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7 de julio: Primera semana de julio

Sunday, July 7th, 2019

Falta exactamente una semana para mi viaje a L.A., como estaba planeado desde hace un par de meses, como lo narré aquí mismo. Llegaré a L.A el 14, veré a mi tía Lolita, a mi primísimo Ramón y a Jose, su esposa. Luego pasaré a saludar a mi amá a la puerta de su casa (el 16) antes de encaminarme a la terminal del Amtrak en Santa Ana, CA, para viajar a San Diego, a donde debo llegar antes de las 6:30 PM. Pako llegará alrededor de esa hora y dispondremos de unas 48 horas para pasear, acudir al Centro de Convenciones para recoger nuestros badges (el 17) y pasar todo el día 18 recorriendo los stands del Comic Con 50. Mi hijo regresará a Escocia a la media noche entre el 18 y el 19 de julio, yo volveré a León el 19 por la tarde.

Para Pako es la primera vez en este evento, de manera que haré lo mismo que cuando lo llevaba a un parque siendo un niño: le daré la libertad para que explore todo lo que se le antoje, para que se entretenga en lo que le llame la atención, y para que recorra el enorme Pavellón H tantas veces como lo requiera hasta que encuentre las playeras, los juguetes y los souvenirs que le atraigan. Y estaré atenta, también como antes, para acudir a encontrarlo en el momento en que quiera que lo acompañe o que quiera compartirme algo. Esas 48 horas serán el espacio para celebrar todos los festejos de este año, de enero a diciembre. Un enorme regalo como quiera que se le mire.

Las semanas anteriores, particularmente el mes de junio, parecieron alargarse como las líneas de mis pesadillas de niña: se estiraban y curvaban llenando el espacio infinito antes de colapsar, gradualmente, en un punto. Junio fue eterno, casi, y no fue por falta de ocupaciones, porque hubo de todo.

Primero, la sorpresiva invitación que recibí de la Sociedad Matemática Mexicana (SMM) para participar como conferencista invitada en su 52 Congreso, a celebrarse en Monterrey, Nuevo León, en octubre próximo. Fue César Cristóbal, amigo y compañero por 50 años, quien sugirió que me invitaran. Tarde unas 48 horas en definir la temática y en desarrollar el mapa conceptual para organizar las ideas (el inicio de cada proyecto que desarrollo). Siguió recoger la información para comenzar a “bordar” el texto sobre ese mapa: 11 páginas resultaron. Tres revisores de lujo me ayudaron a detectar algunos errores de dedo y a sugerir algún breve añadido. Una vez vuelto a revisar (la peor soy yo, que corriijo sobre lo corregido) utilicé el documento como base para la presentación en Power Point, y pedí que lo revisaran también. Apenas un par de días después de haber declarado que estaba todo terminado, llegó la solicitud de registro de la ponencia. Listo, e incluso envié el documento y la presentación a la coordinadora del área de Matemática Educativa. Para mí era importante no dejar cabos sueltos, y lo logré.

En paralelo recibí otra invitación, de la misma SMM, para ofrecer algún taller o curso. Decidí ofrecer un taller para profesores de educación básica: “Todo lo que usted siempre quiso saber de matemáticas pero temía preguntar: reflexiones en torno al planteamiento y resolución de problemas”. Registré el taller, subiendo el resumen, y ahora espero el dictamen (en este caso voy de soldado raso). Mientras, comencé a generar el repositorio para semejante tarea, recurriendo a las experiencias y ocurrencias que llevo a cabo desde que comencé mi carrera como docente y luego como investigadora. Estoy armando una caja física, llena de cajitas con recursos de todo tipo, porque ese curso será como un sombrero mágico del que podrían surgir mil cosas diversas, dependiendo de los participantes. Por lo menos así lo imagino yo.

Por otro lado, los últimos días de mayo y durante junio tuve visitas gratas venidas desde los dos extremos de la Baja California: Jin-ho y Kharelia vinieron desde Tijuana, mientras que Martha Márquez, Sara Carlota y Martha Drew vinieron desde La Paz. Cada visita es un placer, y uno redescubre los sitios amables de esta ciudad.

