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4 al 15 de diciembre: Tu ausencia

Tuesday, December 16th, 2014
Un amigo le dio “Like” a mi foto de portada, decía una notificación en Facebook. Como siempre, entré a ver la foto, como sí no supiera que mi foto de portada es el escenario donde tú y yo nos encontrábamos cuando el azar lo decidía.  Ver el espacio vacío en el centro de la Alameda de Tepic dolió más que cualquier golpe en la cabeza. El dolor de tu ausencia lo volví a sentir como el día mismo en que Raquel me dijo de qué manera te habían arrancado para siempre de mi vida; justo cuando fui a buscarte.
Más de treinta años y todavía no lo supero, todavía lloro como entonces. Ni siquiera es provocado por la nostalgia; llega así, intenso, peor que la peor de las migrañas, sin aviso, en cuanto algún detalle escapa del control. Recordé el miedo que le tenía a las víboras, ¿te acuerdas? La misma reacción instintiva, pero ahora no es temor sino dolor intenso. Me quiebro, no puedo contenerme por más que la razón, o cualquier cosa que dependa de la voluntad, intente llevarme al otro lado de ese río de llanto, de tristeza infinita, de aullido sofocado.
Intento distraerme, sí, con alguno de los programas que regularmente me entretienen, con los comentarios de lo amigos en las redes. Todo lo observo detrás de mis lentes que necesitarían una especie de limpiaparabrisas para despejar mis lágrimas. Te necesito. Necesito tus palabras, tu caminar junto a mí, tu risa, tus ojos, tu tranquilidad y tu cuidado por mí.
Y mira que el día iba terminando en paz. Con el golpe que me provocó un chichón en la cabeza, con el ajetreo de trasplantar y re acomodar las plantas en mi patio, con la visita sorpresiva de montones de colibríes en parejas y tríos sin que mi presencia los ahuyentara. Ocupada en mil cosas, que es la manera de no ocuparme de mí, de lo que me turba, de lo que me duele.
Estás aquí, en mí, y no quiero que te alejes. No importa si lloro, no importa si me duele, te necesito. Necesito sentirte cerca, a mi lado. Como en aquel poema que me escribiste: no quiero sentirme tan triste al no verte, quiero contemplarte dulce amada mía. Pero es a ti a quien quiero contemplar, aunque sea en mi sueño.
Necesitaba decirte todo esto, y muchas más cosas que de todas formas sabes, porque las has sabido siempre. Eres mi única debilidad, lo único que ha logrado hacerme temblar sin que me hayas tocado ni una sola vez. El punto donde mi supuesta fortaleza, se derrumba.
Y después de decirte cómo me siento y la falta que me haces encuentro un poco de paz. Me calmo, pero no me resigno. Sé que me escuchas mientras escribo; sé que, de alguna manera, me harás sentir que sigues conmigo. Y entonces hasta vuelvo a sonreír, anticipando una sorpresa que sé que llegará pronto.
Te quiero, y será así por siempre.
Postdatas:
1.  Antes de irme a dormir, la luz de mi Android se enciende, como si hubiera entrado un mensaje. Lo abro y quito el “candado”:
Bonjour      Je       Merci
Tres palabras que aparecen en Twitter, como sí estuvieran esperándome. Nunca escribo en francés en esa red, y nunca desde ese celular que solamente se conecta a Internet cuando estoy en casa.
Gracias a ti ❤
Un beso.
(Después quise mostrarle a Alma Rosa lo que había visto, y tuve que llevar a cabo unos tres o cuatro pasos para mostrarle el tipo de pantalla, que ahora mostraba palabras en español).
2.  Diez días después, encuentro este poema de Marguerite Yourcenar, quien sabía de este sentimiento:
Absent, ta figure se dilate au point d’emplir l’univers. Tu passes à l’état fluide qui est celui des fantômes. Présent, elle se condense; tu atteins aux concentrations des métaux les plus lourds, de l’iridium, du mercure. Je meurs de ce poids quand il me tombe sur le coeur.
En Feux. Gallimard.
3. Apenas ahora lo puedo poner acá.

9 de agosto: Let it be

Saturday, August 9th, 2014

Escucho el disco The Beatles 1, en You Tube. Tantas canciones que me traen tantos recuerdos. La música con la que fui creciendo después de que salí de Tepic para vivir en el D.F. Las primeras baladas bailables.  Los títulos incorporados en algunas cartas. Me siguen gustando, siguen haciendo que salte de mi asiento y baile a mi modo, sin que importe si me ven o escuchan los vecinos.

Hace una semana que regresé de un viaje agotador en más de un sentido. Una semana en la que he organizado todo alrededor mío, en la que he resuelto algunos problemitas con Banamex,  derivados del viaje. Ahorita podría pasarme casi una semana sin salir de mi cueva, escuchando música, leyendo, esccribiendo, dándole la palabra a mis fantasmas. Claro que hay cosas por hacer, proyectos, reuniones, etc. Pero fuera de eso puedo ser y hacer exactamente lo que más me gusta: despertar cuando mi organismo dice que es hora, comer cuando tengo hambre y dormir cuando la pila se me acaba. En ese lapso, hacer cada una de las cosas que realmente disfruto. Las que ya mencioné y salir a caminar sin rumbo. O chorchear en línea con gente que entiende y hasta disfruta de mis tonteras.

Esta mañana el seminario “La sonrisa de la inteligencia” en la Librería Efraín Huerta, del Fondo de Cultura, fue una oportunidad para “practicar” esas conversaciones en vivo. Cinco participantes y el coordinador/facilitador del grupo. Ameno, entretenido. Tres horas que se pasaron volando. Como anticipo, ayer por la noche había entrado a la página en Facebook de este seminario y, al responder a algunas preguntas planteadas ahí por el facilitador, inicié con él una conversación sobre lo que considero que es el humor, lo que me hace reír o sonreír, y algunas fuentes de ese humor. Fue muy grato para cerrar un día que había comenzado con el encuentro con gente que quiero o aprecio. Uno no puede pedir mucho más en un mismo día.

Y hoy va por el estilo. La mañana de conversaciones, la tarde de música y lectura. Al rato, tal vez, conversaciones en línea.

Que así siga 🙂