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27 de octubre: Comptes rendus.

Sunday, October 27th, 2019

 

Lunes 21: llegué al aeropuerto con más de dos horas de anticipación para volar a Monterrey, para asistir al 52 Congreso Nacional de la Sociedad Matemática Mexicana, del cual comenté en la publicación anterior.  Éramos tres personas en la fila: un señor que viajaba a Tijuana y que preguntaba si abrirían nuestras maletas antes de documentarlas y quien, en su calidad de “paisano”, había sufrido algunos abusos de parte de empleados de las aerolíneas, a quien la otra pasajera y yo le compartimos nuestras experiencias y le aseguramos que eso no podría pasar. Conversamos brevemente mientras iban llegando otros pasajeros y se abrían los mostradores de documentación.

En las salas de abordar el antojo hizo que me dirigiera al Johnny Rockets por una hamburguesa y ahí volví a encontrar a Mariè, quien es auditora y viaja constantemente por razones de trabajo. Iba de regreso a su casa sabiendo que dos días más tarde volvería a tomar un vuelo hacia otro destino. Conversamos hasta que cada una tuvo que ocupar su asiento y, ya en Monterrey, mientras esperábamos las maletas. De esas conexiones automáticas, sin protocolos, compartiendo textos, canciones, vivencias, y mucho más, por el puro gusto, sin esperar nada una de la otra. Intercambiamos perfiles de Facebook, por supuesto, y ayer ya nos contactamos a través de Messenger.

El hotel que reservé, designado como hotel sede del congreso, resultó una muy buena elección en accesibilidad, confort, amabilidad, calidad y precio. Mi desayuno no estaba incluido en el costo por noche, pero siendo yo asistente al congreso solamente el martes pagué por él, los siguientes días me reconocieron como parte del grupo. Estar en este hotel me permitió conocer al equipo femenil de futbol de León (y tomarnos unas fotos), y al equipo Spartans de Tijuana, de las fuerzas básicas de Xolos. En nuestro tercer encuentro, la noche del jueves, les pregunté cómo les había ido ese día. “Bien, ganamos los dos partidos” y me dijeron los marcadores. Bendita juventud, dije, y pregunté por sus edades: 14 años! Con cinco veces esa edad, yo con trabajos aguantaría uno, dije en broma. Pero los jóvenes son serios y eso se manifestó en la respuesta de uno de ellos: “ya con el doble no pueden”.

 

 

Los jóvenes estudiantes de la Universidad de Guadalajara, a quienes su universidad apoyó solamente con el transporte en una van, me incluyeron en su grupo para trasladarme del hotel a la Universidad cada mañana excepto la primera (no nos habíamos identificado); sorprendidos de saber que, en mi tiempo como estudiante, en ESFM solamente había la carrera de Física y Matemáticas, que el “tronco común” solamente ocupaba los primeros cuatro semestres, y que a partir del quinto uno iba comenzando a definir su área de especialización. “¿En licenciatura?”, preguntaron sorprendidos. El viernes por la mañana, en el trayecto me preguntaron si asistiría al festejo de clausura, programado para la noche. No, por supuesto.

En la universidad: al administrador de las aulas solamente el primer día tuve que pedirle que abriera la sala que me correspondía y solicitarle apoyo técnico para instalar mi USB, encender las pantallas y la compu (la cual está bajo llave); cada uno de los siguientes tres días encontré la sala abierta, y a los pocos minutos llegaba el joven de apoyo técnico para darme acceso al equipo, dejando en la sala a otro joven becario, por lo que pudiera ofrecérseme, y el cual terminó siendo parte de los activos asistentes al taller.

Los docentes participantes fueron una muy grata sorpresa. Maestros de primaria y secundaria, algunos apenas terminando sus estudios en normales superiores. Esperaba tener una docena de asistentes, en el mejor de los casos, y llevaba ese número de juegos de materiales impresos. El primer día llegaron 22, de los cuales unos seis procedían de Acapulco y debían regresar a su lugar de origen el mismo martes por la noche, pero se llevaron materiales y los datos para acceder a todo lo que compartí en línea. Algunos asistían con la consigna (de parte de sus instituciones) de asistir a algunas conferencias específicas, pero luego corrían a integrarse a mi taller. La asistencia de miércoles a viernes osciló entre 12 y 15 maestros.