Con todo y las reuniones y eventos del Comité de Vecinos de esta colonia (hasta a misa asistí), y lo que ha significado desarrollar los trabajos para el Congreso de la SMM, junio ha sido el mes más largo que yo recuerde. Cargado de recuerdos y nostalgias y de sueños; con una necesidad de calma absoluta, de comida muy ligera, de sueño, y con una terrible añoranza paliada a ratos por la alegre visita cotidiana, varias veces al día, del colibrí verde como tus ojos que entra a la casa, vuela sobre mi cabeza, me busca en la cocina o acá arriba, instalándose en el tragaluz.

Julio trajo sorpresas en su primera semana. Tanya me invitó a la presentación del programa del Festival Internacional Cervantino 2019, en el Teatro Juárez, en Guanajuato capital, sin más datos. Resultó que estábamos entre los invitados muy especiales, en las filas reservadas para VIP.

¿Formal?, pregunté, y me dijo que sí. De modo que me puse en modo “señora seria” (casi) añadiendo el detalle importante de mi collar y aretes huichol, para mantener mi esencia; la seriedad absoluta nunca es parte de esa esencia, por cierto, y me divertí mucho en el camino al Teatro, en el interior, y al terminar el evento.

Hoy comencé a organizar mi maleta, poniendo a su lado todo lo que no puedo dejar. Falta la ropa, cierto, pero el outlet de Las Américas está muy a la mano en caso de que necesite algo. El reto es poner todo dentro de ese maletincito y mi backpack.

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Todavía tengo un par de eventos sociales, además de los asuntos que hay que atender cada mes: fumigar la casa, pagar impuestos, pagar servicios. Pero por fin he comenzado a relajarme.

6 de diciembre: octubre se llenó de satisfacciones

Thursday, December 6th, 2018

Octubre comenzó, simplemente, como la continuación de septiembre.  Las dos conferencias tuvieron lugar; comencé a participar en un grupo cerrado sobre el tema, creado por periodistas; me inscribí a otro curso de la UNAM (y olvidé la última sesión) y me pidieron ser parte de un video sobre la participación de las mujeres en el movimiento (apenas ayer me hicieron llegar el documento). Mucho ruido alrededor, lo cual ya sé que a algunos no les agrada mucho. Ese es su problema.

El trabajo con los docentes continuó a lo largo de octubre, prolongándose por las extensiones de plazo que iban solicitando desde todas las sedes; en el grupo a mi cargo se trató más que nada del deseo de profundizar en los temas, por parte los docentes, y su voluntad de aprender a mejorar su redacción. Nada de eso era el trabajo convenido, pero había que satisfacer esas ganas de aprender. Hubo textos que corregí hasta cuatro veces, y lo mejor es que agradecieron el esfuerzo realizado. Ellos estuvieron satisfechos con su trabajo, y ese es el resultado importante. Al final hubo que hacer un reporte, incluyendo testimoniales, fotos, evidencias de apoyo, etc. Lo hice a mi modo, poniendo en claro que eso nunca se estableció al inicio del proyecto y que no se entregó una rúbrica (algo que se le pide a los docentes que incorporen en su planeación) ni un plan de trabajo completo. Me negué a hacer el trabajo de captura de calificaciones, disponibles bajo cualquier filtro en el mismo portal de la institución que nos había contratado, porque eso no es mi trabajo, dije. Creo que fui a la primera que le pagaron … el 80% de lo pactado, sin recibos ni facturas.

Hacia mediados de mes recibí una invitación más que honrosa, para impartir una cátedra magistral en la Universidad de Guanajuato sobre la didáctica y la innovación educativa, el 27 de noviembre a las 9 de la mañana. La invitación venía de parte de las autoridades del Campus León de la UG y estuvo acompañada de gestos invaluables de reconocimiento a mi trabajo. La sorpresa llegó cuando supe que el Director Académico de ese campus es un querido ex compañero de trabajo, un físico notable y un excelente profesor. Comencé a desarrollar la presentación con sumo cuidado, acudiendo a dos extraordinarias docentes y amigas, Olinda Y Adriana, para que me ayudaran a revisara y me hicieran llegar sus comentarios. Cierto, el texto era solamente una guía para no divagar, pero se trataba de que fuera lo más correcto posible. Ponerlo a punto me llevó unas tres semanas.

