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4 de diciembre: las últimas semanas de agosto

Tuesday, December 4th, 2018

Agosto terminó en paseos y compromisos de trabajo.

Antes, en Semana Santa, Janeth vino desde Tijuana a traerme la invitación para su boda, a realizarse en los viñedos cercanos a Ensenada. Llegó acompañada de su madre, su hermana, una alumnita del ballet, y su abuelo. Comimos, conversamos y reímos. Un verdadero gusto. Al día siguiente regresó, ella sola, para conversar sobre la vida, los recuerdos. Una ex alumna del último grupo que tuve a mi cargo en Tijuana, en el área de Comunicación, y que se convirtió en una muy querida amiga. Y que me trajera la invitación hasta acá fue un detalle muy de agradecer, así que en cuanto Volaris anunció sus ofertas, compré el pasaje redondo para asistir al evento.

Esta vez no crucé la frontera. En el aeropuerto renté un carro, porque no tenía idea de cómo llegar en camión al Glamping Ruta de Arte y Vino, donde sería la boda. Y fue un acierto. El Glamping, por su parte, fue una experiencia que no hubiera vivido de otra manera, aunque solamente pernocté ahí del viernes 24 al sábado 25, día de la boda.

La tarde del viernes, después de instalarme en uno de los campers, salí a buscar algo de comer porque en el campamento lo único disponible era café, y la cocina disponible para que cada uno cocinara a su gusto. Sobre el camino a Ensenada, en plena Ruta del Vino, encontré un Bistró al lado de un Oxxo. Me atendieron excelentemente: una botella de vino blanco de la región, frío y descorchado para mí, y una tabla de quesos en un recipiente para llevar. Otro acierto. Apenas unos minutos después de regresar al campamento, llegaron los novios y la familia de la novia. La merienda se volvió botana compartida en una deliciosa tertulia que terminó pasada la media noche asando salchichas en una fogata. Música, conversaciones, y sentirse realmente parte del grupo.

La mañana del sábado comenzó con una notificación de que había sido contratada para impartir una capacitación a docentes de primaria, en Juventino Rosas, Guanajuato, con dos sesiones presenciales al iniciar septiembre y unas 30 horas de trabajo en línea. No había mucha más información, pero el monto por ese trabajo ayudaba a cubrir los gastos del viaje. Acepté. Y fue otro acierto: me permitió conocer de cerca el proceso de la evaluación docente, la excelente disposición para el trabajo y las carencias de los profesores que me asignaron, y los teje manejes de empresas como la que me contrató, que no predican con el ejemplo, entre otras cosas. Un artículo está pendiente, documentado con todo lo que me fue indicado y proporcionado, y lo que no.

Almorzamos en comunidad, en el restaurante más recomendado de la región: La Cocina de Doña Estela. Me dijeron que había que llegar antes de las 10 A.M. y fue una sana recomendación. Para cuando terminamos el almuerzo, el exterior del local albergaba entre 100 y 150 personas esperando mesa. Mientras, se les ofrecían en venta productos de la región. Yo no disponía de mucho tiempo, de modo que llevé al campamento a algunos de los comensales del grupo, lo cual me permitió conocer más a fondo al novio, y de ahí salí rumbo a Tijuana para encontrarme con amigos antes de regresar a la boda. De paso, cambiarme de alojamiento y prepararme para el evento. Llegué al Glamping apenas a tiempo. Y fue una bella ceremonia civil. La luna llena apareció sobre los cerros durante la sesión de fotos (las cuales se encuentran en el portal del Glamping), con el atardecer en el lado opuesto del campamento. No me quedé al festejo con todos los invitados. La tertulia del día anterior fue mucho más significativa para mí, y estaba cansada.

El domingo temprano regresé a Tijuana, con una escala en Rosarito para almorzar en El Nido (tradicional) y caminar por la playa un buen rato. A las 6 de la tarde ya estaba hospedada en el Caesar’s, como siempre. Y volví a encontrar a mis amigas, incluida Dulce que estaba a pocos días de regresar a Bristol. Con ella y su mamá almorcé al día siguiente; y la tarde, en una de esas gratísimas casualidades, me permitió encontrar a Venecia en calidad de ángel de la guarda, escoltada por su caballero andante, quien me ayudó a resolver una pequeña crisis con la creación del grupo de WhatsApp que me indicaron que sería necesario para el trabajo con el grupo de docentes. La chamba daba inicio. Todavía pude desayunar, al día siguiente, con Jin-Ho y Michelle, en el muy agradable restaurante de la propia Michelle; Jin-Ho se hizo cargo, además, de resolver un entuerto con un paquete, y de llevarme al aeropuerto.