 

Un maestro proveniente de Ixmiquilpan, Hidalgo, se convirtió casi en mi sombra; asistió a la conferencia del miércoles (que en realidad fueron dos, consecutivas) y estuvo determinado a grabarme (lo logró el viernes) para compartir con sus compañeros de zona escolar algunos momentos; habló de las carencias de todo tipo en sus comunidades y por qué era tan importante lo que estaba aprendiendo ahí. El desconocimiento y/o poca experiencia en el manejo de símbolos y reglas generales lo llevaba, invariablemente, a hacer cálculos numéricos en un cuaderno, lo que le impedía ver patrones. Pero en sus procesos hacía afirmaciones del tipo “en cualquier paralelogramo, la diagonal bisecta el ángulo” (había generado un paralelogramo extendiendo los lados del triángulo), a las que yo respondía con la propuesta de casos a considerar u otras preguntas; un paralelogramo extremo (una base muchas veces más grande que la altura, en este caso) por ejemplo, que hacía que cayera en cuenta de que era falsa su afirmación. Nunca se arredró, y tomaba nota de las diferentes maneras de abordar un problema. Así hablamos de la demostración por contraejemplos, o de la exploración de un problema usando casos particulares más sencillos o de la utilización de casos extremos.

 

 

Otro maestro parecía tener experiencia docente en niveles más avanzados que la secundaria. En la primera sesión de trabajo sobre un problema, seleccionado al azar por ellos mismos, le tocó calcular el área y el perímetro de la curva de Koch; comenzó a trazar a mano libre las primeras etapas de la curva, y le recordé que les había entregado un juego de hojas de papel para graficar, incluyendo el isométrico, para facilitar un trabajo de ese tipo; se dio cuenta de que había comenzado con una unidad inadecuada, que apenas le permitía llevar a cabo los primeros dos pasos. Finalmente logró hacer un gráfico con un número suficiente de etapas como para poder encontrar un patrón y dar respuesta a las preguntas planteadas. Su comentario: “Aprendí más sobre fractales haciendo este ejercicio que en la conferencia a la que asistí donde todo era incomprensible”.

curva de koch

Dos maestras muy jóvenes decidieron trabajar juntas sobre el problema de repartir seis galletas entre siete personas. Sacaron dos galletas de su lunch (redondas, con chispas de chocolate) para comenzar a manipular y entender el problema, con las consecuencias imaginables. Hice un par de preguntas sobre sus hallazgos y les entregué seis hojitas (cuadradas e idénticas) de papel para hacer geometría con doblado de papel (papel para tacos, dicen mis alumnos). Hablamos, otra vez, de la importancia de saber elegir la unidad de manera adecuada. Resolvieron el problema.

galletas

Una maestra que llevaba a su pequeño a las sesiones, el cual también quería tener materiales a la mano para participar como los adultos, seleccionó el problema de sumar ½ + ¼, + 1/8 + … infinitamente. Concluyó que la suma era 1 porque siempre se agregan porciones más pequeñas. Le entregué el problema de calcular el resultado de la serie armónica. Hablamos de Zenón y sus paradojas, por supuesto. Al final del taller me pidió que la ayudara a diseñar una sesión que le habían pedido en su escuela, para todo público: el periódico, dije, refiriéndome a la primera actividad del taller.

 

La sesión del viernes tuvo el planteamiento de una situación adicional, comentada en mi blog, en la cual los profesores intentarían teselar el plano con sellos hechos de betabel y zanahorias. La zanahoria no fue tomada en cuenta, pero el betabel mostró sus cualidades didácticas. Se situaron alrededor de la mesa, comenzaron a rebanar y a cortar algunas formas geométricas; a apostar si un pentágono serviría o no, aunque sin aportar razones, y a teselar. El término teselación apareció entre ellos y fue recogido puntualmente por el profesor de Hidalgo, quien nunca había sabido a qué se refería la palabrita. En ese proceso me grabó, finalmente, mientras yo respondía preguntas del grupo.

