lleva un celular que solamente funciona para WhatsApp y Messenger. Ninguna otra red, ninguna manera de que quienes no pertenecen a lo que él define como familia -ni todos los amigos ni toda la familia- interrumpan su descanso y meditación. Lo mejor es que lo aprendió a una edad mucho más temprana que yo.

NIeve de nuez, de papel

Con Dulce

Genie, Dulce y yo


Alejandra, yo, Dulce, Nydia

Ayer todavía compartí el almuerzo con Alejandra. Luego tomé el autobús con rumbo a Amatlán pero para descender en el pueblo anterior, San Marcos, donde mi hermano me recogió para comer en un restaurante cuyo menú resulta ser una lista de antojos a nuestro estilo, comenzando por el jocoque casero y la panela semi oreada que constituyen parte de la botana.

A punto de llover en Amatlán cuando llegamos, el clima era una delicia. La luz se apagó varias veces en todo el pueblo antes de que decidiéramos irnos a dormir. A las 5 A.M. me despertó la lluvia, el tañer de las campanas del templo y el calor: no había electricidad y el ventilador estaba apagado.

Por supuesto, no electricidad significa no conexión a la red excepto por la señal de Telcel cuya intensidad varía enormemente. También significa que no se puede recargar la batería del celular. Representó una oportunidad excelente para subir hasta el mirador y contemplar el pueblo en el fondo del pequeño valle y bajar para recorrer el malecón del arroyo antes de regresar a la casa. En el camino encontré nanches dulces y firmes, aguacates, tostadas raspadas, … y decidí que comeríamos ceviche de camarón. Mi cuñada está de viaje y mi sobrina y yo tomamos la cocina y el bar por nuestra cuenta.

Amatlán de Cañas, Nayarit 

Micheladas a cargo de Daniela 

Ceviche y caldo de camarón fresco


A esta hora la gente va regresando a atender los comercios después de la comida y la siesta. Y fue el mejor momento para registrar estas vivencias. Mañana tenemos comida en el rancho del suegro de mi sobrina; domingo o lunes o martes regresaré a mi casa.

No he hecho otra cosa que disfrutar de todo esto. Y no creo que valga la pena hacer otra cosa que esto.

30 de octubre: cansancio y gripe

Thursday, October 30th, 2014

Han sido tres días muy intensos. Y lo que falta.

El 27 por la noche tenía ya el plan de irme a Guadalajara a llevarle a Pako sus documentos para que viaje mañana a Mexicali, porque no me parecía sensato mandarlos por paquetería. De ahí me iría a Amatlán y a Tepic, para regresar el lunes o el martes. La SEG no había dado señales de que se llevaría a cabo la reunión que habían solicitado conmigo, para lo de PBL. Pero antier muy temprano se reportaron: la reunión sería a las 4 P.M. en sus oficinas. Noel y yo comimos mientras nos poníamos de acuerdo, sin anticipar mucho de qué se trataría. Yo había dicho que no apostaba nada y que lo que saliera era bueno. Y salió. Tres horas de reunión que terminaron con un proyecto redefinido y de ejecución inmediata, que deberá estar terminado completamente en enero.

Ayer me fui a Guadalajara muy temprano, sabiendo que tendría que regresar a León por la tarde para poder comenzar a trabajar hoy. Porque en el curso de la reunión fui esbozando detalles del diseño que se me iban ocurriendo para dar respuesta a las inquietudes de Dalila, mientras me daba cuenta de que no hay nada que podamos asummir en cuanto a lo que saben de PBL. Más bien hay que partir de que hay que explicitar todo lo que a mí me parece evidente.

Ir a Guadalajara y comer con Pako mientras nos ponemos al corriente en lo que cada uno trae entre manos, es siempre un placer. Para las 2:30 habíamos terminado lo importante, pero decidí esperar a ver si me reunía con mi sobrina Daniela para entregarle sus encargos, que han estado tres meses en la camioneta de Pako. Estuve tres horas en la Gran Plaza, y no fue posible que nos encontráramos. Pako me recogió a las 5:30 para llevarme a la Central de Autobuses, y llegué a mi casa a las 10 P.M. Con una ampolla en cada talón y completamente adolorida y con migraña.