Llegar a León significó ponerme a trabajar, de lleno, en el curso que tendría a mi cargo; para comenzar, enviar toda la documentación requerida para el contrato, incluyendo el contrato firmado y escaneado; después del aseguramiento vino un taller en línea donde se nos dijo, a todos los facilitadores, de qué trataba la capacitación, quién estaba detrás del proyecto y cuáles eran las expectativas. Uno no se raja.

Y así llegamos a septiembre.

30 de septiembre: el mes de tu cumple

Saturday, September 30th, 2017

Agitado, literalmente y en más de un sentido.

El inicio fue una continuación de agosto: el asunto de Nelson y los chinos y la revisión de los trabajos de los talleres en la UACH, en Parral, ocuparon la mayor parte de los primeros diez días. Terminamos satisfactoriamente, creo.
En el caso de Nelson y Cheetah Mobile es el punto final; en el de la UACH, es el inicio para ellos y lo que sigue depende de su interés y perseverancia para funcionar realmente como una academia, colaborando y creando.

Al mismo tiempo, al terminar esa primera semana, viajé a Tepic porque la señora que compra el terreno de lo que era la casa de mi madre (nunca habitada por ella) se comprometió a hacer un depósito a mi cuenta y a firmar un pagaré en mi presencia para el primer viernes de septiembre, pero nunca llegó.

He aprendido que hay que aprovechar cada momento, a disfrutar de la lluvia y del sol, aunque ande corriendo y me duelan los pies o la espalda. Lo he aprendido a través de lo que he perdido. Tú, por ejemplo. Entre eso y mi estilo de vida acelerado y azaroso, porque mi camino y los tiempos en que me muevo no siempre dependen de lo que yo quiero, necesito disfrutar de cada comida sin importar si se trata de un antojo callejero, de un taco en una carreta o de una comida formal, de la luna en cada fase que me muestra y del sol -especialmente en un amanecer o un atardecer. A veces puedo caminar bajo la lluvia, especialmente en Tepic, y a veces la disfruto desde mi rincón, con un libro y un café o una copa de vino. Y documentarlo para recuperar después los momentos, o compartirlos con los que están lejos y extrañan los espacios, los colores, las personas, los antojos.

En Tepic es muy sencillo disfrutar de todo esto, y estás tú: donde siempre y como siempre, atento a mi conversación, quieta y amorosamente a mi lado. Tu sonrisa y tu mirada están siempre presentes. Esta vez no fue la excepción. Te llevé una rosa. Debo decirte que buscaba una margarita, pero no encontré en ninguna florería de la ciudad. Casi llegando a tu casa, rumbo a dejarle a Raquel unos panes para su merienda, encontré un local pequeño y sencillo donde me ofrecieron las frescas rosas blancas. Solamente necesitaba una para dejarla en la misma banca de siempre, para que no olvides que siempre estoy ahí.

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Los otros dos días que pasé en la ciudad, esperando que la mujer hiciera acto de presencia, los emplee en comer con mi mamá y mi tía, en vagabundear cuando salió el sol caminando hasta la Cruz de Zacate, reconociendo lugares que hacía mucho no visitaba, perdiéndome en calles por las que nunca había transitado a pesar de la cercanía con las que formaban parte de mis recorridos, revisando los trabajos de los huicholes en cuanta tienda o puesto estuvo a mi paso. Conversé con gente que no conocía, o con alguna que había conocido sin que hubiéramos tenido algún saludo intercambiado, y con mi primo Alonso.

Recordé a mi padre y a todos mis abuelos mientras conversaba con mi madre tomando  café frente a la plaza principal, antes de subirnos al turibús que ella no había experimentado. Las conversaciones con ella siempre traen un elemento inesperado a la construcción del rompecabezas que es mi historia la cual voy conociendo en episodios como de Star Wars, en el que las explicaciones de algunos hechos vienen apareciendo en las precuelas posteriores a los episodios los cuales, además, no se presentan en orden cronológico. Lo de esta conversación debería de haberlo sabido como unos 50 años antes, por lo menos. Pero ya qué.