 

Terminamos la sesión festejando el cumple 208 de Évariste Galois, con un panqué horneado por mi sobrina Mari Cruz. El profe de Hidalgo pidió que le escribiera correctamente “el nombre del muchachito éste, ¿es el de la carta, verdad?”, sobre el cual habíamos comentado en el taller.

 

Al finalizar, cuando yo comencé a recoger los sobrantes de los materiales utilizados, para ponerlos en la basura, pidieron que los dejara llevárselos (a pesar de que todos esos materiales están en los enlaces del diseño del taller). Adicionalmente, me pidieron compartirles los materiales que he publicado en FlipHTML5, en Es lo Cotidiano (porque en mi blog de Blogger aparece un enlace a Tachas para Tachas, un texto que escribí hace unos años y que parece ya no estar disponible en el sitio del periódico digital), y en cualquier otro lugar. Me pidieron que, por favor, les compartiera de alguna manera Matemáticas 100 horas (y hay que agradecerle a Dulce Karina que lo haya escaneado hace como 10 años), y muchas cosas más.

En cuanto a la conferencia (invitación a la que respondí y a partir de la cual surgió ofrecer el taller), se convirtió en dos conferencias consecutivas por la ausencia del conferencista que me precedía y que tenía asignada media hora. Al llamado de la coordinadora del área para presentarme en el auditorio con tiempo para revisar que todo estuviera listo cuando me tocara participar, y ante la situación, propuse entretener al auditorio, lleno a medias, con la conferencia que impartí en la Universidad de Guanajuato, hace casi un año la cual, aunque no lo recordara, tiene relación con la que impartiría ese día. El auditorio se fue llenando. Mi conferencia, de una hora, comenzó con auditorio lleno y yo encarrerada ya. Ni la desvelada ni cualquier otro inconveniente me hicieron titubear, tartamudear, o cosa alguna. La adrenalina como medicina es sorprendente.

Al terminar se acercó un maestro colombiano para preguntarme si estaría dispuesta a ir a su país a impartir un curso; la coordinadora del área me invitó a ir a la Universidad de Guadalajara; uno de los asistentes me pidió mis datos para que yo le comparta materiales y documentos sobre la didáctica y las situaciones didácticas (mencionados de paso durante mi charla), y otros que no recuerdo.

Por otro lado la familia. Mi prima hermana, hermana más que prima, y sus hijos al comando de la mayor de ellos, mi sobrina Mari Cruz. Ella y su marido, Héctor, me recibieron en su casa cada día, en el puro agasajo de la conversación ininterrumpida a la que se agregaron mis otros sobrinos: Hermilo, Javier y Tony con su esposa, y hasta la hija mayor de Mari y Héctor. Me llevaron a comer delicias de todo tipo, aparte de la carne asada que nos congregó a todos en la casa. Y a pasear por la ciudad. Me recogían en la UANL desde que terminaban mis sesiones en el congreso y me regresaban al hotel después de los agasajos familiares. El viernes me llevaron a la fábrica de dulces y antojos típicos antes de llevarme al aeropuerto. Conversamos hasta que llegó el momento de presentarse en la sala de abordar.

 

Fue intenso, fue rico, fue disfrutable. Desde que salí de mi casa y hasta que regresé a ella.
¿Cansada? Sí. Y afónica (nomás imaginen!!!!!!)

Pero ahorita es hora de ir al tianguis.

 

28 de agosto: la ausencia que duele y Modiano

Friday, August 28th, 2015

Y hay días, como éste, en que es terriblemente dolorosa. Aunque intente trabajar, aunque ponga música alegre, aunque me ponga a chatear. Es constante, persistente, obsesiva. Cualquier cosa hace que regrese a ella; ni el pensamiento de preparar algo de comer me distrae. Y sí, termino por hacer algunas cosas de manera mecánica: regar las plantas, cambiar el agua a los bebederos, recoger y ordenar la cocina o mi cuarto, pero con los ojos húmedos y el quebranto a flor de piel. Termino por dejar que fluya.

