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25 de diciembre: Navidades

Tuesday, December 25th, 2018

Es Navidad.
Es la primera vez que me desconecto del mundo casi totalmente. No estoy presente en Facebook y decidí desconectar WhatsApp por un rato y, a la luz de la asquerosa actitud de quienes se regocijan/tratan de sacar provecho de una tragedia ayer, decidí dejar de leer Twitter. Quienes me buscan lo hacen a través de Messenger, ya sea para pedirme una receta de cocina o para enviar sus buenos deseos y compartirme sus festejos. Son pocos, pero son los que más cuentan. El teléfono permanece desconectado durante la noche y de día solamente respondo a lo que es necesario.

El año pasado mi hijo estuvo en casa, por una semana, y fueron días muy ricos en vivencias y paseos, conversaciones e intercambios. Esta vez la visita anual ocurrió en noviembre, adelantando las festividades, y más rodeados de amigos. Supongo que es lo que debe ocurrir, y creo que la muy cercana relación madre-hijo ha durado muchos más años que lo que veo que duran en otras familias.

Mantenerme alejada de las redes no ha añadido tiempo a mis días, solamente calma y paz. Colaborar con grupos de gente que se ocupa por apoyar a los que menos tienen, caminar buscando los pequeños regalos para una muy próxima reunión con amigos cercanos, deambular por el mercado para encontrar ingredientes para un platillo solamente para mí y anticipar la preparación de otros antojos, recibir a algunos amigos en casa, han ocupado los últimos días. En esas andanzas, el reencuentro con mucha gente querida, de manera inesperada, pone el toque festivo. Nos prometemos cafés, comidas y visitas sabiendo cuán improbables son en esta ciudad.

De las conversaciones que hemos tenido surgen, inevitablemente, los recuerdos de las Navidades pasadas. Algunos sufren todavía las ausencias de los padres, hermanos o hijos. Otros, por las tristezas de cuando carecían de alguna cosa o de no haber tenido algún juguete u objeto que esperaban como regalo. Hay quienes quisieran estar rodeados de familia. Y, por supuesto, no faltan los que asumen que tenemos las mismas tristezas.

Recordé mis propias Navidades, que en ocasiones debo explicitar para que no me miren con lástima por estar sola en estos días, cuando ni siquiera me siento nostálgica.

En la casa en que crecí, en el pueblo en el que nací, no se recibía a Santa Claus (supongo que esa moda la introdujo la Coca Cola). Los regalos los traía el Niño Dios y era más usual que la gente pusiera un nacimiento en su casa que un pino (artificial en la época), excepción hecha del gran pino en el frente de la casa de mi tía Cuca, de unos 12 o 15 metros de alto, que ella mandaba engalanar para la temporada. En casa podíamos armar un arbolito con una rama seca, pintada de blanco, a la que le colgábamos pelo de ángel, decoraciones confeccionadas por nosotros mismos y algunas esferitas y luces, compradas en Ferretería Pantoja, donde mis padres adquirían los regalos de muy buena calidad.

Sé que mi primer regalo, antes de cumplir un año y cuando yo ya caminaba por toda la casa, fue una muñeca. Y sé que nunca jugué con ella y que terminó guardada en el arcón de mi abuela Hilaria.

El segundo regalo fue un piano pequeño. Yo recuerdo que lo tocaba con los pies. Mi madre dice que con los talones. Antier, una terapeuta que conocí en una de las reuniones me preguntaba por qué con los talones. No tengo idea pero supongo que ya entonces mis manos hacían una cosa y mis pies otra y que, si se trataba de hacer sonar el instrumento, los pies tenían más fuerza que los dedos de mis manos tan propensas a causarse lastimaduras (tengo dos dedos rebanados y uno astillado, resultado de mi participación rebanando jamón y jitomates).

Supongo que el tercero de los regalos, antes de cumplir tres años, fue una batería de aluminio muy completa, cacerolas y ollas, con las que tampoco jugué, algunos de cuyos elementos acabaron utilizándose en la cocina de mi madre. El recuerdo viene del que tengo de la casa que habitábamos en la época.

Vino el triciclo, que luego compartí con mi hermano Manuel, y del que sí hay fotos.

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Manuel tendría ya 2.5 años y yo 4, cuando le permití conducir.

