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3 de marzo: Entre la lluvia y mi llorar

Thursday, March 3rd, 2016

A mí nunca me ha gustado asistir a congresos, como no sea para reencontrar a amigos queridos. Así es como asistí por última vez al congreso de la Sociedad Matemática Mexicana, en Ensenada, recién llegada a Tijuana en octubre de 2004. Por eso asistí tambien a los de Aguascalientes y Guadalajara, de la misma SMM. A veces asisto y participo con algún rollito a eventos convocados por amigos o algún grupo cuyo trabajo me parece relevante y a los cuales me invitan. Pero oír rollos y ver/soportar egos inflados no se me da. Prefiero conocer las ponencias, por escrito, para tener tiempo de digerirlas sin que a la presentación en vivo preceda el elogio curricular del ponente. De esa manera puedo saber si hay algo relevante o interesante para mí.

En Ensenada reencontré a Juanjo Rivaud y a Shirley Bromberg, así como a muchos de mis ex compañeros de Matemática Educativa. Compartir la comida y la conversación con Shirley y Juanjo, degustando la maravillosa cocina del puerto, es uno de mis mejores recuerdos de mi querido profesor, quien me invitó a formar parte de su equipo unos tres años antes de que yo decidiera renunciar al Cinvestav, el SNI y a mi vida en la Ciudad de México. Antes de esa incorporación formal Juanjo era ya un amigo/consejero muy importante en mi vida; murió casi un año después de este encuentro.

Asistir pues a un congreso de lo que sea no es lo mío pero, por alguna razón, el tema del evento anunciado me pareció interesante porque era un área de la que no sabía nada y me permitiría adentrarme en rutas desconocidas. Tuve que viajar para llegar la noche anterior al registro y no perderme la oportunidad de conocer gente que suponía interesante. A pesar de ser la primera en llegar fui la última en ser atendida porque primero las celebridades, cómo no.  Cuando por fin llegó mi turno me entregaron un paquete de bienvenida armado casi con lo que había quedado. Una gran desorganización fue lo que observé. Pero estar ahí me había permitido conversar con los ponentes que iban llegando y enterarme, a grandes rasgos, de lo que expondrían. Suficiente para mí.
Regresé en autobús a pasar la noche a casa de mi madre. Mientras me acomodaba para dormir reparé en que era la segunda noche durmiendo en camas distintas y que dormir en cualquier parte que no sea mi cama es algo que mi cuerpo resiente y hace patente. Pero era el plan de viaje y  estaba contenta por estar en casa, de alguna manera. Comencé a oír la lluvía cayendo intensamente, y el fresco de la noche hizo que necesitara jalar una manta sobre las sábanas.
Me despertó abruptamente la sensación de tener una especie de cepillo peludo sobre mi cara; sin abrir los ojos quise sacudirme lo que fuera que me despertara cuando todavía tenía sueño, pero no encontré nada. Mi amá despertó también y dijo que, seguramente, había sido un sueño. Acostumbrada a que dormida argumento, peleo, hago cuentas, etc., desde que yo soy yo, no le dio mucha importancia. Ya no pude dormir de nuevo.
Un ratito después me incorporé para encontrar a un pequeñín peludo, casi un osito, que me miraba con sus grandes ojos, queriendo jugar. Lo regañé por haberme asustado y respondió meneando su colita mientras aceptaba su culpa bajando la cabeza. De pronto salió corriendo y regresó con un trapo que me llevó a la cama, insistiendo en que lo aceptara. Con la mirada triste me indicaba que lo usara… para secar mis lagrimas.
Desperté ahora sí. No llueve, no hay perritos junto a mi cama y nadie se da cuenta de mi llanto. Yo misma no me había dado cuenta, pero el cubreojos que uso para dormir está mojado. Y sí, me duele la espalda.

