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30 de marzo: tarea y quinta sesión

Saturday, March 31st, 2018

Mi tarea para esta sesión del taller de poesía, la última, era escribir una carta de Carla para Álvaro, antes del fin del mundo (detalles en el post anterior).

Mi texto:

Desde algún lugar del planeta hasta donde te encuentras, en otro punto del universo, esperando el espectáculo que será el fin del mundo.

Amor de tu madre,

Imagino que a estas horas el restaurante estará lleno de celebridades y periodistas que van buscando la última foto de la Tierra, algunos incluso pensarán en tomarse una selfie con ese fondo. Anticipo que tendrás mucho trabajo atendiendo a esa multitud que seguramente acampará ahí hasta después de que todo termine. El menú que dispusiste me parece muy práctico y muy del agrado de casi cualquiera, aunque siempre habrá el vegano-intolerante al gluten-intolerante a la lactosa y que aborrece la cerveza.

 

De alguna manera me divierte. Lo que escriban y publiquen, fotos incluidas, serán efímeros intentos pues, apenas enviados, los destinatarios habrán dejado de existir con todo lo que formaba parte de su entorno. Los que te acompañan seguramente ya tienen planeado, y hasta reservado, el lugar al que habrán de dirigirse para dar continuidad a sus vidas, aunque tal vez dejaron acá lo que les daba sentido.

 

Tú tienes ese lugar, en el que laboras ya desde hace un par de años y, ya arraigado, lo compartes con alguien muy cercano. Ese es el último detalle que yo necesitaba para saber que mi trabajo ha terminado. Así que no estoy triste por partir, sino ilusionada por lo que será tu porvenir. Nuestra pequeña familia seguirá siendo pequeña, tú y tu compañía; y de vez en cuando leerás esta carta para recordar que desde donde me encuentre, seguiré a tu lado, que disfrutaré siempre tus aventuras y compartiré tus sueños. Y sabrás que un día, nos encontraremos en ese lugar habitado por todas las conciencias de la humanidad, espero que reconocibles y hasta organizadas de acuerdo con los intereses compartidos.

 

Have fun! Disfruta todo lo que puedas en medio del trabajo, y guarda la memoria de lo que fue para darle forma a lo que será. Por mi parte, te cuento que tuve un sueño alegre y, tal vez, premonitorio: me encontraba en una fiesta con amigas, disfrutando de conversaciones, bromas y hasta chismes. A ratos me aburría porque la fiesta se alargaba demasiado y me hacía falta tu compañía para compartir las vivencias y los antojos servidos. Entonces, supongo que significa que en ese lugar de las conciencias encontraré a la gente que quiero, y que espero aburrirme un rato antes de que me alcances. Te reconoceré no por tu piel blanca ni tu cabello castaño sino, tal vez por la profundidad de la mirada de tus ojos cafés que reflejan tu alma.

 

Y ahora ponte a trabajar, que el espectáculo, dicen las noticias, ocurrirá en unas 50 horas o algo así. Cierto que el meteorito puede impactar sin acabar con todo el planeta, porque no saben a ciencia cierta el curso completo de su trayectoria; de modo que bien puede ser que pasado mañana volvamos a conversar. Pero siempre es mejor decir a tiempo “Hasta pronto”, decirte siempre que te quiero, que has sido la mejor experiencia de mi vida, y que espero que tu vida sea tanto o más plena que la mía.

Te quiero, niño de mi vida.

La sesión continuó con la escritura de un poema breve para cada una de las estaciones del año, y algunas sugerencias para darles un poco más de intensidad. La tarea es revisar cada texto previo a la luz de esas sugerencias, y enviarlas.

La siguiente semana estaré trabajando en eso, y en mi proyecto del vestido.

 

21 de marzo: Memory lane

Monday, March 21st, 2016

Uno debería aprender, desde la primera infancia, a tomar distancia de sí mismo para observarse con los ojos de los otros. Se requeriría, por supuesto, del conocimiento que tienen los otros para entender lo que se dice a través del mero lenguaje corporal, de las miradas, de las sonrisas. Eso sería un arte esencial.