No puedo recordar el orden con el que recibí otros regalos navideños, pero muy pronto supe que los compraban mis padres y los escondían en casa de mi tía Cuca (donde yo pasaba mucho tiempo, como ya he narrado). De los que recuerdo:

  • El trenecito eléctrico que mi padre compró para mis hermanos porque era algo que él siempre quiso tener, con el cual me entretenía más yo que Manuel o Juan, los dos que siguen de mí
  • Los patines de cuatro ruedas, que dejaron recuerdos en las espinillas de mis piernas
  • El Meccano, de metal (también pensado para mis hermanos), que me entretenía por horas
  • El juego de química completísimo, incluyendo microscopio
  • La bicicleta roja, solamente para mí, a los 10 años. Ese sí es un recuerdo preciso
  • El juego de bádminton profesional, traído de Estados Unidos, a los 12 años
  • Un radio de transistores, tal vez a los 13 años
  • Patines de hielo, a los 15

Después de los 15 y hasta los 18, el regalo de Navidad para los mayores era un billete de 50 pesos = 4 dólares, que cada uno invertía en lo que se le antojara. Yo, en discos de vinil y libros.

Adicionalmente yo recibía regalos de mi tía Cuca y de mi prima Licho, como los 100 pequeños libritos de cuentos, solamente texto en letra minúscula, que conservo. Mi abuela tejía o cosía para mí (no puedo hablar por los otros cinco) alguna prenda. Mi abuela María nos daba un aguinaldo sustancioso, para ir a gastarlo a la feria.

No recuerdo que me gustara salir a jugar con los vecinos en la calle, para mostrar los regalos y jugar con ellos en la mañana del 25 de diciembre. Tampoco creo que a mis vecinitas les gustara jugar con lo que a mí me interesaba, dentro de mi casa.

En Tepic no se tenían las tradiciones del centro del país. No recuerdo a nadie en mi barrio cantando y pidiendo posada, pero si recuerdo los bailes cada noche: posada de kilo, del suéter, de blanco y negro, de Leyes, de la Prepa, y así. Bailes a los que se traía un grupo de moda, generalmente de Guadalajara, que tocaba música bailable de diferentes épocas, pero nunca música tropical. Los bailes tenían lugar, generalmente, en el Casino de Tepic, ahora convertido en plaza comercial. A mí no me gusta que me saquen a bailar, pero asistía a esos eventos por dos razones: la insistencia de mi padre, a quien le encantaba el baile, y la presión de mis amigas de la época, a quienes no les permitían asistir si no era en compañía de mis padres. Por otra parte, había que vestirse de largo y peinarse “de salón”, y tampoco se me antojaba ni se me antoja.

La celebración de la Navidad o la de despedir el año tampoco era semejante a la que ocurría en otras familias o en otros lugares. Colaboraban mi tía Cuca, Licho (y luego se agregó Hermilo, su esposo), mis padres, mi abuela y mi tío Juan y mi tía Carmen, todos quienes compartíamos el gran patio/jardín/área de juegos que posteriormente sería el “Comedor Aldaco”. Alguno de mis tíos Aldaco nomás pasaba para aportar un lechón al horno, preparado por él mismo,

Mi tía Cuca criaba el guajolote y, llegado el momento, lo emborrachaba con tequila para luego darle cran, rellenarlo y cocinarlo deliciosamente. Mi abuela hacía los tamales, y mi hermano Manuel todavía extraña los de pollo, que llevaban dentro una pieza completa. Mi madre hacía los frijoles puercos o la ensalada. Probablemente Licho se encargaba de los buñuelos o de la ensalada. El tío, probablemente mi tío Chuy, llevaba el lechón. Nunca hubo pasteles. Bebidas: atole, ponche, aguas frescas, pero nunca refrescos/sodas. Para los mayores había, además, “Cuba libre”, cerveza, whisky, tequila, al gusto de cada uno.

La comida, con las tostadas y el pan para acompañar, se disponían sobre la barra entre la cocina  y el comedor en la casa de mi tía,  separada por un pequeño patio de la nuestra. Las bebidas, en la cocina. Los adultos pasaban la noche jugando dominó, conversando y escuchando música variada. Mi abuela podía sacar a bailar a cualquiera, particularmente el 31 de diciembre que era su cumpleaños. Los escuincles mayores podíamos ir a la feria navideña, instalada cerca del Río Mololoa, en aquel Tepic donde todos cuidaban de los hijos de los demás. Si alguno había sido invitado a otra casa, se iba sin problema. Cada uno comía lo que se le antojaba, cuando se le antojaba. Ir a Misa de Gallo (o algo así) era una actividad social a la que uno podía asistir con sus amigas, más que otra cosa. Nadie tenía que vestirse de gala. Conforme fuimos creciendo, algunos amigos de mis hermanos podían preferir acompañar esta tertulia. Nunca hubo en casa amigos de mi padre o de mis tíos.