Del 12/12/1912 al 12/12/2014

Friday, December 12th, 2014

José Guadalupe Parra Ramos decía su acta de nacimiento y sus papeles oficiales como trabajador… y lo fue, intensamente, toda su vida. En cada espacio en el que se movía, y haciéndolo con altos niveles de eficiencia, eficacia, excelencia. Es también el nombre que aparece en mi segunda acta de nacimiento, cuando me volvieron a registrar, esta vez en Xalisco, a los 27 años 🙂

José Ruiz Parra (Jr.) decían todos sus papeles de la escuela, las escuelas, en Los Angeles, donde vivió y estudió desde los 2 años y hasta que mis abuelos decidieron regresar a México, después de que mi padre había concluido sus estudios. Es el nombre que aparece en mi primera acta de nacimiento.

La historia de los nombres cambiados comenzó con mi abuelo, cuyo nombre era José Parra Ruiz; la cacofonía lo motivó a invertir sus apellidos, y así lo conocía toda la gente. En la escuela, en los Estados Unidos, a mi padre le pusieron el nombre de su padre, con el Junior, para distinguirlos. Supongo que eran usos de la época. Mi abuelo organizó la primera huelga en Bellavista, Nayarit, en marzo de 1905. La historia me la contó Emilio M. González Parra, mi tío, en una visita a sus oficinas en la CTM en la ciudad de México, hace unos 25 años. Por eso mi abuelo se vio obligado a agarrar a su familia e ir a refugiarse en Los Angeles, hasta mediados de los años 30. El nombre de mi abuelo ahora lo tiene una calle en Tepic, último homenaje de Emilio a quien, reconocía, lo había formado.

Mi padre se convirtió en el familiar Profe Parra o Parrita, para la gente de la comunidad. Cuando Daniel Alvarez (Jarocho) comenzó a llamarme Parrita, lo agradecí 🙂 Sin embargo, de manera formal la gente lo identificaba por el nombre en sus diploma. De ahí que cuando me registraron (la primera vez) el juez ni siquiera preguntó por el nombre del padre; asentó José Ruiz Parra, y yo me llamé Blanca Margarita Ruiz Mosqueda. Entregada la copia original del acta (a máquina, recuerden que hablamos del siglo pasado) el error fue notorio.”No hay problema”, pensaron: en cada copia que necesiten, corregimos y escribimos Parra en lugar de Ruiz, pequeño detalle. Y funcionó muy bien… hasta que el juez murió, y murió la secretaria del juez, y yo iba a sacar mi título de licenciatura. Y a Xalisco fuimos (7 km desde el centro de Tepic), donde mi padre tenía la mayor parte de sus amistades, y donde estaba la Escuela Normal Rural en la que impartía clases de inglés por las tarde, por el puro gusto, después de su jornada como responsable de la Oficina de la Secretaría del Trabajo en Nayarit.

En documento oficial

En documento oficial

con mi apá

Aunque no fue su día más feliz :

Por las calles de Tepic

Por las calles de Tepic

Nunca aceptó regalos por su trabajo, nunca aceptó las diputaciones u otros puestos que le ofrecieron y que le hubieran dado una seguridad económica de la cual, por otra parte, no sentía necesidad. Tengo amigos y no quiero perderlos, decía. Y entre sus amigo se contaban los taxistas, los trabajadores del Ingenio El Molino, de la tabacalera, y los trabajadores de las otras empresas en el estado, a quienes apoyó siempre.

Exigía de sus hijos que hiciéramos bien las cosas, desde el principio. Si van a ser barrenderos, aprendan a barrer bien, y ponía el ejemplo. Que nos expresáramos con propiedad, dentro y fuera de la casa, era otra de sus urgencias. La exigencia escolar no tenía que ver con calificaciones sino con aprendizajes, y nos ponía a prueba en cuanto tenía oportunidad. Aprendiz incansable, había estudiado toda la física presente en la Enciclopedia Británica, herramienta de consulta que ponía a disposición de sus alumnos, para poder conversar conmigo cuando regresé en mis primeras vacaciones largas de la Vocacional. Cuando me fui a Francia, y a pesar de la enfermedad que lo aquejaba, aprendió francés del Larousse para poder escribirme en un francés que reta al de muchos que pasaron por cursos y diplomados.