El Viernes de Dolores me encaminé al centro de la ciudad para buscar los altares de la Dolorosa que en otros años vi sobre la calle Madero y las paralelas cercanas, con sus garrafas de agua fresca y sus flores para regalar a quien pregunte si “ya lloró la virgen”. Pero caminé desde el Arco de la Calzada hasta el Templo Expiatorio sin éxito. Decidí entrar al templo suponiendo que ahí habría, al menos, una imagen de la Virgen de los Dolores. Era pasadito del mediodía y había misa; no estaba lleno siendo todavía día hábil, aunque por el camino vi estudiantes comenzando sus vacaciones en grupos más o menos numerosos, alegres y despreocupados, aparentemente.

Me paré apenas cruzando la puerta principal. Definitivamente conozco poco de la organización de estas celebraciones y mi memoria no da para recordar las iglesias de mi pueblo en los días previos a la Semana Santa. No había Dolorosa pero me quedé atrapada observando a un par de estudiantes en la última fila; tendrían unos 17 o 18 años. Presencié el final de la celebración y ahí mismo escribí la experiencia de ver desde afuera el drama que significa una despedida. Se lo envié a Leopoldo vía Evernote.

Lloré mientras escribía y mientras caminaba hasta la plaza principal y de regreso. Terminé en el Forum Cultural, apenas recuperando mi calma.

El año 67 había sido de conversaciones que iniciaron en las primeras vacaciones (segundo año de vocacional) justo por estas fechas, viajando en asientos contiguos a Tepic; luego conversamos todos los días entre clases y al salir de clases  y nos sentamos juntos mientras los maestros llenaban de letras y signos los pizarrones o mientras aprendíamos el arte del dibujo técnico en los restiradores, hasta que terminaron los cursos. Juntos reprobamos química y física y juntos aprobamos los extraordinarios. Después de conocer los resultados (sendos 6 para cada uno) me acompañó a la casa en la que me rentaban un cuarto y a la que nadie más podía entrar, en Santa María la Ribera, y me pidió que fuera su novia. Me confundí y dije que le escribiría con mi respuesta. Él se iba a Tepic inmediatamente, yo me iba a cambiar de casa.

Esperé a los primeros días de enero para enviarle la carta; dije que sí, por supuesto, y decidí no entrar a Arquitectura para que no pensara que lo seguía (mis problemas mentales eran más grandes que ahora).  Casi simultáneamente regresé a Ciudad de México y antes de inscribirme a cualquier carrera fui a Zacatenco a consultar con la psicóloga del I.P.N. buscando orientación en la elección; una semana de psicométricos que culminaron con un “puedes estudiar lo que tú quieras” que no ayudaba en nada. Decidí ir a Física y Matemáticas como oyente mientras terminaba el semestre, para luego sí ingresar a Arquitectura, con un periodo de diferencia.

Iniciamos el semestre de enero estrenando noviazgo pero nuestro comportamiento no cambió para nada: al salir de clases (edificios 5 y 6 de Zacatenco) nos reuníamos para conversar mientras caminábamos o sentados cerca de las canchas, bajo un árbol, sin tocarnos. Yo me había mudado a una casa de huéspedes cerca de Monumento a la Revolución y él solamente podía acompañarme en el autobús de Zacatenco a Tlatelolco donde vivía, dado el control que ejercían sobre él sus hermanos mayores… y su madre, supe luego. Un peso al día para sus camiones era todo. Por lo demás, cada uno tenía sus amigos y sus actividades y no interferíamos de ninguna manera.

Y sin embargo mientras conversábamos tan tranquilamente, siempre había creído yo, no faltaba quien nos gritara al pasar algo como “busquen un cuarto” de lo cual hacíamos caso omiso. La mirada de otros con más experiencia o malicia veía lo que nosotros simplemente ignorábamos.

