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2 de agosto: la nostalgia que no cesa

Sunday, August 2nd, 2015

Mi contribución para Tachas, publicada esta mañana, es una remembranza de mi reciente viaje  la ciudad de México, comentada previamente.

Va el texto completo, con las imágenes que ahí no aparecen.

Ciudad de México 2015: la nostalgia

No he olvidado mi vida en esta gran ciudad que me recibe como si no hubieran transcurrido 24 años desde que decidí mudarme a un lugar donde mi hijo pudiera crecer en un ambiente más relajado y seguro, donde pudiera salir solo a la calle y jugar en las banquetas; una ciudad donde los conocidos colaboraran en su cuidado.

Ha cambiado, por supuesto. Sorprende saber que el número de residentes apenas se incrementó en un millón, aproximadamente, en los poco más de veinte años desde que salí de ella (es más fácil saber esto a través de Wolfram Alpha que del INEGI, por cierto). La zona conurbada, en cambio, ha crecido desmesuradamente. De ello dan cuenta los cerros llenos de casas, en los alrededores. Lo que sí se ha incrementado es el número de personas que circulan por sus calles y la cantidad de vehículos que la convierte en una pesadilla, durante el día, a menos que uno pueda desplazarse caminando.

La centralización de los servicios educativos y de gobierno provoca que la gente necesite pasar el día en sus calles corriendo al trabajo, a la escuela, a realizar trámites, etc.,  y consumiendo en la infinidad de puestos de comida y de todo tipo de comercio que se han adueñado de las banquetas y las esquinas, excepto las de las zonas de gran turismo y grandes negocios como las avenidas Reforma, Juárez y Madero.   De la misma manera, los automóviles saturan las avenidas, mientras que el sistema colectivo de transporte es una experiencia extrema en horas pico.

Afortunadamente conozco suficientemente la ciudad de mi adolescencia y primera juventud y puedo recorrerla caminando a buen paso. Eso sí, hay que recuperar la esencia chilanga y evitar parecer turista. Una observación en el metro permite darse cuenta de que las mujeres nos vestimos con jeans o leggings, dependiendo de la edad o la inconsciencia, usamos calzado con tacón muy bajo (tenis, flats, etc.) y una bolsa simple en bandolera. Nadie ostenta joyería ni celulares caros.20150724_134108

Preferiblemente, utilizar los vagones del frente del tren; la decisión  de reservarlos para mujeres, en las horas pico, va haciendo que los varones se queden en la los posteriores.

Los vagoneros siguen con su chamba, a todas horas. La novedad es que ahora hay pequeñitos de unos ocho años vendiendo algunos productos. A este mismo vagón subieron dos: uno vestido en calzón de manta y descalzo; el otro, con atuendo regular para un vagonero miniatura. No descendieron en la estación que seguía a aquella en la que abordaron. El del calzón de manta se quedó observando los rieles en un viaje entre tres estaciones; el otro se sentó con la mirada perdida y descendió unas cuatro estaciones después. Ninguno tiene mirada de niño, por supuesto. Y ninguno de los dos crecerá teniendo lo que prometen las campañas gubernamentales.

IMG_0945 IMG_0954Como hace 50 años, para mí, la ciudad fue amable y generosa,  proporcionándome bellos atardeceres, amables sonrisas  y recreando mis recuerdos.

IMG_20150724_105033IMG_20150724_103611Los vecinos de Santa María la Ribera, mi hogar a los 17 años, me advirtieron de la violencia y el crimen que se han apoderado de la zona; luego, a propósito de mi post en Instagram del bellísimo kiosco morisco de su Alameda, me enteré de que los vecinos tratan de rescatar una a una sus calles.

Toda pintada de ese gris con un poco de azul, y una puerta de madera de dos hojas

Era toda pintada de ese gris con un poco de azul, y una puerta de madera de dos hojas

Y fue una bella mañana que terminó frente a la que fue mi casa en el más hermoso periodo de mi vida. Deteriorada su fachada, modificada por esa horrible puerta y el toldo que señalan que ahora alberga algún comercio.

Esos cambios, sin embargo, se observan en muchas de las casas del centro de la ciudad: de la Calzada de los Maestros al Eje Central, de Tlatelolco a Av. Juárez, que es todo lo que caminé.

Un viaje originalmente planeado para asistir a una exposición que realmente no me aportó mucho, terminó siendo la celebración de mis bodas de oro con la ciudad en la que definí quién soy y qué hago. La ciudad en la que el azar, ese tan caprichoso azar, me llevó a encontrar al paisano, vecino de mi abuela y de mis amigas que sigue siendo la mejor y más querida experiencia de mi vida no familiar; la ciudad en la que viví las experiencias que me marcaron y me hicieron despertar duramente a la realidad de este país.

Me reconozco chilanga.