La presión porque mi amá regresara a L.A. comenzó a aumentar y a provocarme lo que el estrés me provoca siempre. Por otra parte, mi economía no es precisamente boyante.

Unas cuatro o cinco semanas antes Tanya me había invitado a ser parte de una charla en Guanajuato, en Casa Cuatro, en la que tres mujeres hablaríamos de mujeres, arte y ciencia. Escribí mi rollo con tiempo, no para entregarlo realmente sino como un apunte para no divagar; pedí a algunos amigos que escriben y publican que lo leyeran y me hicieran llegar sus comentarios; para la tercera semana del mes estaba listo, y lo publiqué en mi blog de Blogger.

En el ínterin me invitaron a participar en el Congreso Virtual de la UVSMP, en Perú, a celebrarse en la segunda semana de noviembre, y comencé a estructurar mi charla mientras enviaba los elementos requeridos: una foto en un formato especia (Tanya me hizo el favor de ponerla en ese formato), una hoja de vida (resumen de mi curriculum vitae) y el tema de la ponencia. No he avanzado mucho desde entonces porque esta montaña rusa va muy acelerada.

Con todo eso pareció que la única opción era (fue) que yo llevara a mi mamá a San Diego al final de la tercera semana del mes. Lo conversé con ella y estuvo de acuerdo: volar de León a Otay, del lado gringo, cruzando por el puente elevado del aeropuerto de TJ con el fin de evitar traslados, filas, etc.

Funcionó aunque fue extraordinariamente cansado, extenuante, por lo que implicó como organización en todos los sentidos, incluyendo la levantada a las 3:30 de la mañana de manera de salir al aeropuerto a las 5:00 A.M., llegar a TJ al medio día con el anuncio de que habían cancelado mi reservación en el Airbnb seleccionado como consecuencia de la rotura de una tubería, y la necesidad de pagar por un alojamiento decente y seguro y, a esa hora y en esas condiciones, urgente.

El Hotel Caesar’s es siempre mi mejor opción. Cierto es que TJ no es León: en cuanto hice pública la situación con el Airbnb me llovieron ofertas de mis queridas amigas para que me alojara con ellas, pero con el cansancio acumulado necesitaba un lugar en el que mi presencia no alterara la vida de nadie.

Mi primera visita, a mi comadre Haydee a quien no encontré, me llevó a la playa. Ahí pedí el agua de un coco fresco, luego me quité los zapatos y caminé hasta la reja de la frontera disfrutando del agua fría y del masaje de la arena. Fue como magia: desapareció el dolor de cabeza y el cansancio de pies y piernas. La puesta de sol se antojaba bella, pero regresé a casa de mi comadre para el deleite que es conversar con ella y ser atendida con mucho cariño, tomándonos un café. De regreso, en el restaurante de hotel cené con Venecia.

De nuevo: estar en Tijuana significa tener una actividad social y fraterna mucho más abundante en un solo día que en seis meses en León siempre, aun cuando vivía allá y más cuando estoy de visita. Con Magui Saucedo compartí una experiencia gastronómica en el Lorca, atendidas por el propietario/panadero/creador de delicias y gran conversador. Comida con Marychuy y tarde de playa con Paty y Mariana.

El jueves desayuné con mi enfermera favorita, Erika de la Mora, y luego fue de visita temprana a la Ibero. Saludé a Lety, a Haydee González, a Carmelita y a Guille y, de paso, a Raúl Olmos. Hay muchas obras en las fachadas (al día siguiente constaté que los interiores, donde la gente labora, están prácticamente sin alteración o mejora). Bajando hacia la Delegación de Playas me recogió Judith para ir a conversar y tomar un café al Ross. Comí con Haydée González y, luego, Abisag me llevó a conocer su proyecto de hidroponia.