Deportista y conocedor de cuanto reglamento había; ampayer, réferi y árbitro cuando se lo solicitaban; redactor de notas para un periódico local; poeta de mi madre; dibujante. Pero, sobre todo, amante y enamorado de mi amá, tal como lo declara en esa última carta, escrita en francés.

Lo que me dio, lo que me dejó, está implícito en lo ya dicho.  El ejemplo es muy difícil de superar, o de igualar por lo menos.

Feliz cumpleaños, profe. Me siguen haciendo falta las conversaciones, las discusiones, las idas al fútbol a ese estadio que Ney destruyó. Te quiero.

La generosidad de mi amá

Friday, August 22nd, 2014

Un día mi hijo me preguntó la razón por la cual alguien (uno, una, ninguno de sus hijos) que fue educado por mi madre, en la misma casa y rodeado de los mismos cuidados que el resto, actuaba de una manera, a sus ojos, tan absurda. Mi hijo no creció ahí pero le queda clara la generosidad de su abuela, el apoyo familiar y la decencia general en que crecimos.

Mi madre ha sido y es muy generosa, ciertamente. Ninguno le llegamos siquiera a la altura del dedo chiquito. Son su tiempo, sus tesoros puestos a la venta para generar un ingreso necesario para los suyos, su preparación de los antojos y las comidas “personalizadas” en función de las aversiones de cada uno, su compartir desinteresado de lo que hay con los que tienen menos, la paciencia y el amor infinitos con que se hace cargo de los que enferman  incluso si significa vivir con un pie en una casa (la casa familiar, con los hijos más jóvenes) y el otro pie en otra (la de mi abuela paterna, incapacitada para moverse a raíz de una caída a edad avanzada, y  más terca que yo acerca de estar en SU casa, sola) y correr de una a otra de manera que a ninguno le faltara lo necesario. Es también su devoción, pidiendo y haciendo penitencias por la salud de un hijo, de una sobrina o de cualquiera otro de los que ama. Es el amor manifestado en el cuidado de mi abuela materna hasta el último momento y en el cuidado de mi padre (“su amor, su cómplice y todo”) también hasta el último momento, manifestando esa complicidad en el ocultarme su enfermedad y posterior muerte para  evitarme una pena durante mi embarazo.

La familia en la que crecí era también muy generosa, incluso con los que no eran de casa. Los vecinos estaban siempre dispuestos al apoyo y al cuidado de los otros, lo pidiera uno o no. Claro, alguna excepción habría. Pero esos ni los incluyo en mi memoria (por eso digo habría). Y por supuesto que cada uno tenía y tiene sus sombras.

El asunto es que ahora hay más sombras que claros 😦

6 de agosto: A 35 años

Wednesday, August 6th, 2014

Hace 35 años que mi padre se fue. Yo no estuve para despedirme y ni siquiera me enteraron del suceso para no dañar mi embarazo. Ese día estábamos en Venecia, a donde llegamos desde Milán, la primera ciudad que visitamos en un recorrido de varios días por diversas ciudades de Italia, con seis meses de embarazo.

Recuerdo, y tengo anotado en un pequeño diario del viaje, que frente a la Laguna de Venecia vimos pasar una góndola-carroza mortuoria. Nunca se me había ocurrido que así se llevaran a cabo esas ceremonias y por eso lo anoté. Pero claro, todo va a través de los canales.

El viaje siguió a Florencia, luego a Roma y de regreso a Turín. Viajábamos en tren y el punto de partida y de regreso era, por supuesto, París. Durante el viaje, como antes y después de él y hasta diciembre, cuando salí del hospital ya cargando a mi bebé, me comunicaba de vez en cuando con mi familia en Tepic. Mi amá me decía que mi padre estaba dormido, que había salido, que se estaba bañando, de manera que nunca podía hablar con él. Incluso me escribía haciendo comentarios de lo que mi pá me mandaba decir o comentaba.