Escribí algo para descargar mi sentimiento y, según yo, lo copié a Evernote; borré el archivo de Word. Todo desapareció de alguna manera. Tal vez llegó a su destino. Mucho rato después, cuando la calma se instaló en mí, me puse a leer a Modiano: Una juventud.

Es una novela corta, y la terminé más rápidamente de lo que me hubiera gustado, contada en tercera persona y en una época no precisada aunque seguramente anterior a la que yo viví en París. Sin embargo la lectura me llevó por lugares conocidos y muy apreciados no solamente en la ciudad.

Cuando recién llegué a Francia pasé las primeras semanas en Grenoble, porque el entonces marido había necesitado de un curso de inmersión total de tres meses, previo a su ingreso al doctorado. De paso, y tarde, supe que si uno no aprendía lo que debía en el curso de un año en el Consulado en México (Centro Científico y Técnico, se llamaba), el “castigo” era esa estancia que permitía pasear por los alrededores de Grenoble, vivir en esa bella ciudad y convivir con muchos estudiantes de diferentes culturas. Pero yo sí había aprendido 😦

Como quiera, estando ahí viajamos justamente a Annecy y de ahí al Mont Blanc y sus alrededores; el siguiente viaje sería a Provence y la Costa Azul, hasta Mónaco, siempre viajando en grupos de estudiantes. De manera que el paseo por Annecy de Louis y Odile, los personajes principales de la novela, podía imaginarlo. Hasta recordé el vin du pays, las frutas y jamones de los mercaditos y el buen pan, que hicieron nuestras comidas. De manera semejante puedo recorrer el “camino” hasta Londres porque viajamos allá en la Semana Santa de 1979, junto con un buen amigo que conocimos en México en los cursos del Consulado, estudiante en el doctorado de Geología y también egresado el Politécnico (IPN).

En Grenoble estuve unas tres semanas, en total, y me fui a París a buscar departamento mientras el don terminaba su curso, y a iniciar mi trámite de inscripción en la Universidad Paris VII o Paris Diderot, parte de la Facultad de Ciencias de la Universidad de París. Porque mi inscripción original y mi carta de aceptación estaban en Burdeos, con Brousseau,  aunque también tenía aceptación en Estrasburgo, directo a hacer la tesis, dado que su director (el querido Georges Glaeser) conocía mi trabajo en México y desde entonces me había “adoptado” en una amistad invaluable que duraría hasta su muerte. Pero en términos de lo que yo creía que era mi deber, necesitaba cambiarme a París.

En París tenía ya alojamiento en una casa de estudiantes, pero contacté a Guillermo Arreguín (amigo de mucho años y profesor en Matemática Educativa, en su segundo año del mismo doctorado al que yo iba a ingresar) porque, entre otras cosas, vivía en la Casa de México, en la Cité Universitaire, y podía ayudarme a investigar si era posible encontrar alojamiento ahí. Resultó que no. Hicimos un tour por los restaurantes y cafés de la Cité, mucho mejores que los de la universidad en cuanto a la calidad y variedad de la comida, puesto que hay un restaurante en cada una de las casas; de ahí que cuando era posible uno fuera a comer “hasta allá”. Conocí, por supuesto, el Parc Montsouris que tanto disfrutaría mi escuinclito posteriormente:

“Un matin dans le lumière de l’hiver
Au parc Montsouris
À Paris
À Paris sur la Terre
La Terre qui est un astre”

cantaría Montand.

Pero el relato de Modiano nos lleva también por muchos de los barrios y lugares muy reconocibles de esa ciudad que me encanta … pour flaner. Definitivamente la Plaza de Jussieu que describe, donde está la Facultad de Ciencias (Paris VI y Paris VII), no se parece a la que yo conocí entre 1978 y 1980 y, mucho menos, a la que vi en el año 2000.

