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21 de mayo: Lectura de café no planeada

Tuesday, May 21st, 2019

“Usted viene de fuera, mujer”, dijo.
¿Perdón?, respondí
“No nació aquí, viene de un lugar cerca del mar, donde hay un río y un volcán”. Todo eso, con referencia a las marcas sobre la servilleta.
Y entonces tuvo mi atención y mi curiosidad.

De regreso de la oficina del contador, un ritual mensual para cumplir con el SAT, había decidido pasar por el restaurante Beirut para comprar jocoque seco y pastelillos. Pero el pequeño placer de disfrutar un café turco y un dedo de novia no podía esperar. Mientras saboreaba mi pastelito y bebía mi café llegó un hombre mayor al restaurante; entró hasta la cocina/oficina, literalmente, a dejar todo lo que traía en las manos. Luego salió y se puso a conversar con los empleados. Supuse que era el dueño o un tío del dueño joven, que no andaba por ahí.

Pedí el jocoque seco y dos dedos de novia, para llevar, y la cuenta. Cuando me trajo la nota, el mesero me susurró que el señor leía el café. Dije: pues bueno, que me lo lea.

El hombre se acercó a la mesa, tapó la taza con el platito, me pidió que le diera tres vueltas y lo volteara. Luego tomó la taza y la dejó escurrir en una servilleta, mientras dejaba el platito inmóvil, sobre la mesa. Fue entonces que determinó que mi lugar de origen no es León, a partir de las marcas sobre el platito. Y sí: Tepic está muy cerca del mar, cruzado por el río Mololoa y protegido por el Sangangüey.

 

 

Esperó unos momentos para que el escurrimiento terminara y, seguramente, se dio cuenta de que había despertado mi curiosidad. Luego se sentó a mi izquierda, tomó la taza y comenzó a examinarla por todos lados, cada detalle, cada marca, en las cuales yo no había reparado.

“Ha tomado usted decisiones muy fuertes e importantes que la han puesto donde está, comenzando por irse de su casa muy joven”; interrumpí: no me fui, me mandaron. “Pero usted aceptó irse, y eso es lo que importa. Tiene un amplio repertorio de habilidades y saberes. Y no le pide nada a nadie, aunque la han tratado mal, en ocasiones. No necesita de bules para nadar”, dijo y recordé ese dicho de mi padre.

“Ha llorado mucho, llora mucho. ¿Qué la hace llorar?”, preguntó. La vida, respondí. “Un gran amor”, continuó; “un gran amor que terminó. ¿Por qué?” Expliqué brevemente: los tiempos, su familia, su muerte. No dije que no ha terminado, por supuesto. “Quien hizo este daño pagará dos veces por el crimen, sentenció”. No cambia en nada las cosas, dije. “Aunque no sirva para nada saber que lo hayan castigado, él recibirá doble castigo”.

“Usted es una mujer muy espiritual. Es maestra”. Bueno, sí, dije; es lo que he hecho por más tiempo. “Pero escribe”, interrumpió, “y escribe bien y mucho. ¿Qué escribe?” Hice un pequeño resumen.

“Estuvo casada. Y tuvo una relación de 5 años”; más o menos, dije yo. “No, 5 años”, aseguró (¡!). Recordé mi sueño de hace unas noches (narrado en Facebook la semana pasada): 21 años, me decías en referencia al tiempo transcurrido desde que tú y yo nos habíamos reconectado a través del sueño. Te escribí en Evernote: ¿fue tu nombre lo que pronuncié aquella noche mientras dormía en la cabaña en Ruidoso, en las vacaciones en que mi hijo aprendió a esquiar, en diciembre de 1997? ¿Conversamos en sueños por primera vez? Ese fue el final de mi relación con el difunto, por cierto: 5 años después de que nos instaláramos en León, aunque haya tardado más el hacerlo público.