Así sigue funcionando para mí. Sin reglas. Hay comida suficiente y variada, siempre, por si viene algún amigo. Pero, si estamos solos, puede ser que terminemos atendiendo una invitación o yendo al cine, o que nos subamos a la cama a comer palomitas y pizza. O así fue hasta el año pasado.

Estudiando en CDMX regresaba en cada período vacacional a estar en mi casa, la de mis padres. Después de casada algunas Navidades regresé a casa, con mi hijo. Otras las pasé en Tampico, y la verdad es que nunca fueron muy gratas.

¿Nostalgias en esta fecha? Ninguna. Tengo muchos bellos recuerdos. Por otra parte, creo que muchas de las “tradiciones” son copiadas de las películas mexicanas o gringas, con todo y los melodramas, y no se me antojan. Prefiero una verdadera noche de paz.

 

 

4 de abril: sobre el tablero

Monday, April 4th, 2016

11:30 de la noche y no podía dormir, aunque una pastilla relajante había ya hecho efecto sobre mi cuerpo que amaneció extenuado y con el alma triste. Me levante sin saber para qué. Llegué a la puerta de mi recámara y regresé a ver lo que está sobre el mueble de los CD’s y películas sin ver alguna cosa que llamara mi atención; no sabía qué buscaba o qué necesitaba pero había algo que tenía que atender -usualmente, cuando recuerdo un pendiente, tomo notas en el cel para dormirme sin preocuparme porque vaya a olvidarlo. Ayer era distinto.

Entré a mi cuarto de trabajo buscando lo que no podía precisar. Revisé algunos estantes, saqué un libro que pensé que podría utilizar el sábado y lo deje sobre mi escritorio sin abrirlo. Revisé en los libreros lo que está al alcance de mi vista y puse en su lugar algunos objetos, pero no fue suficiente. Lo que fuera que me hizo levantarme para atenderlo no era visible.

Me pare bajo la lámpara y comencé a caminar como en un tablero de ajedrez: dos pasos para atrás, uno a la izquierda, volver al punto de partida. Lo que me dirigía confundió mi derecha con su derecha, supongo. Otros dos pasos para atrás y ahora uno a la derecha. Quedé frente al librero de madera. Lo revisé sin encontrar algo que hubiera que tomar en cuenta. Entonces alcé mi brazo y tanteé en la parte superior: la bola 8 que Pako me regaló hace unos años estaba tan atrás que no se veía desde donde estaba parada. Era eso. De paso hice funcionar el organillo que toca La vie en rose y que también me regaló mi hijo.

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Moví la bola pero parecía no funcionar, sin mostrar siquiera su luz azul, y me pregunté si sería de pilas y estarían descargadas. Mientras trataba de abrirla, sentada en mi cama, apareció un mensaje: Hi!

Comencé a hacer preguntas y a tener respuestas positivas acordes. Me gustó la conversación que duró unos 10 minutos, suficiente para terminar con mi insomnio. Todavía escuché que entraba un mensaje de Pako, en Skype, pero mi sueño había comenzado.

La bola está dormida otra vez.

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25 de diciembre: y fue Navidad

Friday, December 25th, 2015

No es la primera vez que nos encontramos en lugares distantes en estas celebraciones. Cierto, en los últimos seis o siete años estuvimos juntos, ya fuera en algún lado de las Californias o aquí, en casa. Esta vez tenemos una diferencia de 15 horas, lo cual no impide que compartamos gracias a las maravillas de la tecnología. Hasta me hizo llegar un regalo que fue entregado al medio día del 24, con los servicios de Amazon y FedEx: una máquina de hacer palomitas con aire caliente, misma que estrené por la tarde preparándome para una tarde de películas que terminó con un maratón de The Big Bang Theory.