Un Excedrin Migraña al salir de Gdl me permitió descansar un poco y relajarme en el camino. Suficiente para poder conversar con mi fantasma y recuperar la sonrisa que traía perdida en un reclamo. Otro Excedrin para dormirme en la madrugada 😦

Hoy reconstruimos el proyecto, por la mañana, y por la tarde me dediqué a poner por escrito y en gráfico los detalles importantes que salieron durante la reunión del martes. Subida en mi cama, todavía adolorida como resultado del viaje más un inicio de gripe de lo que no puedo culpar a nadie más que al estrés. Pero terminé el documento. Y mañana yo no tengo que ir a Guanajuato. Sigue esperar a lo que Noel traiga mañana de la reunión donde quedarán ya establecidas fechas, pagos, entregables, etc. Sabemos ya que iniciaremos las sesiones de trabajo con maestros  el 15 de noviembre, pero el 8 debo tener los materiales preparados para capacitar con ellos a Noel y Aurora, y de paso ponerlos a prueba. Excepto por el 21 y 22 que son los días del Congreso aquí en la ciudad, y que esperamos sean riquísimos en experiencias y colaboración, tenemos ocupados todos los sábados hasta enero, y entre semana estaremos retroalimentando en línea a los participantes. Y luego habrá que redactar todos los reportes. Claro que esperamos beneficios suficientes 😉

Por lo pronto el fin de semana es de convivios varios, incluyendo Poética de la muerte el domingo por la tarde en Guanajuato. Será un domingo rico en experiencias y comida.  Hasta pienso quedarme en Gto. para regresar el lunes temprano a León 🙂  Seguro que con eso voy a enfrentar la semana con mucho ánimo.

27 de octubre: Un muy buen día

Monday, October 27th, 2014

No sé exactamente cuál fue el sueño de anoche, pero hizo que este día me sintiera muy a tono con su luminosidad.

Después de los intermitentes apagones de anoche, que hacían sonar la alarma de la estufa y arrancar el motor del refri, me decidí a levantarme a desconectar todos los aparatos. Por eso no me dormí tan pronto como hubiera querido. Creo que la última vez que vi el reloj pasaba de las once.  Mientras el sueño llegaba, mi pensamiento voló a donde siempre; eso sí lo sé de cierto 🙂

Mi organismo no quiere saber de cambios de horario y, como no tengo obligación de salir de casa ni de cumplir con agendas, sigo despertando a la hora de siempre, que desde esta semana corresponde a las 5:30 A.M. Los pájaros están en la misma sintonía y cuando bajo por el primer café ya rondan esperando su ración de alpiste.

El café me lo tomo despacio mientras leo los titulares de los periódicos, en línea; checo los mensajes de correo, las notificaciones de Facebook y Twitter, y respondo lo que sea necesario. Después saludo a la comunidad y me retiro para organizarme.

Seleccioné la ropa sintiéndome contenta y atisbando la mañana llena de sol. Y así ha transcurrido. ¡Hasta conversé con doña Silvia mientras preparaba la comida! Porque seguir con el horario “regular” implica que tengo hambre a la hora de siempre, no a la que marca el reloj (que de por sí no acostumbro seguir). Tal vez a eso se refería el consejo de poner atención a los demás y sus necesidades.

Hace un rato me llamó Pako porque recordó que hace dos días lo desperté (como a medio día), y quería saber sí era urgente. Afortunadamente no. La conclusión de la breve conversación es que tal vez vaya yo a Guadalajara antes del viernes. Un viaje rápido, que podría alargar en función de los pendientes que se resuelvan de aquí a entonces.

Y hoy no hay juego de Serie Mundial. Los programas en los canales del cable están para llorar. El Jazz por la tarde de La Colmena Radio iba muy bien hasta que llegó el spot de Morena (aghhhh) que, afortunadamente duró poco y bastó con apagar el aparato momentáneamente.