Sin embargo, yo sabía que algo estaba mal. Estando en el hospital, acabado de nacer Pako, me visitaron los amigos. Guillermo Arreguín, quien hacia su doctorado también en París 7, también en didáctica de las matemáticas, me preguntó cómo habían recibido mis padres la noticia. “Mi papá ya murió”, le contesté. “¿Te avisaron?”, preguntó. “No, pero es algo que yo sé”, respondí. Trató de quitarme la idea de la cabeza, pero era una certeza y yo no podía comentarlo con nadie más.

Llegamos a casa con todo y bebé dos semanas más tarde y entonces quise hablar con mi familia. El padre de Pako me pidió sentarme y luego me dio la noticia. El lo supo todo el tiempo y yo me sentí traicionada. Me enojé, por más que entendiera las razones, por más que supiera que hubiera sido imposible viajar y, mucho menos, hacer algo. Pasaron unos días para que pudiera hablar con mi mamá y el enojo, la frustración, el sentirme traicionada tardaron mucho tiempo en disiparse.

La pena no. De las cosas difíciles es el hecho de que nunca se hayan encontrado mi padre y mi hijo, tan parecidos en el ser. Sé que Pako era ya muy querido por el Profe. Sé que mi hijo respeta mucho su memoria. Pero faltó la convivencia.

Conservo, especialmente, la última carta que me escribió mi padre en su buen francés aprendido con ayuda del Larousse solamente para escribirme en esa lengua y a pesar de su enfermedad. La carta en la que me cuenta de los problemas ocasionados entre él y mi madre por mis dos hermanos menores, pero en la que me aseguraba que amaría a su Chata hasta el último día de su vida. Y lo hizo.

Pako nació tres meses y quince días después de que mi padre falleció. Y ha tomado el relevo en muchos aspectos. Conversamos/discutimos de la misma manera y sobre tópicos semejantes que en las conversaciones/discusiones con mi padre. Valoramos las mismas cosas y hablamos, esencialmente, el mismo lenguaje. El psicólogo de Pako (lo solicitó a los 10 años) dijo que era natural, habiendo sido criado por mí. Debe ser.

Hoy doy gracias por el padre que tuve, por lo que me brindó, por las oportunidades que abrió para mí con la formación y el ejemplo, por apoyar y promover mi desarrollo para llegar a ser como soy, lo que soy. Y porque con ese ejemplo he criado a mi hijo y estoy más que satisfecha con el resultado.

Gracias, Profe. Siempre en mi corazón, siempre a mi lado.

14 de junio: Día del padre

Saturday, June 14th, 2014

Mañana es día del padre. Por supuesto que no es el unico día en que recuerdo a mi padre. Hoy, por ejemplo, lo recordé cuando decidí ponerme un vestido, a tono con mi ánimo renovado. No es como me veo sino como me siento, dije, recordando cuando, al preguntar cómo me veía con algún atuendo, me respondía muy seriamente con otra pregunta: “¿cómo te sientes?” Sí yo respondía “bien”, lo que seguía era una afirmación de su parte: “Entonces te ves bien”. Es decir, no dependo de la apreciación ni de las expectativas de los demás. ¡Y le agradezco tanto que me haya ayudado a crecer de esa manera, atenida solamente a mi propia opinión consciente respecto a cualquier decisión que tome!

Claro, significa también que me hago cargo de los resultados, de la incomodidad que puedo generar en algunas personas. Pero es su problema y no el mío, aún si termina en una exclusión, la pérdida de una o varias amistades, o lo que sea. No soy perfecta pero soy como quiero ser sin entrar en contradicciones conmigo misma, de otra manera no tendría tranquilidad. Y eso se lo debo a mi padre.