En ese lapso, mi hijo anunció su plan de viajar a León durante el mes de noviembre. A finales de octubre concretó su pan de viaje: Londres a Cancún, donde pasaría unos días conociendo y esnorqueleando, para luego viajar a León y pasar aquí unos diez días; el vuelo de regreso seguiría la ruta inversa. Se iría en cuanto festejáramos su cumpleaños. Eso determinó la siguiente actividad en mi lista de pendientes: ir de compras para preparar anticipadamente los antojos que pudiera tener, de manera de no perder mucho tiempo en la cocina. Y prepararme para navegar sin reloj y sin brújula (lo cual no me cuesta mucho trabajo), siguiendo sus planes y apoyando sus actividades.

Terminamos octubre en ese tono, realizando trabajo muy satisfactorio, recibiendo reconocimientos y esperando al hijo.

 

22 de marzo: A TJ y LA en cuatro días

Saturday, March 22nd, 2014

Me fui de viaje sólo a ver si así… OK. ¡No!

Necesitaba ir a visitar a mi familia y a mis amigos. Lo que se pudiera en el breve espacio de un fin de semana largo y alargado a fuerza, perdiendo una sesión de clase que tendría que recuperar después.

Los viajes salen muy caros. Más, cuando le sacan a uno la bolsa y lo despojan del efectivo. “No era mucho”, me dijo un amigo. Pero esos 250 dólares era todo lo que tenía en mi cuenta de nómina y que había convertido a billetes verdes. Eso sí, mis tarjetas y credenciales estaban completas, aunque todas revueltas. Y me dejaron 20 dólares. Recuperar la cartera fue casi un milagro pues quien “la encontró tirada” fue a dejarla a la otra punta del aeropuerto de Los Ángeles. De la Casa de Cambio  a donde la fueron a entregar llamaron a mi hijo, en Guadalajara, para decirle que la tenían. De los males el menos.

Y de ahí a reunirme con mi familia, que me esperaban en un restaurante de hamburguesas. Habían pasado tres horas desde mi llegada al aeropuerto, y yo había caminado mucho cargando la maleta y con el estrés de la desaparición de mis documentos y dinero. Se suponía que mi mamá me estaría esperando en LAX y que, al llegar,  yo rentaría un carro para irnos directamente a Bakersfield, a visitar a mi hermanita Nidia y sus hijo y nietos, y a mi hermano Juan. Para cuando por fin me reuní con mi mamá, mi hermana Irma, y mis sobrinas Jessy y Desi, estaba toda adolorida: mi rodilla, mi rabadilla y mi cabeza me causaban mucha molestia. Y las ronchas del estrés comenzaban a aparecer en mi brazo. Pastillitas, relax. Pero dejamos la ida a Bakers para el día siguiente. Jessy nos prestaría su carro para el viaje.

Todo de carrerita. Llegar el viernes por la mañana a casa de mi sobrino Carlos y su familia (y nos atendieron excelentemente, como siempre) para salir de regreso a Buena Park, pasando por Burbank, el sábado temprano. Excepto porque los del Comic – Con decidieron que el sábado a las 7 A.M. había que hacer el registro para la compra de los boletos, y que a partir de las 9:00 A.M. iniciaría la venta. Y ahí estuve, en la fila virtual, esperando alcanzar a comprar boletos para mí y para Pako. Esperanza inútil: “Está usted en la fila”, “se están agotando los boletos del Preview, y los del viernes”, “se están agotando los del sábado”, “ya no hay”. Hora y media estuve en la fila.

Y entonces nos organizamos para el regreso, con las bellas plantitas que nos regaló mi hermano y previa visita a la casa de mi sobrina Karla que preparaba la fiesta de cumpleaños de su hijo menor. Con la perdida por la falta de señales claras  (a pesar de Google Maps), acabamos saliendo de  Bakers casi a la una de la tarde. A Burbank llegamos como a las 4 P.M., a comer con mi sobrina Mónica y a disculparnos vía Facebook con mi amiga Teresa Garza porque no alcanzaríamos a llegar al screening al que nos había invitado, en Santa Mónica. Por el lugar pasamos después de las 6 de la tarde.

Ni siquiera alcancé a visitar a mi tía Lola, aunque había dicho que trataría de hacerlo. Entre lo tarde que era y que me pierdo en los freeways, resultó imposible. Llegamos a Buena Park casi a las 8 P.M. y solamente alcanzamos a dejar el carro de Jessy para ir con la familia a cenar algo antes de dormir. Nos divertimos con los juegos de Miss Desi, con un par de naranjas.