Mi último día allá fue también muy bueno. Desayuné en la nueva cafetería  de la Ibero y fui a buscar a Magui Amézquita; se necesitaron tres vueltas a mi antigua oficina para encontrarla. El segundo piso, incluida la capilla, los pasillos y ¡los baños! no han tenido mejoras. En mis vueltas esperando a Magui conversé con Guadalupe (Enfermería), Mary Puga y, otra vez, Raúl Olmos. Interrumpí para saludar al padre David (el rector) y me senté en la banca frente a la capilla para esperar a Magui. Mientras, conversé con Gaby Ruiz muy animadamente.

Por mis fotos en Instagram y en Facebook, mis ex alumnos se hicieron presentes. Iván me quiso saludar. Fui a encontrarlo a la ceremonia de graduación que comenzaba en esos momentos y mientras conversaba con él fui levantada en un cariñosísimo abrazo por Cacho quien, además, me llevó a saludar a sus padres, en la fila de los muy serios familiares de los graduandos. Nos tomamos una foto, los tres juntos. De camino a la salida, encontré a Pedro, otro de mis ex alumnos; foto, por supuesto. Apareció otra vez Raúl Olmos y me acompañó a la salida, y hasta se me ocurrió que lo habían enviado a evitar que siguiera mi desfile 😉.

La playa me recibió como siempre, grata y plácidamente. Me tomé un té mientras se cargaba mi cel, volví a caminar hasta la reja de la frontera, tomé fotos y regresé a recoger mi maletín para dirigirme al aeropuerto y regresar a León, vía Guadalajara. Todavía conocí a una equivalente de una prima en mi vuelo a Gdl, quien puede tener otras pistas sobre la familia que no conozco y detalles de mi rompecabezas.

El lunes 25, como anunciado, estuve en Guanajuato para la conferencia y dormí (¿?) allá. Fotos, momentos, conversaciones, la visita de Elías a la plática con todos sus alumnos participantes en la Olimpiada Matemática y un regreso urgente para descansar de todo el ajetreo acumulado.

Estuve en una marcha; sigo los desastres provocados por los terremotos buscando maneras de colaborar, desde el primero en Chiapas; participo en el Comité de Colonos; mantengo mi mente muy ocupada y mi cuerpo también. A ratos solamente contemplo a los pájaros, especialmente a los colibríes y coincidiendo (a cualquier hora, como siempre, ya sabes) con el del color verde como tus ojos que viene a pasearse por la ventana, escuchar música y libar de cada flor, especialmente las del plumbago bello que te recuerda. Las flores todas ofrecieron sus ramilletes el día de tu cumple: gardenias, rosas, lavanda, plúmbagos y la dormilona.

Te quiero. Te espero siempre a cualquier hora y en cualquier lugar, como siempre.

Las fotos, mañana.
De mis paseos por la playa

P.D. Desde el lunes pasado Pako vive en Dundee, Irlanda, y trabaja para Outplay.

17 de julio: Tijuana es otra cosa

Friday, July 17th, 2015

La ciudad es generosa y bullanguera, pero tiene su lado triste, sombrío, terrible. La gente es sencillamente acogedora, apoyadora, amistosa. Las y los amigos son más que familia y están siempre dispuestos a hacerse cargo de uno, a dedicarnos un rato, a compartir la sal, el vino y el pan. Nos confundimos en el taxi de ruta o en el camión, que salen del centro hacia nuestros destinos. Por eso me hospedo en el Hotel Caesar. Está a una cuadra de todas las salidas de taxis y camiones, a unos dos km de la línea (San Ysidro) y a poco más de un km de la zona Río.  Y tiene al Restaurante Cesar en la planta baja. Comida y servicio inmejorable, aunque por la tarde/noche es muy recomendable tener reservación. Tercera ventaja: ni el hotel ni el restaurante son caros.

IMG_0623 Hotel Caesar

 

En Tijuana uno comparte el camión o el taxi de ruta con otra gente, sin etiquetas. La mañana del jueves 9 de julio tomé el camión hacia Playas, en la Calle 3a.  En el cruce de la Calle 2a. y Cañón K, un joven (imposible calcular su edad) vestido de negro subió al camión, mostró una moneda de 5 pesos y le dijo al chofer “Es todo lo que tengo, ¿lo aceptas?”. El chofer asintió, tomó la moneda y le dio su boleto (el pasaje cuesta 10 pesos).