Mientras subía a Instagram un videito mostrando el regalo y la nota de Pako al ritmo de “Crazy Little Thing Called Love” (escuchaba Queen desde antes de que llegara el paquete) uno de mis amiguitos alados entró a la casa y quedó suspendido frente a mí por unos instantes, luego intentó libar de la nochebuena antes de salir volando rumbo al parque. Me emocionó y me hizo feliz.

Al medio día vino Angélica a comer y conversar. Me trajo galletas, mermelada y chongos, todo hecho por ella misma. Conversamos más de lo que comimos y compartimos nuestras historias. Lloré, lo cual no es una sorpresa.

Las palomitas, “Les quatre cents coups”, “The Big Bang Theory” y la luna llena. Tomé varías fotos de la bella en una noche muy clara en la que las estrellas eran perfectamente visibles. El barrio estaba en absoluta calma, y así permaneció hasta alrededor de las once de la noche en que comenzaron a tronar cuetes.


Le pedí a la luna dos cosas antes de irme a dormir.  La primera es la petición que hago, y por la que trabajo, todas las noches desde hace un poco más de 36 años: el bienestar de mi hijo, en todos los sentidos. La otra es también permanente: soñar y conversar mientras sueño. A veces lo logro y es maravilloso. Pero me queda claro que hay saltos que todavía no puedo dar, por la razón que sea. Miedos, tal vez.

Me dormí casi cuando comenzaron a tronar los cuetes, provista de tapones para los oídos. Durante el sueño hubo tres momentos en los que deliberadamente decidí permanecer pegada a mi cuerpo físico. Cada momento estuvo precedido de un ligero desprendimiento del que era absolutamente consciente, y entonces decidía “reintegrarme”. Todo quedó grabado en mi memoria.

Hacia las cinco de la mañana me despertó un olor a quemado que no podía identificar. Me levanté e inspeccioné la casa para descartar cualquier riesgo. Era la atmósfera de la ciudad, cargada de los residuos producidos por la quema de cuetes y cualquier otra cosa que  la gente utilice para “celebrar” las fiestas.  Traté de dormir otro rato, pero el olor y los residuos terminaron por lastimar mi garganta y afectar mi nariz. El olor persiste.

El día transcurrió entre felicitaciones a través de las redes, fotos compartidas con mi hijo, comer cada que tenía hambre, preparar la masa para las galletas que me compartió mi amá y, por fin, podar y limpiar mis plantas. La casa está ahora relativamente en orden. Y las galletas será lo primero que haga mañana por la mañana. Pero la batería se me agotó y planeo dormirme temprano, después de conversar un poquito con mi hijo pata de perro.

Ha sido bueno y, en lo general, estoy contenta.

 

17 de febrero: 2^6 = 1000000

Monday, February 17th, 2014

Dice Wolfram Alpha que al día de mañana habrán transcurrido 3339 semanas y 3 días desde el  18 de febrero de 1950; y 1826 semanas y 2 días desde el  18 de febrero de 1979. 1513 semanas entre que yo llegué a este mundo y Pako llegó a mi vida,

Twenty-three chromosomes from each parent join to form every detail of human development: sex, hair, eye color, height, skin tone, personality, emotional make-up, and other inherited characteristics. Dice Fetal Development.

Parece que mi aportación comienza después de skin tone. En todo caso, ¡doble aniversario!

Mi recuerdo más remoto de un cumpleaños mío ocurre en la casa de la calle Zapata, en la que vivimos hasta mis nueve o diez  años;  incluye a mi padre, a mi madre y a mi abuela, y los recuerdo haciendo canastitas de cartoncillo azul para los dulces; pero no recuerdo a ninguno de mis hermanos. No recuerdo ni la piñata ni el festejo.

El siguiente cumple que recuerdo es el de mis 10 años, en la casa de la Av. Allende. Mis padres invitaron a todas mis compañeras y a mi maestra de cuarto año, además de las amigas del vecindario y, supongo, las primas. Tampoco recuerdo si hubo piñata o algo semejante.  De los cumpleaños siguientes, hasta los 15 años, sé que en cada ocasión mi abuela preparó tamales porque mis amigas llegaban temprano para participar en su elaboración, como parte de la fiesta; pero no recuerdo las fiestas.

Después, mis cumpleaños los pasé en la Ciudad de México, sin mi familia, y solamente recuerdo el festejo que organizamos Norma Díaz y yo, cuando cumplí 19 años, y a la que la persona que más me importaba no asistiría, porque ni le interesaban las fiestas ni, mucho menos, alternar con gente desconocida. Creo que asistieron algunos de los compañeros de Norma pero, aparte de las conversaciones en el reducido grupo, no recuerdo mayor cosa.