El domingo salimos al COSTCO y al centro comercial, casi al medio día. Mi idea era salir en autobús a San Ysidro/Tijuana entre las 5 y las 7 P.M. En autobús porque sale más barato y porque no tenía razones ni dinero para llegar a los oulets. Pero mi hermana propuso que mejor me llevaran Jessy y Chris, cuando Chris regresara de trabajar. Entre los diversos incidentes que le sucedieron en el camino de regreso, acabamos saliendo como a las 9:30 P.M. y llegando a San Ysidro a las 11:30. Ellos se regresaron después de un café en el Denny’s frente al hotel.

El lunes crucé a Tijuana caminando y muerta de sueño. Llegué al McDonald’s de la línea justo cuando Paty Linares llegaba a recogerme. Con ella y Marychuy tuvimos un muy agradable almuerzo en Italianni’s, en la nueva Plaza que abrieron con puros restaurantes. De ahí a Playas, a encontrarme con mi comadre Haydee, Gaby, Magui Saucedo y la  Morra (Dulce) para la comida y el cafecito.  Más apapachada no se puede. Mi comadre guisa riquísimo y uno siente el afecto en cada detalle. Un grupo de mujeres que lo hacen sentir a uno muy bien.

La Morra me llevó al City Junior de Otay, donde ya me había registrado desde la mañana, y de ahí nos fuimos al TRES (a la vuelta del hotel) por un té y los encargos de Rodrigo Guerra. ¡Y ya! Yo estaba muerta de cansancio y sueño. Había quedado de ver a Judith y Rocío, pero los mensajes se cuatrapearon y ya no fue posible.

El martes fue el regreso, muy temprano. Y llegar a Guadalajara para comer con mi chaparrito y ponernos al corriente. Decir que quiero a mi hijo cada día más puede parecer exagerado, pero es la realidad. Me había recogido en la Central de Autobuses de Guadalajara en la ida, y de ahí habíamos ido a cenar mientras me contaba sobre el avance del nuevo juego y sus expectativas. Al regreso del viaje me recogió en el aeropuerto de Gdl, comimos en un lugar que me tenía prometido y me llevó a la Central, para que regresara a León.

Apenas me estoy recuperando del zangoloteo, aunque aproveché muy bien el escaso tiempo.  Me quedé sin ver a mucha gente querida. Por ejemplo, me hubiera gustado estar un día laborable para almorzar con mis amigos de Servicios Generales y del personal de la Ibero.  Y ver a mi tía. Ir de shopping. Caminar por la playa. Ir al CECUT.  Y muchos etc. Será para la próxima.

2 de abril: vuelta a la realidad

Tuesday, April 2nd, 2013

Regresamos de las vacaciones. Cinco días muy intensos de convivir con la familia y de manejar mucho. De León a Guadalajara a reunirme con mi hermano Manuel, el martes por la tarde, para asegurarnos de estar muy temprano en el aeropuerto y volar a Tijuana. Perdimos unos tres cuartos de hora en lo que Hertz me entregaba el carro que había reservado una semana antes y salimos encarrerados al cruce en Otay. Desde el avión había visto que los carriles estaban relativamente despejados, pero para cuando llegamos las filas habían crecido: dos horas para cruzar, sin problema, por la Ready Lane. Pero después de dejar el carro bien estacionado regresamos para cruzar caminando y tramitar el permiso de internación de mi hermano. Mientras Manuel hacía su trámite yo me fui al iHop a encontrarme con Dulce y Lorena que ya me esperaban. Fue una excelente tarde, hasta que ellas tuvieron que retirarse. En el ínterin llegó mi hermano y pudo conocerlas y participar de la conversación. Luego llego mi primo Pedro, a quien teníamos cincuenta años de no ver, y acordamos reunirnos en su casa al regreso.

Llegamos a Buena Park a tiempo para encontrarnos con la familia que festejaba el cumpleaños de mi sobrina Rocío en un Dennys. Ahí mi hermano reencontró a la familia que hacía 20 o más años que no veía, y conoció a los sobrinos. Una muy buena tarde que culminó con el pastel en la casa de Rocío. Primera desvelada! Pero la luna estaba hermosa.