Quedan como tres horas muy aprovechables para terminar un libro. Y a eso voy.

20 de mayo: Viaje a mi tierra

Tuesday, May 20th, 2014

Regresé de mi viaje a Amatlán. Comenzó porque me ofrecí a llevar a Pako de regreso a Guadalajara, para recortar tiempos, cuando vino a traer su camioneta y sus triques antes de irse a vivir por un rato al D.F.  Pero Pako tenía mucho que dejar arreglado de sus proyectos que seguirá monitoreando, esperando regresar a establecerse a Guadalajara, y necesitaba estar con su novia. Por mi parte, no hay mucho tiempo para vacaciones y tampoco muchos recursos monetarios, al mismo tiempo que la ida a Amatlán ofrece muchos atractivos: el campo, los antojos, la familia, los amigos, los paseos.

Llegamos a comer a Guadalajara, dejé a mi hijo en la oficina y enfilé rumbo a Ameca para seguir hacia Ahualulco de Mercado (tierra de mi abuelo materno), Etzatlán, San Marcos y Amatlán. Los paisajes, el clima, los árboles cargados de ciruelas todavía verdes, … el chiflido de los “aigres”.

Llegar al pueblo es integrarse a la vida de la comunidad, sin más trámite. Una de las cosas que me gustan es que la gente está muy bien enraizada. Muchos son emigrados, pero viven acá y mantienen sus costumbres. Se mueren y los traen de regreso, a donde pertenecen. No son ostentosos en modo alguno. Se organizan y comparten y se divierten jugando cartas, organizando reuniones para comer la variedad de platos que aportan, o las cubetas llenas de mangos de sus corrales, o los elotes recién cocidos, de su milpa. Ni los hombres ni las mujeres se visten “socialmente”. Es una maravilla sentirse libre para ser uno mismo.

Esa tarde fuimos a casa de Lupita, una amiga de mi hermano y su esposa, donde todas las tardes se reúnen a jugar cartas. Café, antojos y risas. Luego cayó un aguacero que agradecimos. Regresamos a la casa bajo la lluvia y yo descalza, recuperando sensaciones de mi infancia.

El sábado acompañé a mi hermano y dos de sus compañeros a Tepic. Iban a una reunión del Instituto Nacional Electoral, porque las elecciones municipales están en puerta. Mi cuñada se iría a Guadalajara a comprar algunas cosas. Mi plan era visitar a mi hermano Saúl y su esposa Cata. Salimos temprano y en el camino, a media sierra,  se tronó una llanta con una de las piedras de los deslaves provocados por la lluvia de la noche anterior. Piedras muy filosas que invaden la estrecha carretera que va de Amatlán a Ahuacatlán, en un camino lleno de curvas. La entrada por Ameca es mucho más plana y sin esas sorpresas. Poco más de una hora estuvimos detenidos, hasta que la llanta de refacción llegó.

A Tepic llegamos alrededor de las 9 :20 A.M. Había que cruzar la Alameda para ir al centro de la ciudad. De todas maneras, es la peregrinación obligada por/para mí.  Me senté en la banca de siempre y escribí una nota a mi ausente interlocutor. Estuve un rato y llamé a Saúl para preguntarle si estaba disponible. Iba saliendo al mercado de abastos, dijo, y se tardaría unas dos o tres horas. Nos comunicaríamos entonces para que pasara por mí o me fuera yo a su casa.

Almorcé, me puse al corriente en mis mensajes y decidí ir a buscar, otra vez, a mi amiga Raquel. El camino corto era recorrer la calle Morelia, que había evitado por casi 40 años. El Parque de la Madre, la “Secundaria Justo Sierra” (en la que estudiaron mis hermanos varones), la casa de Lupita Láscares (en remodelación), la casa que él reconstruyó y donde vivió (solo) hasta el último momento, para llegar a la calle Lerdo. Hacia la izquierda la casa de Raquel y luego la que fue de mi abuela María (paterna); hacia la derecha la escuela “Amado Nervo” donde mis hermanas y yo cursamos la primaria, frente a la que fue la academia de inglés de mi padre (que atendía por las tardes, después de su trabajo oficial), y luego el centro comercial de la ciudad.