Llegué a Playas, almorcé en el café de chinos y luego caminé hasta llegar al bordo del mar para caminar por esa costa, de sur a norte, hasta la reja que marca la frontera. En el camino volví a encontrar a mi compañero de viaje: se divertía en la orilla de la playa, bailaba, saltaba y mostraba una gran felicidad.

Aquí el video

De regreso desde la reja lo encontré acostado, dejando que las olas lo alcanzaran; luego se incorporó y observó el mar por un rato.

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Finalmente (para mí, que seguí mi camino), se sentó a contemplar el mar. Ni idea de lo que pasaba por su cabeza.

 

 

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¿En qué otra ciudad que no sea Tijuana un hombre que probablemente no tiene muchos haberes, a juzgar por su ropa y falta de dinero, tiene ese trato respetuoso del chofer del camión? ¿En qué otra playa, que no sea en Tijuana, puede ese mismo hombre disfrutar del mar entre los otros paseantes?

Las lecciones del día fueron aprender a ser feliz con lo que uno tiene, dar gracias por las maravillas que siguen siendo gratuitas, y dar gracias por la gente que no pone etiquetas ni discrimina.

Tijuana makes me happy!

 

29 de julio: conexiones

Wednesday, July 30th, 2014

Regreso a Tijuana después de una semana de paseo, de mar, de familia, en California. Los tres días que siguen serán de conectarme nuevamente con gente querida, con actividades que me interesan, de disfrutar otros espacios.

Mañana voy a la reunión de Tijuana Innovadora. La cita, como siempre, es a las ocho de la mañana. Por eso me alojé en un hotel del centro, para poder desplazarme a cualquier lado sin muchas complicaciones, sin desmañanarme. Y para poder cruzar la línea cómodamente sentada en un Mexicoach, pero eso será el jueves.

Para comenzar, tengo que ir a cambiar los pantalones que compré para Pako, está mañana. De la tienda le llamé para verificar lo de la talla: 30 x 30, dijo. Pero al verlos en la foto recordó que en realidad es 28 x 30. Lo bueno es que a la tienda se llega sin salirse del camino a Fashion Valley y sin pagar boleto extra del trolley.

En Fashion Valley necesito buscar un aditamento para el iPad, en la tienda de Apple. Y… lo que se me cruce y no cueste demasiado ni ocupe mucho espacio. De preferencia algo que necesite. Y/o un libro del Barnes&Noble. Pero sí, necesito vagar en solitario y comer un antojo de la comida asiática en Mission Valley.

Mientras, voy pensando en la reunión del martes próximo, anunciada hoy. Organizar ideas y materiales para estar preparadísima. Y compartir todo con Noel, por supuesto. Lo bueno es que tengo mil cosas en la nube.

Hoy fue un día de un viaje placentero, con hermosos paisajes, de Fullerton a San Diego. Luego conocí El Cajón, gracias a mi despiste que me llevó a subirme al trolley equivocado. Una hora pasadita entre regresar a San Diego para tomar el de la Blue Line, para llegar a La frontera en San Ysidro. Ahí, olvidar que cambiaron la salida a México y cruzar todo el puente, a pleno sol, antes de que me informaran que debía regresar a la estación del trolley para cruzar la nueva puerta de entrada a nuestro país.

Me recogió Clau Dian Cita frente a lo que era McDonnalds (ahora vacío). Después de registrarme en el hotel nos fuimos a comer al Vittorio’s, donde preparan unas deliciosas sangrías con frutas y la pizza es buenísima! Platicamos mucho y comimos rico. Y no nos tomamos ni una foto!

Mañana nos encontraremos en Tijuana Innovadora, y encontraré a otras personas que aprecio. Por ahora, ¡a dormir!

21 de julio: afecto

Tuesday, July 22nd, 2014

Salí de Guadalajara reconociendo un síntoma desagradable: fresez extrema. De hecho escribí que el avión olía a humanidad. Llegué a Tijuana y, como siempre desde hace unos años, me rehusé a pagar 370 pesos por el viaje a Playas. ¿Camión urbano o combi? La combi llegó primero, 13 pesos al Centro. Otros 13 a Playas.