Después no recuerdo ninguno, hasta el de 1979. Habíamos llegado a París en octubre de 1978, con beca de estudiantes. Rentamos un departamento de 24 metros cuadrados en el 20ème Arrondissement.  El día de mi cumple compramos algo de quesos y una botella de vino. Pako llegó 39 semanas y 3 días más tarde. Desde entonces me ha acompañado, aun cuando esté en otro sitio. Es el mejor regalo que he recibido en mi vida.

Los últimos cumpleaños de mi estancia en el D.F., tuvieron lugar a las puertas de la Sección de Matemática Educativa (CINVESTAV), en la colonia Nápoles, con mis amigos que sí pertenecían al Sindicato (los investigadores éramos “Personal de Confianza” por decreto presidencial) y que en esas fechas estaban en huelga. ¡Preparaban sopes y quesadillas deliciosas!

En León, en el Tec,  festejamos mis  3 veces 15 con vals y pastel, con el grupo de profesoras y alumnas que compartíamos el desayuno en la oficina de Blanca Elías. En alguna ocasión Pako me organizó una comida sorpresa en Antares a la que invitó a mis amigas. Y hasta Norma Canto (que fue Directora de Profesional un par de años) organizó un festejo para mí ¡en el que prohibió que nos riéramos antes de que ella lo autorizara!

En Tijuana hubo pasteles con las amigas y compañeros, pasteles comunitarios (para todas las que cumplen años entre fines de enero y febrero, dijo mi entonces jefa) y festejos con mis amigos de Servicios Generales que guisan riquísimo y comparten porque sí.

Y éste es el segundo cumpleaños que paso en León, regresando de Tijuana. El año pasado festejamos en compañía de Alma Rosa y Laura Hays. Este año, con Alma Rosa me iré a disfrutar del concierto de Serrat en el Teatro Doblado.

Pero he recibido mucho en este fin de semana, de mi hijo y de mis amigos. Pako llegó desde el viernes, y el sábado me lo regaló completito. Almorzamos, disfrutamos del café, conversamos de los proyectos, los aprendizajes, los logros y lo que sigue, fuimos al cine, y nos fuimos a pelear con la CFE. Hoy vinieron Leo Aranda y su familia y dedicaron una buena parte de la mañana a compartir con nosotros los tamales, algunos recuerdos y las risas con los chiquitos, a pesar de que solamente disponen de una semana para pasarlo con su familia en León. Luca, su hijo de tres años, me regaló uno de sus dibujos.  Mis amigas comienzan a mandarme lindos mensajes.

Mañana tenía prevista una reunión de trabajo que ocuparía toda la mañana, y la segunda sesión del Taller de Cuento por la tarde. La reunión de trabajo fue pospuesta, lo que significa que podré ir a caminar y, luego, a almorzar en santa paz. También tengo que diseñar, imprimir y fotocopiar el examen que aplicaré el miércoles, y terminar la tarea de cuento.

Y a comenzar el siguiente ciclo. Los primeros 64 han valido mucho la pena!

20 de mayo: muchos regalos y bendiciones

Sunday, May 20th, 2012

Pues debe ser que algo bueno he hecho.

Hace una semana estuve en Mexicali, con mi hijo, festejando el día de las madres a nuestro modo. Y no pudo ser mejor.

El sábado, temprano, nos encontramos en San Diego, en el Barnes & Noble de Hazard Center, donde conversamos tomando café. De ahí nos fuimos a la Harley Davidson a recoger su moto que estaba en servicio y luego a comer a un mercado japonés (comida y utensilios) en el que hay dos restaurantes. Un concepto de mercado más parecido al nuestro (negocios independientes dentro de él) que a los mercados gringos, y con un surtido impresionante. Algún día aprenderé para qué sirve cada cosa.

Llegamos a Mexicali justo a tiempo para descargar la moto en su oficina e instalarnos en el comodísimo sofá a ver el partido León vs. Correcaminos que iba a comenzar. Cafecito espresso para amenizar, por supuesto. Fue grandioso! León ganó 5- 0 y logró el ascenso a primera división. Ambos hubiéramos querido estar en el estadio, primero,  y en el Arco de la Calzada festejando, después!

