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4 de diciembre: las últimas semanas de agosto

Tuesday, December 4th, 2018

Agosto terminó en paseos y compromisos de trabajo.

Antes, en Semana Santa, Janeth vino desde Tijuana a traerme la invitación para su boda, a realizarse en los viñedos cercanos a Ensenada. Llegó acompañada de su madre, su hermana, una alumnita del ballet, y su abuelo. Comimos, conversamos y reímos. Un verdadero gusto. Al día siguiente regresó, ella sola, para conversar sobre la vida, los recuerdos. Una ex alumna del último grupo que tuve a mi cargo en Tijuana, en el área de Comunicación, y que se convirtió en una muy querida amiga. Y que me trajera la invitación hasta acá fue un detalle muy de agradecer, así que en cuanto Volaris anunció sus ofertas, compré el pasaje redondo para asistir al evento.

Esta vez no crucé la frontera. En el aeropuerto renté un carro, porque no tenía idea de cómo llegar en camión al Glamping Ruta de Arte y Vino, donde sería la boda. Y fue un acierto. El Glamping, por su parte, fue una experiencia que no hubiera vivido de otra manera, aunque solamente pernocté ahí del viernes 24 al sábado 25, día de la boda.

La tarde del viernes, después de instalarme en uno de los campers, salí a buscar algo de comer porque en el campamento lo único disponible era café, y la cocina disponible para que cada uno cocinara a su gusto. Sobre el camino a Ensenada, en plena Ruta del Vino, encontré un Bistró al lado de un Oxxo. Me atendieron excelentemente: una botella de vino blanco de la región, frío y descorchado para mí, y una tabla de quesos en un recipiente para llevar. Otro acierto. Apenas unos minutos después de regresar al campamento, llegaron los novios y la familia de la novia. La merienda se volvió botana compartida en una deliciosa tertulia que terminó pasada la media noche asando salchichas en una fogata. Música, conversaciones, y sentirse realmente parte del grupo.

La mañana del sábado comenzó con una notificación de que había sido contratada para impartir una capacitación a docentes de primaria, en Juventino Rosas, Guanajuato, con dos sesiones presenciales al iniciar septiembre y unas 30 horas de trabajo en línea. No había mucha más información, pero el monto por ese trabajo ayudaba a cubrir los gastos del viaje. Acepté. Y fue otro acierto: me permitió conocer de cerca el proceso de la evaluación docente, la excelente disposición para el trabajo y las carencias de los profesores que me asignaron, y los teje manejes de empresas como la que me contrató, que no predican con el ejemplo, entre otras cosas. Un artículo está pendiente, documentado con todo lo que me fue indicado y proporcionado, y lo que no.

Almorzamos en comunidad, en el restaurante más recomendado de la región: La Cocina de Doña Estela. Me dijeron que había que llegar antes de las 10 A.M. y fue una sana recomendación. Para cuando terminamos el almuerzo, el exterior del local albergaba entre 100 y 150 personas esperando mesa. Mientras, se les ofrecían en venta productos de la región. Yo no disponía de mucho tiempo, de modo que llevé al campamento a algunos de los comensales del grupo, lo cual me permitió conocer más a fondo al novio, y de ahí salí rumbo a Tijuana para encontrarme con amigos antes de regresar a la boda. De paso, cambiarme de alojamiento y prepararme para el evento. Llegué al Glamping apenas a tiempo. Y fue una bella ceremonia civil. La luna llena apareció sobre los cerros durante la sesión de fotos (las cuales se encuentran en el portal del Glamping), con el atardecer en el lado opuesto del campamento. No me quedé al festejo con todos los invitados. La tertulia del día anterior fue mucho más significativa para mí, y estaba cansada.

El domingo temprano regresé a Tijuana, con una escala en Rosarito para almorzar en El Nido (tradicional) y caminar por la playa un buen rato. A las 6 de la tarde ya estaba hospedada en el Caesar’s, como siempre. Y volví a encontrar a mis amigas, incluida Dulce que estaba a pocos días de regresar a Bristol. Con ella y su mamá almorcé al día siguiente; y la tarde, en una de esas gratísimas casualidades, me permitió encontrar a Venecia en calidad de ángel de la guarda, escoltada por su caballero andante, quien me ayudó a resolver una pequeña crisis con la creación del grupo de WhatsApp que me indicaron que sería necesario para el trabajo con el grupo de docentes. La chamba daba inicio. Todavía pude desayunar, al día siguiente, con Jin-Ho y Michelle, en el muy agradable restaurante de la propia Michelle; Jin-Ho se hizo cargo, además, de resolver un entuerto con un paquete, y de llevarme al aeropuerto.

Llegar a León significó ponerme a trabajar, de lleno, en el curso que tendría a mi cargo; para comenzar, enviar toda la documentación requerida para el contrato, incluyendo el contrato firmado y escaneado; después del aseguramiento vino un taller en línea donde se nos dijo, a todos los facilitadores, de qué trataba la capacitación, quién estaba detrás del proyecto y cuáles eran las expectativas. Uno no se raja.

Y así llegamos a septiembre.

5 de marzo: gracias a la vida

Monday, March 5th, 2012

Por muchas razones. Pero principalmente porque hoy tengo lo que necesito, sin depender de nadie, y porque si no me hubiera casado hace 36 años en este día no tendría lo que más quiero en la vida: Pako. Claro que nació un rato después (un rato de 32 meses, aprox.) pero por aquí comenzamos. Lo único bueno de ese matrimonio y lo mejor de mi vida.