En suma: me gustó el paseo, y esa idea de ir buscando la memoria de los que ya no están (los padres de Louis, en la ocasión), pero también tratando de conocer a los amigos y socios que se van consiguiendo mientras se crece. Por lo menos es algo que yo hago cuando vuelvo a los sitios en los que crecí.

Al terminar la lectura la tormenta interior se había despejado. Vamos a ver qué nos trae el sueño.

 

11 de mayo: Días de fiesta

Sunday, May 11th, 2014

Aunque Pako y yo no celebramos las fechas que el calendario dice que son de fiesta, este fin de semana fue especial.
Vino a traer su moto a la Harley para dejarla a consignación. El jueves vendrá a traer la camioneta para dejarla estacionada aquí en la casa. Mantendrá el espacio en el que vive en Guadalajara porque sus proyectos seguirán vivos, pero se va al D.F. por lo menos por seis meses. Es un buen proyecto y abre las puertas a otras oportunidades que estaba ya visualizando, con algunas empresas. De paso, estará cerca de sus amigos de toda la vida. La empresa y el alojamiento están en Polanco, de manera que no necesita ni la moto ni, mucho menos, la camioneta.

Tiene proyectos nuevos que de manera muy personal le interesan y que para desarrollarse pueden tardar tres o cinco años, por el puro gusto, incorporando sus pasiones de toda la vida, comenzando con la de contar cuentos, que inció por allá de sus cuatro o cinco añitos. Y parte de eso es lo que continúa en Guaadalajara, junto con el desarrollo de los juegos que están en proceso. Sé que le irá bien, pero seguramente lo veré un poco menos en este tiempo, porque sus escapadas serán a Guadalajara o a la playa (una necesidad para él como para mí).

Por lo pronto estos dos días los disfrutamos mucho paseando, conversando, conociendo rutas alternas, yendo al cine y compartiendo las comidas y el fútbol. Su regalo (sí, de mí para él) fue una playera del León, de la Copa Libertadores. Pero hoy se puso la verde regular. Y yo la rosa, por supuesto.

Por mi parte, todo hace suponer que tendré curso de verano en la Ibero. Tres horas al día, lo que significa que todo junio y la mitad de julio no me iré de paseo en fin de semana. Por eso me iré con Pako el jueves, cuando regrese a Guadalajara, y de ahí veremos qué dice el viento. Y luego puedo aprovechar del 22 al 27 (porque el 21 voy a la ópera, con Alma Rosa), para comenzar el curso de verano el 28 de mayo. Al terminar el curso, podría pensar en irme a Tijuana por unos dos o tres días, ir a visitar a mi familia en L.A, antes de regresar para el inicio del siguiente semestre, suponiendo que tenga algún curso para impartir. Aburrida no voy a estar, eso es seguro.

Por lo pronto mañana aplico el examen final y llevo el carro a revisión, mientras califico los exámenes para luego entregar actas. Y quedo libre.

2 de abril: vuelta a la realidad

Tuesday, April 2nd, 2013

Regresamos de las vacaciones. Cinco días muy intensos de convivir con la familia y de manejar mucho. De León a Guadalajara a reunirme con mi hermano Manuel, el martes por la tarde, para asegurarnos de estar muy temprano en el aeropuerto y volar a Tijuana. Perdimos unos tres cuartos de hora en lo que Hertz me entregaba el carro que había reservado una semana antes y salimos encarrerados al cruce en Otay. Desde el avión había visto que los carriles estaban relativamente despejados, pero para cuando llegamos las filas habían crecido: dos horas para cruzar, sin problema, por la Ready Lane. Pero después de dejar el carro bien estacionado regresamos para cruzar caminando y tramitar el permiso de internación de mi hermano. Mientras Manuel hacía su trámite yo me fui al iHop a encontrarme con Dulce y Lorena que ya me esperaban. Fue una excelente tarde, hasta que ellas tuvieron que retirarse. En el ínterin llegó mi hermano y pudo conocerlas y participar de la conversación. Luego llego mi primo Pedro, a quien teníamos cincuenta años de no ver, y acordamos reunirnos en su casa al regreso.