Al terminar el partido nos fuimos a ver The Avengers. La tradición dice que juntos veamos películas de súper héroes y de animación, más todas las que tengan que ver con tecnología o ciencia ficción. Palomitas y hot dogs, como debe ser una ida al cine con Pako. Y claro: discutir la película al final. Era muy tarde pero estuve muy contenta.

El domingo nos fuimos a San Felipe después de desayunar. Disfrutamos mucho el increíble paisaje desértico de la carretera; nunca había visto uno semejante, por lo menos en vivo y a todo color o, mejor dicho, colores! Y la playa resultó ser un muy agradable sitio donde todavía no hay hoteles de lujo ni todo lo que eso conlleva. El ruido lo traían los de Morena, con unos altavoces que ni necesarios eran en esa tranquilidad pero que arruinaban la calma. La comida fue excelente y la conversación que  nunca falta  entre nosotros hizo todavía más agradable la tarde.

Regresamos a Mexicali para ver Battleship. Divertida si uno no se pone a analizar lo que pasa. Cuando salimos era muy tarde para que pensara en regresar a Tijuana, de modo que me quedé otra noche aunque tenía trabajo para el lunes muy temprano (en línea) y Pako tenía trabajo desde el domingo por la noche. Después de almorzar (trabajo terminado y enviado) y de algunas compras, el lunes regresé a TJ. Cuatro horas de viaje para llegar a casa, a reorganizarme. Disfruté mucho esos días y recibí, además, regalos adicionales: el Iphone 3G para que tenga todo en un solo aparato y no cargue tantas cosas, y  un dije en forma de cinta de Moebius.

Miércoles, jueves y viernes fueron de reuniones con amigas, en las que festejamos a Alicia Cuevas (el miércoles) y a Martha Cornejo (el viernes). Parranda pura! Mucha diversión y muy buen ambiente. El regreso de Rosarito en grupo, el viernes, fue de lo más divertido y creo que me quedé dormida en cuanto puse la cabeza en la almohada, como a la una de la mañana del sábado!

Y el sábado fue otra experiencia agradabilísima y energizante: compartir con ex alumnos, ahora amigos, la concentración contra la manipulación de los medios, en la Glorieta de Las Tijeras, en Tijuana. Ahí reencontré a un ex alumno de la prepa en calidad de médico (voluntario), quién está graduándose en esa carrera, después de cinco años! Una de las grandes recompensas que uno tiene como maestro es eso: que los ex alumnos lo reconozcan y lo busquen para saludarlo con un enorme abrazo! Me dio mucho gusto encontrar a José Antonio. Pero también encontré a Diego, Mariana, Javier, Karla y Jorge, todos de la Ibero TJ.

La tarde la pasé organizando mi viaje a León (por fin!) para dentro de una semana y al cual se une mi mamá, quien decidió no ir ni a San Francisco ni a la Isla Catalina. Me emociona que voy a ver a mis amigos y a mis hermanos y sus familias. Y que voy a reorganizar mi casa a pesar de que la ruleta en la que estoy no se ha detenido y que voy a estar volviendo a Tijuana varias veces por los proyectos que han ido saliendo.

Y creo que me va a costar trabajo dejar Tijuana de manera definitiva. Este día ha estado lleno de regalos, como para que piense en no irme.

Porque ayer me contactó Memo Benumea (también ex alumno, pero del Tec de Mty) para invitarme a comer el día de hoy, aquí en Playas, a donde viene a vivir con su familia para poder estar cerca de ellos a pesar de su trabajo que lo obliga a viajar con frecuencia. La comida fue lo de menos, en el Ricardos de Playas (donde además llegó el ala derecha de las misas en la Ibero). Lo padre fue la conversación después de ¿unos 13 años? y de lo que uno puede compartir en Facebook.

Cuando salíamos (unas tres horas después) me llamó Pako para ponerme al corriente de su viaje al D.F. y de las últimas novedades que le dan un nuevo impulso a mi ruleta. Y de la que no me quiero bajar!

Y con eso me fui a la playa, a ver si se veía el eclipse anular de sol. Y sí, pero no solamente el eclipse: era la gente, la música, las aves, el desfile de delfines que no estaba programado y el ambiente general. Muy padre!

Total: mucho cariño, muchos regalos, muchos amigos. Nomás me queda dar gracias a Dios!

8 de marzo: feliz día de ser madre!