Ayer fue un día intenso. Temprano me di a la tarea de buscar la férula que utilicé hace más de una año para mi mano derecha, dañada por el uso del mouse haciendo aquellos macramés de los que ya hablamos antes. No la encontré, pero dejé un tiradero muy interesante que me puse a reorganizar cuando regresé de misa. Y claro: la férula estaba donde debía estar, nomás tapada por unos libros (hay hasta libros tapados por otros libros, como consecuencia de la migración de la oficina al depa). Pero a esa hora ya no era necesaria.

A la una tenía una reunión con los compañeros tijuanenses del Encuentro Tijuana. Conocí a tres de ellos y tuvimos una agradable y productiva conversación por poco más de dos horas. Pero regresé a mi casa para organizarme antes de ir a Rosarito.

Tenía el nombre de la funeraria, la calle donde está situada y el dato de un lugar que la gente de ahí conoce. Pero conociendo mis habilidades de ubicación geográfica, mis problemas de gestalt y demás lindezas, decidí irme en punto de las cinco de la tarde para aprovechar la luz natural y, de paso, admirar el atardecer en el trayecto por la carretera Escénica. Muy bello.

Dos paradas para preguntar por el dato (que efectivamente todo mundo ubicaba) y llegué sin problema … una hora y media antes. Pero con la seguridad de saber a dónde dirigirme regresé a la entrada de Rosarito, al Centro Comercial y, de camino, compré una bolsa de naranjas. Y le pasé la receta de la mermelada de fresa al vendedor de fruta.

El centro comercial, aunque está extendido, no tiene muchas opciones. Pero aproveché para comerme un helado de yogurt con fruta. Hacía calor (y hoy hace frío, otra vez)! Regresé a la funeraria en punto de las 7 P.M. que era la hora correcta. Estuve un par de horas con la gran familia reunida, celebrando la vida del papá de Lorena.

Y por alguna razón no pude dormir. Vueltas y vueltas, cambiar de almohada, poner cobijas, quitar cobijas, etc. Probablemente me quedé dormida a las tres de la mañana, con las consecuencias previsibles. Hoy me ha costado mucho trabajo ponerme en acción, pero he hecho más de lo que pensé que sería capaz.

Llamé a SURA para saber cómo va mi trámite, y me dijeron que vuelva a llamar en una semana 😦  Fui a buscar a Martina sin encontrarla y esperaba que me llamara, pero no ocurrió. Fui al banco a ver si el IMSS se había puesto las pilas, y SI!!! Y entonces fui al súper. Cuando regresé de mis vueltas encontré que tenía unas hojas de hierbabuena fresca y decidí hacerme un mojito, pero no tenía limones! Salí al tianguis de la esquina pero en la puerta de mi casa me encontré un limón fresco!  Así que me tomé mi mojito, me preparé una ensalada con pera y queso y una chuleta asada.

Mi catarro regresó pero no el dolor del hombro, lo cual es una maravilla dadas las condiciones del clima. Y me siento mucho mejor después de la comida. Hasta ordené todo lo que se había ido acumulando en los pasados días. Ahora, a dormir temprano!

15 de enero: Rosarito

Sunday, January 15th, 2012

Allá me fui después de misa. Ayer me dijo Lorena que habría mercadito y que la gente de la localidad vendía sus productos frescos. Ya de por sí el viaje de 15 minutos o algo así vale la pena yendo por la carretera de cuota, bordeando el mar. Aunque estuvo mayormente nublado la vista es hermosa.

Primero llegué hasta el mercado de artesanías, confiando en que encontraría a mi comadre Haydée en su tienda. Solamente estaba el compadre Abundio. Ni parecía fin de semana de tan poca gente que había recorriendo los locales. Hace tres años que está así, me contó Abundio, a raíz de la inseguridad que se vivió en aquella época; mucha gente no ha regresado. Supongo que el desastre que es la salida de la costa hacia Tijuana y San Diego, con la Av. Internacional cerrada, también contribuye.

Llegué al mercadito, situado en la salida de Rosarito a Tijuana, por la carretera libre. Como todos los mercaditos (tianguis) que he visto en esta zona los puestos de verduras, carnes, semillas, etc. se mezclan con los de ropa, muebles y todo tipo de objetos de segunda. En éste, además, en el cruce de cada calle había una carreta con tejuino y otra con churros recién hechos. Sobre la calle principal del tianguis se encontraban, efectivamente, algunos marchantes con productos orgánicos, cosechados por ellos mismos.

Por otro lado, la diferencia entre comprar en el supermercado y en un tianguis es grande: cuatro kilos de naranjas, medio de kiwis y dos aguacates me costaron 36 pesos. Y todo es producto fresco. También encontré fresas, garbanzos cocidos y tomatillos. Compré un poco de chicharrón con el que mañana intentaré una guacamaya, aprovechando el bolillo que ayer trajo Dulce. Hice mis compras, me pasee y almorcé una gordita rellena y un tejuino y en total gasté menos de 100 pesos.

Regresé a Playas como a las 2 de la tarde muy relajadamente.  Llamé a mi comadre Haydée  y conversamos un buen rato sobre mi visita a su tienda. No nos hemos visto desde el desayuno con el club de tejido y aprovechamos para ponernos al corriente.

Y ahora trato de ponerme al corriente con mis tareas, pero este día la concentración no se me da. De todas maneras el curso ya terminó, así que lo que haga será solamente porque me interesa realmente. Será mañana.