Apenas conocí el ambiente y ubiqué a los personajes que habitaban la E.S.F.M. me fui a Tepic por un par de semanas. Fue a despedirme a la terminal de Ómnibus de México, contra esquina del edificio del PRI. Antes de que abordara el autobús me entregó un papel doblado y me pidió que no lo leyera hasta que el camión hubiera arrancado. Lo abrí en cuanto me senté, justo cuando el chofer cerraba la puerta. Sonreí todo el camino. Sonrío cada que lo recuerdo o lo abro y, al mismo tiempo, me lleno de tristeza por todo lo que por escrito podíamos expresar pero que quedaba oculto al encontrarnos.  Son dos poemas, uno de los cuales es un acróstico, y era el 16 de enero de 1968. Del primero, uno de los cinco grupos de versos que seguramente se inspiraron, como diría Serrat, en esas tres frases hechas que entonaba un trasnochado galán:

“Quiero enamorarte, quiero ser tu guía

No quiero perderte sin aun tenerte

No quiero sentirme tan triste al no verte

Quiero contemplarte, dulce amada mía”

La firma al calce con su nombre de pila completo, en el tipo de letra que aprendimos en los cursos de dibujo. Teníamos casi 18 años y una madurez emocional de escuincles de 15.
Nada cambió durante el 68 excepto que me quedé en Física y Matemáticas, pero seguimos disfrutando tanto como era posible de nuestros ratos libres. La vida se complicó y se destruyó durante el segundo semestre. Un año trágico.

Todo eso pasó por mi cabeza mientras observaba a la pareja en el Expiatorio y mientras escribía mi vivencia. Por eso lloré. Por eso lloro siempre. Por eso querría ser capaz de observarnos como nos ven desde fuera.

Al salir del templo, en un estacionamiento cercano, encontré en proceso de instalación el único altar de la calle Madero; todavía no estaba lista el agua para ofrecer a los preguntones.

Yo sigo en un tour por el laberinto de mis recuerdos documentados gracias a que mi hijo me pidió copia de sus papeles oficiales, guardados en diferentes carpetas. Encontrarlos fue encontrarme otra vez.

26 de noviembre: dar gracias

Wednesday, November 26th, 2014
Gracias a todos los que han contribuido y contribuyen a la formación de mi persona, lo que soy. Y a las oportunidades que se han presentado, una detrás de otra y a veces de manera conjunta, para permitirme disfrutar de la vida como yo la entiendo.
1) Mis padres, mi abuela Hilaría, mi abuelo José, mi tía Cuca y mi prima/madrina/como hermana Licho. Mi educación, el disfrute de las cosas, la formación en valores y los afectos están ahí reunidos.
2) La educación/formación que me brindaron mis padres en las mejores escuelas, que eran públicas 
3) Los maestros que me exigieron y creyeron en mí, de los que aprendí la devoción y pasión por su trabajo y que me ayudaron a desarrollar habilidades y conocimientos
4) El gusto por la lectura y por contar historias, fomentados en mi casa
5) Las oportunidades que se me han brindado, una tras otra, para seguir creciendo
Hence (if you will not misunderstand me) the exquisite arbitrariness and irresponsibility of this love. I have no duty to be anyone’s Friend and no man in the world has a duty to be mine. No claims, no shadow of necessity. Friendship is unnecessary, like philosophy, like art, like the universe itself… It has no survival value; rather it is one of those things which gave value to survival.    In his insightful 1960 book The Four Loves(public library), C.S. Lewis
1) L@s herman@s que me ayudaron a desarrollar un poquito de tolerancia
2) El amor que llegó muy temprano a mi vida, y que permanece a pesar de la ausencia
3) Los amigos que han hecho funciones de hermanos, que conocí al entrar a ESFM en 68, y que también me ayudaron a quitarme un poquito de la ridiculez y lo fresa. Sigo en eso
4) Los amigos que permanecen y también los que se han alejado
5) Los amigos que ya no están, pero que aquí siguen
1) El hijo que es el centro y la razón de mi vida
2) El que colaboró para engendrar ese hijo
3) El que ayudó a guiarlo en la etapa difícil del inicio de la adolescencia
4) L@s amig@s que fungieron como tí@s y madres sustitut@s para mi escuincle
5) Los empleos y becas que tuve, que me permitieron estar presente en cada momento de la vida del hijo, criarlo y formarlo hasta lo que es ahora
6) La seguriad económica y la libertad para hacer lo que quiero, de lo que gocé mientras estuve empleada

