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17 de septiembre 2016: La zarzamora

Saturday, September 17th, 2016
No me recuerdo llorando
Ni siquiera cuando me llevaron para vivir, sola, en Ciudad de México;
ni siquiera después de la masacre de Tlatelolco:
entonces quedé aturdida, dolida,
incapaz de comprender el tamaño y la fuerza del odio.
Tampoco lloré al dar por terminada la más bella relación;
esperaba que fueras feliz,
sin conflictos con tu familia,
pero esperaba también verte cada día, aunque fuera a lo lejos;
que tu mirada y la mía se quedaran enganchadas
aunque fuera un instante;
No lloré nunca … hasta que me rompieron el corazón con tu muerte.
Con la noticia de tu muerte.
Entonces sí lloré, mucho, y me quedé muda para cualquier cosa;
muda excepto para permitirme funcionar en cada uno de mis roles.
Fui aceptando que era irremediable,
pero nunca me resigné.
Después de que me dieran la noticia regresé sobre mis pasos a la Alameda;
no podía ser cierto, tenían que estar mintiendo, pensaba.
Se acercaron dos evangelizadores a hablarme de Dios y exploté:
era y es injusta y estúpida la circunstancia de tu muerte.
Blasfemé, dirían los creyentes, y lloré en medio de la Alameda.
Mi hijo me preguntó la causa de mi llanto,
ni siquiera recuerdo la respuesta que le di
pero no volví a llorar en público.
Mi fuente de alegría ha sido Pako, y más desde entonces.
A partir de ahí me volví llorona, estoy segura,
aunque durante mucho tiempo lo controlé:
ocupándome más, sintiendo menos.
Gradualmente fui largando lo que me impedía manifestar mi sentir.
Ayer hice conciencia de esto;
hablar con mi tía Lola destrabó mi memoria;
la luna llena de septiembre hizo el resto.
Aprender a reconocer mi sentimiento llevó mucho tiempo,
aunque el mundo -mi mundo- supiera mi sentir
a través de mi explícita obsesión, desde el inicio de esos tiempos.
Para mostrar mi sentimiento he recorrido un muy largo camino,

el hacer conciencia de mis trabas es parte de lo que hago apenas ahora.

Tal vez mi madre o mi prima Licho -las únicas personas vivas que acompañaron mi crecimiento desde el día en que nací- recuerden mejor mi naturaleza “desprovista” de la parte emocional; por mi parte recuerdo a una de mis hermanas diciéndome que yo no tenía sentimientos y a alguna compañera que pensaba que la ausencia de manifestaciones afectuosas comunes, entre nosotros dos (iguales en muchos aspectos), era síntoma de falta de interés.

Postdata: Hace un par de noches, ante la recurrente palabra “soledad” escuchada en varias canciones y comentarios, llegué a la conslusión de que lo que más me duele es saber (porque así me lo contaron) que estabas solo en el momento en que ocurrió. Nadie cerca de ti para escucharte, para interponerse, para sostenerte. Eso es lo más terrible. (23 de octubre 2016)

11 de mayo: No te vayas

Wednesday, May 11th, 2016

No sé cómo se instala tu presencia en mí.
Entras como una fuente de agua pura, cristalina y dulce que inunda mi pecho. Desbordante, fluyes por mis ojos.
Te vuelves fuego que abrasa; mi interior se llena de tu calor y mi respiración no alcanza a sofocar semejante incendio. El terremoto en que te transformas hace que escapen los suspiros y que me  esconda mientras la sacudida pasa. Todo en uno: agua que fluye, respiración cortada y espasmos que me agitan.

Después, mucho después, tu sonrisa se deja ver en mi memoria y eres como el viento suave que me trae la calma.

No quiero que te vayas. 

20 de diciembre: 4 años

Saturday, December 20th, 2014

WordPress me felicita porque hoy se cumplen  4 años de que comencé a escribir en esta plataforma lo que, en el origen, era como mi diario. Lo fue durante mucho tiempo, una entrada cada día, para dar cuenta de lo que acontecía desde que me levantaba hasta antes de irme a dormir: el día a día es el subtítulo. Y lo fue durante un buen rato, hasta que me llegaron comentarios sobre mis notas. Aunque sigue siendo el espacio donde relato detalles de mi cotidianidad, también dio paso a lo que me sacude, me duele, me revuelve.

Nada se edita, excepto los muchos errores que puedo cometer al apretar una tecla por otra cuando, aún en la lap top, pico algo que hace que el teclado cambie de idioma, o mi uña pica la tecla equivocada, o de plano ando desconectada. Del resto, es lo que hay y no busco que sea algo pulido. Debiera, tal vez, pero entonces sería definitivamente algo que ya tiene una intención distinta a la original.

Y, sin embargo, he aprendido a precisar algunas cosas, atendiendo a los orígenes de los veinte y algo de seguidores que dizque tiene el blog y quienes, ocasionalmente, solicitan algún detalle.

Del recuento de mi paseo por el mercado, pasé a contar sensaciones y,  finalmente, mis sentimientos. Un amigo poeta me dijo que si ya no podía decírselo, se lo escribiera, y comencé a hacerlo con sorpresas agradables e inesperadas. Leer La ridícula idea de no volver a verte de Rosa Montero, reforzó este tipo de escritura que lleva toda la carga de las emociones, a veces a rienda suelta.

Gracias por acompañarme.