Llegamos a Buena Park a tiempo para encontrarnos con la familia que festejaba el cumpleaños de mi sobrina Rocío en un Dennys. Ahí mi hermano reencontró a la familia que hacía 20 o más años que no veía, y conoció a los sobrinos. Una muy buena tarde que culminó con el pastel en la casa de Rocío. Primera desvelada! Pero la luna estaba hermosa.

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El jueves salimos a desayunar en familia, al pequeño aeropuerto de Fullerton. Y de ahí a visitar a mi tía Lola y mi primo Ramón, a quienes mi hermano no veía desde 35 años atrás. Comimos un delicioso bacalao a la vizcaína que tendré que ver cómo replicar, y pasamos una tarde muy padre. Mi má y yo dejamos a Manuel con su primo, para que se fueran de parranda y tomamos el camino de regreso a Buena Park, pasando por la tienda de delicias de los armenios. Terriblemente pesado el tráfico, lo que nos obligó a refugiarnos en el outlet mall de Citadell (pobres almas perdidas) y llegar a casa de mi hermana alrededor de las diez de la noche, casi al tiempo que llegaban los primos de su tour. Mi hermano y yo nos fuimos a nuestro hotel. Otra desvelada y el cansancio de la manejada comenzaba a sentirse.

El viernes iba a ser de desayuno familiar, pero es muy difícil coordinarse en esa familia en la que los tiempos de espera son variados y no los mismos para cada integrante. Mientras buscábamos un restaurante mexicano, llegamos a Fry’s. ¡Para mi hermano fue como entrar en una juguetería! Mi má y yo encontramos algunas cosas y luego decidimos desayunar ahí; mi hermano se nos unió y después  continuamos con las compras ahí mismo.  Llegamos a Buena Park y recogimos a mis sobrinas Jessy y Desi para ir al Block (otro outlet) para que mi hermano comprara sus encargos.

Fue una tarde muy divertida con la chiquilla (Desi) destrampadísima. Cantamos, nos reímos, comimos donas y, en el trayecto, mientras le seguíamos la onda a la niña, mi madre comenzó a componer rimas con la tonada de La Cucaracha. Supimos entonces que desde niña le gustaba hablar en verso, de manera que mi tía Cuca (su hermana mayor) llamaba a mi abuela para que viera a “la peloncita” ¡recitando a media sala! Para variar, nos perdimos como ya nos habíamos perdido por la mañana, buscando una calle inexistente que mi hermano había encontrado en Google. Llegamos a Buena Park como a las 10 P.M. muertos de cansancio pero muy divertidos. Y fue la tercera desvelada al hilo. Y el cansancio de un día de manejar.

 

Después del almuerzo del sábado, con media familia, mi primo recogió a mi hermano con la intención de llevarlo al beisbol. Mi má, mi hermana Nidia y yo hicimos compras necesarias en el mercadito, COSTCO y el mall de Santa Ana, donde comimos muy en paz. Después de tomarnos un café las dejé en casa de mi má y me fui al hotel. El cansancio era tal que comencé a tener pequeños accidentes, como partirme la lengua con una mordida. Y no podía permitirme tener un choque. Aunque no me dormí si descansé, hasta que llegó mi hermano  junto con mi tía y mi primo, y me levanté para saludar. ¡Estaba exhausta!

El domingo (Pascua que lo gringos sí celebran) nos reunimos para almorzar en El Torito, había buffet (ocurre cuando esperan gran afluencia), lo bueno fue que llegamos cuando abrían y conseguimos una mesa grande a pesar de no tener reservación. La familia de mi primo y parte de la nuestra. El almuerzo fue muy bueno y la conversación estuvo animada a ratos, aunque el ruido era tremendo y el ambiente se fue enviciando. Nos fuimos a conversar al frente de la casa de mi madre, donde me divertí con la chiquilla (Desi), enseñándole a volar un papalote y dejándola hacer “conjuros” sobre mí (me roció de agua, me sobó las manos, etc.). Mis parientes se fueron y quedamos la familia cercana, hasta que llegó la hora de despedirnos para regresar a Tijuana.