Pregunté por Raquel a los vecinos, dado que la ocasión anterior no parecía que siguiera viviendo ahí. Una vecina me dijo que sí, pero que tenía que tocar fuerte y llamarla. En efecto, ahí estaba. Ella no me reconoció, a mí me costó trabajo asumir su deterioro. Empequeñecida físicamente, pero no en su afecto. Me dijo que cada que era su cumpleaños se acordaba del mío y ofrecía la misa por mí. Hay cosas que no recuerda, y es mejor. Pero sigue en tratamiento, con una ridícula pensión por orfandad cuando le negaron lo que le correspondía como hija única de sus padres. Tenía más de 30 años de no verla, y lo lamenté. Me contó de Lupita Láscares,  jubilada ya y que andaba de paseo en Europa; me contó de las Villalobos (Carmelita, que fue nuestra compañera, vive en Estados Unidos) y de Rosario Contreras de quien me dijo que vive en León. El resto de lo que queda de aquel grupo de amigas/compañeras de primaria y secundaria, parecen haberla excluido de cualquier actividad social. A mí me buscaron al iniciar el 2000 que para festejar que todas cumplíamos 50 años,  pero a Raquel (que vive en Tepic) no la contactaron. Yo no asistí porque no se me antoja convivir con gente que ha crecido de otras maneras y con otros estándares y preocupaciones. Con Raquel la amistad se prolongó a lo largo de todos los años que siguieron a la secundaria y conocí muy de cerca sus penas. No la busqué después de que me dio aquella noticia.

Después me fui al mercado, a llenarme los ojos de los colores de las frutas de mi pueblo y a buscar tejuino. Se me antojaba una torta del Flamingos pero había almorzado muy bien. Compré un par de bolsas huicholas y pomada de peyote en los puestos afuera del mercado. Entonces me llamó Manuel para decirme que ya era hora de regresar. Volví al Instituto Electoral y ahí me llegó el mensaje de Saúl, para vernos. Ya no hubo tiempo. Pero iré en la primera oportunidad.

Durante la jugada en casa de Lupita, esa tarde, se organizó la ida a El Salto (uno de los balnearios cercanos) para el día siguiente. Comunicación de boca en boca, el domingo éramos unas 40 personas a la sombra de los árboles disfrutando de un variopinto menú, con lo que cada quien decidió llevar. Tuvimos música de banda, nos refrescamos en las albercas llenadas por el arroyo, caminamos entre los árboles  del cerro, conversamos en grupos y me sentí muy relajada.

El lunes necesitaba estar sola. Me fui a caminar por la calzada que corre paralela al río y que se alimenta de los mantos sulfurosos que hay en Amatlán. Prudencio, el perrito de mi sobrina, fue mi compañero. Caminamos como 50 minutos tomando fotos de las flores, sentada a ratos en alguna piedra, antes de regresar. Mi hermano estaba en su consultorio, al lado de la casa, y mi cuñada en su trabajo. Me llené de la presencia de siempre, y me subí a la cama, como siempre. Cuando Manuel terminó su jornada, alrededor de las 3 P.M. fuimos a comer camarones y tuve un quiebre en público, al escuchar un pedazo de la canción. Mi hermano no dijo nada, la chica que nos atendía no supo qué hacer. Me controlé tanto como pude para terminar de comer. Pero el resto de la tarde lo pasé en aislamiento, leyendo un poco, y no fui a casa de Lupita.

Hoy tomé el camino de regreso. Al llegar a Guadalajara decidí continuar por la carretera libre a León, por los Altos de Jalisco. Solamente me detuve en San Julián a comprar algo de quesos. Poco menos de cinco horas de camino, pero llegué cansada y me dormí un rato.

Ya se acabó el día. Mañana Alma Rosa y yo iremos a la ópera, a ver/escuchar La Traviata. El viernes planeo ir a Celaya al Festival de Palabras al Viento y el sábado viene Martha Márquez, de regreso de San Luis Potosí rumbo a La Paz. Un fin de semana muy atractivo.