Al subirme se agravó el síntoma y me quedó claro que debía sacudirme la ñoñez y lo fresa, adquiridos en los últimos tiempos por contagio, supongo. Para comenzar, el olor de una combi que no es la más nueva que haya conocido; luego, la música de los Ángeles Negros (¿o Azules?) y para rematar, la conversación que inicia el señor sentado a un lado. Instante de incomodidad en el que hago conciencia del daño.

Sí, Llegué muy provinciana, fresa y desconfiada. Cuando subió otro pasajero y, sin más, me preguntó “¿llegando?”, pude ya contestar como gente decente e intercambiar comentarios con mis vecinos. Así cambié de combi, ayudada por el muy amable chofer y los que apoyan en la terminal, y los pasajeros muy dispuestos a apoyar con el descenso al llegar al hotel.

Calor y nublado muy temprano, seguido de calor y una hermosa y soleada mañana. Un baño reconfortante y a casa de mis compadres, para comenzar este día en que me he reunido con más amigos que en los dos últimos años en León.

El almuerzo en el Laihoos (café de chinos) y la conversación de sobremesa en su casa. La comida en el Café Aquamarina, con la Lore, frente a la playa, después de una visita a la casa del Róber y Lilí, donde disfrutamos de un delicioso mezcal. La Lore me llevó al Ross, para el cafecito con Rocío y Judith, y la misma Judith me condujo a El Molino, para cerrar el día con Marychuy y Paty. Ahí mismo estaba Magui con su familia.

En el ínterin, los mensajes de bienvenida de amigos (ex alumnos, ex colegas) . Extrañaba este ambiente, esta hospitalidad, este vivir con ligereza.

Mañana queda todavía otra ronda de compartir con amigos, de pasear por la playa, para llenarme de todo esto que me hace feliz. Algunas fotos las subo directamente a Instagram y a Facebook, otras esperarán al regreso a León. El cariño lo voy atesorando.

Gracias a todos!

17 de febrero: 2^6 = 1000000

Monday, February 17th, 2014

Dice Wolfram Alpha que al día de mañana habrán transcurrido 3339 semanas y 3 días desde el  18 de febrero de 1950; y 1826 semanas y 2 días desde el  18 de febrero de 1979. 1513 semanas entre que yo llegué a este mundo y Pako llegó a mi vida,

Twenty-three chromosomes from each parent join to form every detail of human development: sex, hair, eye color, height, skin tone, personality, emotional make-up, and other inherited characteristics. Dice Fetal Development.

Parece que mi aportación comienza después de skin tone. En todo caso, ¡doble aniversario!

Mi recuerdo más remoto de un cumpleaños mío ocurre en la casa de la calle Zapata, en la que vivimos hasta mis nueve o diez  años;  incluye a mi padre, a mi madre y a mi abuela, y los recuerdo haciendo canastitas de cartoncillo azul para los dulces; pero no recuerdo a ninguno de mis hermanos. No recuerdo ni la piñata ni el festejo.

El siguiente cumple que recuerdo es el de mis 10 años, en la casa de la Av. Allende. Mis padres invitaron a todas mis compañeras y a mi maestra de cuarto año, además de las amigas del vecindario y, supongo, las primas. Tampoco recuerdo si hubo piñata o algo semejante.  De los cumpleaños siguientes, hasta los 15 años, sé que en cada ocasión mi abuela preparó tamales porque mis amigas llegaban temprano para participar en su elaboración, como parte de la fiesta; pero no recuerdo las fiestas.

Después, mis cumpleaños los pasé en la Ciudad de México, sin mi familia, y solamente recuerdo el festejo que organizamos Norma Díaz y yo, cuando cumplí 19 años, y a la que la persona que más me importaba no asistiría, porque ni le interesaban las fiestas ni, mucho menos, alternar con gente desconocida. Creo que asistieron algunos de los compañeros de Norma pero, aparte de las conversaciones en el reducido grupo, no recuerdo mayor cosa.

Después no recuerdo ninguno, hasta el de 1979. Habíamos llegado a París en octubre de 1978, con beca de estudiantes. Rentamos un departamento de 24 metros cuadrados en el 20ème Arrondissement.  El día de mi cumple compramos algo de quesos y una botella de vino. Pako llegó 39 semanas y 3 días más tarde. Desde entonces me ha acompañado, aun cuando esté en otro sitio. Es el mejor regalo que he recibido en mi vida.