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Nos quedamos en San Ysidro un rato, conociendo a la familia de mi primo Pedro. Tarde nos fuimos a dormir en el primer hotel que encontramos, antes de cruzar a Tijuana. Otra desvelada. El domingo almorzamos muy bien en La Espadaña, de los restaurantes donde se come rico en Tijuana, antes de ir a entregar el carro y documentar nuestro equipaje. Llegamos a Guadalajara a las 3:30 P.M. y nos recogió Pako; dejamos a mi hermano en casa de sus hijos y fuimos a comer y platicar un rato. Pako también estaba muy cansado y desvelado de su viaje de trabajo a San Francisco. Me dejó en la Central de Autobuses. Llegué a León a las 11 de la noche, en calidad de bulto aporreado. Y todavía no acabo de recuperarme! Muchos desvelos y demasiadas horas manejando.

¡Lo bueno es que esta semana no hay clases en el Colegio!

15 de marzo: bienvenido el puente!

Friday, March 15th, 2013

Hacía falta un fin de semana largo para estar en casa. Aunque tengo planeados dos paseos, confío en que tendré tiempo suficiente para revisar tareas y descansar antes de los cuatro días de trabajo (y menos) previos a la Semana Santa.

La mañana del sábado seguramente iré a Guanajuato a comprar los dulces antojos de mi má, y a ver que hay en la Feria del Libro que anuncian ahí, y no mucho más. Y por la tarde revisaré tareas. El domingo iré a Aguascalientes a comprar algunos bordados para llevar de regalo. Es un viaje un poquito más largo pero planeo irme en autobús, comer algún antojo, bobear un rato y regresar temprano.

El lunes será de relajamiento total. Tal vez cortarme un poco las mechas, caminar sin prisa y organizar mi semana. Tengo trabajo pendiente y una reunión importante para el miércoles. Además, anuncié que el siguiente periodo escolar no estaré ya en el Colegio, y ahora toca ponerlo en limpio y conversar con los coordinadores para que vayan organizando el relevo. Y es que esta mañana sí me quedó claro el efecto de la manejada tempranera. En algún momento grité porque un imbecil se atravesó de lado a lado de la avenida, y comenzó a dolerme la cabeza. Con un par de detalles extra ya tenía la contractura del cuello!

Hoy tenía planeado ir a Sapica y aprovechar los masajes que promociona Betty Galván, pero Banamex me hizo perder el tiempo.  Eso y tener que regresar al Colegio para que me entregaran el cheque de este mes, porque por la mañana el contador “salió y quién sabe dónde ande” dijo molesta la señorita cajera (“no soy recepcionista” aseguró) que no conoce lo que es el espíritu de servicio, evidentemente. La misma falta de espíritu de servicio que exhibió el cajero de Banamex, diciéndome que “no se puede verificar al propietario de la cuenta antes de hacer el depósito”. Sí, claro: uno hace un depósito con el riesgo de que cualquiera se equivoque y el dinero vaya a parar a otra cuenta, ¿no? Y no es que todos los cajeros padezcan del mismo mal, porque en la misma sucursal del banco me han atendido muy bien en otras ocasiones. Tal vez era mal día.

Como sea, al regresar de mis vueltas pasé un buen rato dedicada a preparar mi comida vegetariana (comí carne por la mañana): sopa tarasca (de frijol negro) y capirotada. Eso sí es relajante. Y con lo frío del día sí se antojaban la sopa y el postre calientes.

La tarde no está para salir, así que chateo desde mi cama (como lo hacía en Playas), y me voy relajando para domirme temprano. De las cosas buenas: una breve conversación con Pako y unos mensajes de intercambio con mi má. Y ya es hora de cerrar todo!