Me podría ir el domingo a Tepic para regresar el martes por la tarde, porque el miércoles 28 comienza el curso de verano en la universidad. Veremos si mi energía alcanza.

21 de diciembre: Mi viaje relámpago a Guadalajara

Friday, December 21st, 2012

Pues me fui a Guadalajara el jueves 20, o sea ayer. Tres horas de viaje para llegar allá a las 12 de mediodía y tomar un autobús urbano para acercarme al centro de la ciudad. Se trataba de ver a mi sobrina Daniela, quien mañana viaja a Los Ángeles, de modo que pudiera llevar unos encargos.

Hacía mucho que no iba al centro de la ciudad, pero recuerdo mucho sus calles y sus parques. Me gustó estar un rato recorriéndolo, aunque haya sido a paso veloz; tanto que mi almuerzo fue en un 7 Eleven, para no perder tiempo. Es una maravilla que vendan esos taquitos al vapor.

Después de los edificios emblemáticos, al dar la vuelta encontré una calle llena de jugueterías que venden al mayoreo pelotas de colores, muñecas, carritos, futbolitos, etc. Me sorprendió lo económico de los juguetes que ofrecían. Pasé varias calles antes de volver a preguntar por el Hospital Civil Nuevo. Primero me habían dicho que eran como siete cuadras, en ese momento me dijeron que eran un poco más. Pasé un mercado y llegué a la calle del Hospital, donde se encuentra la Escuela de Medicina y un hermoso parque que me recordó la Alameda de Tepic, en los tiempos en que sus jardines y veredas invitaban al paseo… y a la conversación con alguien especial.

Después de caminar alrededor de una hora llegué al Hospital que buscaba. Mi sobrina Daniela, quien hace trabajo voluntario con los chiquitos con cáncer, bajó a recibirme y me invitó a entrar al festival navideño que los voluntarios prepararon para los enfermitos. Estaban reunidos en el auditorio, excepto los chicos a los que la enfermedad obliga a estar recluidos. Familias completas que disfrutaban de la pastorela, la comida y los regalos como cualquier otra familia. Las edades de los pacientes van de los 4 meses a los 18 años. Algunos ya tienen su pelo crecido, muestra de la etapa de recuperación en la que están; otros, usan gorros para cubrir sus cabecitas pelonas. Todos llevan brazaletes que los identifican como pacientes.

Los voluntarios no paraban ni para comer, atendiendo a las familias, reencontrándose con algunos de los chicos y tomándose fotos con ellos, asegurándose de que cada uno tuviera sus tamales, sus tacos, su pastel, su nieve… y sus juguetes. Las caritas al recibir lo que pidieron en sus cartitas (que los voluntarios les ayudaron a escribir) eran de felicidad pura. Nadie estaba triste ni se quejaba, todo lo contrario. Al ritmo del Gagnam style bailaban incluso en silla de ruedas, de las manos de los voluntarios que se habían disfrazado de diablos, ángeles y pastores. Una experiencia de vida!

Luego fue hora de decir adiós, y me encaminé (en taxi esta vez) a Plaza del Sol para comer, recargar la batería del cel y descansar. Por eso me gusta Sanborns. Esta vez, además, descubrí que tengo un 10% de descuento por el INAPAM! Ventajas de la edad dorada. Desde ahí le avisé a Pako (que estuvo en junta casi todo el día) que regresaba a León.

Tomé el autobús frente a la Plaza, con rumbo a la Central. El recorrido tomó como una hora y media, y eso que el chofer no hacía más paradas que las que los que iban a descender exigían. La verdad es que no me animaría a manejar al lado o delante de un camionero como ese. ¡Vaya agresividad! Eso sí, el recorrido es muy agradable: todo López Cotilla, pasando por la zona de restaurantes very nice, hasta Chapultepec, para entrar luego a la zona del Carmen donde alcancé a ver librerías de viejo y otras maravillas. Va por Prisciliano Sánchez y luego entra a Aldama y sigue por Medrano hasta llegar a Avenida Patria para, finalmente, llegar a la central de Autobuses.