“Es una mujer exitosa y le quedan muchos más años; diría que unos 40, por lo menos, para seguir haciendo. ¿Qué planes tiene en ese sentido?” Ninguno, dije, hace rato que terminé con lo que yo creo que son mis responsabilidades y lo que venga está bien, estoy lista para irme en cualquier momento. “Sí, dijo, y no sufrirá en lo absoluto cuando llegue el momento, pero faltan muchos años y hay que organizar los planes”. No se apure, respondí, siempre tengo muchas cosas qué hacer.  “También su mamá es una mujer fuerte y la tendrá por muchos años más. Usted debe seguir trabajando. Y debe cuidar su salud. Y viajar, porque viajar le gusta y la enriquece. Le han ofrecido trabajo viajando, pero esa primera propuesta no es la que usted quiere” (¡algo que solamente he conversado con mi vecina y creo que con Moony!, aunque lo había anticipado con Beatriz, a fines de febrero).

“Tiene tres reuniones próximas (me mostró tres puntos en el exterior de la taza), una de ellas en el extranjero. ¿A dónde va?” Al Comic Con, dije. Y las otras dos son más cerca, ¿verdad?”.  Sí, una es conmigo misma, dije sin revelar mis planes de viaje a Tepic.

“Tiene mascotas, pero ¿son libres?”. Le expliqué de los colibríes. “Sí, dijo, ellos no se comunican con cualquier persona, eso habla de su espiritualidad y respeto”.

Me mostró el fondo de la taza, con una gruesa capa de asientos solidificados en ella: “eso representa todo lo que ha dejado atrás, lo que ya superó y por lo que puede avanzar como lo hace. Es una mujer que se mueve con mucha rapidez y agilidad. Es bueno dejar atrás lo que no sirve”, dijo.

“Tiene un hijo muy exitoso, muy brillante y apuesto. Tiene una inteligencia extraordinaria. Un excelente muchacho que no tiene vicios, aunque disfruta de una copa de vino de vez en cuando, y tiene muchos amigos y amigas. Y la adora. Le tiene toda la confianza del mundo y sigue muy de cerca lo que usted hace. Es como una versión masculina de usted (me mostró dos formaciones idénticas, en el interior de la taza, como dos estalagmitas juntas); muy fuerte, con mucho carácter y que permanecerá siempre muy cerca de usted (recordé al psicólogo de Pako: aunque usted asesinara a alguien, su hijo nunca se sentirá defraudado por usted). Para algunos es tan extraordinario como un dinosaurio, algo difícil de entender. Vea la imagen”:

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“¿Su hijo hace un videojuego de futbol?” No, dije, sorprendida por lo específico de la pregunta. Produce videojuegos y le gusta el futbol, añadí.
“Pero, ¿no está trabajando en un videojuego sobre futbol?”, repitió
Pos no que yo sepa, respondí.

“Su hijo le va a dar muchas satisfacciones en el futuro. Vienen unos cinco cambios importantes para él, siempre ascendiendo. Y usted los disfrutará. Usted le ha dado todo para que lo logre”. No más que lo que me dieron a mí, dije. “Sí, pero usted continúa estando ahí para apoyarlo en cuanto lo necesita. A usted le dieron mucho sus padres, su padre que se esforzó por que no les faltara nada y su madre que los ha apoyado a todos; pero usted ha sido el soporte total de su hijo”.

Me felicitó. Me recomendó que tratara de portarme mal de vez en cuando.
El asunto es que nunca he sabido lo que es portarse mal, tomando en cuenta que mi padre creía y me hizo darme cuenta de que, como Lucifer Mornigstar recomienda ahora, solamente es malo lo que te hace sentir mal y/o daña a otros. Lo que significa portarse mal a los ojos de los otros me tiene totalmente sin cuidado desde que yo soy yo. Las muchas descalificaciones no han modificado en nada mi comportamiento ni mis convicciones. Entonces ¿cómo puedo portarme mal?

Ningún nubarrón a la vista, aparentemente. La reunión a la que había sido invitada para la tarde del mismo día, 17 de mayo, lo confirmó. Cuando el hombre me insistía en que se veían tres reuniones próximas yo no tenía en la cabeza precisamente esa, aunque tuviera ya todo preparado para asistir. Fue muy relevante. Y estoy más que agradecida y honrada por la invitación y por todo lo que ahí ocurrió.

De nuevo: gracias a a vida!