Educar a mi hijo en esa misma línea no resultó sin dificultades al principio, confrontado a dos percepciones diametralmente opuestas de lo que es valioso e importante. Al final Pako tiene un perfil muy parecido al de mi padre, lo que ayuda mucho a nuestra convivencia. Es curioso escucharlo hablar de los antojos de mi pueblo como sí ahí hubiera nacido o vivido por algún tiempo. Y elogiar lo que mi amá cocina, igual que lo hacía mi pá.

Me queda claro que cada uno formamos el recuerdo de nuestra infancia de una manera particular y única, y que muchas veces la imagen del padre o de la madre no es la misma para cada uno de los hermanos. Lo hemos constatado muchas veces en los últimos tiempos. Pero ahí están las fotos, los vídeos, las cartas, las coincidencias y el propio recuerdo de mi madre y algunos parientes que dicen que mi padre era como yo lo recuerdo en su trato conmigo, especialmente. Puedo decir, sin riesgo de que alguien me contradiga, que estaba orgulloso de mí, con todo y las penas que le hice pasar con mis ridiculeces de adolescente.

Pako llegó tres meses después de que él se fue, y no hay nada que me hubiera gustado más que haberlos visto compartir algunos momentos. Pero agradezco todo lo que me dio y que yo he podido pasar a mi hijo. Mi madre ha ayudado a que eso se haya logrado, en una muy buena medida.

Donde quiera que estés, Profe, mi agradecimiento y todo mi amor te acompañan.

3 de mayo: aquí me recargué en el farol para esperar

Friday, May 3rd, 2013

Dormí bien, por fin. Di clase y me tocó la misa de viernes primero, que tiene lugar durante mi segunda hora de clase. Y luego me fui a recoger las plantas de lavanda que Betty me hizo favor de venderme para ahuyentar a las hormigas que se comen mi árbol de limón. Era atravesar la ciudad completita en una ruta que nunca había recorrido y con la confianza de que mi brújula interna me guiaría; por extraño que resulte, funcionó. En el camino a casa una llanta se ponchó. Cuando llegué eran pasadas las 11 y tenía un mensaje de mi madre sobre un viaje rápido que hará a Tijuana este domingo para renovar su permiso de internación y regresar a Buena Park. Problema: no tiene idea de los detalles del viaje y a mí me causa preocupación.

De esas cosas en que la gente no imagina las mil peripecias y eventualidades que pueden surgir y de las cuales uno ha sido testigo o víctima. ¿A lo mejor algunas las he leído o he visto en algunas películas?   Pero no quiero que a mi amá le ocurra alguna eventualidad en la frontera y se encuentre sola y sin apoyo (y por supuesto que recuerdo el viajecito de hace exactamente tres años). Claro que le pido que se informe de los detalles del viaje con la persona que la llevará (porque la persona va a consulta médica y no estará con ella todo el tiempo): ¿en qué garita la dejará para hacer el trámite? ¿La esperará ahí o la dejará y se irá a su cita médica? Y si la deja ¿dónde y a qué hora la recogerá para regresar a Buena Park? Y si hubiera un problema con el trámite, ¿qué camino tomaría?

Lo comenté con mi hermano Manuel y vio los mismos problemas.  Ni siquiera se puede hacer un plan de apoyo con algún alumno o amigo en Tijuana si no tenemos información (y siendo viernes por la tarde y en fin de semestre). Después de nueve horas seguimos en las mismas.

Mientras, hice el té de hojas de lavanda y lo esparcí por todos los lugares donde las hormigas andan, y en el rodete del árbol. Ciertamente, parece que es un aroma que les disgusta. Pero no ceden, así que repetí la dosis y me aseguré de que todos los rincones de la cocina quedaran impregnados. Veremos mañana.

Entre eso, ir al súper, cocinar un poquito y estar checando el Skype y el Facebook en busca de alguna respuesta, se me fue el día. Nadie contesta. Definitivamente, cada uno tenemos nuestra propia agenda y lo demás no importa. Como con las hormigas: veremos mañana.