En ese largo (y sinuoso) camino vi barrios donde venden ropa nueva al mayoreo, en otros se ofrecen zapatos al mayoreo también, o ropa de segunda, o aparatos para carros (alarmas, estéreos, etc.), o piñatas, o celulares y accesorios (incluido el servicio de Internet sin necesidad de Wi-Fi, para cualquier celular), o tapicerías que se anuncian como “muy chingones” porque en dos horas hacen las cubiertas para los asientos de cualquier carro o avión (dicen ellos).

Me gustó observar que la gente en esos barrios mantiene la costumbre de sacar sillas al frente de sus casas y sentarse a ver pasar el mundo. Eso se hacía en el Tepic que me tocó vivir. Es otro el universo cuando uno solamente pasea por los centros comerciales y las grandes avenidas del Guadalajara moderno. Descubrí mi lado andariego y aventurero (Mosqueda, pues) porque más de una vez me hubiera gustado bajarme para recorrer y explorar algunas de las zonas por las que pasé, pero necesito ir más ligera de equipaje para hacerlo. Lo bueno es que ya sé a dónde quiero ir y cómo llegar.

Llegué a León a las 10 de la noche. Fue un excelente día.

3 de diciembre: Fin de semana entre libros y con mi hijo

Monday, December 3rd, 2012

Necesitaba unos días así, lejos de las cosas habituales y disfrutando de lo que me gusta y lo que más quiero. Esta vez no hubo planeación, excepto porque cuando decidí que me iba a Guadalajara compré los boletos de autobús en línea, para aprovechar el tiempo, y reservé hotel (lo cual fue un fiasco). Terminados mis pendientes en el Colegio y la Ibero, tomé mi backpack y los tamales que preparé para Pako, por su cumpleaños. Mi hijo, por cierto, andaba fuera de la ciudad pero regresaría por la noche.

Qué bueno que iba ligera de equipaje, porque aún sin tener hotel (no les recomiendo el Celta, si van a Guadalajara, por cierto) pude recorrer la FIL cargando mis paquetes. ¡Un verdadero placer! Lo único malo es que no hay tanto dinero como para comprar todo lo que se me antoja. Sin embargo pude adquirir algunos textos, otros me los regalaron y algunos pude hojearlos in situ. Encontré amigos en los pasillos y también encontré libros de texto de amigos (algunos que ya partieron, también) o libros que mencionan a amigos, que son otras maneras de reencontrarlos. Muy gratificante.

Lo mejor vino al salir, pasaditas las 9 de la noche: Pako me recogió en la entrada de la FIL, cuando sonaba la música de Surtek Collective en el Foro de la Feria. Conversamos, me puso al tanto de los avances y broncas de su proyecto, cenamos y pasamos un excelente rato. Mi chiquito andaba bastante enfermo, con sinusitis y demás problemas respiratorios. Estrés, en gran parte.

El sábado temprano regresé a la FIL mientras Pako trabajaba un rato; al medio día me recogió para ir a comer, al cine, a tomar un buen café y a caminar por el Paseo Chapultepec, lleno de artesanías, música y puestos de libros usados, y muy concurrido. En el cine vimos “El origen de los guardianes” y lo que más disfruté fue ver a mi chiquillo disfrutar la película como eso, como chiquillo! Nada se compara con ver a Pako contento y relajado.

Pero se terminó el fin de semana. Había comprado boleto para regresar a León el domingo a las 3:45 de la tarde, pero cuando Pako me recogió en el hotel eran las 2 P.M. y me invitó a comer. ¡Ya qué! Fuimos a Plaza Andares, lleno de tiendas de lujo y de buenos lugares para comer. Elegimos P.F. Chang y fue una excelente decisión. Caminamos por la plaza, curioseando, antes de que me llevara a la Central de Autobuses. Finalmente salí de Guadalajara a las 5:40.

Otra vez tengo que dar gracias! Por todo lo que recibo pero, principalmente, por este hijo y la oportunidad de convivir con él.