Los últimos cumpleaños de mi estancia en el D.F., tuvieron lugar a las puertas de la Sección de Matemática Educativa (CINVESTAV), en la colonia Nápoles, con mis amigos que sí pertenecían al Sindicato (los investigadores éramos “Personal de Confianza” por decreto presidencial) y que en esas fechas estaban en huelga. ¡Preparaban sopes y quesadillas deliciosas!

En León, en el Tec,  festejamos mis  3 veces 15 con vals y pastel, con el grupo de profesoras y alumnas que compartíamos el desayuno en la oficina de Blanca Elías. En alguna ocasión Pako me organizó una comida sorpresa en Antares a la que invitó a mis amigas. Y hasta Norma Canto (que fue Directora de Profesional un par de años) organizó un festejo para mí ¡en el que prohibió que nos riéramos antes de que ella lo autorizara!

En Tijuana hubo pasteles con las amigas y compañeros, pasteles comunitarios (para todas las que cumplen años entre fines de enero y febrero, dijo mi entonces jefa) y festejos con mis amigos de Servicios Generales que guisan riquísimo y comparten porque sí.

Y éste es el segundo cumpleaños que paso en León, regresando de Tijuana. El año pasado festejamos en compañía de Alma Rosa y Laura Hays. Este año, con Alma Rosa me iré a disfrutar del concierto de Serrat en el Teatro Doblado.

Pero he recibido mucho en este fin de semana, de mi hijo y de mis amigos. Pako llegó desde el viernes, y el sábado me lo regaló completito. Almorzamos, disfrutamos del café, conversamos de los proyectos, los aprendizajes, los logros y lo que sigue, fuimos al cine, y nos fuimos a pelear con la CFE. Hoy vinieron Leo Aranda y su familia y dedicaron una buena parte de la mañana a compartir con nosotros los tamales, algunos recuerdos y las risas con los chiquitos, a pesar de que solamente disponen de una semana para pasarlo con su familia en León. Luca, su hijo de tres años, me regaló uno de sus dibujos.  Mis amigas comienzan a mandarme lindos mensajes.

Mañana tenía prevista una reunión de trabajo que ocuparía toda la mañana, y la segunda sesión del Taller de Cuento por la tarde. La reunión de trabajo fue pospuesta, lo que significa que podré ir a caminar y, luego, a almorzar en santa paz. También tengo que diseñar, imprimir y fotocopiar el examen que aplicaré el miércoles, y terminar la tarea de cuento.

Y a comenzar el siguiente ciclo. Los primeros 64 han valido mucho la pena!

3 de mayo: aquí me recargué en el farol para esperar

Friday, May 3rd, 2013

Dormí bien, por fin. Di clase y me tocó la misa de viernes primero, que tiene lugar durante mi segunda hora de clase. Y luego me fui a recoger las plantas de lavanda que Betty me hizo favor de venderme para ahuyentar a las hormigas que se comen mi árbol de limón. Era atravesar la ciudad completita en una ruta que nunca había recorrido y con la confianza de que mi brújula interna me guiaría; por extraño que resulte, funcionó. En el camino a casa una llanta se ponchó. Cuando llegué eran pasadas las 11 y tenía un mensaje de mi madre sobre un viaje rápido que hará a Tijuana este domingo para renovar su permiso de internación y regresar a Buena Park. Problema: no tiene idea de los detalles del viaje y a mí me causa preocupación.

De esas cosas en que la gente no imagina las mil peripecias y eventualidades que pueden surgir y de las cuales uno ha sido testigo o víctima. ¿A lo mejor algunas las he leído o he visto en algunas películas?   Pero no quiero que a mi amá le ocurra alguna eventualidad en la frontera y se encuentre sola y sin apoyo (y por supuesto que recuerdo el viajecito de hace exactamente tres años). Claro que le pido que se informe de los detalles del viaje con la persona que la llevará (porque la persona va a consulta médica y no estará con ella todo el tiempo): ¿en qué garita la dejará para hacer el trámite? ¿La esperará ahí o la dejará y se irá a su cita médica? Y si la deja ¿dónde y a qué hora la recogerá para regresar a Buena Park? Y si hubiera un problema con el trámite, ¿qué camino tomaría?