7) “La mansión que habito, el pan que me alimenta y el lecho en el que yago“, y los antojos de cada día, derivados de esos empleos
1) La confianza y el afecto de quienes me han acogido en cada ciudad en la que he vivido
2) L@s amig@s que han compartido conmigo la sal y las tortillas, el pan y el vino, en cada lugar
3) Los amigos con los que he reído y los amigos con los que he llorado
2) L@s amigo@ más nuev@s que me han abierto puertas que nunca pensé cruzar
3) L@s amig@s que me ayudaron a construir mi vida interior, mi paz espiritual
4) L@s amig@s que, siendo expertos reconocidos en sus áreas, me han incluido como amiga y colaboradora
5) L@s alumn@s de los que he aprendido más que lo que ellos aprendieron conmigo
1) El único “Je t’aime”, acompañado de acciones para demostrarlo, la flor de plúmbago y la pulsera amarilla de plástico
2) Los poemas que me han escrito, buenos o malos; los que conservo y los que tiré a la basura (Sorry)
3) La poesía y los poetas; las novelas y sus autores
4) La música que me acompaña según el humor del día
5) El mar, la luna, y cada cosa de la que disfruto en este planeta
6) La tecnología que me permite estar en contacto con todos y seguir aprendiendo
Y seguramente, me faltan muchas cosas y muchas personas por las cuales estar agradecida.
¡Gracias!

4 de abril: Un día lleno de cosas buenas

Friday, April 4th, 2014

El jueves a las 11 a. M. comienzan mis fines de semana, al salir de clase. Esta vez tengo exámenes y trabajos por calificar, pero será hasta el sábado por la tarde que me dedique a eso. Ayer por la tarde lo pasé muy bien con Gaby Naranjo, en Las Huerfanas , de León Moderno. Cenamos, platicamos, y de verdad que me sirvió mucho para relajarme.

Hoy el día ha estado lleno de alegrías y satisfacciones. Comunicarme con amigos que quiero, como Lucas y Filio, me da mucho gusto. Por su trabajo es raro que se aparezcan por el Facebook, pero siempre es un gusto saber de ellos. Esta vez fue en respuesta a un post en que se les mencionaba, en una conversación iniciada por mí sobre el orgullo de ser politécnica. Ellos dos, José Luis, el Flaco y yo, somos politos de tradición. Un poco mayores que yo, los conocí cuando ingresé a Física y Matemáticas, en 1968. Todos son físicos, como también lo son Elías y César, amigos que frecuento más porque, entre otras cosas, hicieron la maestría en Matemática Educativa, y porque César me ha invitado a colaborar en su programa de maestría en la U. De Quintana Roo. Elías, por otra parte, es prácticamente la única persona que comenta lo que cuento en este blog. Amigos matemáticos no tengo. Los que tuve están muertos, en su mayoría, o hace tanto tiempo que no sé de ellos que difícilmente consideraría que seguimos teniendo amistad.

Luego, un amigo me compartió un poema inédito que sometió a un concurso, para conocer mi opinión. Y agradezco esas muestras de confianza que suponen un conocimiento que no creo tener. Y sí, me gustó y me gustó la manera, tan distinta, de decirlo.

Lo mejor del día, como siempre, fue la llamada de Pako para preguntarme si estaba bien, contarme los avances de sus proyectos y decirme que hay un proyecto de uno de sus amigos en el que les interesa mi apoyo. Todo eso, y escucharlo. Tiene mucho trabajo y todavía no sabe sí podrá venir en Semana Santa, aunque también es posible que yo vaya para allá.

Y luego me puse a cocinar, y a hacer un pastel que se quemó un poquito. Y me gané un dolor de espalda. Como consecuencia, ahora estoy en mi cama descansando mientras veo una película. Y me dormiré temprano para comenzar el sábado con mucho ánimo y energía.