3 de marzo: recuperar energía

Monday, March 3rd, 2014

Creo que es el primer día, en varias semanas, en que decido dedicarme al delicioso arte del dolce far niente. Semanas de estar atareada con exámenes, cursos en los que me meto y para los que a veces ni me alcanza el tiempo, la escritura de cuentos que ha resultado una sorpresa. Finalmente este fin de semana fue de convivencia con amigas. El sábado estuvieron aquí Ghislaine y Claudia. El domingo me fui a disfrutar del concierto gratuito de Fernando de la Mora al Fórum Cultural Guanajuato, con Alma Rosa, donde nos acompañaron el Dr. Rivera y su esposa, y José Luis, uno de los ex alumnos a quien regularmente encuentro en estos eventos.

Cierto, en la semana de mi cumpleaños Alma Rosa y yo nos habíamos ido al concierto de Serrat, en el Teatro Doblado. Pero esa reseña la hice ya para Es Lo Cotidiano. Desde entonces, entre las idas a Guanajuato para el proyecto con la SEG, las cuestiones de trabajo en la universidad, el Taller de Cuento y las minucias de la vida diaria he andado como trompo chillador. Claro, también hay que contar las deliciosas idas a caminar al Parque Metropolitano.

Pero mi cuerpo dijo ¡basta! Y entonces hay que hacer caso. El viernes amanecí disléxica y disnumérica; y lo bueno es que ese día no tengo clase y puedo quedarme encerradita para evitar desastres.  Eso sí, almorcé con mi querida Maluca en el Patio Andaluz. Excelente compañía y deliciosa comida. El fin de semana tenía que ser de relajarse, y así fue.

Con Ghis y Claudia, de las 3 de la tarde a las 10 de la noche del sábado conversamos y comimos muy gratamente. Y seguimos en eso hasta que ya estaban arriba del carro para irse. ¡Es taaan saludable!

Ayer el concierto fue una maravilla. Aunque comenzaba a las 7 de la noche, yo llegué poco antes de las 5 de la tarde para reservar lugares en primera fila. Llevaba Leer, de Zaid, pensando en aprovechar lo que pensaba que sería un largo rato muerto. Llevaba también una botana de pepinos y zanahorias, queso, agua y mis aparatos para tomar fotos y compartirlas. Apenas alcancé a leer un par de páginas del libro cuando los músicos comenzaron a ensayar tocando, primero, pedacitos de las piezas del repertorio. Cuando todos los integrantes de la orquesta se habían reunido, ensayaron con la música completa de algunas de las canciones del programa. El tenor llegó temprano para ensayar y, para los que llegamos temprano, fue el pre concierto completo. Hasta una foto con él me pude tomar.

Lo que leí en las dos páginas fue muy significativo. Zaid habla de cómo, cuándo enfrentamos la belleza, somos capaces de reconocer, posteriormente, la fealdad a la que estábamos acostumbrados. Y supongo que para algunas personas eso pudo ocurrir ayer. Según me contó Alma Rosa, alcanzó a escuchar las respuestas que daba una señora a una encuesta que en el lugar estaban haciendo.  ”¿Cómo se enteró del evento?” “Porque pasaba y me quedé a ver qué había”; “¿Le gusta como canta el tenor?” “No sé porque nunca lo he oído”; “¿Qué sugerencias haría?” “Que haiga más eventos de estos”.

El tenor comunica emoción, no se trata solamente de una gran voz y mucha técnica. Algunas canciones (Deja que mis labios te nombren quedo, como se nombra a Dios…) que yo no recordaba, lograron sacarme de mi estado casi usual de oigo pero no escucho y volver a la nostalgia del pasado (dice Serrat en Paraules d’amor). Los danzones, uno de ellos bailado por algunas parejas de asistentes, me hicieron pensar en mis padres bailando  (Dancing with my father again, y la añoranza me envolvió).  La única canción que realmente no soporto, independientemente de quién la cante, es Amor eterno, de Juan Gabriel. Y fue una de las canciones en el encore. La otra fue Granada.

Los 70 minutos que se suponía que duraría el concierto se extendieron hasta completar una hora y tres cuartos. En un ambiente donde se podían corear las canciones, acompañarlas con las palmas y bailar con la música de los danzones, creo que los asistentes solamente pudimos desear que se repitan estos eventos que sí acercan a la gente a la cultura. Muy disfrutable.

Luego, Alma Rosa y yo nos fuimos a tomar un café a Corazón de pan. Regresé alrededor de las once de la noche a mi casa y encontré mensajes de Adrián, que estaba en modo conversador. Es un ex alumno de Tijuana, de los que siento más cercanos, y me da mucho gusto cuando conversamos. Pero a las 12, como la Cenicienta, hay que retirarse a dormir, porque los lunes sí hay clase.

Este día transcurrió entre la clase, la visita al ISSSTE a decir que sigo viva, el súper,  el chat, la música y algo de lectura ligera. Hasta mandé uno de mis textos a un concurso que me sugirió la profesora (esa es una de mis sorpresas: ¡dicen que escribo bien! y sin necesidad de correcciones, lo cual es bastante extraño para mí). Supongo que mañana amaneceré ya en modo de trabajo regular. Y más me vale porque están los pendientes del proyecto.

Por ahora ¡a dormir para poder ir mañana temprano al Metropolitano!