Thursday, March 8th, 2012

Como cada que viene Pako o nos vemos en algún lado. 32 años y cuatro semanas desde su concepción, y sigo dando gracias por la bendición que es mi hijo.  Y no tiene que ver con que sea inteligente o muy educado o cualquier característica con la que se suele calificar a los hijos…de los demás. Simplemente es el hijo perfecto para mí, nacido en el momento ideal y con el chip cuidadosamente seleccionado y pre-instalado tomando en cuenta el tipo de madre que yo podría ser. He aprendido mucho con él y hemos mantenido un diálogo ininterrumpido que se alimenta de muchas cosas: el trabajo, los libros, la música, el cine, la fotografía, los viajes, la comida, etc.

Hoy fue uno de esos días en que nos encontramos para disfrutar la comida en el curso de uno de sus tantos viajes. Vino de Mexicali para volar a Monterrey. Lo esperaba en la Central de Autobuses de Tijuana pero su camión se descompuso cerca de la zona de restaurantes de Otay, así que allá fui a rescatarlo. Comimos en Roots, un restaurante en esa área, y conversamos todo el tiempo hasta que dio la hora de llevarlo al Aeropuerto. Las fotos y las experiencias de su reciente viaje a Europa, los avances de su nuevo proyecto, los retos de su trabajo y sus expectativas, la moto que acaba de comprar, y los proyectos que tenemos en común.

Cada uno de estos encuentros me llena de energía, de confianza y de buen humor. Nada más requiero. Y sin embargo cada vez me trae regalos. Esta vez los detalles que trajo de España: un par de colguijes de platería charra de Salamanca y una charola de jamón serrano. El imprescindible libro (esta vez el quinto de la serie de The Sandman) y una muñequita japonesa con una descripción que me pidió leer para explicar porqué la escogió:

Mi esencia es audaz y valiente
Al creer en ti mismo y mantenerte fiel a tus convicciones revelas mi inalterable espíritu. Que la confianza en ti mismo te ayude a afrontar la vida con serena convicción, valentía y aplomo.

segun Pako

Así me ve. Y si nunca me ha importado lo que crean de mí los demás, con esto nothing really matters to me

A esta hora ya debe haber llegado a Monterrey y de regreso, el domingo, en el mismo Aeropuerto abordará el autobús a Mexicali. Pero entonces yo iré para allá! 🙂

28 de diciembre: back in town

Wednesday, December 28th, 2011

Salí de Bakersfield a las 9:30 y para las 11 estaba entrando a L.A. De ahí a Buena Park hice una hora de camino porque el freeway estaba atascado. Con mi má fuimos a buscarle unos estambres para que siga haciendo bufandas y gorros; me entregó más regalos y algunas de sus preparaciones (galletas de nata, ciruelas en almíbar, etc.). Tomé café y salí a TJ como a las 3 de la tarde. Y otra vez el freeway lleno: hice casi dos horas para llegar a Carlsbad y me detuve en el centro comercial para comer algo y caminar un rato, esperando que disminuyera el tráfico. Llegué a las 7 a mi casa.

Con la novedad de que no hay avance en en la construcción de la banqueta del edificio, es un lodazal pero ni qué hacer. Tomando como parámetro el tiempo que tardaron en acondicionar el estudio de al lado (como 8 meses para una recámara y el baño!) es probable que para febrero tengamos ya terminada la obra 😦

Ya avisé que llegué completa, ya revisé mis mensajes y ahora me queda hacer el balance. Por el lado de los gastos mejor ni hago cuentas. Por el lado de lo que recibí, salgo ganando mucho. Además de los abrazos, la buena recepción, la comida, la estancia, los paseos y las conversaciones con mi gente de Bakersfield, de Buena Park y de Glendale, me traigo un montón de regalos:

  • de mi hermana Nidia, un suéter blanco
  • de mi sobrina Rocío, una cartera café
  • de mi sobrino Carlos, unos lentes para el sol
  • de mi má, una bufanda tejida por ella y sus galletas y dulces
  • de mi hermano Juan, un montón de CD’s de música variada que sabe que me gusta

Y mis propios regalos: un perfume y una edición ilustrada, de 1952, del Rubaiyat. Y claro, el permiso que me di de irme una semana de vacaciones de verdad, sin pensar en nada más que en pasarla bien con mi familia.

Mañana me pondré a organizar mi desorden. Por ahora a curarme la gripe y descansar.