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El jueves salimos a desayunar en familia, al pequeño aeropuerto de Fullerton. Y de ahí a visitar a mi tía Lola y mi primo Ramón, a quienes mi hermano no veía desde 35 años atrás. Comimos un delicioso bacalao a la vizcaína que tendré que ver cómo replicar, y pasamos una tarde muy padre. Mi má y yo dejamos a Manuel con su primo, para que se fueran de parranda y tomamos el camino de regreso a Buena Park, pasando por la tienda de delicias de los armenios. Terriblemente pesado el tráfico, lo que nos obligó a refugiarnos en el outlet mall de Citadell (pobres almas perdidas) y llegar a casa de mi hermana alrededor de las diez de la noche, casi al tiempo que llegaban los primos de su tour. Mi hermano y yo nos fuimos a nuestro hotel. Otra desvelada y el cansancio de la manejada comenzaba a sentirse.

El viernes iba a ser de desayuno familiar, pero es muy difícil coordinarse en esa familia en la que los tiempos de espera son variados y no los mismos para cada integrante. Mientras buscábamos un restaurante mexicano, llegamos a Fry’s. ¡Para mi hermano fue como entrar en una juguetería! Mi má y yo encontramos algunas cosas y luego decidimos desayunar ahí; mi hermano se nos unió y después  continuamos con las compras ahí mismo.  Llegamos a Buena Park y recogimos a mis sobrinas Jessy y Desi para ir al Block (otro outlet) para que mi hermano comprara sus encargos.

Fue una tarde muy divertida con la chiquilla (Desi) destrampadísima. Cantamos, nos reímos, comimos donas y, en el trayecto, mientras le seguíamos la onda a la niña, mi madre comenzó a componer rimas con la tonada de La Cucaracha. Supimos entonces que desde niña le gustaba hablar en verso, de manera que mi tía Cuca (su hermana mayor) llamaba a mi abuela para que viera a “la peloncita” ¡recitando a media sala! Para variar, nos perdimos como ya nos habíamos perdido por la mañana, buscando una calle inexistente que mi hermano había encontrado en Google. Llegamos a Buena Park como a las 10 P.M. muertos de cansancio pero muy divertidos. Y fue la tercera desvelada al hilo. Y el cansancio de un día de manejar.

 

Después del almuerzo del sábado, con media familia, mi primo recogió a mi hermano con la intención de llevarlo al beisbol. Mi má, mi hermana Nidia y yo hicimos compras necesarias en el mercadito, COSTCO y el mall de Santa Ana, donde comimos muy en paz. Después de tomarnos un café las dejé en casa de mi má y me fui al hotel. El cansancio era tal que comencé a tener pequeños accidentes, como partirme la lengua con una mordida. Y no podía permitirme tener un choque. Aunque no me dormí si descansé, hasta que llegó mi hermano  junto con mi tía y mi primo, y me levanté para saludar. ¡Estaba exhausta!

El domingo (Pascua que lo gringos sí celebran) nos reunimos para almorzar en El Torito, había buffet (ocurre cuando esperan gran afluencia), lo bueno fue que llegamos cuando abrían y conseguimos una mesa grande a pesar de no tener reservación. La familia de mi primo y parte de la nuestra. El almuerzo fue muy bueno y la conversación estuvo animada a ratos, aunque el ruido era tremendo y el ambiente se fue enviciando. Nos fuimos a conversar al frente de la casa de mi madre, donde me divertí con la chiquilla (Desi), enseñándole a volar un papalote y dejándola hacer “conjuros” sobre mí (me roció de agua, me sobó las manos, etc.). Mis parientes se fueron y quedamos la familia cercana, hasta que llegó la hora de despedirnos para regresar a Tijuana.

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Nos quedamos en San Ysidro un rato, conociendo a la familia de mi primo Pedro. Tarde nos fuimos a dormir en el primer hotel que encontramos, antes de cruzar a Tijuana. Otra desvelada. El domingo almorzamos muy bien en La Espadaña, de los restaurantes donde se come rico en Tijuana, antes de ir a entregar el carro y documentar nuestro equipaje. Llegamos a Guadalajara a las 3:30 P.M. y nos recogió Pako; dejamos a mi hermano en casa de sus hijos y fuimos a comer y platicar un rato. Pako también estaba muy cansado y desvelado de su viaje de trabajo a San Francisco. Me dejó en la Central de Autobuses. Llegué a León a las 11 de la noche, en calidad de bulto aporreado. Y todavía no acabo de recuperarme! Muchos desvelos y demasiadas horas manejando.

¡Lo bueno es que esta semana no hay clases en el Colegio!