Lo comenté con mi hermano Manuel y vio los mismos problemas.  Ni siquiera se puede hacer un plan de apoyo con algún alumno o amigo en Tijuana si no tenemos información (y siendo viernes por la tarde y en fin de semestre). Después de nueve horas seguimos en las mismas.

Mientras, hice el té de hojas de lavanda y lo esparcí por todos los lugares donde las hormigas andan, y en el rodete del árbol. Ciertamente, parece que es un aroma que les disgusta. Pero no ceden, así que repetí la dosis y me aseguré de que todos los rincones de la cocina quedaran impregnados. Veremos mañana.

Entre eso, ir al súper, cocinar un poquito y estar checando el Skype y el Facebook en busca de alguna respuesta, se me fue el día. Nadie contesta. Definitivamente, cada uno tenemos nuestra propia agenda y lo demás no importa. Como con las hormigas: veremos mañana.

29 de julio: hora de despedirse

Sunday, July 29th, 2012

Aunque me he ido despidiendo de todos y a través de todos los medios; aunque tengo meses anunciando que me voy, sin que viera llegar el día, a merced de los caprichos de la burocracia. Pero hoy llegó el día de dejar Tijuana y en unas horas estaré volando rumbo a mi casa. Voy descansada, después de unas semanas de ajetreo y mucho trabajo físico, de infartarme con la mudanza y la agencia que se llevó mi carro. Desveladas y desmañanadas.

Pero también fueron semanas de mucho compartir: La familia Picazo Linares en pleno, mis comadres Margarita y Haydee (y el compadre Abundio, claro) y muchos de mis amigos: a los que pude ver y con quienes pude conversar “en vivo” (La Lore, Anna, Dulce, Gaby Santana, Freyca, Venecia, Judith, Ana Cristina, Teresa Garza, Teresa Martínez, Paul Arce, Diego, Norbiz, y mis más recientes amistades en Tijuana Innovadora) y aquellas y aquellos con quienes intercambié algunos post o mensajes de despedida (mis alumnos, mis Pandas, amigas que conocí en la Ibero y amigos en las redes). Y mi familia, con quienes estuve el último fin de semana en estas latitudes.

La verdad es que no siento tristeza al irme. Tal vez porque estoy acostumbrada a cambiar de residencia, desde muy joven, tal vez porque seguiré conversando con mis amigos y familiares a través de las redes o el cel, tal vez porque sé que volveré en un par de meses (aunque sea un fin de semana) y, finalmente, porque voy a mi casa, donde podré recibir a todos mis amigos cuando llegue la oportunidad. Y porque allá está lo que más quiero, y todos mis otros amigos.

Todavía ayer anduve de shopping en Las Américas, porque necesitaba una maleta ligera y suficientemente grande que me permitiera organizar el cúmulo de triques que llevo en mi equipaje. Aunque mejor organizada, voy cargada: dos maletas y un maletín, documentados; y mi backpack, el minibackpak con el telescopio de Pako, mi laptop y el casco de Pako, como equipaje de mano. Lo bueno es que pagué por muchos kilos de equipaje extra!

A las 6:30 P.M. estaré en León, a tiempo para descansar y dormir temprano de manera de iniciar la semana en buenas condiciones y llegar relajada a la entrevista que tengo el lunes. Pako estará en Guadalajara, lo que le permitirá recoger mi carro y llevarlo a León, sin necesidad de que el estrés se apodere de mí nuevamente. La casa seguramente está en orden, después de la restauración. Hay café y cafetera. No puedo pedir más.

Hora de irme al aeropuerto para evitar incomodidades y aglomeraciones.

7 de julio: un excelente día

Saturday, July 7th, 2012

Comenzó con una caminata por la playa y terminó con los últimos rayos de sol, en el Malecón de Playas de Tijuana.  De las cosas que extrañaré.

Después, aunque hubo que hacer un poquito de trabajo doméstico, fue un día de estar en comunidad: en la marcha en protesta por una elecciones más que manoseadas, donde encontré a mis alumnos, y en el 9o. Festival  Opera en la Calle.

Me cansé, por supuesto. Pero valió la pena.